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Cuando Nicanor Parra cantó por los Derechos de los Niños

Germán Gautier Por Germán Gautier

El grupo Congreso y el antipoeta se unieron el año 1992 en una obra musical que levantó la voz por la defensa de los niños y niñas de Chile. El disco llamado Pichanga revive a raíz de los 100 años de Parra y seguirá sonando durante este año de celebraciones. “Importante. Las dudas que puedan...

El grupo Congreso y el antipoeta se unieron el año 1992 en una obra musical que levantó la voz por la defensa de los niños y niñas de Chile. El disco llamado Pichanga revive a raíz de los 100 años de Parra y seguirá sonando durante este año de celebraciones.

Nicanor Parra

Nicanor Parra en La Reina. Foto de La Tercera

“Importante. Las dudas que puedan surgir en el transcurso de estas canciones serán aclaradas telefónicamente. Llamar al 2731737 en horas de oficina. Preguntar por el antiniño. Más información en soneto que está por publicarse”.

Así se escucha la voz de Nicanor Parra en la pista que abre el disco La Pichanga: Profecías a falta de ecuaciones. Corre el año 1992 y el poeta -que dentro de pocos meses lanzará Poemas para combatir la calvicie- está en los estudios de Filmocentro, a pasos de la Plaza Ñuñoa, rodeado de músicos y niños dispuestos a grabar diez poemas escritos de su puño y letra especialmente para conmemorar la Convención Internacional de los Derechos del Niño.

Para Congreso, en tanto, se trata de su decimotercer disco y la posibilidad de musicalizar, nuevamente, poemas de un colosal de las letras chilenas. El conjunto oriundo de Quilpué ya lo había hecho en su primer álbum de 1971 con el poema Maestranzas de noche, de Pablo Neruda. Por eso, cuando dos gestores culturales se acercaron a la banda para proponerles esta obra –poco después de haber creado para el Ballet de Santiago el disco Los fuegos del hielo, con presentación incluida en la Expo Sevilla- su respuesta fue un sí rotundo.

“Hugo Dinamarca y Osvaldo Torres estaban muy relacionados con la infancia y obtuvieron recursos de la Unicef y otras organizaciones para hacer un proyecto que divulgara los derechos del niño”, cuenta Francisco Sazo, la voz inconfundible de Congreso. La invitación, sin embargo, tenía múltiples destinatarios, ya que además de Nicanor Parra en los textos y Congreso en la música, contaba con la participación del pintor Carlos Maturana (más conocido como Bororo) y el registro audiovisual de Magaly “Maga” Meneses. Más que una pichanga, terminó siendo un partido de alta convocatoria cruzado por las artes.

congreso

Congreso. Foto de Emol

Juegos en serio

El primer poema que recibió Sergio “Tilo” González de parte de Nicanor Parra fue Días atrás un árbol me preguntó. “Hice una primera maqueta y fuimos con Pancho a su casa de La Reina. Le hicimos escuchar para dónde iba esta cosa y su reacción fue increíble: era un niño más, que saltaba y bailaba”, relata el baterista y compositor de Congreso. Era la primera vez que los integrantes de la banda visitaban a Parra y quedaron sorprendidos por esa casa de raigambre sureña, algo laberíntica, poblada de faroles y teteras hirviendo, atiborrada de troncos, postes, vigas, todo de roble, alerce o ciprés, que hacían de la casa misma un centro de reciclaje.

Portada PichangaPancho Sazo recuerda que esas sesiones eran fantásticas, como quien se dispone a un juego de cartas o cacho. “Es un hombre muy irónico y socarrón. Viene de una parranda de Parras donde la música no tiene ningún secreto para él. Y nosotros veníamos de otro lado, muy de a pie. Habíamos leído su obra, pero es distinto estar frente a un hombre de entonces casi 80 años. Un tipo que tenía una belleza externa y con una gran disposición actoral”.

La simbiosis generada entre artistas se manifestó de inmediato en un trabajo que se dio por un cauce de aguas claras. “No me costó nada hacer la música,-cuenta Tilo González-. Nunca le pedí que cambiara una palabra; todo lo que yo hacía calzaba con el texto”. Así, esa primera maqueta se transformó en un vals cantado originalmente por Ramón Aguilera y que cuenta, además, con un magistral solo de piano del fallecido músico Jaime Vivanco.  Escuchándola en retrospectiva parece una canción profética: “Y yo le dije no se preocupe/ que los pájaros cantautores andan en gira artística por ahí/ volverán de un momento a otro”.

El ánimo lúdico estuvo presente durante toda la obra. En las grabaciones de la Maga Meneses se puede observar a Parra realizando un artefacto con una gigantografía en la que aparecen Julio Videla, el Pollo Fuentes, Checho Hirane y Don Francisco. Sobre el cartel que sostiene este último y que dice “Super Pollo, el pollo de la Teletón”, Nicanor Parra pega una hoja con la siguiente leyenda: “Piececitos de niño azulosos de frío cómo os ven y no os cubren Marx mío!”. Esta broma la había publicado en su libro Chistes par/r/a desorientar a la policía/poesía, el año 1983.

Hugo Pirovich, miembro fundador y flautista de Congreso, sostiene que las líricas de mayor contenido social de Parra son en su gran mayoría autobiográficas. “Andar a pie pelado en su tiempo era una realidad. Cuando yo era estudiante de una escuela pública en Quilpué en los 50 mis compañeros también iban descalzos”. Las letras de Parra campean por los barrios marginales de Chillán, de Lautaro y los del barrio San Pablo en Santiago. Un peregrinar al tres y al cuatro lleno de experiencias mágicas donde se sitúan los albores de la antipoesía, y de los cuales asoman poemas míticos como Se canta al mar y Hay un día feliz.

