Entrevistas

Club Social y Literario Francisco Mouat

Germán Gautier Por Germán Gautier

Suena un disparate, pero gracias a su labor como editor de Lolita y creador de la colección «Amor a la camiseta», han ido surgiendo nuevos lectores que aprecian la relación entre prosa, memoria y fútbol. A pocos días del Mundial, como parte de nuestra campaña Futboleo, conversamos con el escritor, quien está a punto de...

Suena un disparate, pero gracias a su labor como editor de Lolita y creador de la colección «Amor a la camiseta», han ido surgiendo nuevos lectores que aprecian la relación entre prosa, memoria y fútbol. A pocos días del Mundial, como parte de nuestra campaña Futboleo, conversamos con el escritor, quien está a punto de comenzar una nueva faceta en su vida literaria al abrir su propia librería.

 

Mouat-postEntre el 30 de mayo y el 1 de junio cincuenta mil personas –poco más que la capacidad del Estadio Nacional- llegaron hasta Espacio Riesco para disfrutar de la tercera versión de la Feria del Fútbol. En total se congregaron más de 80 stands, donde se podía hallar desde jugadores tallados en palos de fósforos hasta escuchar algunas palabras de Enrique Borja, aquel mítico delantero mexicano de la década de los setenta, al cual El Chavo del 8 hacía referencia cada vez que marcaba un gol en la vecindad.

En uno de esos stands, un poco ajeno a la estridencia del marketing deportivo, estuvo Lolita Editores con 8 libros: los seis que conforman la colección «Amor a la camiseta» (Soy de la U, Soy del Colo, Soy de la Católica, Soy de Unión, Soy de Wanderers y de Valparaíso y No soy de ningún equipo), más Diccionario ilustrado del fútbol y Nuevas Cosas del Fútbol. “Fue una locura, una especie de manicomio, pero en el fondo una buena experiencia. Vendimos 170 libros, que yo encuentro espectacular para un espacio así, en un universo que en su mayoría lee muy poco”, apunta el editor del sello, Francisco Mouat.

Fue un lugar donde se puso a prueba el valor de la colección. Y, según la opinión de Mouat, la pudo sortear holgadamente.

—Conociste cara a cara a los lectores de los libros que editas. ¿Qué sensación te dejaron?

—Que son un montón de ciudadanos, más jóvenes que viejos, que se vinculan a través del fútbol con la historia, la lectura y la memoria. Quizás forma parte de una carga de prejuicios, pero en la conversación con ellos notas que las referencias no vienen de la literatura, sino del fútbol. La conversación es cien por ciento pelotera. “Oiga, su libro de la U me hizo recordar…”, y ahí comienzan a escribir su propia historia, su propio libro. Es muy bonito eso.

—Imagino que ver un libro como No soy de ningún equipo debe ser extraño.

—Por supuesto. Causaba mucha gracia ver en medio de esa colección la tapa del libro de Cristóbal Joannon. No se vendía mucho porque nunca hemos entendido ese libro como un súper ventas. Pero nos divierte también que esté. Joannon no escribe desde quien no le gusta el fútbol, sino que parte de la premisa “Me gusta el fútbol, pero gustándome, no me gusta ningún equipo”. Esa es la rareza, que gustándole no sienta pasión por ningún club en particular.

—¿Se da por terminada la colección con este título?

—No se cierra para nada. Con el de Joannon se cierta el primer ciclo de seis. En agosto debería salir Soy de Cobreloa. Lo escribió Carlos Vergara, un periodista santiaguino fanático de Cobreloa, que vive en Viña del Mar y es el director del diario La Estrella de Valparaíso. Ese es el único que falta por salir este año. Y el próximo sale Soy de Everton (y de Viña), escrito por Antonio Martínez, gran columnista y crítico de cine. Viene de alguna manera en respuesta al libro de Agustín Squella Soy de Wanderers (y de Valparaíso).

—Mucha gente pensó que esta colección se centraría en los clubes grandes, pero lo novedoso ha sido los buenos escritores que han accedido a hablar de sus amores deportivos.

—Lo que hemos ido haciendo es invitar a autores. A Antonio un día lo llamé, nos juntamos a tomar un café y le dije que me encantaría que escribiera sobre Everton. Después de ese va a salir uno que tiene una particularidad, porque va a ser escrito por dos autores, uno que tiene 40 y tantos y el otro 60 y tantos. Se llama Soy de Magallanes. Son dos miradas generacionales de un equipo histórico. Los escritores son David Ponce, periodista de música, y Eduardo Santa Cruz, periodista y sociólogo, que tiene algunos libros de historia del fútbol chileno y de Magallanes. Entonces es una colección que va abriendo nuevos flancos, se va enriqueciendo, va ganando en diversidad. El tema es animarlos a que se sienten algunos meses de su vida y confíen en que vale la pena hacer ese ejercicio.

Del sello a la librería

En estos días pre Mundial a Francisco Mouat le tiene sin cuidado la fortaleza de Toca da Raposa donde entrena la selección, el once que elegirá Sampaoli para el debut frente a Australia o si la rodilla de Arturo Vidal sigue o no inflamada. Su atención está puesta en un pequeño lugar ubicado en calle República de Cuba casi al llegar a Pocuro, en Providencia. Desde agosto este lugar será donde pase la mayor cantidad de su tiempo: la librería Lolita.

