El Cid Campeador, el albergue de los clásicos literarios

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La librería opera hace más de 30 años en el Barrio Lastarria, convirtiéndose en una de las tiendas más tradicionales del sector. Con una oferta que ronda los 40 mil libros usados, acá los lectores pueden encontrar verdaderos tesoros literarios, como obras firmadas por Pablo Neruda o las primeras ediciones de Gabriela Mistral.

Carlos Vivar Machuca, librero y dueño de El Cid Campeador. Créditos: Consuelo Olguín.

 

Carlos Vivar Machuca nunca pensó que llegaría a convertirse en librero. Fue un oficio que respondió más bien a una circunstancia: la crisis económica del 1982 lo llevó a vender libros para solventarse económicamente, cuando era estudiante universitario de Matemáticas. Luego, en el 86, abrió un local en el centro que después se amplió a lo que se conoce hoy. Desde ese entonces han pasado 37 años y ahora es dueño de una de las tiendas de libros usados más tradicionales de Santiago: El Cid Campeador, ubicada en Merced 345, en pleno Barrio Lastarria.

De los inicios, Vivar recuerda que Lastarria no era como lo que se conoce ahora. Estaba lejos de ser un lugar turístico, pero que así y todo tenía algo particular, donde se concentraba mucha gente del área intelectual de la ciudad, siendo principalmente escritores. Ahora, el librero es dueño de un espacio privilegiado por su ubicación, donde abunda el turismo extranjero y los paseos familiares de fin de semana.

Desde la vitrina de la librería se observa el panorama interior. Cientos de textos antiguos apilados en rumas, otros ordenados en sus estantes, otros desbordados. Personas distraídas que se pasean y hojean libros, otras quietas, que analizan tanto la confección como el contenido del texto. Al entrar, un olor te llega de golpe. Un olor característico de aquellos objetos que han pasado demasiado tiempo guardados. Un olor que inevitablemente se asocia a objetos antiguos y que te traslada a otra época, porque en El Cid Campeador pareciera que el tiempo transcurre de otro modo, con más pausa.

En El Cid Campeador pareciera que el tiempo transcurre de otro modo, con más pausa

El nombre de la librería marca la pauta: acá se venden obras clásicas. En una suerte de juego, Carlos Vivar decidió llamarlo así por la coincidencia de su apellido con el de Rodrigo Díaz de Vivar, el héroe que narra sus epopeyas en el Cantar del Mio Cid, obra española publicada en el año 1200 y que precisamente es de los títulos más consultados por los clientes de la tienda.

De una nutrida oferta, el lugar cuenta con cerca de 40 mil libros usados. Acá los lectores pueden encontrar textos completos y bien cuidados de Historia, Poesía, Derecho, Filosofía, Artes visuales y otros de divulgación científica, principalmente de Matemáticas, Economía y Química antigua. Sin embargo, El Cid Campeador resulta especialmente atractivo para el reducido grupo de coleccionistas que hay en el país. “Vienen coleccionistas, personas que vienen con otras intenciones, de llevarse una publicación o que le muestren algo muy interesante. Para eso hay que estar preparado, uno tiene unos títulos seleccionados, o lo otro es fijar una reunión”, cuenta el librero respecto a las transacciones de obras valiosas.

Barrio Lastarria, Santiago. Créditos: Revistaenfoque.cl

 

Dice que nadie le enseñó a ser librero, que todo lo ha hecho con su propio esfuerzo. Ante ese precepto, Vivar, quien trabaja con dos personas más, ha hecho su propia curatoría de libros según sus intereses y la identidad que quiere imprimir a la tienda. Ahí mismo, donde compra y vende obras usadas, también arregla ejemplares que están en condiciones dudosas, poniéndolos en valor para quienes sean de su interés.

“Antes teníamos mucha novela, pero ahora la novela está por todos lados. Seguimos manteniendo algunos clásicos, como Lo que el viento se llevó o Juan Salvador Gaviota”, indica, a lo que agrega enfático: “No trabajamos nada que vaya contra la moral o que ofenda a los clientes. El arte erótico o los libros de fotografía hay que estar mirando si es aconsejable o no para la librería. Todo lo que sea demasiado moderno, o de las tendencias de ahora, aunque yo las leo, no me interpretan. Las reviso y decido, y si no me gustan, las devuelvo”.

Con el paso del tiempo y el desarrollo de nuevas tecnologías como fuente de conocimiento, Vivar observa que Internet introdujo cambios gravitantes en los lectores, que el acceso a la información ya no está depositada exclusivamente en libros y enciclopedias. “Hay personas que ya no vienen a la librería”, señala, pero hace referencia a que “aún hay público al que le gusta venir”. Ese público al que se refiere son los coleccionistas, quienes “si quieren invertir en algo más caro, les gusta ver en qué estado está el ejemplar, que no se vaya a encontrar con alguna sorpresa”. En eso dice que hay que ser muy riguroso y entregar información verdadera. Recuerda una oportunidad en que invirtió en un libro antiguo, valioso, pero que cuando llegó a sus manos lo abrió y vio que las páginas tenían agujeros hechos por bichos.

Carlos Vivar es un estudioso de los libros antiguos. Además de atender en las horas que pasa en la librería lee sobre imprentas, sobre las primeras bibliotecas, sobre la historia del libro, sobre bibliofilia, porque El Cid Campeador se ha construido como un espacio donde los amantes de las ediciones originales pueden encontrar curiosidades o ejemplares escasos que abulten su colección, siendo una tienda de libros usados donde el factor sorpresa es una de las principales características que atrae a sus clientes.

Créditos: Consuelo Olguín.

 

AvatarAutor: Consuelo Olguín (25 Entradas)

Periodista UC de medios escritos. Ha trabajado en El Mercurio y en El Dínamo, transitando por las secciones de actualidad y cultura.


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