Reportajes

Crónicas de rap de Deivi

David Agurto Por David Agurto

David Agurto, o «Deivi», es Licenciado en Literatura, poeta y rapero. En una serie de crónicas nos relata su relación con el rap, donde se mezcla la calle con los libros y la escritura de rimas. Crónica #5: Yo soy El Deivi   Cuando chico —ya rapero— empecé a tratar de identificarme con algo. Buscaba...

David Agurto, o «Deivi», es Licenciado en Literatura, poeta y rapero. En una serie de crónicas nos relata su relación con el rap, donde se mezcla la calle con los libros y la escritura de rimas.

Crónica #5: Yo soy El Deivi

Mantoi [Crédito foto: Cosecha Nacional]

Mantoi [Crédito foto: Cosecha Nacional]

Cuando chico —ya rapero— empecé a tratar de identificarme con algo. Buscaba un tag, una chapa como se decía en esos tiempos. Tuve varios nombres. El que recuerdo fue Mr. One. Pésimo. Hasta mi hermano me hizo un graffiti en el bolso que llevaba al colegio con la famosa chapa. No duró ni una semana. Si bien me acuerdo, mi mamá se enojó. El nombre que por años tuve fue Shiko. Me gustaba harto. Me acompañó por largo tiempo. Los que me conocen lo entienden: mido un metro noventa. Es irónico. Tiene un poco de mi personalidad. Pero la verdad es que nunca me convenció tanto. Era un buen apodo pero no un buen tag. Muy manoseado, repetido. De hecho, recién este año me di cuenta que siempre desde muy niño que harta gente me dice Deivid o Deivit. Ese sí que me gusta. Tiene personalidad. Soy yo mismo. Hay identidad ahí. Me da la idea del nombre gringo y lo relaciono con el origen del rap en el Bronx, pero también con esa chilenización de la lengua extranjera. Por eso, El Deivi.

Más que seguir compartiendo experiencias, quiero mostrar poesía y rap. Así no más po. Y a propósito de hablar del nombre:

¿Mi nombre? Yo he tenido tantos nombres / que solo puede pronunciar el viento y los árboles / yo soy el monte y el bosque / yo soy la tierra y el cemento / yo soy un fauno / soy el sonido de los pájaros / soy la palabra rap / soy una nota musical soy un prefijo / por la calle siempre me dirijo / por el amor me rijo / caminando por la lleca un árbol me dijo / Hola hijo, yo te elijo / yo le dije no comprendo, sé un poco más preciso / y él me dijo bien conciso / de imprevisto te improviso / oye David deja de ser tan indeciso / y decídete por tu verdadero oficio / es el hiphop

Hubo un tiempo que estuve pegado haciendo beatbox en la casa. Todos los días. Mejorando la técnica. Fue tanto que en más de una ocasión vi a mis hermanos y a mi mamá haciendo ruidos extraños. A lo mejor me lo imaginé no más pero supuse que el hiphop se contagia. Me gusta rapear. Y ya que estamos en esto, tengo tantas cosas que contarte:

Tengo la mirada triste de un elefante / el flow de un rinoceronte / dime por qué te escondes / bajo la huella errante / de la palabra ¡interrogante! / ¡Yo! Tengo la rabia de todos los corazones pobres / tengo la indignación del cesante / que no encuentra la pega aunque la busque en todas partes / tengo tantas cosas que contarte / que estonoesarte / aunque tu cara quiera estenciliarte / yo sé muy bien que tú no puedes perdonarme / y también sé que no sé si pueda olvidarte / tengo tantas cosas que contarte / como que el colmo de un cantante / es que no lo pesque ni el parlante / traficantes hay en todas partes / y no por eso hay que acostumbrarse / liberarse, levantarse cada vez que te caes / y seguir hacia adelante / por ejemplo a mí nadie me conoce / pero igual tengo el terrible flow mutante

Y les dejo esto, que no aún no decido si es poema o rap o los dos juntos:

Llevo días cargando una estrofa / me decidí a raper la vida en prosa / pero con rima es otra cosa / la palabra es mi esposa / mi amante es el silencio, dime si lo notas / en una tarde de lluvia navegué sobre una poza / pero no me ahogué y comprendí que las soluciones son tan pocas / esboza / una canción que cause sanación / porque en otoño caminar sobre las hojas / puede ser una imagen hermosa / un mal regalo es una rosa / se habla de la muerte pero no de marte / y amarte entre las sombras / tiene que ser una decisión honrosa.