La vasija que guarda los momentos amargos es la canción Recuerdos de infancia, donde además se hace referencia al complicado ambiente familiar. El propio poeta confirma esta situación en el libro Conversaciones con Nicanor Parra, de Leonidas Morales, donde reflota la siguiente escena de su niñez: “…Cuando volvíamos, ya él (Nicanor, su padre) venía con sus tragos. Y aquí se producían momentos trágicos. Aquí está la otra parte de la antipoesía. Mi madre lo esperaba con pitos y tambores y empezaban las discusiones, las peleas (…) Yo quedaba temblando y completamente en el aire y aterrorizado, en medio de la soledad más negra”.

Por su musicalidad y también por sus temáticas, Pichanga “sigue siendo un disco muy fresco, muy actual”, asegura Pirovich. “Yo me siento identificado con esa canción. Te pasan cosas con los textos y supongo que a la gente también debe pasarle. Lamentablemente son situaciones que no pasan de moda”.

Los niños de Chile

Todo el álbum está poblado de voces de niños. Están los hijos de los músicos y de Bororo. Está Colombina Parra, que con 22 años canta la cueca Juegos infantiles, y por entre medio se cuela también un llanto de su hijo, Tololo, que apenas tenía cuatro días de vida.

A pesar de ser un disco que aboga por los derechos de los niños y las niñas, en ningún momento cae en un tono infantilizado ni bobalicón. “Es un disco hecho para adultos, que dice démonos cuenta que hay que cuidar a los niños”, señala Tilo González.

“El niño es un tipo fabuloso porque juega en serio” –asevera Pancho Sazo. “Los niños deberían vivir en un ambiente protegido, feliz, donde puedan conocer la realidad y ser críticos, y que no tengan que vivir preocupado de los traumas y las trancas de los viejos. Los niños que sean aniñados, diría Parra”.

Tan aniñado como el protagonista del poema-canción Injusticia más grande no hay. Aquel que dice: “Me expulsó de la sala de clases/ por haberme agachado a recoger un lápiz/ que según ella dejé caer intencionalmente/ con el objeto de mirarle las piernas”. Luego un coro de niños gritan “¡Falso, de falsedad absoluta!”. El humor, la astucia y la ironía son ingredientes infaltables en el hacer de Nicanor Parra, “uno de esos genios que rápidamente pueden traer su propio niño a la casa, al alma”, como dice Pancho Sazo.

Esa picaresca también se refleja en la banda Congreso y el tema Grabación 1963, una cinta inédita que “grabamos en nuestra casa de Quilpué, una que desapareció en calle Esmeralda –cuenta Tilo González-. Es una canción de Enrique Guzmán con Los Teen Tops. La voz es de mi hermano Patricio y yo tenía 10 años. Ahí tocábamos duro y parejo música bailable”. Es la única canción que sale del universo parriano, pero que de alguna manera mantiene cierto parentesco.

Poeta sustentable                                                                                                          

Puede que Parra haya aceptado este trabajo poético-musical como una forma de soltar las amarras tras la traducción de El Rey Lear, la tragedia de William Shakespeare. A principios de 1992, Parra entregó el texto final al encargo hecho por la compañía de Teatro UC –dirigida por Alfredo Castro y cuya obra protagonizada por Héctor Noguera y Claudia di Girolamo fue presentada por primera vez por una compañía chilena-. “He pasado las de Quico y Caco en este proyecto”, diría el poeta en una entrevista a El Mercurio.

De todas maneras, Parra ya estaba inmerso en una poesía ecológica, abierta hacia los postulados de Oriente y el taoísmo de Lao Tse y pendiente a su vez en su país del lenguaje de la tribu. Los Ecopoemas, Poesía Política y el recién editado Temporal son muestra de aquello y, nada hay de extraño entonces, en las canciones interpretadas por Congreso, como No se diga que somos hispanoamericanos, una clara defensa del Pueblo Mapuche, y El error consistió, la cual, según Hugo Pirovich, recuerda el discurso de Seathle, el indio Sioux.

De esta trayectoria poética da cuenta la despedida del disco, cuando Nicanor Parra vuelve al micrófono para decir con risas infantiles de fondo: “Los niños de Chile entendemos por ecologismo un movimiento socioeconómico basado en la idea de armonía de la especie humana con su medio, que lucha por una vida lúdica, creativa, igualitaria, pluralista, libre de explotación y basada en la comunicación y colaboración de grandes y chicos”. Un punto final lleno de sentido y humanidad.

A comienzo de los noventa, cuando la clase política hacía nata con el crecimiento económico y Chile se transformó de un momento a otro en el jaguar de América Latina, este disco pasó filtrado entre los medios de comunicación. Los niños y las niñas no lograron posicionarse en la agenda país. Pichanga: Profecías a falta de ecuaciones quedó por un tiempo olvidado, hasta que Congreso volvió a editarlo el año pasado bajo el sello Machi y lo reestrenó en Matucana 100.

Nicanor Parra y Sergio Tilo González

Nicanor Parra y Sergio Tilo González

El viernes 5 de septiembre algunas radioemisoras del país, casi en cadena nacional, emitieron este álbum en homenaje a los 100 años de Nicanor Parra. Congreso, fiel a su estilo, lo celebró con un concierto íntimo en el bar La piedra feliz de Valparaíso.

Sergio Tilo González, quien se embarcó en la difícil tarea de musicalizar los poemas de Nicanor Parra y de la que salió muy airoso, lo siente así: “El tema de trascender no está en esta obra. Sólo encontrar almas gemelas que puedan deleitarse con la música. Que puedan abrir una ventana”.

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Germán Gautier

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Tiene una pasión por las revistas que desaparecen, donde ha escrito sobre viajes, conservación ambiental y cultura.

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