Chimamanda Ngozi Adichie: la escritora nigeriana superstar

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Premiada, leída y escuchada en todo el mundo, la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie no solo es considerada una novelista exitosa sino también una líder de opinión. Su cruzada: la igualdad de los géneros, además del racismo y otras formas de discriminación.

Crédito foto: Francesco Guidicini

Crédito foto: Francesco Guidicini

Hace años vengo leyendo a Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, Nigeria, 1977). No me acuerdo cómo llegué a su primera novela –La flor púrpura– que me gustó, pese a encontrarle ciertos reparos, y me llevó a sus otras novelas, Medio sol amarillo y Americanah, la última, que ganó el National Book Critics Circle Awards en el 2013, y que todavía encabeza la lista de los best sellers en varias partes del mundo. Pero entre La flor púrpura y Americanah, Chimamanda Ngozi cambió: no solo se hizo más conocida como escritora, sino también se convirtió en un referente pop, que la llevó a ser nombrada este año entre los 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time –solo aparecen ella y Murakami entre los escritores-, además de ser citada en la canción Flawless de Beyoncé y aparecer en un video –a raíz de una charla que dio en Londres sobre el feminismo- que ha sido visto por más de 4 millones de personas y dio paso a un libro, Todos deberíamos ser feministas, que acaba de ser lanzado al español.

Chimamanda Ngozi es considerada una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time.

Además de su fama, su escritura también cambió y se hizo más ambiciosa. La narradora nigeriana ahora ya no solo escribe de su país natal, sino también de Inglaterra y de Estados Unidos, y de cómo esos países reciben a los negros como ella cuando llegan a estudiar, vivir y trabajar en sus fronteras. En su última novela, Americanah, Adichie escribe sobre Ifemelu, una joven que parte a Estados Unidos a estudiar y que sufre varias experiencias de discriminación y racismo –incluso de parte de blancos “políticamente correctos” que a la protagonista le producían gracia, porque actuaban como si ella fuera blanca- y que escribe un blog –de bastante éxito- donde narra las vicisitudes de un negro en Norteamérica sea americano o extranjero-, donde analiza con humor, picardía y también con dolor el tema de la discriminación racial, de los prejuicios y de las dificultades que sufre “la negritud” en los Estados Unidos, así como también advierte cierta discriminación hacia los centroamericanos, los sudamericanos, los morenos, los pobres y los judíos que ahí viven.

Chimamanda Ngozi Adichie no teme escribir sobre temas peliagudos. En sus anteriores novelas –La flor púrpura (2003) y Medio sol amarillo (2006) la escritora ya había hablado –sin reparos- sobre la violencia y la inestabilidad de un país que ha pasado por varios golpes de Estado y guerras civiles (Medio sol amarillo se centra en la guerra de Biafra), de los fanatismos religiosos y políticos y de las influencias inglesas y africanas que buscan intervenir en la historia de Nigeria. Pero también escribe de lo íntimo, como en La flor púrpura, donde la protagonista -una tímida niña de quince años- cuenta la historia de una familia acomodada de Enugu, que esconde, bajo un manto de perfección, los constantes abusos de un padre tirano y fanático religioso, quien no duda en castigar a su esposa y a sus hijos ante cualquier cosa que él considere un error.

“Todo empezó a desmoronarse en casa cuando mi hermano, Jaja, no fue a comulgar y Padre lanzó su pesado misal al aire y rompió las figuritas de las estanterías”, comienza el relato de Kambili, quien en un principio parece no entender lo que sucede en su casa: se niega a escuchar los ruidos que vienen de la habitación de sus padres, se niega a creer que su padre haya golpeado a su madre hasta causarle un aborto; en fin, no quiere entender que “Padre” (como ella lo llama), un hombre tan venerado en su comunidad, un ejemplar defensor de los derechos humanos y activo participante de la Iglesia Católica sea en realidad un sádico.

