Reseñas

“Budnik”, de Juan Carreño

Joaquín Saavedra Por Joaquín Saavedra

Tres crudas historias conforman “Budnik” (Los Perros Románticos, 2018), la primera novela del poeta Juan Carreño. Un relato que entre la sátira y la comedia exagerada, enmarca el bélico mundo de la novela. [Imagen portada: The Clinic]

Tras años de ser conocido por su trabajo como poeta, Juan Carreño da un nuevo paso en 2016 al publicar su primera novela titulada Budnik, reeditada en 2018 por Los Perros Románticos en una muy grata edición. Conformando una notable atmósfera de ruinas y comedia, la obra reúne varias anécdotas marginales que funcionan como engranaje de un manifiesto contracultural del hampa que solidifica nuevos límites y significaciones de lo que es hacer arte en resistencia. Escrito desde una rabia canalizada en el cine como medio de lucha a la segregación física y simbólica de la pobreza, el escritor presenta un obra base para los ideales de sus trabajos en el mundo cinematográfico refiriéndonos al Frente Contra Cine ‒nombre ficticio de la Escuela Popular de Cine‒, y del Festival de Interzonas ‒nombre alternativo del Festival de Cine Social realizado en Santiago desde hace más de 10 años‒.

El libro se basa en tres crudas historias de militantes que participan o llegan a participar del Frente Contra Cine que pasaremos a describir más adelante. La primera de estas cuenta las experiencias de Daniel SS, niño que tras vivir en un fuerte ambiente de violencia intrafamiliar, decidió tomar nuevos rumbos: “me fui a vivir a un tubo de cemento marca Budnik que hay atrás o delante de las plantaciones del Antumapu. Vivía solo y dibujaba lo que quería. Era totalmente libre. Y vivía de la basura.” La segunda historia trata sobre Jorge Cuminao, joven que decide ir a las casas Copeva de la población El Volcán en Bajos de Mena, mientras están en proceso de demolición a causa del gas metano que afecta al sector. El personaje nos narra las alucinaciones que tiene mientras duerme, mencionando varios personajes que son la escenografía de la expropiación de estas fallidas viviendas sociales, como el alcalde Manuel José Ossandón, el dueño de Copeva Francisco Pérez Yoma y el dueño de la empresa que prestó los materiales para la construcción Vadim Budnik. La última historia es de Ana Rosa Tapia, huérfana de 26 años que tras años de garzonear y sentirse pisoteada y negada por la clase dominante en sus intentos por sobrevivir y convertirse en actriz, decide ingresar a las filas del Frente Contra Cine.

A través de la rabia contenida en las crudas situaciones de la vida los personajes, el Frente Contra Cine se propone batallar con la burguesía en la disputa de la dominación de la imagen. “NOSOTROS SOMOS EL ENEMIGO, téngalo claro, afuera está la Imagen y debemos definirla, extremaremos la luz y la herida, todas la expropiaciones deben ser un riesgo, un robo por amor, un afecto que ni los domésticos ni el capital nos pueden arrebatar”.

Basados en las ideas del cineasta ruso Aleksandr Medvedkin ‒que recorría en tren su país para documentar y proyectar películas en los centros de trabajo obrero‒, los militantes del Frente resignifican estos mecanismos para generar documentales y ficciones a partir del hampa. Este ejercicio termina por solidificarse en el Festival de Interzonas, presentado en espacios marginados e olvidados por las ideas de progreso. El objetivo de mantener el festival y que funcione de la mejor manera, será parte fundamental de la lucha política de los personajes por establecer una nueva forma de hacer arte completamente proveniente desde la marginalidad.

Con una lírica rápida y directa, Carreño nos narra la realidad trágica de los personajes que se ve acompañada por la sátira y comedia exagerada que forma el bélico mundo de la novela. Ejemplo de esto es el Comando Anti Futuro del Pacífico Sur ‒grupo formado por niños en contra de las representaciones infantiles melodramáticas y burguesas‒, y la COCA (Confederación Camiroaga), grupo contrario conformado por madres moralistas que quieren boicotear el Festival de Interzonas.

La forma en que se nombran las agrupaciones, como si estas fueran guerrillas u organizaciones enemigas de suma importancia, da cuenta del valor que el autor le da a las  luchas que se dan en el espectro político del cotidiano, sobre todo en espacios marginales donde los polos en disputa son más grandes. En este sentido el Frente Contra Cine y el Festival de Interzonas serían formas resistencia para las representaciones de la pobreza en Chile y en el mundo. La obra del Frente Contra Cine, así como de este mismo libro, termina por dar voz a un espacio que no quiere ser escrito ni representado. El método de creación artística termina siendo un arma y arte político que, como hubiera dicho Walter Benjamin, no puede ser captado por los dispositivos del fascismo o el capitalismo.

Compartir en: Facebook Twitter
Joaquín Saavedra

Licenciado en Literatura por la Universidad Alberto Hurtado y Licenciado en Estética por la Universidad Católica, ha escrito reseñas y criticas literarias en medios como The Clinic y Loud. Además, es parte de Editorial Cuneta, colabora con el Cine Arte Alameda y participa de la banda musical Paracaidistas.

También te podría interesar