Entrevistas

Editorial Banda Propia o cómo empezar de cero

Consuelo Olguín Por Consuelo Olguín

En medio de un círculo independiente que se amplía cada vez más, el nuevo proyecto apuesta por publicar a autores y autoras de Latinoamérica y El Caribe, así como también rescatar escritos de mujeres de otras épocas que tuvieron escasa circulación.

Lorena Fuentes y María Yaksic llevaban trabajando juntas tres años en una editorial cuando decidieron crear una propia. El principal desafío era cómo introducir un proyecto nuevo en un circuito independiente cada vez más grande, qué novedad u otras perspectivas se podía aportar; hasta que dieron ideas que se concretaron en tres colecciones: Narrativa contemporánea, Destinos cruzados, y Perdita. Esta última rescata antiguas obras de mujeres que tuvieron escasa circulación en su época, o bien indaga en otra dimensión de una mujer históricamente conocida, textos que siempre son prologados por escritoras contemporáneas.

A un año de su formación y con seis libros publicados hasta ahora, Banda Propia apuesta por tener una mirada latinoamericana y caribeña, publicando a autores y autoras de países de la región que son conocidos por sus propuestas literarias, pero poco y nada en Chile. Una de ellas es Edwidge Danticat, escritora haitiana radicada en Estados Unidos y que vendrá al país a fines de marzo, en el marco de Mudanzas, ciclo de conversaciones y conferencias que organiza la editorial a lo largo del año.

—¿Cómo fueron las primeras conversaciones en torno a formar una editorial?

—Fue una larga conversación sobre cómo entrar con un sello nuevo a un espacio editorial que ya es bien contundente, que lleva bastantes años y funciona con apuestas muy exitosas. Veníamos trabajando desde hace un tiempo en áreas vinculadas al mundo editorial y también como editoras en otro sello que tenía presencia latinoamericana pero que dejó de existir en Chile. En ese momento en que dejamos de ser editoras, nos planteamos la pregunta de si íbamos a seguir con un sello propio o bien integrarnos a proyectos ya existentes. Fue un momento de harta conversación, reflexión y balance para ver si efectivamente teníamos la energía y las ganas de armar un proyecto nuevo en este contexto o no.

Las dificultades ya las conocíamos, o sea, sabemos lo desgastante que es ese trabajo. Además estaba la pregunta de cuál es la necesidad de este sello. Siempre tuvimos la inquietud que si formábamos algo tenía que ser algo que lograra diferenciarse de lo otro, que tenga cierta identidad.

—¿Cuál es el sello que han querido darle a Banda Propia?

—Es una editorial literaria con énfasis en la narrativa y que mira la literatura regional, no solo chilena, es decir, América Latina y El Caribe. En eso formamos tres colecciones que hablan del proyecto que hay detrás. Una que es más similar a otras colecciones de otras editoriales pero que a nosotras también nos interesa mucho, que es la colección de narrativa contemporánea y que tiene la particularidad que abarca la literatura caribeña. La otra es la más distintiva de la editorial: Perdita, que es una colección de rescate que va a tener muchas traducciones. El primer libro se llama Olympe de Gouges, quien es una de las figuras más importantes de la primera ola del feminismo. Dicha colección busca poner en circulación nuevamente textos olvidados de mujeres que hayan tenido un lugar relevante en algún ámbito de la creación y siempre en diálogo con una escritora contemporánea que contribuya a esa lectura, que las lea desde el presente. No siempre van a ser textos feministas, también pueden ser aspectos de la obra de una mujer que haya destacado en un área.

—En este último tiempo varias editoriales han hecho ese trabajo de rescate de obras. ¿Se busca hacerle justicia a una obra que no tuvo tanta difusión en su época?

