Entrevistas

Entrevista a Gonzalo Moure

Manolo López Por Manolo López

El escritor español Gonzalo Moure estuvo en Chile promocionando su último libro, El arenque rojo (SM); un álbum sin palabras, ilustrado por Alicia Varela. Moure conversó con sus lectores en la FILSA y aprovechó de visitar la biblioteca de uno de nuestros proyectos. En esta entrevista nos relata su trayectoria como escritor y  el funcionamiento...

El escritor español Gonzalo Moure estuvo en Chile promocionando su último libro, El arenque rojo (SM); un álbum sin palabras, ilustrado por Alicia Varela. Moure conversó con sus lectores en la FILSA y aprovechó de visitar la biblioteca de uno de nuestros proyectos. En esta entrevista nos relata su trayectoria como escritor y  el funcionamiento de su proyecto Bubisher, que consiste en un bus cargado de libros que recorre escuelas de los campamentos de refugiados en el Sahára, África.

Por Claudio Aravena, Pablo Espinosa y Carola Ojeda.

Gonzalo Moure conversa con sus lectores from Viva Leer on Vimeo.

 

—¿Para quién escribes?

—Se supone que la literatura infantil es para los niños. Yo creo que no. En mi caso, al menos, no. Yo escribo para mí, sobre lo que me emociona. Me da igual que sea un niño, joven, adulto, caballo o perro. Tiene que ser sí sobre algo nuevo, algo que yo nunca había visto. Si he escrito 30 libros es porque he visto 30 cosas que me quería contar a mí mismo, que quería tratar de entender.

—Tu madre también escribía, ¿cómo era tu relación con ella?

—Me fascinaban las historias que me contaba mi madre y las que ella escribía. Ella, mientras cocinaba, siempre tenía un cuaderno abierto donde hacía rayitas negras que en la noche se transformaban en historias maravillosas de bosques que escribía para mí y para mis hermanos.

Crecí queriendo ser escritor. Recuerdo que era una dura pugna cuando mi madre leía lo que yo escribía. Ella siempre me insistía en lo mismo: “Escribes con demasiados adjetivos, tratas de guiar demasiado al lector hacia lo que tú sientes y hacia lo que tú quieres que él sienta. Le tienes que dejar libertad al lector, para que él ponga los adjetivos y sus propios sentimientos y emociones”. Me interesa mucho eso en la literatura, que no sea algo ya hecho, sino que provoque la reacción del propio lector. Eso es lo que me ha conducido a El arenque rojo, hacia esa depuración absoluta de la palabra (tan depurada que ya ni existe), porque le dejo todo el lugar al lector.

Y estoy en la batalla de convertirlos a todos en escritores. Eso no quiere en gente que viva de la literatura, sino que gente que sea capaz de expresarse.

A Mozart, en un momento, un millonario le ofreció pagarle lo que sea por conocer el secreto, porque le enseñara a componer como él. Y Mozart lo contestó: “Se lo doy gratis. Asómese a la ventana y vea la sonrisa de una muchacha, el rumor del viento, el trote de un caballo, el paso vacilante de un anciano y después siéntese en el piano y tóquelo”. Eso es realmente un escritor. No es más que alguien que se asoma a la ventana, ve las cosas y las traslada.

—En tu libro El arenque rojo, ¿qué rol juega exactamente el arenque?

El arenque rojo en la actual literatura oriental —yo lo escuché de Murakami— es una pista falsa para distraer al lectory colarle la verdadera historia por sorpresa. Cuando concebía la historia lo recordé y lo puse. Este es un álbum sin palabras, pero en todas las páginas está el arenque rojo flotando por el parque. De pronto alguien descubre que mientras busca el arenque rojo, algo sucede. Y vuelve atrás y empieza a encontrar las historias que están escondidas dentro del libro. El arenque rojo eres tú mismo como lector, tu mirada, tú asomándote a la ventana. Si es el escritor, es el escritor en pie de igualdad con el lector. Cuando yo veo el libro, el arenque rojo soy yo; pero cuando lo veas tú, el arenque rojo serás tú.

 

Interior de «El arenque rojo», ilustrado por Alicia Varela

—Tus orígenes están en el periodismo y pareciera que no has abandonado completamente esta profesión, porque muchas de tus historias están basadas en observaciones reales.

—Creo que eso es así siempre. Uno puede disimularlo más o menos. Siempre subyace la realidad. Siempre tienes que partir de lo que hay. Y la obligación del escritor es por tanto conocer la realidad, viajar. Yo nunca renuncio a viajar. Se aprende caminando en la calle. En ocasiones llegas a un lugar sorprendente, como Tuva, en el centro de Asía; un lugar de nómadas a caballo. Eso sí ya provoca en ti una necesidad de escribir una novela específica sobre eso y reflejar esa realidad.

—Y de esta realidad surge también la fantasía en tus libros.