Como este texto es el último, quiero aprovechar de decir que Tristán Vela (Mantoi) ya sacó su segundo libro de poemas titulado Lago. También El Tipo, emcee de Borderline publicó hace unos meses su libro de poesía, Entrevista a Sergio por el Tipo. Para despedirme quiero citar a una banda de Maipú, comuna que me acogió durante 18 años, y en la cual, aprendí la mitad de lo que sé de hiphop. Creo que representa una vida en el hiphop. Mi respeto para Adickta Sinfonía. Gran grupo. Escúchenlo cuando tengan tiempo. “Mantenemos firme el paso y el camino, el objetivo claro sin temer por lo vivido, de todo lo aprendido saco lo corregido, así me la vivo, así me la vivo”.

Crónica #4: Entre rap y literatura

Cevladé

Cevladé

Cuando conocí a Mantoi estábamos en la universidad. Yo estaba en cuarto año y él se había cambiado de carrera y estaba matriculado en primero de Literatura. Recuerdo que el año en que yo salí de Letras, Mantoi sacó su LP titulado Nosecuenta, nombre con el que también es conocido. Lo descargué y escuché un par de veces. Buen flow, buenos beats y buenas letras. ¿Qué más se puede pedir? Eso es rap. Me quedó grabada al instante una canción, hasta el día de hoy. “Algo que callar”, se llama. “Algo me dice que lo que el alma dice no debe decirse”. Temazo. Uno de esos días que visitaba la U, en espera de dar el examen de grado, nos encontramos. Le dije que me gustaba su trabajo. Sonrió. Abrió su mochila y me regaló su disco Nosecuenta. Lo que hice como retribución fue mostrarlo al mundo. El segundo semestre de ese año empecé a hacer clases. Un reemplazo de un par de meses. Cuando hablé de poesía, mostré el trabajo de Mantoi. Por supuesto, “Algo que callar”. Los cinco años posteriores en los cuales hice clases en enseñanza media, Buskapalabras, como también se hace llamar, me acompañó en la clase de poesía. Muchos alumnos de cuarto medio me decían que Mantoi escribe bakán. Yo creo que su buena redacción y escritura llena de imágenes se basa en que es un gran lector. En la universidad era cotidiano verlo con un libro en mano o leyendo sentado en los pasillos.

portadaHotel Olvidé es un gran disco de Mantoi. Gran narrativa. Cada canción es una historia que se hila con las otras mediante la narración que hace Matiah Chinaski, compañero de Mantoi en la banda Derechos reservados. Hotel Olvidé es la historia de Juan. Este personaje, después de salir de un bosque (El bosque es el álbum de Mantoi que antecede a Hotel Olvidé), desea alojar en un hotel que se ubica en el centro de un poblado cercano a las costas. En este viaje, Juan se encuentra con diversas situaciones. La vida misma no más. Habla en plena plaza con un muerto porque ya estaba aburrido de conversar consigo mismo. Cuando Juan llega al Hotel Olvidé pretende solo quedarse una noche. No sabe que se topará con varias sorpresas. La primera es que casualmente se encuentra con su amigo Chinaski. Flow puro. La canción «Habitación simple» habla del encierro. “Yo solo tengo pasaje de ida y no estoy seguro de que haya salida”. Buenos versos. A lo largo del relato, te vas dando cuenta que Juan está escapando. Por eso quiere olvidar en este extraño hotel. En la canción «Sin sangre» se revela que sus zapatillas tienen una mancha de sangre. Finalmente pasa la noche y surge la claridad del día. Siempre existe una nueva oportunidad. Gran disco. Tremendo.

