Entrevistas

Pablo Luebert: “He avanzado dándome cuenta de que la técnica es un punto de partida y, claramente, no el punto final”

Francisca Tapia Por Francisca Tapia

El ilustrador chileno además de ser el creador de coloridas y surrealistas escenas para libros infantiles, ha forjado una exitosa carrera con publicaciones en medios y exposiciones tanto en Chile como en el extranjero. Conversamos con él sobre sus proyectos y su visión de la ilustración nacional. [Foto portada: Pablo Luebert]

Cuando niño Pablo Luebert quería ser filósofo. Nunca fue de los que se pasaban el día dibujando en clases, eso vino después. Estudió Filosofía durante casi tres años, hasta que decidió cambiarse a Diseño Gráfico y enfocó su carrera a la ilustración. Sus coloridos y fantasiosos trazos hoy dan vida a afiches, publicaciones de medios y varios libros infantiles, con una jornada dedicada a tiempo completo a la ilustración. “Empecé a entender que mi forma de expresarme era a través de los dibujos. Sentía que era una forma más genuina a mí”, me explica a través de la pantalla, desde su casa en Temuco.

En tu biografía de autor publicada en la página de Ediciones Liebre dice “de pequeño quería saberlo todo pero ahora solo quiere dibujar”. ¿Fue el dibujo otra forma de aproximarse al mundo?

Creo que cambié mi forma de ver el mundo, tratar de encontrar respuestas a las cosas que yo me estaba preguntando y empecé a pensar más en cuáles son las preguntas que quiero hacerle al mundo. En vez de buscar las respuestas, vivir con las preguntas y tratar de encontrar algo significativo, darle algún sentido a la vida, tratar de encontrar algo bonito en lo que hago, creo que hubo un cambio, y la ilustración va por ese lado, más a hacer preguntas que a buscar respuestas.

¿Tienes rituales a la hora ilustrar? ¿esquemas, horarios, manías al momento de ponerte a trabajar?

Tengo hartas manías, me gustaría ser mucho más riguroso de lo que soy cuando dibujo y tener un horario más establecido. Cuando partí me enfoqué harto, me dedicaba todo el día a dibujar y después de salir de la universidad me puse una rutina, me despertaba todos los días ultra temprano, trabajaba todo el día, trataba de hacerlo todo. Pero con el tiempo me comencé a dar cuenta de que esa rutina era importante, pero también necesitas la parte del ocio, de no hacer nada, un poco como agarrar la idea, pero también dejarla correr, sino esa idea tampoco tiene mucha gracia. Cuando estás trabajando muy concentrado y tienes una rutina fija, es fácil agarrar las ideas que están dando bote al lado tuyo, pero no miras las que están más allá. Quizás necesitas salir, pasarlo bien… y de repente estás en la noche, ves algo, se te ilumina una ampolleta en la cabeza y hace que esa idea sea más interesante.

Ilustración El Ermitaño. Créditos: Pablo Luebert.

Mi vida se basa en la ilustración, todo lo pienso a través de ella. Con el tiempo creo que comencé a incorporarlo, veía algo y decía cómo eso puede ser una ilustración. Por lo menos para mí, se transformó en una obsesión de cómo contar historias, cómo hacerlo con dibujos y de preguntarme si es necesario ser tan bueno para dibujar. Creo que también he avanzado como ilustrador dándome cuenta de que la técnica es un punto de partida y, claramente, no el punto final. Le pasa mucho a la gente que está partiendo, que se enfoca mucho en la técnica, en cómo lo voy a hacer, qué lápices tengo, cuáles son mis materiales, cómo se va a ver a final. Con el tiempo me he dado cuenta de que eso es menos importante de lo que yo creía al principio, sino que es mucho más importante cuáles y cómo son las historias que cuentas.

“Me cambió la visión de por qué se hacen los libros”

Durante su carrera ha ilustrado varios libros para niños y niñas, entre ellos ¿De qué color es tu sombra?, escrito por José Ignacio Valenzuela y publicado por Editorial Planeta, Juanito Bandolero, un libro de folclore poético ilustrado para la primera infancia publicado por Ediciones Liebre, y el más reciente, también editado por Ediciones Liebre: El mar, un resistente libro acordeón de 3,36 metros de largo, sin texto, repleto de personajes y con solapas para levantar.

