Crónicas de Santiago a Mil: Still Life

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El mito de Sísifo revisitado por Albert Camus y llevado al escenario por la Compañía griega de Dimitris Papaioannou, no es una obra de teatro ni de danza convencional. Su trabajo visual va mucho más allá y combina el teatro físico, la danza experimental y el arte del performance.

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El mito de Sísifo revisitado por Albert Camus y llevado al escenario por la Compañía griega de Dimitris Papaioannou, no es una obra de teatro ni de danza convencional. Su trabajo visual va mucho más allá y combina el teatro físico, la danza experimental y el arte del performance.

“La lucha en sí misma hacia la cumbre es suficiente para agotar el corazón de un hombre. Uno debe imaginarse a Sísifo feliz…”. Es una de las premisa con que Camus concluye su siempre vigente texto El Mito de Sísifo. Sísifo, recordemos, fue condenado por Zeus en la mitología griega, por su arrogancia y astucia al creer vencer a los dioses huyendo de los infiernos, a empujar una roca hacia la cima de una montaña por la eternidad, roca que una vez arriba, vuelve a caer y así todo vuelve a comenzar.

En este círculo vicioso que describe el mito, y en que Camus teoriza sobre el valor de la vida frente al suicidio, el director griego Dimitris Papaioannou nos devela la constante de un problema moderno, el problema eterno de entender y vivir nuestra propia vida, aún con esa condena de las piedras sobre nuestra espalda. Vemos la lucha, el cansancio, la inutilidad de subir y bajar de esa piedra y el destino como lo absurdo de una existencia y es ahí donde Camus como Papaioannou se detiene y reflexiona. Entonces, releemos al autor francés de origen argelino y nos damos cuenta que “matarse, en cierto sentido, y como en el melodrama, es confesar. Es confesar que se ha sido sobrepasado por la vida y que no se la comprende”. Y ante ese predicamento lo vemos luchar con sus siete artistas en escena contra esa piedra, como si parte de vivir fuera convivir inevitablemente con ella, emulando que quizás algunas condenas de la existencia de cada uno son inherentes a la vida misma, parte de la misma humanidad a las que nos reducimos.

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El escenario es sombrío, y nos espera incluso antes que el público acalle su ruido y se de por iniciada oficialmente la obra. Es el mismísimo Dimitris Papaioannou quien nos observa antes que nosotros nos demos cuenta que siquiera está ahí, sentado en el aire con una piedra en la mano. El cielo demarca un espacio de tinieblas, un espacio donde visualizamos esa montaña donde la piedra rueda y que es el camino constante de Sísifo. Es además, un peso sobre las cabezas, un cielo imponente donde de alguna forma podemos imaginaros a los dioses dictando su furia contra Sísifo que creyó vencerlos.

Dimitris Papaioannou es recordado por ser el creador de la Ceremonia de los Juegos Olímpicos de 2004, y tal como aquella vez, en esta obra logramos materializar el trabajo que ha realizado no sólo en la danza, si no que también en la ilustración de cómics y pintura, espacios que recorrió antes de su acercamiento a las artes performáticas, donde hoy despliega su talento como director, coreógrafo, perfomer y diseñador de escenarios, vestuarios e iluminación.

Bajo este inmenso cielo de humo, los bailarines emergen y se confunden con una danza que no es baile, es coreografía donde los bailarines se mezclan literalmente con la piedra, con la materialidad de esa superficie, de ese peso y del ruido de sus sedimentos que caen constantemente, y que suenan como piedras que ruedan y estorban. Vemos a Sísifo entrar y salir de este enorme bloque, enredarse en un juego donde mientras un artista va ingresando a ese espesor, el otro viene de regreso y en esa camino convergen y crear posibilidades nuevas, extrañas, kafkianas quizás.

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Hay momentos de esa hora y 20 minutos en que podemos atisbar experimentos sonoros, juegos de luces, pequeñas bromas y absurdos. Instantes en que pareciera que la magia se apodera del escenario, como si fuese invocado Nikola Tesla. Vemos un juego lúdico a pesar de la impotencia de la roca eterna, de ese círculo sin acabar que significa cargar la condena hecha piedra y luego verla rodar, una alegoría inevitable de la vida actual.
“No puedo comprender si no en términos humanos. Lo que toco, lo que me resiste, eso es lo que comprendo” y es lo que Camus nos recuerda y que tan bien Dimitris nos entrega. Sísifo es de alguna forma, la condena moderna, y el valor de la vida a pesar de lo absurda que esta parezca.

 Still Life

Temporada: Del 15 al 19 de enero.
Dónde: Corpartes.
País:  Grecia
Disciplina: performance
Duración: 1 h. y 20 min. sin intermedio
Recomendación: Todo público
Idioma: Ninguno
Dramaturgia y dirección: Dimitris Papaioannou
Elenco: Prokopis Agathokleous, Drossos Skotis, Costas Chrysafidis, Christos Strinopoulos, Kalliopi Simou, Pavlina Andriopoulou, Dimitris Papaioannou / Concepto visual, dirección, vestuario e iluminación Dimitris Papaioannou / Composición de sonido Giwrgos Poulios.
Link para comprar entradas.

AvatarAutor: Astrid Donoso Henríquez (50 Entradas)

Coordinadora de medios y libros de La Fuente. Periodista, técnico bibliotecario, máster en LIJ, diplomada en Fomento Lector y Edición. Lectora voraz de diversas latitudes y géneros. Actualmente cursa el Diplomado de Literatura en Lengua Inglesa.


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