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Camila Ibarra, dueña de Periférica: «Las librerías están todas pensadas como retail»

Consuelo Olguín Por Consuelo Olguín

Con un robusto catálogo infantil, la librería apunta a títulos más novedosos y que abordan las más distintas etapas de la infancia, así como también a la pluralidad de maternidades y paternidades. Cuando Camila Ibarra regresó al país después de sus estudios en Europa trajo una maleta llena de libros. Los empezó a vender en...

Con un robusto catálogo infantil, la librería apunta a títulos más novedosos y que abordan las más distintas etapas de la infancia, así como también a la pluralidad de maternidades y paternidades.

Camila Ibarra, dueña de Librería Periférica. Créditos: Consuelo Olguín.

Cuando Camila Ibarra regresó al país después de sus estudios en Europa trajo una maleta llena de libros. Los empezó a vender en su casa. Pero luego quiso hacerlo desde otro lugar, y buscó en Internet cuánto costaba abrir una librería. Periférica lleva apenas cuatro meses de funcionamiento. Ubicada a pasos del metro Colón, en Santiago, se construye como un espacio que pretende ser más que la compra y venta de libros. En el lugar hay un sillón y una sala de juegos, peluches, plantas e ilustraciones de Joceline Pérez, la ilustradora del libro La niña que se escondía demasiado (Muñeca de Trapo, 2017). Porque lo medular es generar un lugar cultural, donde el público infantil es el protagonista.

El catálogo grueso es el infantil y el mundo de las maternidades y paternidades. Pero Ibarra también procuró tener un lugar para una cantidad importante de títulos sobre el conflicto mapuche y feminismo, dado que en sus estudios observó que la historia no está contada por dichos grupos. De ahí el nombre de la librería, de querer resignificar todo aquello que la élite dejó en los márgenes e ir limando las barreras culturales.

 

—¿Cómo se te ocurrió crear este espacio?
—Se fue iniciando junto a mi maternidad. Mi hija tiene 2 años 8 meses y nació en Inglaterra. Allá hice dos magísteres: uno en Literatura Infantil y Juvenil en Barcelona y otro en Londres de Derechos Humanos y Minorías. Cuando nació mi hija empecé a frecuentar los espacios donde se juntaban puras mamás, buscaba temas relacionados a la infancia y casi todos eran en bibliotecas o librerías. Ahí encontré espacios donde podías hacer tribus con otras mamás, hablar sobre temas de lactancia, educación, todo en torno a los libros. Y cuando llegué a Chile en 2017, mis amigas no tenían hijos, no tenía redes. Llegué a vivir a este barrio y me di cuenta de que no existían estos espacios, que las librerías están todas pensadas como retail: entras y sales, no tocas. No son espacios culturales.

Cuando empecé a buscar trabajo en Chile, pensé por qué no compatibilizar mejor maternidad y trabajo y así tener mi propio emprendimiento. Así empecé, buscando en Google: cuánto cuesta abrir una librería. Había traído libros de Londres y de España, me traje una maleta muy grande y empecé a venderlos desde mi casa. Pero luego me di cuenta que meter gente a mi casa no sé si me gustaba tanto porque era mi espacio familiar. Así que empecé a ver locales por la zona, porque acá hay colegios, parques, colegios. Este edificio es de pediatras y de psicólogos infantiles, entonces tengo mucho flujo infantil.

«La niña que se escondía demasiado». Créditos: Consuelo Olguín.

 

—A cuatro meses de su apertura, ¿qué evaluación haces?
—La librería va mucho más allá de vender o no libros. Es un espacio de abuelos, mamás, papás. Como es un camino de paso, entran a leer libros. Claro que muchas veces tiene que ver con una compra, la ideal no es dejar nunca de lado el negocio, pero se abrió toda una parte que es de disfrutar del placer por los libros. Después de la clase, después del colegio, antes de darle la comida a los niños. Se ha visto este lado B de la librería como espacio cultural y de entretención para los niños alrededor de los libros. El otro día vino una mamá y preguntó si el niño podía abrir los libros, y obvio, siempre con criterio, con que ojo, cuidemos los libros, pero acá los libros se pueden abrir, se pueden ver, no necesariamente te los tienes que llevar, puedes sentarte y verlos.