Juan Villoro y Francisco Mouat – Literatura y fútbol: el gol de la cultura – Puerto de Ideas 2013 from Puerto de Ideas on Vimeo.

 

—¿Cambias tu oficio de escritor y editor a librero? ¿Cómo es esta aventura de instalar una librería?

—Con mi mujer, Soledad Barrios, seremos los libreros. Es una librería que está en un lugar que es barrio, que no tiene nada de esas características en varios kilómetros a la redonda. Este sitio era una fábrica de guantes industriales, donde obviamente entramos a picar, a intervenirlo, restaurarlo.

—¿Cómo te la imaginas?

—Lo primero, como un espacio que tiene que sustentarse, ser rentable, vender libros. Eso es lo primero que tiene que hacer para existir. Luego, que si tú eres un lector vigente ojalá esté lo que esperas. Es decir, si vas a buscar el último título de la Pilar Sordo que esté, pero si vas a ir a buscar catálogos o sellos un poco más difíciles que también puedan estar. Que haya la posibilidad de una interacción, de un diálogo.

Nos interesa que la librería se constituya como un espacio. No sea solo un lugar para vender libros; sino que para  hacer presentaciones, conciertos, ciclos de documentales.

—¿Será una librería una especie de librería-taller-espacio cultural?

—Nos interesa que se constituya como un espacio. No es solo un lugar para vender libros. Es un espacio donde vamos a hacer muchas cosas: presentaciones de libros, conciertos, ciclos de documentales. Además, la librería es un primer piso y tiene un subterráneo, donde voy a hacer los talleres. Ha sido bonito porque muchos talleristas me han ayudado en la construcción y remodelación; es un trabajo colectivo, con muchas energías puestas en ello. Abajo vamos a hacer cosas de una cierta intimidad. Un domingo en la mañana o sábado a medio día podremos realizar actividades infantiles. En fin, queremos que sea un espacio que dispare, que mueva.

Fútbol con todas sus letras

Le cuesta a Mouat abstraerse del fútbol. Aunque quisiera, su nombre está ahí, grabado en un vínculo permanente entre prosa y balón. Y la Municipalidad de Providencia lo fichó para realizar un taller de literatura y fútbol que se prolongará por todos los sábados que dure el Mundial, desde el 14 de junio al 5 de julio. Serán cuatro sesiones en el Palacio Schacht, sede de la nueva Fundación Cultural de Providencia.

—¿Qué textos trabajarás en el taller?

—Tenemos una selección de cuentos de Fontanarrosa y de Soriano. Mucha crónica de Gonzalo Suárez, Javier Marías, Villoro, Diego Lucero, Caparrós, algo de Juan Pablo Meneses, de Sacheri, de Galeano. La idea es que ellos lleven sus escritos y ver cómo la biografía de cada uno puede también animar y articular textos.

—A propósito de Meneses, ¿qué te pareció Niños futbolistas?

—Tremendo libro  y terrible. Me gustó el modo narrativo, que es como un cuento, una novela de intrigas. Este sujeto que se mete en al ambiente del fútbol y mantiene el suspenso hasta el final. Técnicamente me parece muy bien resuelto. Además, me parece fantástico incursionar en este submundo de representantes, de los padres que les cargan a los hijos una cuota mayor de angustia y ansiedad. Es triste, muy triste, porque en el fondo revela el intrincado vínculo entre el mundo del dinero y la industria del fútbol, una cosa que no tiene nada que ver con el deporte, un mundo raro, ajeno para uno. Es un libro donde se muestra el espacio de salvación de la pobreza, que es sin más la historia de Vidal, de Alexis.

—¿Te animas a dejar recomendado algunos libros en particular para matizar esta fiebre mundialera?

Niños futbolistas hay que leerlo ahora, para no obnubilarse con tanta danza de millones. Volver a leer a Soriano, especialmente un volumen que se llama Arqueros, ilusionistas y goleadores. Vale la pena porque recorre todos los textos de fútbol, desde El penal más largo del mundo hasta esa crónica llamada El reposo del centrojás, a propósito del Maracanazo del 50 y el diálogo que mantiene con Obdulio Varela. Es bonito leer este tipo de textos, sobre todo para estas nuevas generaciones que han crecido mirando el peinado de estos futbolistas y que creen que el fútbol partió con Alexis Sánchez. Fiebre en las gradas, de Nick Hornby es muy lindo. Para reírse algunos de los cuentos de Fontanarrosa. Y los cuentos de Sacheri tienen esa emocionalidad, el vínculo, la amistad, la relación con el padre y el hijo, el barrio, el club pequeño, como el espíritu de la película Luna de Avellaneda, ese espíritu que en Chile tiene menos fuerza pero existe, y está menos literaturizado. Y que lean los libros de Lolita, por supuesto.

 

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Germán Gautier

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Tiene una pasión por las revistas que desaparecen, donde ha escrito sobre viajes, conservación ambiental y cultura.

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