Pero todo cambia cuando los niños son invitados a pasar unos días en Nsukka, en la casa de su liberal tía paterna -una madre viuda con tres hijos y serias dificultades económicas-, y los hermanos descubren el hibisco de flor púrpura que da nombre al libro, se reencuentran con su abuelo (a quien el padre consideraba un pagano) y cuestionan la autoridad de su progenitor. En casa de la tía, relata Kambili, “ya ni siquiera recordaba que hubo un día en que deseé no volver a abrir los ojos, había olvidado aquel dolor intenso en todo el cuerpo”, y esa ansia de tranquilidad es lo que precipita el desenlace final.

Mujeres poderosas

Tanto en La flor púrpura como en Medio sol amarillo –que ganó el Orange Prize el 2007- aparecen estas mujeres empoderadas –las “tías”- que, aunque no son feministas, son las que les abren los ojos a las protagonistas de ambas novelas, permitiendo que salgan de la inacción. Como la tía Ifeoma de su primera novela y la tía Ifeka de Medio sol amarillo quien aconseja a la joven Olanna: «Nunca debes comportarte como si pertenecieras a un hombre. ¿Me estás escuchando? Tu vida te pertenece a ti y sólo a ti”. En Americanah, la protagonista también tiene una tía, Uju, ex amante de un dictador nigeriano, que es quien la recibe a su llegada a Estados Unidos: una mujer con un hijo que estudia medicina y que luego ejerce como médico en un país que no es el de ella, pero que no va a ser el modelo a seguir de Ifemulu.

9788439730484Para la protagonista de esta novela, el motor va a estar dentro de ella, y por eso esta novela nos habla de una mujer claramente feminista que deja a su enamorado en Nigeria para irse a estudiar a Estados Unidos, y que no cuenta con la ayuda de nadie para sobrevivir en un país desconocido, donde los negros son mirados con desconfianza. Ifemelu es una mujer inteligente y sensible, una mujer que se equivoca y acierta en sus relaciones amorosas, pero que toma cada decisión de su vida pensando en ella. En una reciente entrevista –realizada en la New York Public Library- Chimamanda Ngozi Adichie habló con la escritora Zadie Smith sobre escritura, raza y relaciones humanas, y también sobre estos personajes femeninos fuertes y sus relaciones amorosas, tan distintas al paradigma romántico de las novelas románticas de Mills y Boon, “donde el hombre decide”. Para Adichie las mujeres son dueñas de su sexualidad y de sus decisiones: “Y eso es anti Mills y Boon en varias formas. Las mujeres en mi mundo no tienen que esperar porque son mujeres”.

Por sus novelas, sus cuentos y también por los artículos que ha escrito en distintos medios, Chimamanda Ngozi Adichie se ha convertido en el último tiempo en un referente feminista. Y sus frases sobre el tema aparecen en YouTube, en la canción de Beyoncé, en tazones y poleras, y en el libro Todos debiéramos ser feministas, donde la escritora se muestra enojada por la discriminación que sufre a diario el género femenino: “El género tal como funciona hoy en día es una grave injusticia (…) Pero además de estar enojada, también estoy esperanzada (…). Criemos a nuestras hijas de manera diferente. También tenemos que criar a nuestros hijos diferentemente”. “Recientemente una joven fue violada en una universidad de Nigeria”, contó la escritora en la charla TEDxEuston, “y la respuesta de muchos jóvenes nigerianos, masculinos y femeninos, era algo parecido a esto: ‘Sí, la violación está mal, pero ¿qué hace una chica en un cuarto con cuatro chicos?’ Ahora, si podemos olvidarnos de la horrible inhumanidad de esa respuesta, estos nigerianos han sido criados pensando que las mujeres son inherentemente culpables”. Para la escritora tenemos todavía un problema de género y nuestra obligación es solucionarlo.

“Pienso que soy una escritora”, ha dicho Chimamanda Ngozi en varias entrevistas, “pero no tengo problema en que piensen que soy una escritora feminista”. “También me pienso completamente como una escritora nigeriana. Chinua Achebe (escritor nigeriano) fue uno de los autores más importantes en mi formación. No me siento para nada una escritora inmigrante, sino una autora nigeriana que está cómoda en el mundo”.

AvatarAutor: Soledad Rodillo (58 Entradas)

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Lectora empedernida, dedica su tiempo a escribir artículos culturales para diarios y revistas especializadas. Es colaboradora estable de nuestro blog.


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