—¿Qué es la realidad? La realidad no existe, es siempre un punto de vista. Un sueño, por ejemplo, ¿es fantasía o realidad? Es la realidad que percibe el que sueña. Entonces, por supuesto que la realidad cotidiana pura y dura de ja un lugar a la fantasía porque es el lugar del sujeto. Permanentemente creamos una fantasía. Siempre está la visión del sujeto y el sujeto crea fantasía. ¿Por qué no va estar entonces también en la literatura?

—¿Tienes un método para escribir una historia?

Hay escritores con mapa, que hacen un guión perfecto de todo lo que va a pasar en cada uno de los capítulos. Pueden incluso comenzar a escribir por el séptimo capítulo y da igual, porque ya está todo previsto. Hay escritores, como Andreu Martín, que incluso dibujan un departamento si un capítulo tiene que transcurrir ahí. Me parece admirable, pero yo no soy un escritor de mapa, soy un escritor de brújula. Sé hacia donde voy, pero sé que lo que me espera en el tiempo en el que yo estoy escriviviendo esa historia,me va a enseñar algo. Y espero que me enseñe. Y si no me enseña, no me vale el libro. En el momento en el que yo sé que lo que estoy escribiendo es algo que ya sabíamos, dejo el libro. Trato de descubrir algo nuevo. Si no hay esa sensación de estar descubriéndome a mí mismo a través de lo que me rodea, no me merece la pena.

Bubisher

—¿Cómo empezó este proyecto?

—Una noche tuve un sueño que cometé con una niña saharaui que había conocido en el verano, en España, y el sueño me llevaba a viajar al Sahara. Y me fui allí para poder escribir una novela y poder relacionar mi sueño occidental, y parcial, con la realidad de aquel lugar. Cuando llegue me encontré con una realidad totalmente distinta a la que había concebido. Y así fue creciendo mi novela y mi implicación con el Sáhara.

—Cuéntanos con qué te encontraste cuando visitaste el Sahara por primera vez y por qué consideraste que libros serían una ayuda importante.

—Me acerqué al Sáhara con el sentimiento de culpa que tenemos todos los españoles con respecto a una tierra que era española y que abandonamos, que vendimos. Tenemos una responsabilidad histórica sobre ese lugar. Empecé luchando políticamente, pero no me llevó a nada. Tropiezas siempre con las mismas barreras. Y de pronto, en un viaje profundo al desierto, encontré el camino en darles a los jóvenes herramientas para defenderse personal y colectivamente. Lo mejor que podía hacerles por devolverles su libertad era dar libertad uno a uno a los niños. Yo creo que uno no es libre si no tiene cultura. Leer arma al niño para poder elegir su destino. Así pusimos en marcha una red de bibliotecas y biblibuses. Creo que es mi mejor contribución al futuro del Sahara.

Y la biblioteca de los campamentos es un lugar donde no sólo se pueden encontrar libros. La cultura árabe es muy restrictiva (¡no se puede beber una cerveza!), los chicos y las chicas a los 15 años, para enamorarse, sólo se pueden ver en la tienda para comprar. “Hay que hacer una biblioteca —nos dijimos— para estar placenteramente, donde se puedan enamorar. Donde se siente un chico con un libro y una chica al frente, y que no miren el libro para nada”. La utopía existe y vale la pena luchar por ella.

Hoy decía a unos profesores , mientras les proyectaba un video sobre lo que hacemos en el Sahára: “Estas bibliotecas no estánen el Sahara, están en un pueblito aislado de Chile, donde antes no había libros y ahora sí los hay”. Como decía Cortázar “Todos los fuegos, el fuego”, pues yo diría lo mismo, que cada lugar es todos los lugares.

—¿Cómo se sustenta el proyecto?

—Hemos adoptado un modelo social. No recurrimos a las subvenciones estatales, pero sí vamos a crear sentimientos de solidaridad entre los niños y los jóvenes de las escuelas españolas, quienes, después de recibir la información que les damos, deciden libremente optar por la solidaridad. Deciden compartir y sacrificar algunos beneficios de su vida actual. Todo nuestro presupuesto se basa en eso. Viene de pequeños colegios, institutos, bibliotecas, de actos celebrados en la calle. El bubisher es un modelo social.

Sobre Gonzalo Moure

Gonzalo Moure (Valencia, 1951) es un escritor de literatura infantil y juvenil consolidado en España, donde ha publicado cerca de 30 libros. Y es también un activo promotor de la lectura. Fundó el año 2007 el proyecto Bubisher, que consiste en un bus cargado de libros que recorre escuelas de los campamentos de refugiados en el Sahára, África. Su último libro, El arenque rojo, fue considerado por el diario español El País como el mejor álbum ilustrado del 2012. Otros de sus libros son Soy un caballo (Kalandraka 2007) Lili, Libertad (SM, 1996. Premio el Barco de Vapor), Maíto Panduro (Edelvives, 2001. Premio Ala Delta) y El síndrome de Mozart (SM, 2003. Premio Gran Angular).


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