Durante el estallido social en Chile, el año 2019, entre las miles de imágenes que circularon en redes sociales, hubo una que llamó particularmente la atención de Isabel Ibaceta. Era una ilustración hecha por Fabián Rivas, de Papelucho marchando con un parche en el ojo y un cartel con las palabras «Un Chile más justo». Para Ibaceta, la ilustración estaba en sintonía con sus propias investigaciones sobre el personaje creado por Marcela Paz.
«Se ha centrado la atención en lo real que es Papelucho y en su sentido del humor —dice Ibaceta a La Fuente—, pero se ha olvidado toda la crítica social presente, sobre todo en las primeras novelas. Es un niño rebelde, ácido, mordaz, sagaz y crítico de las injusticias sociales, del doble estándar y del statu quo. Además, despliega una lengua irónica, lo que lo hace una figura que puede representar bien la disidencia y el descontento. Y aunque Papelucho sabe que es de un sector privilegiado, es muy perceptivo a lo que viven otras personas; entonces, es un niño muy justiciero también».
Ibaceta es bibliotecaria documentalista (UTEM), magíster en Literatura Infantil (University of Roehampton) y se doctoró en Literatura (Universidad de Chile) con una tesis sobre la construcción discursiva de la infancia en la serie Papelucho. Actualmente, es académica de la Universidad de O’Higgins y trabaja en una edición crítica del primer libro de esta serie, del año 1947, que será publicada por la Editorial Universidad Alberto Hurtado; misma editorial que ya ha lanzado ediciones críticas de Baldomero Lillo, Marta Brunet y José Donoso, entre otros consagrados autores chilenos.
«Se requiere una edición crítica de Papelucho —dice Ibaceta—, debido a que es un referente en la literatura del siglo XX en Chile y hemos visto que el interés y estudio académico por él está creciendo. Es imprescindible una edición que sea lo más cercana a lo que la autora escribió y aprobó para ser publicado. Las ediciones más nuevas han modificado el lenguaje, perdiéndose dimensiones culturales, lingüísticas y temporales de alto valor en estos escritos, lo cual limita y complejiza su investigación».
Los cambios hechos no son fáciles de rastrear, debido a que Papelucho ha tenido más de una editorial, múltiples ediciones y a que ha trascendido largamente a su autora, quien falleció en 1985, tres años después de obtener el Premio Nacional de Literatura. La actual editorial de Papelucho es SM, que publica las ediciones autorizadas por Ediciones Marcela Paz, que está en manos de los herederos de Paz, su familia, y que tiene como gerente a Claudia Anelli. Anelli, señala al respecto: «Cada modificación se ha hecho o se hizo con criterios de actualización para la época y con la autorización de Ediciones Marcela Paz».

El camino de una escritora
Marcela Paz (1902-1985), cuyo nombre real era Esther Huneeus Salas, antes de Papelucho ya tenía varias publicaciones y reconocimientos. Comenzó su producción en 1927 con Pancho en la luna, al que le siguió en 1933 Tiempo, papel y lápiz, un conjunto de relatos que fueron bien valorados por la crítica. En 1934 publicó la novela Soy colorina y más adelante, en 1954, el libro de poesía, Caramelos de luz. Paralelamente, Paz escribió en revistas como Zig-Zag y Eva, y fundó la revista infantil PandilIa, además de trabajar ayudando a personas ciegas en la Sociedad Santa Lucía.
En una crónica de 1935, Marta Brunet señaló sobre la escritora: «Traía una fresca gracia de imágenes, una mirada de ojo nuevo sobre las gastadas monedas de los hechos diarios, un oído de agudizada sensibilidad para percibir lo que no se ha dicho. Publicó cuentos, pequeñas manchas que atrajeron la atención sobre la nueva firma. Y después dio a luz un libro, Tiempo, papel y lápiz. Y ya quedó de pie, firme e inconfundible, sobre el panorama de lo nuestro literario».
En el siglo XXI, sin embargo, Paz ha sido reconocida casi exclusivamente por Papelucho. Ibaceta, quien ha revisado toda su obra, aventuró una explicación en un artículo del año 2016, titulado Más allá de Papelucho: Marcela Paz, una propuesta literaria desconocida: «El hecho de que Paz fuera mujer, de que se hiciera conocida por su serie de novelas para niños y niñas, y de que tuviese una posición crítica con respecto a temas de sexo-género y clase, entre otros, probablemente ha contribuido a que sus textos hayan recibido poca atención».
Al interés de Ibaceta por profundizar en la figura de Paz, es posible sumar el interés institucional. El año 2025, la Biblioteca Nacional formó el Archivo Marcela Paz, gracias a la donación por parte de la familia de manuscritos, fotografías, cartas e ilustraciones, entre otros documentos de la escritora. Francisco Claro Huneeus, uno de sus hijos, comentó en la ceremonia de donación: «Tener un archivo en el cual se exhibe la complejidad de un creador es de mucho valor. Y acá tenemos no solo a Papelucho, sino que otras creaciones de la autora también. Y ojalá hubiera mucha riqueza en este archivo, para que quien quiera estudiar a Marcela Paz como figura literaria, vea que hay una persona compleja detrás de su producción».


