Reportajes

Eduardo Sacheri va de titular

Germán Gautier Por Germán Gautier

Uno los puede recitar casi de memoria: Soriano, Fontanarrosa, Galeano, Rodrigues, Villoro. Dentro de esta tradición de grandes narradores de historias vinculadas al fútbol, Eduardo Sacheri se ha ganado su lugar en la oncena titular. En esta crónica revisamos dos obras imprescindibles y contamos su nueva incursión en el cine. La primera vez que supe...

Uno los puede recitar casi de memoria: Soriano, Fontanarrosa, Galeano, Rodrigues, Villoro. Dentro de esta tradición de grandes narradores de historias vinculadas al fútbol, Eduardo Sacheri se ha ganado su lugar en la oncena titular. En esta crónica revisamos dos obras imprescindibles y contamos su nueva incursión en el cine.

Eduardo Sacheri. Crédito: Jorge Dominelli/El Grafico

La primera vez que supe de Sacheri fue, como muchos, con la película El secreto de sus ojos. Corrí hasta la biblioteca pública de Perquenco, un pequeño pueblo de la Araucanía donde vivía, y me llevé la novela (titulada originalmente La pregunta de sus ojos, Alfaguara, 2005) en la cual se basó la película ganadora del Oscar. Es una discusión fútil, bizantina y al final casi siempre prevalece el acuerdo que al transvasar un libro en película quedan algunos sinsabores en el paladar, pero este en particular me pareció extraño, pues en las 320 páginas nadie patea un balón ni menos se habla de fútbol. En el filme, en cambio, la pasión por los colores de un club es fundamental, a tal punto que el fanatismo termina por delatar al asesino.

¿Qué me gustó más? Todavía no me decido. Vivía entonces con Juan, un amigo argentino oriundo de Berazategui, una ciudad del sur del Gran Buenos Aires conocida por ser la capital del vidrio. Sin exagerar, vimos cómo Benjamín Espósito y Pablo Sandoval resolvían el crimen de Liliana Colotto unas 30 veces. Nos sabíamos los diálogos de memoria. Ahora que lo pienso, creo que en el sur me hice hincha-lector de Sacheri. Y Juan tuvo mucho que ver.

En tardes y noches invernales pegados al calor de la estufa, Juan me habló de Los Naranjas, del estadio Norman Lee que se ubica en la avenida Juan Manuel Fangio, de los tablones de madera, de una ciudad hermosa que nació al amparo de la industria. Un equipo, me dijo refiriéndose al club Berazategui, que tiene una polera similar a la de Cobreloa, pero que juega en la cuarta división de la Asociación Argentina de Fútbol. Un cuadro del que no ha surgido ningún futbolista de renombre, pero que semanalmente lleva en promedio cuatro mil personas a su estadio. Sí, se trata de un equipo que perfectamente podría formar parte de una novela o cuento de Eduardo Sacheri.

El Plano Secuencia de El Secreto De Sus Ojos from jesus m r on Vimeo.

Papeles en el viento

Después de La pregunta de sus ojos, seguí leyendo algunas entrevistas y cuentos dispersos en antologías y luego agarré Papeles en el viento (Alfaguara, 2011). Sacheri tiene la destreza para pasar del cuento a la novela sin confundirse ni amilanarse, y este libro en especial se lee como si el relato corto le hubiera lanzado un pase en profundidad a la novela. Un pase entre líneas, que la deja mano a mano con el arquero. Por eso, hay pura emoción y estremecimiento. Parece como si en cualquier momento de lectura fuera a escaparse un gritito por la garganta: de dolor, angustia o alegría.

Papeles en el vientoEl fútbol es un pretexto que utiliza Eduardo Sacheri para enfrentar temas más profundos e íntimos. En la novela la trama driblea -en dos tiempos verbales- entre la muerte, la amistad y la idea de salvarse, de ser alguien. Sus protagonistas transitan en pasado y presente por las mismas calles de Castelar donde vivió el autor y todos son hinchas de Independiente de Avellaneda, tal como Sacheri. Es una novela de barrio, algo sucia, con ripios, mucha pasión y sentimiento. Una novela a lo Sacheri.

Papeles en el viento comienza en el cementerio. Luego de enterrar a El Mono, su hermano Fernando y sus amigos El Ruso y Mauricio se percatan que en la cuenta del banco no quedó ni un centavo. Los 300 mil dólares que tenía los invirtió en la compra de un jugador de fútbol que llegó a jugar un Mundial Sub-17: Mario Juan Bautista Pittilanga. El delantero, quien fuera adquirido como una joven promesa ahora juega en Presidente Mitre, un club de cuarta categoría. Pero el problema mayúsculo es que no hace goles. Con poco conocimiento de la trastienda y el negocio que envuelve el fútbol, los tres amigos intentan, con grandes dosis de picardía e ingenuidad, vender al jugador para asegurar el futuro de Guadalupe, la hija de El Mono.

