«Siempre con las cosas / la ropa / los platos / los huevos duros / el agua de la canilla / los juguetes tirados / lo caliente / lo frío / lo suave / lo pesado / las cosas que entran / en una mano / eso es lo que tengo / para armar un mundo», dice uno de los poemas del libro que reúne el trabajo de Roberta Iannamico: Muchos poemas (Neutrino, 2017). La suma de objetos y conceptos —simples, redondos, absolutos— recuerda la necesidad, propia de los niños, de tomar la realidad e intentar hacerla calzar con las palabras conocidas. Sustantivos, primeros adjetivos: el mundo está ahí y nombrarlo es una forma de acercarse a él, con cuidado, como se acerca alguien a un animal desconocido —un perro, una liebre— con el que le gustaría entablar una amistad.
No he escuchado a Iannamico teorizar al respecto y tal vez, por lo mismo, confío tanto en sus poemas. Sigo leyendo, esta vez uno que se titula La mamá de Nati: «Estaba cosechando algodón / el día que cumplió 15 / de pronto se encontró / una sandía / en medio del algodonal / la partió / roja / dulce / se la comió / sola / ni una nube en el cielo». El mundo mirado desde su observatorio —imagino unos tubitos de cartón saliendo desde su casa en Villa Ventana y llegando a la luna— tiene la distorsión de quien, acerca y aleja los ojos de su objeto, hasta entrar en una especie de trance: «la luz me pareció extraña / y tan fabulosa / que creía estar mareada», dice en otro poema. El trance es misterioso y —cosas rara en poesía— feliz.

No creo que estos poemas estén pensados para niños o para adultos. Roberta Iannamico no parece tener tiempo para calcular edades ni pronunciar discursos sobre la niñez o la vida adulta. Prefiere salir al patio de su casa donde a esta hora «la niebla avanza / por entre los árboles / por entre las casas / y en su avanzar se adensa». Así que también el lector, a medida que lee, olvida cuantos años tiene. Y se maravilla al ver que el mundo, como si fuera el molde de una galleta, calza con las palabras de estos poemas.
«La poesía me ayuda a pensar, a aprender, también me acompaña y me divierte, es la parte de mí que se expresa conmigo misma, a veces es tonta y vanidosa, o trágica y oscura, a veces estudiosa del mundo y esa es la que aliento, quisiera que me ayude a ser buena persona, que me acerque al amor», escribió alguna vez, Roberta en un blog.
Por todo esto me alegré —como si me hubiera tocado uno de esos premios que vienen dentro del huevo de chocolate— cuando vi la película Amigas en un camino de campo (2022). Dirigida por Santiago Loza, cuenta la historia de dos amigas que caminan en busca de un meteorito, mientras conversan y recuerdan a una amiga común que ha muerto. Dos personas que se quieren y tal vez por lo mismo, se dicen —y también se reprochan— cosas, a veces en voz alta y otras, en silencio. En el espacio que queda entre una cosa y la otra aparecen, leídos en off o directamente a la cámara, los poemas de Roberta Iannamico. También la casa en Villa Ventana.

La película, protagonizada por Eva Bianco y Anabella Bacigalupo, le dedica todo el tiempo necesario al ambiente natural. Junto al camino principal —ese que lleva al meteorito— hay senderos. Y me pregunto si sería en alguno de ellos donde la poeta realizó la caminata que describe en Dantesco: «fui entrando de a poco / a ese campo sembrado / verde brillante el pasto / completamente parejo / el cielo celeste y el sol / no podría explicar con palabras / lo que yo sentía / caminaba / olvidada de mi cuerpo / como si estuviera hecha de espacio / y a la vez consciente /de la gran belleza». Si sería en alguno de esos lugares, donde, como dice un poco más adelante, en el mismo poema, se le ocurrió mirar al cielo y notó que «el sol no es con puntas / como se lo dibuja / es absolutamente redondo / y todo luz».
En una escena las dos amigas se paran en el cerco cerca de la casa de la poeta. Una le pregunta a otra si quiere que toquen a la puerta, pero ella le contesta que no, que con saber que Roberta Iannamico está ahí, es suficiente maravilla. La afirmación, a propósito de Villa Ventana, vale también para la poesía.