—Hay un ejercicio doble, o triple dependiendo del caso. A veces es hacerle justicia a una obra y otras es poner en circulación obras que nunca lo estuvieron, o que circularon muy poco. En el caso de Olympe de Gouges, que si bien es una figura icónica de la primera ola del feminismo es una figura muy poco leída o contada, entonces ahí hay un ejercicio interesante de volver a las fuentes o a los escritos primarios de ella. En ese caso hay una vocación por el rescate, pero lo que nos interesa en esa colección es pensar ampliamente la escritura de las mujeres, no solo de las revolucionarias o feministas, sino también de las adelantadas a su propia época. En esta colección hay un esfuerzo por traducir textos, mirar a ciertas figuras canónicas pero también por repensar ese canon, armar desde otras miradas esa genealogía, siempre en diálogo con escritoras del presente. Nos parece que ese ejercicio es interesante y también eso está reflejado en la gráfica. No es una arbitrariedad que sean portadas tipográficas que pongan en diálogo tipografías de la época con trazos más contemporáneos. 

En esta colección este año publicaremos las cartas de amor de Rosa Luxemburgo y que será prologado por Diamela Eltit. Luxemburgo es una figura muy leída e importante en la historia del marxismo occidental, pero ese aspecto de su vida es lo que queremos rescatar: una selección de cartas que tuvo con cuatro de sus parejas. También vamos a publicar uno de Alice Guy, cineasta francesa que vivió un tiempo en Chile y que es una figura muy importante en el cine, dado que fue la primera persona que hizo ficción.

La cineasta Alice Guy-Blaché. Créditos: cronicadigital.cl

—Destinos cruzados era una colección que originalmente correspondía a Brutas Editoras, de Lina Meruane y Alia Trabucco.

—Sí, se hizo un traspaso y el sentido de la colección, que lo hablamos también con ellas, de cuáles eran los elementos centrales para nosotras seguir trabajando en ese marco. Entonces se fijó que siempre van a ser libros pequeños, de bolsillo, escritos por un hombre y una mujer que escriban sobre una ciudad en que no viven. Brutas Editoras sacó ocho libros de esta colección y nosotras hemos publicado tres. Queremos continuar la colección y extenderla con nuevos destinos.

—¿Qué lugares o autores o autoras tienen en mente?

—Es una colección muy entretenida porque hay muchos escritores interesados en participar, es una crónica sobre un lugar que les haya interesado, y quién no tiene un lugar sobre el que le gustaría escribir algo. Ha aparecido la idea de escribir sobre Moscú, Puerto Rico, La Habana, Marruecos. En general las crónicas dialogan entre sí, entonces si tenemos un texto siempre vamos a buscar otro que lo acompañe, para que el libro se conforme, pero en general es bien libre, que el autor hable de lo que él quiera hablar o que le haya llamado la atención del lugar que visitó.

—¿Cómo escogen los proyectos que van a asumir?

—Por el momento tratamos de guiarnos por las colecciones que tenemos conformadas. Eso es bueno porque también nos permite hacer un corte de todo lo que nos gusta. Sobre esa cancha tratamos de ir probando escritoras y escritores que nos interesa publicar o poner en circulación en Chile. De hecho, gran parte de lo que tenemos programado tiene que ver con escritoras y escritores que no están circulando en Chile pero que sí son muy conocidos a nivel latinoamericano. Ese es un énfasis, traer cosas nuevas. También escogemos por gusto. Somos dos y la gracia de un proyecto con estas características es que podemos publicar libros que nos parezcan fascinantes. Sobre los manuscritos, por el momento no hemos leído todavía manuscritos inéditos, pero sí en algún momento pensamos hacer una convocatoria abierta para ampliar esa línea.

—¿Cómo se evalúa el tiraje de cada publicación?

—Lo que esperamos es no ser una editorial de circulación tan limitada. Por supuesto que con las características que tiene la editorial –que es un proyecto literario con muchos autores que no son chilenos y que nos estamos posicionando– ya te define ciertos límites y un nicho de lectores interesados en la literatura latinoamericana y caribeña. Dentro de eso, y sin traicionar esa idea del proyecto, queremos ser lo más masivas posible y llegar a la mayor cantidad de lectores que se pueda. En ese sentido el tiraje varía según cada libro dependiendo de si lo distribuimos también en Argentina. Por nuestra experiencia anterior, nos hemos dado cuenta de que los tirajes chicos rinden muy poco. Es decir, si apuestas por muy pocos ejemplares, va a costar mucho recuperar esa inversión.