Hasta ahí el resumen, la contratapa. Pero el libro en sí abarca un abanico de temas. Como eje central, la amistad. Y es que a raíz de la muerte de El Mono, la relación entre los tres amigos empieza a tambalear. Aquí es donde se aprecia el homenaje y aprecio del autor por Osvaldo Soriano, puesto que son los diálogos los que mejor expresan y hablan de las personalidades de cada uno, llegando a ratos a mostrar un mundo de costumbres y alegorías de la cultura bonaerense.

Sacheri con la polera de Independiente

Es significativo el contraste de la inocencia de personajes como Fernando o El Ruso con ese mundo descarnado donde los intermediarios, representantes, periodistas y padres hambrientos de gloria esperan que ese pibe Pittilanga de el zarpazo para llegar a primera. Sacheri, defensor de cierto candor y pureza, tal vez creyente de aquella memorable cita de “la pelota no se mancha” que llorara Maradona en su despedida, plantea esta dicotomía solapadamente; no con morbo, sino como una tragicomedia. Para él, el verdadero fútbol está en los clubes ignotos, en los seres anónimos, más que en un ambiente estridente, mediático, saturado de intereses políticos y económicos.

Esta es una novela sencilla y enmarañada a la vez, como una pichanga de barrio que no termina hasta que anochece. Sacheri emplea los mismos temas que se vienen debatiendo hace siglos, pero logra extraerles solemnidad y grandilocuencia. La narración del autor de Papeles en el viento se juega en cancha de tierra, sobre la acera, como en la vida misma.

Cine

Peretti y Taratuto. Crédito foto: Clarin.Al igual como sucedió con El secreto de sus ojos, Sacheri actuará de guionista para llevar al cine Papeles en el viento. Si en la cinta anterior la dupla de trabajo fue con el director Juan José Campanella (con quien además protagonizaron Metegol, 2013, que es una adaptación del cuento Memorias de un wing derecho de Roberto Fontanarrosa), esta vez será con el cineasta Juan Taratuto.

El propio escritor ha confirmado que el guión se encuentra terminado y que en junio debiera comenzar el rodaje, que tendrá como protagonista al actor Diego Peretti. Probablemente la fecha de estreno sea en enero de 2015. Sacheri no ha dado mayores luces sobre esta nueva aventura en el cine, pero son varios quienes esperan disfrutar esta nueva adaptación.

La vida que pensamos

La vida que pensamosEl último libro publicado de Eduardo Sacheri se llama La vida que pensamos. Es una antología que mezcla algunos relatos clásicos, como Esperándolo a Tito o Me van a tener que disculpar, con algunos que hasta el momento se encontraban inéditos.

“Me seduce y me emociona lo que hay de excepcional y de sublime en nuestras existencias ordinarias y anónimas. En esas vidas habita con frecuencia el fútbol. Porque lo jugamos desde chicos. Porque amamos a un club y su camiseta. Porque es una de esas experiencias básicas en las que se funda nuestra niñez y, por lo tanto, lo que somos y seremos”. Con tamaña declaración de principios que anota Sacheri en la contratapa no queda más que poner pausa y sentarse a leer.

Esperándolo a Tito ha alcanzado tal fama, que incluso es lectura recomendada en muchas escuelas argentinas. La historia trata de un equipo de barrio que enfrenta a su archirrival, pero que a punto de iniciarse el compromiso aguarda impaciente la llegada de Tito, un amigo de infancia que se convirtió en jugador profesional y que viene de Europa exclusivamente a disputar este vital partido.

Un cuento de locos soñadores es El golpe de la hormiga. Se lee como un cuento de intrigas, pero adquiere su real sentido para los hinchas acérrimos de San Lorenzo. Quizás el Papa Francisco lo tiene entremedio de algunas páginas sacras y lee de vez en cuando cómo un grupo de amigos asalta un supermercado para arrancar una cerámica y sustraer tierra de donde jugó El Ciclón por última vez en diciembre de 1979.

Entre esta impecable selección de relatos, Por Achával nadie daba dos mangos es un cuento metafísico. El eterno niño dejado de lado por sus condiciones tiene su revancha bajo los tres palos. Después de aguardar años de postergación salva a su equipo de una inminente derrota, pero ¿es realmente Achával quien se sostiene en el aire con las alas verdes de su buzo?

De los 23 cuentos que componen La vida que pensamos, vale la pena tomar uno, el que salga, para que el lector se encuentre a boca de jarro con la épica de lo cotidiano. Con sus historias Sacheri construye ese puente inquebrantable con los lectores donde la literatura y el registro coloquial del barrio son uno solo gritando gol a todo pulmón en una cancha polvorienta de cualquier lugar.

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Germán Gautier

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Tiene una pasión por las revistas que desaparecen, donde ha escrito sobre viajes, conservación ambiental y cultura.

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