Reseñas

Encrucijadas, de Jonathan Frazen

Soledad Rodillo Por Soledad Rodillo

La reciente y esperada novela de Jonathan Franzen vuelve a sumergirnos en el medio de una familia norteamericana y nos enfrenta a distintos temas y dilemas como el amor conyugal, la fidelidad, la religión, la culpa y los secretos familiares. [Créditos portada: cinosargo.cl]

Son varios los temas que aparecen en Encrucijadas pero, quizás, el más importante es la sinceridad. La reciente y tan esperada novela de Jonathan Franzen (Western Springs, Illinois 1959) vuelve a sumergirnos en el medio de una familia norteamericana –tal como en Las correcciones (2001), su primer éxito editorial–, y nos enfrenta a distintos temas y dilemas como el amor conyugal, la fidelidad, la religión, la culpa y los secretos familiares, esta vez desde un pueblo en las afueras de Chicago en los años setenta, mientras en el mundo se desarrolla la guerra de Vietnam y se suceden numerosos cambios sociales.

La novela –de más de 600 páginas– se centra en la vida de la familia Hildebrandt en los días previos a la Navidad. Una familia formada por Russ, el padre, párroco de una iglesia de la Segunda Reforma; su mujer, Marion y sus cuatro hijos: quienes convivían, en apariencias, en una apacible vida familiar. Pero, de a poco, vemos que, al desentrañar a sus miembros a través de capítulos dedicados a cada personaje, como si fueran pequeñas novelas dentro de la novela, esta “perfecta familia americana” no estaba exenta de problemas, rivalidades y resentimientos entre sus integrantes, y que cada uno de ellos, a su manera, desea buscar su propio camino o al menos cambiar el rumbo de la vida que lleva.

El padre, a sus 47 años, siente que ya no capta el interés de los jóvenes feligreses, incluidos sus propios hijos, para quienes es más atractivo formar parte de un nuevo movimiento religioso, de nombre “encrucijadas”, dirigido por un joven y carismático líder que toca guitarra y que capta el interés de los jóvenes por la música y por encontrar a Dios más que en la Iglesia, en las relaciones con las personas. En tiempos de hipismo, drogas, guitarreo y pelo largo, Russ se siente fuera de lugar y ansioso por sentirse joven. Además, se siente atraído por una recién llegada feligresa, una viuda muy atractiva, que no tiene problemas en coquetearle y acompañarlo en sus campamentos y reuniones de acción social, o darle a probar marihuana, y que lo lleva a vestirse de otra manera y reconocer, a su esposa, que ya no la desea.

Por su parte, Marion, la mujer del párroco, cae en un abismo cuando descubre que su marido ya no la ama. Sin duda el personaje más atractivo de la novela es ella, quien empieza una dieta para bajar de peso y volverse nuevamente atractiva a los ojos de su marido. Pero además comienza un camino de revisión donde se encuentra con la Marion que fue cuando joven, loca y divertida, muy distinta a la mujer actual dedicada a la casa y escribir los sermones de su marido párroco, sumergida en la culpa por un pasado difícil: cuando estuvo enamorada de un hombre casado, tuvo un aborto y debió soportar sucesivos abusos antes de sufrir una profunda depresión que terminó con ella internada en un hospital siquiátrico un día nevado de Navidad.

Edición italiana de la editorial Enaudi. Créditos: Circolo dei libri.

Pero Marion no quiere ser sincera, sabe que ese pasado le hará mucho daño a su marido y prefiere seguir con ese secreto y vivir con culpa. ¿Es siempre la sinceridad el mejor camino? Porque el marido con su arranque de sinceridad ha roto en mil pedazos la autoestima de su mujer y ha arrasado con el respeto de sus hijos. El mayor detesta la imagen de su nuevo padre y, a la vez, no se siente conforme yendo a la universidad mientras jóvenes pobres y negros pelean en Vietnam. En busca de consecuencia, abandona los estudios, se enrola en el ejército y luego parte a trabajar con campesinos pobres en medio de la selva peruana.

Como en todo libro de Franzen, la política aparece en medio del paisaje, aunque en esta novela sea en un grado menor que en sus anteriores obras Libertad (2010) y Pureza (2015). Aquí la religión parece tener una importancia mayor, un hilo al que todos han pertenecido pero que deciden vivir cada uno a su manera. La segunda hija, Becky, la niña popular del colegio, también participa de “encrucijadas”, principalmente atraída por uno de sus miembros, un joven de pelo largo y pantalones pata de elefante, que la tiene vuelta loca, y que la lleva a enjuiciar a su familia y a tomar su propio camino pese al dolor que esto le trae a ella, a sus hermanos y a sus padres.

El tercer hijo, Perry, “otrora el más inteligente”, se ha convertido en un joven problemático, que trafica drogas y no tiene mucha conciencia de los errores que comete, aunque intenta, sin éxito, ser una persona mejor.

El hijo menor es el único que parece haber sobrevivido inmune, hasta ahora, a la debacle familiar. Pero hay que ver qué sucederá en los dos libros siguientes, porque Encrucijadas (Salamandra, 2021) es la primera parte de la trilogía que Jonathan Franzen escribió en estos años y con la que pretende abarcar los cincuenta últimos años de la historia norteamericana. Una novela ambiciosa que habla de un movimiento juvenil llamado “Encrucijadas”, inspirado en un grupo católico en el que participó su autor cuando joven. Y que también habla de las diferentes encrucijadas que se les presentan a los personajes de esta historia, que deben resolver entre ser sinceros consigo mismos y con sus seres queridos, aunque esto les cause gran dolor; o seguir la vida con las dudas y los secretos dentro de cada uno.

Encrucijadas (Salamandra, 2021)

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Soledad Rodillo

Periodista de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Lectora empedernida, dedica su tiempo a escribir artículos culturales para diarios y revistas especializadas. Es colaboradora estable de nuestro blog.

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