Hace poco conocí a Cevladé. Me enteré que había sacado un último disco, La casa de Astaire, basado en un cuento de Jorge Luis Borges. Cuando le compré el disco quedamos en reunirnos para conversar sobre literatura y rap. Dos semanas después lo acompañé a una tienda hiphop a ver cómo iban las ventas de su LP. Iba cantando todo el camino. Me dijo que su relación con la literatura surgió de manera clara con el cuento El gato negro, de Edgar Allan Poe, a pesar de que antes siempre ponía versos de poetas entre sus rimas. Hizo una gran adaptación en rimas de ese cuento y después de eso la unión entre rap y literatura fue natural.

cevlade - la casa de astaire 2014Su disco La casa de Astaire trata el encierro humano. Habla de las diversas situaciones que nos convierten en un monstruo. En este caso particular, es el encierro del artista. No solo de Fred Astaire, uno de los míticos actores bailarines estadounidenses, que es otro de los referentes del disco: todos podemos ser el minotauro que busca su redentor. Como Hotel olvide, este disco es la vida misma no más, pero desde otra perspectiva. Uno de los aciertos es que en este álbum el monstruo tiene voz. Se deja escuchar en los interludios donde se cita a Borges.

La canción ‘Aquí estoy’ de Cevladé es una diatriba contra los falsos raperos. Me gusta el coro de la canción que le da el título al álbum: “Aunque el muro detenga tu voz y no encuentres salida siempre podrás mirar arriba”. Sientes la misma esperanza que sentía el minotauro de Borges esperando a Teseo. Este es un disco que habla de encierro pero también de esperanza. Es el monstruo en busca de una salida. El tema ‘Mantente libre’ es brígido. “Sé fiel a lo que amas”. Simple y claro. El flow en su máxima expresión se da en “Lo siento”, se ve un hablante enfrentando a otros que considera seudoartistas. “El destierro” es otra canción que destaca. Es un rapero cansado de todo. Por eso se autodestierra a un lugar fuera de la ciudad. No escapa del hiphop. Es un valle donde encuentra tranquilidad “El viento es el beat, este valle el escenario, mi silencio es el mic”.

Creo que lo mejor que sacamos de nuestra conversación fue la conclusión. Cevladé me dijo: “Si tú me preguntai cuál es la relación entre rap y literatura, soy yo”. Cualquier persona que tenga distintos intereses los va a mezclar. “Yo estoy al medio, yo los vinculo. Al final soy un artista y expreso lo que me pasa, lo que siento, lo que pienso, lo que digo y lo comunico. Y así extiendo mi paso por sobre la tierra. Y me comunico y contacto con otras personas que no me conocen pero que pueden experimentar lo mismo que yo”.

Crónica #3: ¿Está en crisis el rap actualmente?

Como asesinar a Felipes, banda chilena que fusiona el rap con el jazz [Foto de Cristian Medel]

Como asesinar a Felipes, banda chilena que fusiona el rap con el jazz [Foto de Cristian Medel]

Hace un par de meses estuve leyendo A mano alzada, un libro de crónicas de Germán Carrasco. En uno de sus textos ofrecía una reflexión sobre el hiphop. Una periodista quería publicar un artículo sobre rap y lo entrevistó pensando que la poesía de Carrasco era similar a esta corriente musical. Para él no había ninguna relación. Estuve bastante de acuerdo con sus argumentos. Razonaba que la poesía con rimas era parte de la tradición del siglo XIX y que la poesía actual es otra cosa. Presentaba además una crítica al hiphop en cinco puntos: carencia de imágenes; rimas formadas en verbos infinitivos y gerundios; poseer solo dos a tres tópicos; ser muy declarativo y antisistémico; y lo peor crear canciones para difamar a otros grupos. A pesar de toda esta lista, declara que hay raperos mejores que varios poetas.

Cuando propongo una crisis en el rap, me refiero exclusivamente a las letras que componen cientos de raperos.

Me quedó dando vueltas esta idea de que al rap le faltan imágenes. Esta es una de las razones porque Germán Carrasco señala que el hiphop no tiene nada de poesía. También estuve pensando en eso de que con el tiempo las letras de los raperos se inventan para denostar a otros raperos. Este último tiempo he estado escuchando a varios grupos que no conocía. Siento que en la mayoría de los casos ya escuché esas voces y esas canciones. Me digo “pareciera que esto ya lo oí en otra parte”. Y claro, ya lo había escuchado en otro grupo el día anterior. Y en otro grupo el día anterior. Muchas de las letras están siendo repetidas. Que yo soy el mejor, que mi grupo es el mejor, que nadie tiene un flow como el nuestro. Me parece extraño que el 90% de las bandas chilenas sean las mejores. Claro el rap tiene algo de competencia y eso es bueno. La competencia provoca mejorar las habilidades para rapear. Lo que no entiendo es por qué no mejora la capacidad en la escritura. Muchos grupos se autodenominan rap hardcore y dicen exactamente lo mismo que otros grupos.

