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Foto de Silvia Lazzarino sentada en medio de vegetación
Entrevistas

Libros y ciencia, con Silvia Lazzarino: «El asombro es una actitud de vida»

María José Ferrada Por María José Ferrada

Sobre el creciente interés por los libros de naturaleza, los avances y desafíos de la divulgación científica, y la necesidad de una literatura que acompañe más desde las preguntas que desde las respuestas, conversamos con Silvia Lazzarino, bióloga, diseñadora y autora de libros informativos. [Foto portada: valleyofthepossible.com]

Silvia llegó a vivir a Chile cuando tenía nueve años. De Italia trajo con ella el recuerdo de los cuentos que inventaba junto a su tía abuela y que luego dibujaban. «Nuestros favoritos eran los de animales, en especial de animales pequeños como hormigas, mariposas y abejas», cuenta.

También su madre, diseñadora, le leía cuentos y compartía con ella los lápices, papeles y materiales, hoy muy presentes en su oficio. «Leíamos las fábulas de Esopo y una gran colección de cuentos sobre los habitantes del bosque que aún tengo».  Otro protagonista de su memoria es el mar. «Recuerdo los baños infinitos, buscando todo tipo de seres con la máscara. Esto ya más de grande, con la hermana de mi papá. Ella me enseñó a buscar medusas, pero por sobre todo a quererlas tanto como ella las quería».

Al escucharla, pienso en la bióloga y activista ecológica estadounidense Rachel Carson, quien, en su libro El sentido del asombro, reflexiona sobre el papel que cumplen los adultos en el despertar de ese sentido en los niños. «¿En mi casa tenía la fama de ser la que siempre preguntaba “¿y por qué?… pero ¿por qué?”. Entonces imagino que siempre fui curiosa, pero, sobre todo, creo que tuve la suerte de estar rodeada de personas que acogían mis preguntas y me animaban a hacerlas», cuenta la autora de los libros Misteriosas medusas (Amanuta, 2023) y Sueño animal, realizado en conjunto con María José Arce (Muñeca de Trapo, 2023), desde su casa actual en el sur de Chile.

«Sueño animal» muestra a distintos animales y las variadas formas en que duermen. Créditos: Silvia Lazzarino

¿Crees que, como dice Rachel Carson, el asombro es algo que se puede educar?, ¿los libros podrían colaborar en esa educación?

Estoy muy de acuerdo. Pienso que tiene que ver con la mirada, es una actitud de vida. Como dice ella en El sentido del asombro, cuando somos niños tenemos naturalmente esa chispa, pero pronto la vamos perdiendo. Entonces, tener una compañía para cultivarlo es indispensable. Porque creo que el asombro cuando es compartido se amplifica y se genera una relación de complicidad muy profunda. Esa compañía puede ser una persona, como ella menciona, y creo que también pueden cumplir ese rol los libros. En ese sentido, pienso que es importante que los libros abran ese camino dejando preguntas, ideas, como pequeñas cartas, más que llenar de información, contenido y respuestas. 

¿Qué debe tener, en tu experiencia, un buen libro divulgativo para niños?

Para mí un buen libro informativo debe dejar preguntas, como ventanitas abiertas, que incentiven búsquedas, conversaciones y reflexiones. Si un libro responde todo sobre algo, el tema se cierra. En cambio si deja cabos sueltos, permite imaginar, curiosear. Otro aspecto que encuentro interesante es cuando se abordan temas desde miradas o lugares inesperados, o cuando se mezclan temáticas que ofrecen nuevas formas de entender algo. También creo que si los contenidos están construidos entrelazando textos informativos, relatos, poesía e imágenes, permiten una mayor cercanía y sensibilidad con las temáticas. 

Foto con pequeños cuadernos artesanales con ilustraciones de flora y fauna, acompañadas por información.
Diarios de campo de la autora de «Misteriosas medusas» e ilustradora de «Sueño animal». Créditos: Silvia Lazzarino

En el contexto de la divulgación científica, ¿qué te parece que pueden aportar las propuestas híbridas, que mezclan ciencia y poesía, por ejemplo?