—¿En qué consiste el catálogo para adultos?
—Tengo muchos para adultos en temas de psicología, educación emocional, de comunicación de pareja, política, periodismo, novelas históricas. También tengo un área enfocada al feminismo e interculturalidad, tengo cosas teóricas, como de la Judith Butler, y también de Chimamanda Ngozi Adichie. Si bien hay harto libro nacional, también me gusta tener un catálogo mucho más novedoso. La gente que viene a esta librería se va a encontrar con cosas de boutique, no traigo diez ejemplares de un libro, si no uno.

—¿Esa literatura feminista también se traspasa al público infantil?
—Me he encargado de traer de Europa títulos que aportan una mirada infantil feminista bien potente. Por ejemplo, traje El Libro Rojo de las Niñas (OB STARE, 2016) que habla de reinventar la menstruación y los cambios que tenemos las mujeres desde que somos chicas hasta que somos mamás. Ahora traje el rosado, que habla del tema del placer, de conocerse a sí mismo, con ilustraciones simples y lindas. Tienen un mensaje muy potente de que estás bien si tienes pena un día, está bien cómo eres tú, ese tipo de libros puedes encontrar acá, como joyitas, que si bien no tengo nada contra los best sellers, acá también puedes encontrar otro tipo de cosas.

—El fin último es ir construyendo un sello.
—Claro. Ahora traje cosas de feminismo explicado en fanzines, o de feminismo explicado en tres palabras. Y también textos sobre cómo explicarle a los niños el tema de la masturbación, cómo reinventas el tema del placer porque nosotras grandes podemos hablar de esos conceptos, pero con ellos ¿cómo lo hablamos sin hacerlo tabú? Entonces traje este libro que se llama Cosquillas, que hace la comparación con comerse una torta de chocolate. Llegan muchos papás acá diciendo que tienen que hablar ciertos temas, como las emociones, pero también cómo poner límites con el cuerpo. Por ejemplo, hay otro que se llama Mi cuerpo es mío, donde literalmente el niño puede decir no, basta, no quiero besos. Siento que con esta nueva generación hay una oportunidad de reparar situaciones que mi generación y yo hemos vivido, desde temas de acoso callejero, abuso sexual, juegos de poder en el colegio, etc.

Hay que poner a los niños realmente en el centro.

—Con el proyecto Periférica dices que buscas dar un espacio a la literatura de minorías.
—En Inglaterra estudié en literatura el concepto del héroe, analizando literatura chilena y viendo cómo va cambiando el concepto del héroe mapuche desde el siglo XIX hasta el siglo XX. Después me metí en temas de mujeres y niños y pude ver cómo la historia de ellos no está contada. Como por ejemplo la mujer de Einstein, donde ella tuvo que ver mucho con el proceso de la relatividad, o un montón de otras que han estado invisibilizadas. Yo estudié Janequeo, valiente guerrera mapuche (Ediciones Mis Raíces, 2016) de Isabel Ossa, y a través de eso vi realmente si un libro era feminista o intercultural, que no necesariamente va a significar que tenga una protagonista fuerte o potente. Va mucho más allá.

—Es leer por capas.
—Claro, tiene que ver con la ilustración, con toda la parte teórica que tenía en mi cabeza y me pregunté cómo materializarla. Entonces pensé que había que traer ese tipo de libros, o bien crearlos. Me siento más cómoda como mediadora que siendo escritora o editora y así surge el catálogo de Periférica, de dar cabida a las minorías sociales y étnicas. Tengo toda una sección sobre el conflicto mapuche y por otro lado una sección feminista.

Librería Periférica. Créditos: Consuelo Olguín.

 

—Pero el fuerte es literatura infantil y textos asociados a maternidades y paternidades, ¿no?
—Hay que poner a los niños realmente en el centro. Todo lo que hay de crianza acá no es desde lo autoritario, por ejemplo tenemos el libro Apego seguro, de Andrea Cardemil, textos de Carlos González, de Laura Gutman, que hablan de fusionarte con tu hijo. Acá en Chile es diferente, te dicen vuelve al trabajo lo antes que puedas, adelgaza, sal con tu pareja lo antes posible, y reactívate. Y toda esta corriente, que no es nada nueva, te sugieren vivir tu posparto, preguntarles a los niños qué quieren, que no les impongan. Hay niños que no se amoldan al sistema escolar tan rígido y lo que hago es traer libros que te dicen ok, que no necesariamente van a ir a colegios tradicionales y que hay otros tipos. Y ahí está Andrea Cardemil y Amanda Céspedes que te hacen un listado de qué colegio es para cada familia.