Creo que para ser rapero no basta con decirlo. No basta con vestirse como rapero. Hace unos cuatro años atrás tuve la oportunidad de asistir a un taller de hiphop impartido por Guerrillerokulto. Era un grupo de niños de diez años hasta jóvenes de 18. Yo estaba haciendo una investigación y los entrevisté un día. Me gustó que dijeran que para ser rapero hay que hacer rap. Eso es lo importante. También siempre he pensado lo mismo. Es la acción de rapear una de las cosas que te acredita como rapero. Sin embargo, lo que llamó profundamente mi atención fue la declaración que hicieron dos niñas, las únicas dos mujeres del grupo. Una de ellas declaró que era tan rapera o hiphopera como todos los demás sin hacer rap. El hiphop estaba en la conciencia. Uno es consciente de lo que es aunque solo escuché la música. La otra la apoyó totalmente. Ellas vivían el hiphop. El rapear no es solo rimar. Eso cualquiera lo hace. El rap tiene más que ver con entregar un mensaje, con dar contenidos, con tener una propuesta. El verdadero rapero está consciente de sus palabras, se hace cargo de ellas. El rimar está presente incluso en la publicidad. Eso no significa que el rap tenga una mejor valoración social, a pesar de que después de treinta años de historia en Chile, sí la tenga.

Hay raperos que escriben mal pero que rapean bien. Tienen mucho flow. Cuando propongo en esta crónica una supuesta crisis en el rap, me refiero exclusivamente a las letras que componen cientos de raperos. A nivel musical el hiphop en Chile se ha profesionalizado mucho en la última década. Sé que es tajante decir ‘escriben mal’, lo más probable es que no exista una mala escritura. Me refiero a que considero increíble un rap sin otra propuesta que no sea el decir soy mejor que otros y que carreteo harto. La marginalidad del rap no está en decir soy marginal. No está en hablar de drogas ni alcohol ni fiestas. Aunque es totalmente válido. La marginalidad del rap está en mostrar la marginalidad propia. NueveDoz por ejemplo, es un gran emcee y productor. Él vive en el sector oriente y en el disco Respira de Frainstrumentos habla de eso. Él es un marginado, ya que, no pertenece a ningún sector popular de la ciudad donde supuestamente el hiphop le es propio. Para mí el rap no tiene clase social. Aunque también estoy consciente de que la mayoría de los raperos vienen de sectores no acomodados. Yo también he vivido esa realidad. Creo que el rap es de aquel que se siente marginado. Sea como sea, venga de donde venga. Por eso no comparto esta visión de ‘yo soy el mejor’ porque no propone nada desde el margen.

Creo que el rap es de aquel que se siente marginado. Sea como sea, venga de donde venga.

Otra de las situaciones que he visto este último tiempo y que no comparto son los debates que se hacen en redes sociales sobre raperos y sus discos o canciones. Te sientas a escuchar a un grupo que desconoces o a descargar un disco o a ver un videoclip y hay cientos de comentarios de oyentes defendiendo a su artista favorito y terminan denigrándose unos a otros. Patético. El rap tampoco está ahí. El viernes por la noche fui a una tocata y me agradó escuchar un verso de Matiah Chinaski, un emcee del grupo Mente Sabia Crú. Hablo poco y escribo mucho. Es así de simple. El rap vive en el freestyle y en la escritura.