Creo que aportan en muchos aspectos. Le otorgan otras capas al libro, en las que los lectores se pueden sumergir y así leer de otras maneras acerca de un mismo tema. Cuando ese equilibrio híbrido está bien cuidado, se puede lograr eso de lo entrañable en los libros, que llega a más rincones del cuerpo, del corazón y de la vida de quien tiene la suerte de leerlo y volverlo a leer. 

En Chile hay mucha investigación científica. ¿Te parece importante que parte de ese conocimiento se traspase a los niños y las niñas? 

Me parece importantísimo y también súper fascinante. Hay tantas cosas que se investigan que nos pueden realmente cambiar la forma de entender la naturaleza y a nosotras mismas. Pero generalmente es súper parcelado y anecdótico lo que llega a las manos de las personas que no están vinculadas a la ciencia. En el caso de los temas de biodiversidad es necesario poder entender los hilos que unen las cosas, las relaciones, los procesos, las escalas. Y si el conocimiento llega categorizado, esa reflexión más global es difícil de trasmitir. Pienso que debido a como está concebida hoy la ciencia, hay una dificultad de darle un mayor contexto a las investigaciones, que suelen ser extremadamente específicas, por lo que muchas veces se requiere un lenguaje muy especializado para poder entenderlas. 

¿Qué temas que se están investigando te interesan especialmente?

Uff… son tantos los temas interesantes que podrían transformarse en libros. Pero ahí aparece el tema de lo local que se pone como barrera, porque al ser Chile un país pequeño, muchas veces las editoriales buscan hacer libros que tengan un alcance mayor. Algunos temas que se están investigando y que me fascinan: los paisajes sonoros de la naturaleza; las interacciones entre insectos, plantas, cultivos y ecosistemas; los patrones migratorios de diversos organismos, aves, plancton, mariposas; el mundo de los microbosques; las abejas solitarias y todas sus costumbres hermosas como que recortan flores, colectan aceites y hacen nidos en la tierra…

A propósito de tus libros, cuéntame, ¿por qué te interesaste en las medusas? 

Las medusas son animales que me generan mucho cariño, al mismo tiempo que me maravillan y me dan un poco de miedo, debo confesar. Tienen eso tan delicado y hermoso pero al mismo tiempo misterioso y peligroso de la naturaleza. Me llevan mucho a recuerdos de los veranos que pasaba de niña en Italia con mi familia. Mis mejores momentos los pasaba en el mar. Allá hay una cercanía muy especial entre las personas y el mar. Es muy bonito estar ahí y notarlo en los comentarios que hace la gente, en los rituales de nado matutinos, en las tantas personas que van a contemplarlo. Entonces mi aproximación a las medusas no fue desde la investigación, sino más bien desde la curiosidad y el asombro.

 

Libro Misteriosas medusas de Silvia Lazzarino, sostenido con una mano con el océano de fondo.
Un libro informativo sobre los diversos tipos de medusas y sus curiosidades. Créditos: Silvia Lazzarino

Tengo entendido que fue tu primer libro. ¿Cómo fue el proceso?

El libro fue cambiando harto en el camino, al inicio iba a ser un libro informativo más tipo enciclopédico, pero pronto tuvo un vuelco y la experiencia más personal empezó a colarse en los textos. Fue un largo trabajo de investigación, no hay tanta información ni aún menos ordenada sobre estos animales, así que tuve que hacer mi mejor trabajo de colectora de conchitas, y recolectar trozos por todas partes. Lo mismo para hacer las ilustraciones. 

¿Y en los sueños de los animales?

En los sueños de los animales me interesé de una manera algo más breve… Fue María José Arce quien me hizo la invitación a imaginar un libro sobre cómo dormían los animales. Y entonces a partir de eso, me sumergí en este tema tan sorprendente, paradójico y alucinante. Juntas armamos un esqueleto y luego yo me puse a investigar, una vez más colectando trozos, para armar esta colección de conchitas que es un libro. Leer y pensar sobre este tema me hizo darme cuenta que somos la única especie que duerme como dormimos, así prácticamente sin sensación de alerta, tranquilos, recostados en una cama o algo similar. Es un tremendísimo privilegio poder tener un descanso así, mientras otros animales necesitan dormir con un ojo abierto o de pie, para poder reaccionar al instante ante cualquier peligro. 

