Crónicas de Santiago a Mil: La tempestad

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La célebre obra de Shakespeare se presenta hasta el domingo 24 en el Centro GAM, como parte del Festival Santiago a Mil. Luego regresa con funciones del 27 al  30 de enero como parte del ciclo “Lo mejor del GAM 2015”, en la sala A2 del centro cultural.

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Elenco de «La tempestad». Créditos: Jorge Sánchez

Al entrar a la sala un hombre encadenado, encerrado en una caja de vidrio, concentra la atención en medio del escenario. Su aspecto descuidado, salvaje, su mirada perdida con ansias de libertad, nos provoca. Hace sonar sus cadenas fuertemente, nos sigue observando y con sus dedos ­­– sin lograrlo- trata de salir de aquella prisión transparente en la que se encuentra a merced de los espectadores.

De esta forma comienza el clásico de Shakespeare, La tempestad, uno de los montajes del Festival Santiago a Mil, con el que se conmemoran los 450 años de la muerte del célebre dramaturgo inglés; y que durante el año 2015 formó parte de la cartelera del Centro GAM, como una producción propia de este centro cultural.

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Claudia Di Girolamo como Próspero. Créditos: La Tercera

El texto -adaptado por el dramaturgo nacional, Juan Radrigán (Premio Nacional de las Artes de la Representación 2011)- se centra en el drama de Próspero (Claudia Di Girolamo), a quien le fue arrebatado el Ducado de Milán a manos de su hermano, Antonio, y quien en confabulación con el rey de Nápoles decide enviar a Próspero y a su hija Miranda (Mariana Di Girolamo), en una débil embarcación a surcar el mar mediterráneo en donde, esperan, encontrarán la muerte. Ambos, padre e hija, naufragan, se salvan y buscan refugio en una isla solitaria.

En esta isla habitan las ninfas, los seres mágicos del bosque y también Calibán (Francisco Ossa), un esclavo deforme y salvaje – el hombre encadenado del inicio- que busca el amor de Miranda y que de ella solo recibe golpes y gritos. Junto a Próspero se encuentra Ariel, un espíritu del aire, invocado con los poderes que cultiva el duque con los libros de magia. Ambos desencadenan una gran tormenta al enterarse que Antonio junto al rey de Nápoles y su hijo cruzan los mares. Todos ellos, más la tripulación del barco, naufragan y llegan hasta la isla, en donde se ven atrapados por los poderes de Próspero.

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Calibán (Francisco Ossa) y Próspero (Claudia Di Girolamo). Créditos: Jorge Sánchez

La puesta en escena, a cargo del director Rodrigo Pérez, nos enfrenta a un despojado, pero significativo escenario: un gran telón impreso con una escena romántica de una naufragio –como una gran pintura de Géricault-, una delgada tela verde, a imagen de la vela de un barco y árboles sobre ruedas que sirven para los parlamentos más íntimos; completan el montaje una estructura de fierro móvil, como escritorio de Próspero y un juego de luces dramático y tenue a la vez, que conjuga con el telón ya descrito. Mención aparte merece el vestuario de Pablo Núñez: ropa de lino y algodón, chaquetas de terciopelo y la creación de espíritus en frazadas de polar de colores y flores, con estructuras de mimbre, ¡fantásticas! El aspecto visual se potencia con la música original de Santiago Farah, que le imprime energía y fuerza a la discursos de los actores, sobre todo en la escena del naufragio.

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Escena de las ninfas. Créditos: Jorge Sánchez

La gran apuesta de Rodrigo Pérez es encontrar en Claudia Di Girolamo la energía necesaria para interpretar la venganza y la contradicción que vive Próspero. Un reflexión interna que se debate entre acabar con sus enemigos –su hermano, el rey de Nápoles y su familia, los tripulantes-, todos ellos culpables de su exilio y de sus dolores; y al mismo tiempo, encontrar la paz y el perdón para continuar en el futuro. Pérez y Radrigán enfrentan al público a preguntas significativas y conmovedoras para nuestra realidad: ¿qué es el perdón? ¿qué estoy dispuesto a ceder, con el fin de mantener el poder? Durante una hora y media no dejamos de escuchar términos como justicia, perdón, reconciliación, reparación; y al mismo pensar no dejamos de pensar en el devenir de la historia reciente de Chile. ¿Somos acaso un símil de Calibán? ¿Somos nosotros –todos los chilenos sin poder- esclavos, hombres encadenados dentro de una jaula de cristal? Quizás Shakespeare tenga la respuesta en esta tempestad.

 

La tempestad 

Dramaturgia: William Shakespeare

Versión Juan Radrigán

Dirección: Rodrigo Pérez

Elenco: Claudia di Girolamo (Próspero), Moisés Angulo (Ariel), Francisco Ossa (Calibán), Mariana di Girolamo (Miranda), Jaime Leiva (Ferdinand), Manuel Peña (Alonso, Rey de Nápoles), Rodrigo Soto (Antonio, Hermano de Próspero), Guillermo Ugalde (Capitán).

Diseño Escenografía e iluminación: Catalina Devia

Diseño de vestuario: Pablo Núñez

Música original: Santiago Farah

Realización Escenografía: Rodrigo Iturra

Producción de Vestuario: Alexis Paredero

Confección de Vestuario: José Vergara

Guitarras: Tomás Gubbins

Asistente de Dirección: April Gregory

Asistente de Escenario: Daniela Leiva

Producción: Maritza Estrada

Producción general: GAM

Autor: Claudio Aravena (34 Entradas)

Estudió Literatura y Educación en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es diplomado en Industrias Editoriales y magíster en Edición, en la UDP - U.Pompeu Fabra. Es gerente de desarrollo de La Fuente, fue profesor del Diplomado FLIJ y participa como miembro colaborador de Colibrí IBBY Chile.


 

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