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Chile tras el lente de Kena Lorenzini

Yasna Sagredo Rodríguez Por Yasna Sagredo Rodríguez

Fotografiar la represión en los años grises como lo hacía Kena Lorenzini, fue una decisión política y un acto de denuncia que buscaba revelar una verdad. En la semana de la fotografía, Yasna Sagredo nos acerca al trabajo de quien a través de su lente nos permite hoy en día hacer memoria y reconstruir nuestra historia reciente. [Foto portada: Calle Bandera, 1986. Kena Lorenzini]

Desde el inicio de mi vida me tocó vivir en un lugar que –por su antigüedad– ha transitado por los procesos significativos de la historia chilena, entre estos, la dictadura cívico-militar y la transición a la democracia. El crecimiento demográfico de los años ochenta y noventa inspiró su somnolienta categoría de “comuna dormitorio”. Esta expresión es poderosa a tal punto que convence, y muchos jóvenes crecimos en un lugar dormido o “sin historia”. Eso duró hasta mi despertar, cuando descubrí el trabajo de Kena Lorenzini (Talca, 1959).

Fotógrafa de profesión, llegó muy joven a trabajar a Santiago desde Talca. Tal vez no imaginaba lo que iba a encontrar acá, pues como indica al inicio de uno de sus libros “llegó sin nociones políticas y un comienzo difícil de un magnífico aprendizaje”. Trabajó para la revista Hoy, luego de eso se desempeñó en la revista Análisis junto a periodistas como Patricia Collyer, Mónica González y Pamela Jiles; y así mismo formó parte de la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI), cuyo objetivo era la difusión del trabajo y la protección de la integridad de fotógrafos y fotógrafas durante la dictadura. Se mantuvo activa entre 1981 – 1990, período en que existió intervención –censura y represión– del contenido periodístico en manos de la Dirección Nacional de Comunicación Social (DINACOS).

En el marco de mi descubrimiento fotográfico, encontré una foto en blanco y negro de alguien con su rostro cubierto, con una honda en mano, tras un cartel que decía “Parar la tiranía ahora” y, que por su fisonomía, adivinaba que era una mujer. Vi la foto muchas ocasiones y en muchos lugares, era poderosa, un acierto fotográfico de momentos difíciles. Esa foto había sido tomada en mi lugar dormido mucho antes de que yo naciera. Fui por más, tenía preguntas y necesitaba respuestas. En esa búsqueda encontré más fotos de Kena, en lugares parecidos y otros como el centro, el de Santiago. Entre tesis, artículos y libros me topé con Fragmento Fotográfico. Arte, Narración y Memoria Chile 1980-1990 (Ocho Libros, 2006) un registro documental que nos sitúa en los años de la dictadura cívico-militar y los momentos clave de la movilización social hasta el año 1990. Un libro de índole parecida, es Marcas crónicas (Ocho Libros, 2010), con capturas de rayados y panfletos de una ciudad callada que se expresaba en sus muros; y finalmente Hora cero de la Democracia en Chile (Ocho Libros, 2018) libro cuya portada expresa la energía y fragilidad, que poco recuerdo, de los momentos previos –y también después– del cambio de mando entre Augusto Pinochet y Patricio Aylwin.

La fotografía es una fuente a considerar a la hora de reconstruir la historia y hacer memoria de la época dictatorial, dado que este recurso navega entre el arte y la archivística. ¿Cómo hacer para que estas fotos adquieran el carácter de documento sin que pierdan su monumentalidad? Luis Alegría, historiador chileno, nos entrega algunas luces. Diferenciar lo monumental de lo documental, abordando su lenguaje estético y a su vez entender que el acto fotográfico es un acto político, así mismo un acto de memoria colectiva.  La fotografía de Kena es un acto político y de memoria, es una praxis social. Su trabajo durante el régimen tiene un carácter melancólico y tal como lo aborda Alegría, existen dos procedimientos en su trabajo: el momento decisivo y la búsqueda. El momento decisivo es la obturación, la permanencia en el tiempo de una composición que refleja un momento específico de la realidad. La búsqueda, es el proceso de separación entre la fotógrafa y lo fotografiable, ambos procedimientos, le otorgan una subjetividad, el lente de Kena Lorenzini.

Fotografiar la represión como lo hacía Kena, en los años grises, fue una decisión política y un acto de denuncia que buscaba revelar una verdad, la violación a los derechos humanos en poblaciones, a las y los fotógrafos y a disidentes que participaban de las jornadas de protesta nacional en medio de una negación –o invisibilización– mediática.  Como fotógrafa de oposición su acto también lo es de resistencia, importantísimo al momento de pensar y escribir históricamente; porque en los archivos y discursos sobre la dictadura cívico-militar sobresale la represión, mas, también hay que levantar aquellas historias de quienes le hicieron frente. En este sentido, la fotógrafa hace un homenaje a las mujeres que buscaron a sus familiares y a quienes, en un acto de valentía, se organizaron en agrupaciones como Mujeres por la Vida, movimientos feministas y la organización en la población.

Periodista Mónica González en protesta de Mujeres por la Vida. Santiago, 1984. Créditos: Colección fotográfica del Museo Histórico Nacional.

Kena Lorenzini está vigente, su trabajo es un tesoro patrimonial y al tener esta valoración, adquiere sentido y significado para la generación que se opuso al régimen militar y la que continuó. Es un activador de la memoria de los protagonistas de sus fotografías. En manos de estos hombres y mujeres sobrevivientes –y de quienes divulgamos– está superar el silencio y el olvido de las ciudades calladas, que hablan a través de los muros, y de los lugares dormidos, con una narración latente y cargada de organización vecinal y solidaridad ochentera en la población.

Afortunadamente la historia reciente y el soporte fotográfico es cada vez más estudiado y mediado por la nueva generación de historiadores, como es el caso de la investigación de Memorias de la Periferia, archivo fotográfico que consta de dos series: la reconstrucción de un relato de las historias de vida de quienes desaparecieron y el soporte fotográfico con el trabajo de Kena Lorenzini, que es valorizado como herramienta visual y narrativa sobre la resistencia en la extoma de terreno Julio Valencia (hoy población el Nocedal, en Puente Alto) y que en una ironía de la historia –o su carácter cíclico– la organización vecinal y ollas comunes del pasado, retornaron, en medio de esta pandemia y en el mismo lugar.

Ese fue el recorrido para descubrir que aquel lugar dormido en el que yo vivía, debía superar las trabas del silencio y no caer en el olvido, había que recuperar su memoria y reconstruir su historia. Rescatar las voces de quienes siempre estuvieron ahí y ya no referirnos a un lugar sin historia, porque en este espacio los que protagonizan la historia al alero de un proceso en el territorio nacional, son los múltiples rostros –muchos de estos anónimos– que aparecen en cada una de las fotografías que componen el archivo de Kena Lorenzini.

Pobladores levantan barricadas en una toma de terreno. Puente Alto, 1984. Créditos: Colección fotográfica Museo Histórico Nacional.
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Yasna Sagredo Rodríguez

Profesora de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Educadora Patrimonial y Socioambiental. Fanática de la historia, el fútbol y el animé. Actualmente es subdirectora de Biblioteca Viva Tobalaba.

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