Diriges un diplomado de ilustración naturalista. ¿Nos hablas brevemente de la tradición naturalista en Chile? 

Chile tiene una tradición naturalista no tan antigua como otros países, pero no por eso poco interesante. Fueron muchos los exploradores y exploradoras que visitaron este territorio en la época de la conquista y posterior, con el propósito de entender cómo era la naturaleza en esta zona tan remota del mundo. Charles Darwin, Marianne North, Claudio Gay, Rodulfo Philippi, por mencionar algunos. En sus expediciones estas personas realizaron importantes hallazgos, observaciones y dibujos. Sin embargo, gran parte de este cuerpo de trabajo no quedó en Chile. Más recientemente, en los años 70, varios ilustradores, editores, escritores y fotógrafos de la época reunieron su trabajo en la legendaria revista Expedición a Chile, que buscaba recorrer el país y descubrir su naturaleza y geografía. Un trabajo meticuloso y fantástico el que hicieron. Luego de ellos, vino la generación de sus estudiantes y posteriormente de los y las estudiantes de ellos. La comunidad de personas que tienen como oficio el naturalismo ha crecido mucho en los últimos veinte años y eso se ha visto reflejado en diversas áreas de la creación y de la divulgación científica. 

¿Notas un interés renovado en la literatura de naturaleza?

Sí, he observado que en los últimos diez años ha aumentado mucho la cantidad y diversidad de literatura de naturaleza en nuestro país. Han surgido muchas editoriales nuevas, algunas especializadas en temas de naturaleza, así como también librerías, y una diversidad de nuevos autores y autoras (yo también soy de esas nuevitas). Y eso en concordancia con un (espero creciente) nicho de personas que se interesa por leer libros que tienen que ver con su territorio natural. En 2014 junto a un grupo de colegas, hicimos un catastro de libros de naturaleza de no ficción, en la Feria del libro infantil y juvenil del Parque Bustamante, en Santiago, y el panorama era muy distinto. 

¿Cómo era el panorama en ese entonces?

Eran pocos los libros de naturaleza local, especialmente de plantas y ecosistemas. Estoy segura de que si repitiéramos ese estudio hoy, los resultados serían muy diferentes. Pienso que esta tendencia, también ha tenido que ver con la profesionalización del rubro de la comunicación de la ciencia en nuestro país, que ha hecho el trabajo de acercar las investigaciones y las personas que las desarrollan hacia otros ámbitos, uno de estos el mundo de la creación de libros. Y allí cómo no mencionar el importantísimo puente que ha hecho entre estos mundos la librería Libro Verde y su cofundador Rodrigo Moren. Su rol como refugio de tantos libros, antiguos, clásicos y nuevos sobre naturaleza, ha sido fundamental para el crecimiento y el entrelazado de esta literatura en Chile.

Eres una observadora muy dedicada de la naturaleza ¿qué te ha enseñado?

La naturaleza me ha enseñado que las cosas son como son, sin categoría, pasan cosas hermosas, extrañas, entrañables, terribles, desgarradoras, todo al mismo tiempo y todo el tiempo, y además en tantas escalas que muchas veces no logramos siquiera percibir. Pero hay momentos en que una se encuentra con eso en el instante preciso, como me pasó hace poco de ver a dos babosas reproduciéndose, en un baile de baba colgadas en un muro, que fue de las cosas más hermosas que he visto. La naturaleza está así llena de contradicciones. Vivir aquí, más entrelazada con lo cotidiano del bosque, me ha hecho ver eso, la vida y la muerte en un ciclo continuo y que tan solo sucede. 

Créditos: Silvia Lazzarino
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María José Ferrada

María José Ferrada es periodista y escritora de libros infantiles. Su trabajo ha sido publicado en Chile, Brasil, Argentina y España, y ha sido premiado tanto en nuestro país como en el extranjero.

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