Para terminar quisiera entregar una lista de raperos que considero hay que escuchar. Si no escucha rap, haga el intento se sorprenderá con algunos. Jonas Sanche define a su música como un rap más humano. Un gran acierto definirlo así. Busque el disco Verdades, la voz de la avenida. Por supuesto, NueveDoz en especial su álbum Parte por uno. Con Mantoi, creo que le podrían gustar todos sus discos. Destaco eso sí Hotel Olvide, hay una historia completa que se desarrolla a lo largo del disco. Jardín del Sótano, disco de Mente Sabia. Muy buen rap. Lenguaje vivo de Gran Rah. Cevladé es bueno. Más que bueno. Si le gusta la literatura, escúchelo. Recomiendo en especial su último disco La casa de Astaire, reescritura del cuento de Borges, La casa de Asterión. Como asesinar a Felipes, una banda que se mueve entre el jazz, el funk y el rap. Creo que en todos los nombrados no hay solo rap, también hay poesía. Pero si, de verdad quiere pasar un momento agradable (tal vez sea lo contrario) escuche a Emone, a Nadie, a Motafonkas y en especial a Adolfo el Terrible. Con su disco Recuerdos del futuro se llevará una grata sorpresa.

Crónica de rap #2: ¿Rapoesía?

Bronko Yotte

Bronko Yotte [Foto: The Good Roadie]

Escribo poesía desde el 2005. Desde niño me gustó leer y escribir cuentos. Leía los Papelucho y las historias de Julio Verne. Me gustaban las aventuras. No tenía un gran talento en narrativa pero me daba igual, solo escribía las historias que me imaginaba. Eso era la infancia. Cuando conocí la poesía estaba en séptimo básico. Fue en las clases de lenguaje donde leí mis primeros poemas. No me gustó. La encontraba muy antigua y romanticona, además de tener un exceso de palabras y frases ininteligibles. De hecho, mis primeros poemas siguieron un poco esa tradición. Fueron una declaración de amor que nunca obtuvo respuesta. Me parece que había conocido con el pie izquierdo a la poesía.

Descubrí a Nicanor Parra en cuarto medio. Quedé loco. Fue como escuchar a Mucho Mu o Anita Tijoux por primera vez.

A veces creo que por eso me gustó el rap. Cuando lo escuché por primera vez estaba en octavo, y como ya les conté, fue precisamente en una clase de lenguaje. Todo lo que hablaba la profesora sobre rima, ritmo y métrica estaba aquí. Y lo mejor es que no había necesidad de hablar de aquello ni de analizar figuras retóricas en las canciones. Solo importaba la potencia de la base, la voz del emci y la calidad de sus letras. El rap era mucho más simple que la poesía. Sus códigos pertenecían a un lenguaje fácil de dominar. Al menos para mí. Me pasaba horas escuchando y transcribiendo rap. Me pasaba mucho más tiempo escribiendo mis canciones y ensayando los fraseos. A esta edad no leí poesía y escuché harto rap. Pero no sé si fue la cantidad suficiente.

Descubrí la poesía en cuarto medio. Bastante tarde al parecer. Unos compañeros disertaban sobre Nicanor Parra. Habían ido a la exposición que se había hecho en el edificio de la Telefónica y les habían regalado un libro donde aparecían algunos Artefactos visuales. Quedé loco. Fue como escuchar a Mucho Mu o Anita Tijoux por primera vez. Entendí lo que es la poesía. No se trataba solo de asuntos amorosos ni de estrofas ni rimas. Era mucho más. Entregaba contenidos similares a los que escuchaban en el rap. La poesía estaba llena de referentes sociales y políticos. No tenía estructura ni medidas. Parra desencajaba en la organización que me habían enseñado.

Escribo poesía con las temáticas del rap. Escribo rap con las imágenes poéticas.

A finales del 2003 decidí estudiar Letras. No leía mucho. A mí me gustaba el rap y lo más cercano era la literatura. Cuando entré a la universidad conocí a la Chini. Ella me mostró una canción que había rapeado en el colegio. Era una reescritura del Quijote de la Mancha donde hablaba de dejar fluir al ser como un río y de cómo uno se la juega por lo que quiere. El coro lo hacía Felipe Berríos, conocido como Bronko Yotte. Él también estudiaba Letras pero estaba terminando la carrera. El Bronko ganó un concurso de poesía, en el cual también participé. Cuando recibió el premio dijo algo como “bueno, yo soy rapero así que me gustaría rapear mis poemas”. Y los rapeó. Y sonaba bien. Y no sabías si era poesía o rap pero a la gente le gustaba lo que oía. Yo había escuchado temas de Rapaces, banda donde cantaba el Bronko, pero en ese momento me di cuenta que poesía y rap iban de la mano. O al menos caminaban por la misma vereda.