—¿Cómo observas como se vive la maternidad en términos sociales?
—Se vive sola, crítica, juzgadora. Este espacio invita a lo contrario. Hemos estado un montón de mamás, cada una en sus cosas y una cuenta que una amiga tiene una hija con autismo y la otra le dice que es psicóloga y le recomienda a que vaya a ver a ciertos especialistas, y todo eso se generó en 10 minutos acá. Siento que esta librería ha sacado lo mejor del barrio y que la gente estaba buscando eso: conectar. Acá tú puedes estar sola, buscando un libro y de pronto conectaste con otro tipo de personas.

—¿Cuál es el mensaje que quieres transmitir al ponerle Periférica a la librería?
—Siempre hay una élite, siempre hay alguien que decide dónde va a estar este otro. Si yo no reconozco que existe un otro, si no le pongo palabras, te invisibilizo. Entonces es traer que está en la periferia, fuera del círculo de la élite cultural y política. Mi idea es que a todo lo periférico le pongamos un nombre y lo saquemos a la luz, porque así va a dejar de ser periférico.

—¿Subvertir el significado peyorativo que siempre se le ha dado?
—Claro. Todos hemos sido minorías. Acá en Chile no lo soy, porque soy mujer blanca con estudios universitarios, pero en Londres sí, porque era hispana, porque era estudiante y no tenía ingresos y cuando iba a tener a mi guagua me dijeron que mejor no hablara español porque me iban a discriminar. Todos en algún momento de nuestras vidas vamos a estar en el grupo minoritario. También empatizar con ese concepto y desmitificarlo como algo peyorativo. Además, todos somos minorías desde algún aspecto, desde lo emocional, físico, cultural, étnico, socioeconómico. No nos creamos el cuento de ser supremos. A eso quiero invitar con periferia, a ir limando esas barreras culturales.

—¿Cómo ves el panorama de otras librerías infantiles?
—Son pocas, hay tiendas donde no se aceptan niños, entonces creo que somos uno de los pocos lugares donde el niño está visible, tiene palabra y voz. Este concepto de la librería como centro cultural, que no está atiborrado de libros, porque yo no quiero ser una librería retail, donde tú vas ahí hay mesas por todos lados con libros encima y pasillos. Yo necesito que el niño pueda correr y la persona que lo cuida esté ahí sentado. Acá es de la experiencia, es mucho más personalizado, no es el vender por vender. Quiero que se lleven algo bueno porque sé el poder que tiene un libro.

—¿Cuál es ese poder que le atribuyes?
—El poder de cambiar realidades. Como el ejemplo que daba sobre la mamá que estaba aproblemada por sacar a su hija de la cama, eso porque su familia se lo dice, el colegio se lo dice, y de pronto llega una autora que dice que no pasa nada, no le vas a generar ningún trauma, no va a significar una ruptura en su matrimonio. Es darle poder a una persona para que decida por sí misma, o darle placer. Muchas veces las respuestas que buscas sí están en los libros.

—¿Qué te gustaría que pasara con Periférica a futuro?
—Me encantaría descentralizar esto, llegar a otras comunas. El desafío es encontrar a alguien que le apasionen tanto los libros y que vea en ellos una respuesta como yo, más que solo vender. Necesitaría a una persona que vea la lectura como lo hago yo, y eso es difícil. En eso estoy, dándole una vuelta de cómo hacerlo. Yo soy de Arauco, estudié en Concepción y mi familia es de ahí. Me dan ganas de llevar este proyecto allá, pero me pregunto cómo. Pero eso me gustaría, que Periférica estuviera en otros lugares donde se puedan cambiar realidades.

Librería Periférica. Créditos: Consuelo Olguín.

 

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Consuelo Olguín

Periodista UC de medios escritos. Ha trabajado en El Mercurio y en El Dínamo, transitando por las secciones de actualidad y cultura.

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