Entrevista a Jairo Buitrago

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El colombiano Jairo Buitrago es autor de Camino a Casa (FCE), libro ilustrado por Rafael Yockteng, que el año 2007 ganó el concurso A la Orilla del Viento, elegido por un jurado integrado, entre otros, por Anthony Browne y Satochi Kitamura. Es un libro que nos habla de personas que ya no están y que, nos dice, «se puede leer como una alegoría política o como una historia más simple». En esta conversación, Jairo nos cuenta cómo construye sus historias y del espíritu punk que conserva desde su adolescencia.

—Además de escritor eres dibujante. Y, antes de escribir tus historias, ya te las imaginas dibujadas. Cuéntanos cómo es, entonces, trabajar con un ilustrador.

—Antes de escribir, como si fuera un guión, prefiero intentar dibujar completamente la historia en una hoja, como si fuera un storyboard para preparar una película. Y eso ha hecho que se facilite muchísimo el trabajo después, cuando no lo ilustro yo. Trabajo con un ilustrador con el que alguna manera nos entendemos al manejar un lenguaje visual y de interpretación de personajes. Tanto físicamente como psicológicamente, logramos que los personajes sean verosímiles frente a la historia, y creo que eso ha hecho que sea exitoso el resultado final.

Hablaría entonces de un trabajo continuo con Rafael Yockteng, que es con quien más he trabajado, ya hace cinco álbumes. Y digamos que trabajar previamente con el lenguaje visual ayuda bastante a que el proceso de trabajo sea un poco más fluido.

—¿Por qué prefieres abordar tus historias de una manera intimista? Esto se ve en “Camino a casa” y en “El primer día”.

Lo que me sale más fácil es centrarme en la intimidad de los personajes. En El primer día, que es un libro histórico, abordo un trasfondo complejo, que es la historia del siglo XIX en mi país y de las guerras de Independencia, pero centrándome en las pequeñeces domésticas que desde ahí pueden proyectar toda la complejidad histórica.

Reflejar las historias pequeñas ayuda muchísimo a reinterpretar y a ver con ojos contemporáneos lo que ha pasado.

No me hubiera sentido capaz de hacer un libro didáctico sobre historia, pero el libro sí tiene muchos ejemplos verosímiles de lo que fue la época, que es la segunda década del siglo XIX. Quisimos presentar un personaje con el que los niños lectores actuales se pudieran identificar. Entonces pusimos una problemática de una familia del siglo XIX, donde no hay un padre porque está en guerra (lo que le pasó a muchísimas familias, donde toda una generación se tuvo que ir para las guerras) y de alguna manera reflejar lo que pasa en la actualidad en Colombia, donde hay un conflicto armado evidente que afecta a muchísimas personas, pues ya llevamos casi cinco décadas de esto. Reflejar esas historias pequeñas ayuda muchísimo a reinterpretar y a ver con ojos contemporáneos lo que ha pasado.

Camino a casa también es un ejercicio de memoria colectiva de alguna manera. Y es una situación digamos cotidiana. A pesar de que haya un personaje fantástico dentro de la obra, es una historia urbana, una ida y una vuelta simplemente.

Ilustraciones de Rafael Yockteng para el libro «El primer día»

—En Camino a casa, ¿desde el comienzo fue tu intención hacer una historia de desaparecidos forzados?

—Sí. Creo que al escribir libros también uno tiene su posición política, su posición sobre los temas sociales que lo afectan. Colombia, México y Argentina tienen una historia dolorosa de trasfondo, como muchos países latinoamericanos. Chile particularmente con la dictadura; Colombia con un conflicto armado que generó muchísima represión y México, pues que la historia ya la conocemos: años y años de represión política a muchos sectores.

Creo que al escribir libros también uno tiene su posición política, su posición sobre los temas sociales que lo afectan.

De lo que yo quería hablar era de la desaparición de alguien, forzada o no, pero la desaparición de algo. Las ilustraciones tienen ciertos guiños a algo un poco más complejo político, pero son guiños adultos que los niños no tienen por qué ver.

Lo que pasa es que el libro es muy rico y Rafael Yockteng en ese momento estuvo muy conectado con lo que estaba haciendo. Tanto, que se refleja en que las ilustraciones tienen múltiples interpretaciones. Pueden reflejar desde la ausencia de un ser querido o de alguien de la familia por cualquier motivo —divorcio, abandono de hogar o historias domésticas que pasan todos los días—, hasta algo más complejo, como la desaparición forzada de un miembro de la familia; que fue clarísimo en mi país, fue muy claro aquí en Chile, en Argentina o en Uruguay. Se puede leer como una alegoría política o como una historia más simple.

Creo que cuando lo escribí y cuando Rafael lo ilustró pasó algo que no puedo entender bien. He visto tantas tesis y tantas interpretaciones del libro… Hay dobles páginas que muchos lectores analizan de una forma que al inicio nosotros no la teníamos tan clara.