Empecé a leer más poesía y a escuchar mucho rap. Descargaba discos para descubrir a más grupos, en especial chilenos. Creo que ahí fue cuando realmente conocí a la poesía. Iba a la biblioteca y leía libros de poemas. Escribía poesía tratando de descubrir un estilo propio. Le conté al Jaime, un amigo del barrio, que estaba escribiendo poesía. Él me dijo que para hacer poesía no se tenía que entender nada. En esa ocasión no estuve de acuerdo. Comprendí la poesía como había entendido el rap, desde su candidez y lo explícito en sus mensajes. Escribo poesía con las temáticas del rap. Escribo rap con las imágenes poéticas. El punto en común es cómo se maneja el lenguaje, cómo lo distorsionas.

teatimeCuando estaba terminando la universidad, ya había escuchado a varios raperos que ofrecían bastante imágenes poéticas en sus versos. El rap a veces no es tan explícito. Nach, Violadores del Verso, Cevladé. En esos meses conocí al Mantoi y al Gris. Mantoi pasaba el día leyendo. Me regaló su disco Nosecuenta que me ayudó a entender que el rap está lleno de poesía. Mantoi también es poeta. Se hace llamar Tristán Vela y publicó El Percatarse. Camilo Castaldi alias Tea Time, de Los Tetas, también ha publicado un libro de poemas titulado La Pantera. Les recomiendo a ambos. No es rap, es poesía cargada de elementos urbanos.

Yo no sé si hay que hablar de rapoesía o de palabrap. La rapoesía es un concepto que acuñé para que entendieran lo que escribo. A las personas nos gusta encasillar las cosas. Mal de la humanidad, por cierto. La gente que me ha escuchado leer mis poemas dice que yo los rapeo. No es así. Yo no rapeo mis poemas, yo los leo con ritmo y flow. Mis poemas no tienen rima pero hablan de hiphop todo el tiempo. En mi libro Palabra raptada la mayor parte de los epígrafes que incluí son rimas de raperos. Trato de ser bien explícito en mis poemas, que los mensajes sean claros y que se puedan entender de forma rápida. Eso no quita que estén llenos de imágenes. Cuando escribo rap intento ser algo metafórico, trato de ocultar lo que realmente quiero decir. Ser un poco más implícito. Tal vez hablo de las mismas cosas que hablan otros cien mil raperos pero me interesa decirlas de otro modo. La palabrap es un título para una de las secciones de mi primer libro. Habla un poco cómo se fusionan los lenguajes de la poesía y el rap. Como me apropio del lenguaje poético desde el rap.

A veces las confundo. Cuando empiezo a escribir un poema se transforma en canción y viceversa. A veces no sé qué escribo, solo lo hago. Abro una libreta en la micro y las palabras fluyen. Camino por la ciudad y las palabras riman. Es simple, soy Jacinto Ternicier y escribo poesía. En lo concreto, soy El Deivi y hago rap.

Crónica de rap #1: Yo no tengo crew

 

 

Beastie Boys

Beastie Boys

1999. O uno nueve nueve nueve, como se decía en esos tiempos. Nunca me había gustado la música. Al menos eso recuerdo. Había escuchado un poco a Gondwana por un cassette que había recibido de regalo para una Navidad. Años antes, cuando tenía alrededor de diez años, junto a mi hermano y un grupo de primos bailamos rap. Kris Kros, Mc Hammer y Beastie Boys. La moda era usar pantalones cuadrillé e inventar pasos con extraños movimientos. Las calles se rayaban con renovador de zapatos. Ese fue mi primer acercamiento al hiphop, pero nada era serio.

Aprendí a rapear con Anita Tijoux y Mucho Muchacho. Yo quería escribir y formar mi propia banda.