Un personaje icónico
Papelucho se publicó en 1947, después de ganar el segundo lugar en un concurso literario convocado por la editorial Rapa Nui. El libro consiste en un diario de vida donde un niño de alrededor de 8 años y de clase acomodada, narra su vida cotidiana con humor y de forma muy verosímil. «Hay en Papelucho una construcción ficcional no sólo de un niño físico, sino que de una conciencia infantil», comenta Ibaceta sobre la primera obra para niñas y niños de Paz.
Debido a su éxito, el personaje se convirtió en una serie de doce libros, entre los que se cuentan Papelucho detective (1952), Papelucho historiador (1955) y ¿Soy dix-leso?, por Papelucho (1974). Paz escribió también otros libros infantiles y en 1964 participó en la creación en Chile de IBBY (International Board on Books for Young People), organización todavía activa en el país, que promueve la literatura infantil y juvenil.
Papelucho, afirma Ibaceta, se convirtió en un clásico de la literatura infantil chilena y en un ícono nacional, aunque no del todo conciliador: «Es el típico niño chileno del siglo XX y se nota que es un niño en conflicto. Es divertido, pero no lo está pasando del todo bien. Es un niño al que tratan de tener ordenado y él está siempre escapando de eso». La incorrección del personaje no solo está presente en sus palabras y acciones, sino que también en las ilustraciones. «Es flaco, chascón, de orejas grandes, como destartalado», dice Ibaceta. Yola fue la primera ilustradora de Papelucho y luego le siguieron Marta Carrasco, Alex Pelayo y su actual ilustradora en SM, Rommy Rivera.
En tu artículo «Papelucho: el niño más famoso de la literatura infantil en Chile» comentas que sus historias suelen ser catalogadas como historias de humanidad, ternura y felicidad, desconociendo la crítica social presente en ellas.
Así es. Hay una crítica a la época, a la familia y a los adultos en general; y dentro de eso, a las instituciones de control y poder, como el colegio, la iglesia y la policía. En Papelucho historiador (1955), por ejemplo, es posible reconocer una crítica estructural a la forma de educar en Chile de mediados de siglo XX. El libro comienza así: «A mí me cuesta tanto estudiar, que para poder aprender he tenido que escribirme yo mismo la Historia de Chile». Es una crítica con humor e ironía, claro. Papelucho tiene además en el transcurso de la serie varios encuentros con las fuerzas policiales porque él siempre está transgrediendo los límites.
En la mayor parte de la serie, está escrito como un diario de vida. ¿Cómo este género contribuye al personaje?
El diario íntimo le da libertad al personaje para escribir como quiera. Papelucho inventa y confunde palabras sin que nadie se las corrija. Por eso al leerlo nos parece un niño real. Y lo que permite también es decir lo que generalmente no se puede decir. Criticar, hablar mal del papá, de la mamá, de los profesores, de las normas. Con el diario íntimo, Paz instala un tipo de narrador ingenuo, ocupa la estrategia del bufón, que tiene un especial permiso para expresarse y que finalmente es lo que posibilita que ella establezca su posición política.

¿De qué forma las ediciones más recientes de la serie han sido modificadas?
Hay cambios en distintos niveles. Hay un nivel terminológico. Se cambian términos antiguos que hoy podrían no ser entendidos. En una edición, por ejemplo, Paz escribe «íbamos más rápido que un trolley», lo que se cambió en otra por «íbamos más rápido que un cohete». Pero también hay cambios más ideológicos. Un ejemplo llamativo está en Papelucho detective (1952), que transcurre en gran medida en una población que en la primera edición se le llama «callampa», pero que en las ediciones nuevas no. Es un cambio que no tiene que ver con la comprensión, sino que porque puede ser peyorativo o clasista. Y en esa misma novela está uno de los encuentros más notorios de Papelucho con la policía, por su nivel de tensión. Es acusado de robar una guagua y es llevado a la comisaría. Allí lo interrogan de manera violenta. Un carabinero incluso amenaza con golpearlo. Esto corresponde a la primera edición. En las ediciones de la década de los 2000, de Sudamericana, esto aparece suavizado. El diálogo es otro, más dulcificado y sin amenaza de violencia corporal tan evidente. Entonces, claramente hay un cambio ideológico que tiene que ver con la figura de la autoridad. Ahora, es difícil trazar cuándo se realizó ese cambio. Por ello se requieren ediciones críticas.
Identificas también una evolución en el personaje. Papelucho crece en edad, de ocho a alrededor de doce años, y hay cambios también en sus reflexiones. ¿Cómo es el último Papelucho, escrito ya en dictadura?
El protagonista de ¿Soy dix-leso?, por Papelucho (1974) es notoriamente más ingenuo que en el resto de la serie y menos crítico de las fuerzas policiales. La novela muestra el contexto, en el que hay allanamientos y persecución de «malos», que por varios elementos se puede inferir que son gente de izquierda. No obstante, el niño no critica de manera abierta estas situaciones, ni parece entenderlas. Es mucho menos sagaz. El Papelucho de los setenta muestra menos conexión con su entorno político-social, pese a que se habla de chascones, de hippies, de bombas y metralletas. De hecho, a mí me asombra que haya circulado bajo dictadura; creo que probablemente porque siempre se ha visto a Papelucho como inocente, sin mirar a fondo los mensajes que se están articulando ahí. No podría decir que hay una crítica a la dictadura en esa novela, pero sí diría que hay una visibilización de cosas que estaban pasando.
Pese a que se puede situar temporalmente a Papelucho, el personaje ha logrado trascender y está próximo a cumplir ochenta años. ¿Por qué sigue vigente?
Actualmente tenemos muchos personajes que se podrían parecer de alguna manera a Papelucho: desordenados, rebeldes y que se meten en aprietos, pero que se quedan en la peripecia, en el humor superficial, sin plantear críticas o visibilizar problemáticas sociales de manera sostenida, y no como mera moda de temas en boga. Papelucho, en cambio, presenta una continuidad y desarrollo, a lo largo de las décadas, en torno a la crítica de las relaciones de poder entre niños/as e instituciones adultas. Tiene además varias capas, por lo que puede ser leído por distintos lectores y además en distintos tiempos, porque si bien hay un vínculo histórico que uno puede rastrear en las novelas, muchas de las problemáticas relatadas podrían pasarle hoy día a cualquier niño.