Imagen interior de «Camino a casa»

—¿Crees que la memoria colectiva es un tema que no ha explorado la literatura infantil en Latinoamérica?

Creo que la memoria colectiva es súper importante. Es un tema que sí se ha tocado en otras literaturas y en otras tradiciones de libro ilustrado, en Europa por ejemplo. Pero yo creo que en América Latina no. Camino a casa es un ejemplo de un libro en que se pueden tocar temas como la memoria histórica o como la memoria simplemente. Tampoco lo escribí pensando en llenar vacíos, pero sí lo escribí concretamente pensando en una problemática social que ocurre, que está presente, y entiendo que familias y niños la sufren directamente.

—Uno de tus libros recientes es Días de rock de garaje (2012), en el que están presentes bandas como The Clash y Dead Kennedys ¿De qué forma para ti fue importante la música como parte de un aprendizaje?

—Uno se nutre de muchas cosas. Yo, particularmente, de los libros, pero no solamente de literatura. Cómics, cine y rock de alguna manera completaron mi aprendizaje. Días de rock de garaje lo quise hacer basado en experiencias propias, casi de infancia o adolescencia. Resultó una novela que tiene muchos elementos autobiográficos.

—¿Por qué te interesó particularmente hablar de estas bandas punk?

—Yo creo que los libros álbum son subversivos. Pondría de ejemplo a Janosh, que es este escritor alemán que hizo personajes inolvidables y al mismo tiempo súper transgresores. Su manera de narrar y dirigirse a los lectores jóvenes es muy simple: si tú tienes que decir algo, pues lo dices de frente. Yo lo veo así. No disfruto mucho el álbum que es muy elaborado. Sé que hay gente que colecciona estos álbumes como objetos de arte y sé que a los niños presentarles un álbum muy bonito estéticamente es su primer acercamiento al arte, pero al mismo tiempo siento que les falta ese elemento transgresor, que digan cosas a los niños.

Creo que de alguna manera la música punk era eso, volver a la infancia de decir las cosas sin tapujos, tal como son. Siempre he asociado los dibujitos, las caricaturas, algunas de las ilustraciones de Janosh o de Maurice Sendak con esa transgresión. O Dr. Seuss, también me parece fantástico lo que hace. Y eso es una tradición de estos dibujantes, como Edward Gorey o Edward Lear, que hacen dibujos extrañísimo y que son exitosos porque hablan sin tapujos, y son grandes autores que tienen un mundo propio y unos referentes que son muy únicos. Yo admiro mucho las poesías de Edward Lear, que además las ilustraba él mismo, y que eran absolutamente disparatadas. Ahí está la esencia de lo que a veces le falta mucho a la literatura infantil, que es lo disparatado, lo transgresor. Lo que no tenga que ver mucho con la obediencia, la moral o las moralejas de las fábulas tradicionales.

—Esa actitud transgresora está también en la editorial La Valija de Fuego, de la que formas parte.

—Si uno ve la filosofía que estuvo alrededor de los primeros grupos punk, el de “hazlo tú mismo”, pues es un poco lo que hicimos con la pequeña editorial La valija de fuego. Los libros pueden ser baratos, y pueden entonces estar en muchos lados. Son libros que están con los hijos de los presos políticos porque el editor es muy desprendido y él regala los tirajes. A mí me da un poco de escalofríos, pero bueno, los socios de la editorial son así. Yo me di cuenta de que era menos punk que ellos.

—¿Cómo parten tus historias, con una imagen o con una palabra?

Me impactó mucho que una niña de la escuela, tal vez muy cansada, mediodía, con hambre, tuviera que hacerse cargo de otro.

—Por vivencia, por imágenes, por palabras. A veces se me ocurre una frase y siento que esa frase puede tener continuidad en algo que puede ser interesante para otro. Camino a casa nació de una vivencia personal. Era una niña que encontré en un bus urbano, que se le dificultaba muchísimo bajarse porque no alcanzaba el timbre. La vi tan fugaz. Lo que me impactó fue que a la hora de bajarse, después de que nadie la ayudara a tocar el timbre (bueno yo soy muy lento, también debí haberla ayudado por supuesto), vi que llevaba un niño más pequeño de la mano. Me impactó mucho que una niña de la escuela, tal vez muy cansada, mediodía, con hambre, tuviera que hacerse cargo de otro. Es algo muy común en América Latina esto de cuidar a los hermanitos. Pero los vi perderse en la ciudad, me impactó mucho y después de ahí escribí un poema y ese poema después se convirtió en una historia, después esa historia se convirtió en los dibujos que hice, dibujos que hice del león y la niña. El león apareció por supuesto en el dibujo, no en la historia original. Pero creo que todavía conserva la lectura del libro un poco la estructura de la poesía, así que creo que ese poema se conservó de una manera en el texto que es el final del álbum.

Esta vida en las grandes ciudades que te va mostrando cosas y cosas y te las vas imaginando.

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