Conocí al rap en el 99. En una clase de lenguaje un compañero sacó el personal estéreo y un cassete que decía 7 notas 7 colores. Se oía una voz aguda encima de un sonido de batería monotemático. Fue alucinante. Al día siguiente había transcrito dos canciones y al tercer día ya me las sabía de memoria. Rapeaba en los recreos y en mi casa. Después aparecieron más grupos y más discos. El Tical de Method Man, Tiro de Gracia y su Ser humano, Vico-C, Demencia Local y el Vida Salvaje de Makiza. Aprendí a rapear con Anita Tijoux y Mucho Muchacho. Pero ese aprendizaje no era suficiente. Yo quería escribir y formar mi propia banda.

Escribí mi primera canción a mediados de año. Mis compañeros ya no estaban tan interesados en la música, pintaban graffitis y sin querer nos alejábamos. Les mostré mi rap y les gustó. La canción se llamaba Por amor al arte y hablaba de lo sencillo que era hacer rap y de la militancia que existía en el hiphop. No sé por qué pero nunca me he olvidado de esas primeras rimas.

Al siguiente año, enfrentaba la enseñanza media en un nuevo curso. Ya no compartía con mis amigos, pero nuevos compañeros también escuchaban rap. Escuché a Rezonancia y La gota que colma y descubrí ese sonido que suelen llamar rap hardcore, repleto de voces graves y bases lúgubres. A pesar de la cercanía con mis nuevos compañeros, la situación seguía siendo la misma. Me sentía solo en un mundo donde aparentemente había que estar en grupo. Yo rapeaba. Inventaba letras. Improvisaba. Cada vez que salía a comprar, yo iba rapeando mientras caminaba, inventando nuevas letras. La gente me miraba extraño pero no me importaba, yo quería rapear.

En el barrio conocí algunos amigos que escuchaban rap. Intercambiamos algunos discos. Con más de alguno tuve varios intentos fallidos de formar una banda. Ninguno perseveraba. Eso sentía, aunque fuera un juicio tajante. Conocía a más grupos, a la escena estadounidense, a la francesa, puertoriqueña, y en especial a la española y chilena. Me gustaba entender lo que decían. Pasaba tiempo analizando letras. Pasaba horas escribiendo las propias. Tuve la oportunidad se subirme a más de un escenario, pero siempre era algo momentáneo. Cada vez que tomaba el micrófono sentía la libertad de poder decir lo que quería. No importaba nada más. Ni mis papás diciendo súbete los pantalones ni las caras de extrañeza que ponía la gente al verme. Sentía que el hiphop habitaba en mí.

Me gustaba entender lo que decían. Pasaba tiempo analizando letras. Pasaba horas escribiendo las propias.

Pasaron los años y entré a la universidad. Casualmente pude compartir con grandes exponentes del rap nacional. Bronko Yotte, De Barro, Tea Time, Cien de Legua York, Anbless, Gris de Rapalapar, Mantoi, Nueve Doz, e incluso Nach, el famoso rapero de España. Pero solo fueron conversaciones, una colaboración para un trabajo, algún freestyle y el pasar un rato. Definitivamente estaba solo en esto. Pero no me importaba. Yo quería rapear y que la gente escuchara lo que tengo que decir. Creo que conocí al rap en esa soledad y lo entendí desde esa vereda.

Lo más cercano a tener una banda fue cuando hacía clases de lenguaje en Puente Alto. En esa escuela existía una evaluación de música donde los alumnos interpretaban covers y canciones propias. Había algunos raperos que me invitaron a ser parte de sus temas. Escribí un par de letras y compartí escenario con cabros de quince que sonreían y disfrutaban como un juego de niños el estar tirando rimas frente a sus compañeros y profesores. Era verme nueve años atrás cuando escuchaba a Mucho Mu por primera vez.

Han pasado quince años desde el 99 y aún no he grabado nada. Tal vez lo haga un día. Yo quiero rapear. Escribo e improviso todos los días. Cuando camino, cuando salgo a comprar el pan, cuando estoy callado. Si nos vemos un día, conversemos, a lo mejor sale un freestyle. A mí nadie me conoce y eso no interesa. Todavía tengo algo que decir y lo voy hacer rapeando. Soy el «Deivi» y yo no tengo crew.

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David Agurto

Coordinador local zona centro de Viva Leer. Licenciado en Letras, profesor de Lenguaje, magíster en Edición y futuro máster LIJ. Forma parte de los equipos de trabajo de Viva Leer y Troquel. Realiza talleres de rap, cómic y adaptación literaria.

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