«Escritos disidentes», de Olympe de Gouges

—¿Cuáles editoriales tienen como referencia o han inspirado a Banda Propia?

—Tenemos muchos referentes, en distintos ámbitos –en diseño, en algunas colecciones, en el nivel de circulación que tienen, etc.–, lo que no quiere decir que vayamos a hacer lo mismo que están haciendo. Sin duda son referentes las editoriales que tienen un catálogo más latinoamericano, y no sólo locales. Lo que hace Laguna en Colombia, que mira siempre a la región, o Páginas de Espuma en Argentina, y a nivel local Montacerdos y Laurel, que tienen un catálogo con esas características. En términos de diseño nos han gustado algunas colecciones particulares, miramos mucho cuando pensamos en las portadas tipográficas, mi mucho la colección de Tumbona, que se llama Versus.

—El hecho de que la editorial esté compuesta por un equipo de mujeres ¿se dio por sí solo o fue una decisión?

— Veníamos trabajando juntas desde hace un tiempo y por eso mismo cuando decidimos desarrollar un proyecto editorial propio, naturalmente quisimos que fuera de las dos e invitamos a Andrea Estefanía a trabajar con nosotras en el diseño conceptual y la gráfica. No nos pensamos como una editorial que publica exclusivamente textos feministas, pero sí evidentemente a través de nuestro trabajo editorial hay  una perspectiva feminista. Nos interesa que nuestro trabajo y esa mirada esté en el catálogo y en lo que hacemos. Existen ciertos énfasis que tenemos en la editorial que refieren a esa posición en nuestro campo específico. Por ejemplo, en la colección Destinos Cruzados nos interesa mantener un criterio de paridad entre el cronista y la cronista, siempre una mujer y un hombre. En el caso de la colección Contemporánea hemos publicado paritariamente, por ejemplo, a Edwidge Danticat y a Juan Cárdenas, y también proyectamos este año continuar con ese criterio. Por cierto, la colección Perdita es la mejor expresión de cómo pensamos el trabajo editorial o lo que nos interesa entregar a los lectores desde ese punto de vista: escrituras de mujeres y disidencias que dialogan a dos tiempos en una escena escritural ficticia, porque consideramos que el oficio editorial de las mujeres es también uno de los modos en que, como feministas, tomamos la palabra. 

—¿Cómo llegaron a llamarse Banda Propia?

Tuvo que ver mucho con armar algo propio, quisimos que eso se viera reflejado en el nombre. También hicimos el ejercicio de quitarle importancia a la elección de un nombre, porque una puede entramparse en eso y al final lo que termina identificando a la editorial es el trabajo que haces después.

—Suena algo importante darle un nombre.

Claro, te puede entrampar. Tomamos algunas decisiones que de repente cuando no llegas a algo rápido puedes empezar a ver lo que no quieres. Ahí tomamos la decisión de no forzar un intertexto literario que no nos salió espontáneamente. Como eso no sucedió, desechamos seguir ese camino, tampoco queríamos un nombre hermético, que no se entendiera, o que fuera excesivamente conceptual. Queríamos algo más urbano, y la idea de la banda propia es como cuando creas tu banda. Lo encontramos bonito, y tenía esa alusión también con el Cuarto Propio, que no lo buscamos. Después cuando trabajamos el diseño, Andrea investigó un montón y las bandas también son signos gráficos de medición de distancia o de sonido. Esa referencia nos pareció muy interesante, de ahí el logo. Las colecciones funcionan como líneas de sonido, de interconexión espacial entre un lugar y otro, o una época y otra. Una se da cuenta que el nombre de un proyecto se construye en gran medida por lo que se hace después, entonces también confiamos un montón en eso, en que Banda Propia podía sonar de una forma en un principio y ahora tiene cierta resonancia, pero que en un tiempo más va a contener el sentido de nuestro trabajo.

Lorena Fuentes y María Yaksic en la Furia del Libro. Centro GAM, diciembre de 2019. Créditos: Banda Propia.
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Consuelo Olguín

Periodista UC de medios escritos. Ha trabajado en El Mercurio y en El Dínamo, transitando por las secciones de actualidad y cultura.

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