“Hacerlo sin texto era parte de: hagamos muchas preguntas y la persona que lo lea va a encontrar respuestas dependiendo cómo ha sido su vida, cuáles son sus circunstancias. Siento que muchas veces los libros se hacen para explicarles cosas a los niños, cuando en realidad es una aproximación más del tipo: oye, ¿cómo ves tú el mundo? o de decirle cuáles son las cosas del mundo, para investigarlas juntos. Me cambió la visión de por qué se hacen los libros, creo que Editorial Liebre también está buscando eso”, reflexiona. Mientras conversamos, su hijo a veces interviene invitándolo a jugar o haciéndole sus propias preguntas. Pablo ríe e intenta darle soluciones o pedirle que lo espere unos momentos.

Ilustración de El mar, libro que forma parte de la colección Acordeón de Ediciones Liebre. Créditos: edicionesliebre.cl

¿Qué le pareció a tu hijo el libro El mar?

Le encanta. O sea, también el proceso lo hicimos juntos. Suena muy cursi, pero los libros de niños que hago son para él, pensando en cómo va a verlos, cómo va a interactuar, si le va a gustar o no. Cuando es un libro para niños, tengo un público objetivo sentado al lado mío y bueno, yo crecí obsesionado con los libros y la mamá del Matías también. Creo que se lo traspasamos, porque para él los libros son muy importantes. También sentía un poco la responsabilidad de que este era el libro que quería dejarle a mi hijo, que él se hiciera todas esas preguntas de por qué este mono está acá, por qué esto se junta, cuáles son las historias que hay en medio. Tenemos historias que son privadas entre nosotros dos, que buscamos cuando leemos el libro y me parece que, al menos para mí, eso tiene un significado más grande ahora que está terminado y otra gente lo puede ver. Quizás ellos también puedan encontrar historias que sean personales y creo que ese era uno de los objetivos principales del libro.

Es bonito que se escuchen distintas voces y que no haya una versión unificada de qué es lo que deberían leer los niños y niñas.

¿En qué clase de proyectos te gustaría trabajar más adelante?, ¿probar otros formatos?

Ahora estoy trabajando en una novela gráfica que no tiene nada de niños, es ultradensa, se ocupa de esas preocupaciones un poco más adultas y que me parecen interesantes de explorar. Creo que, honestamente, he hecho libros para niños porque siento menos esa presión, siento que no son tan juiciosos en ese sentido, todavía no han desarrollado tantos prejuicios y que mis visiones de la vida van a ser menos juzgadas por ellos que por un adulto. Siempre sentí un poco de vergüenza o de pudor de mostrar este lado un poco más adulto de lo que pienso y estoy tratando de hacerlo. Es complicado hacer una novela gráfica, más complicado de lo que creía; pensé que la iba a dibujar y escribir, me iba a demorar cinco segundos e iba a estar lista, pero llevo varios años tratando de hacerla y no sé si todavía empecé.

¿Qué libros crees que hagan falta dentro de la literatura infantil que se está haciendo en Chile, en términos de temas a tratar?

Hay muchos temas que faltan, enfocados a niños. Pero personalmente lo que me gustaría que existiera más y creo que se está haciendo, son voces personales y honestas de autores. Siento que viene un cambio más enfocado hacia los autores y qué es lo quieren contar. Creo que eso es bueno, que hasta ahora el mundo editorial ha tenido muy agarrado qué es lo que se cuenta y qué es lo que se va a vender y qué es lo que creen que a las mamás o papás de estos niños les va a gustar, les va a parecer correcto. Pero hay un cambio sobre todo con editoriales más pequeñas y cosas que están surgiendo con autopublicaciones, con las voces de los ilustradores, desde ellos mismos creando esta visión. Siento que todavía el mundo editorial, y sobre todo en los niños, es súper unificado, hay una idea de qué es lo que deberíamos contarles a los niños y las niñas, aunque creo que esa visión se está quebrando un poco.

Me carga esta idea del culto a la personalidad de los ilustradores, no me gusta, pero en algún sentido ese culto a la personalidad que se ha creado, también con las redes sociales, que tienes que estar presente y ser una persona que se muestra al mundo. Tiene muchas cosas que no estoy de acuerdo, que no me gustan, pero lo que sí ha logrado es que se escuchen voces que antes no se escuchaban, que le das un poco el poder a los autores y a la gente que quiere contar historias que quizás son más personales, más terribles, más bonitas, más de todo, pero vienen desde la honestidad de quienes crean. Me parece que es uno de los cambios más grandes que he sentido que está pasando. Es bonito que se escuchen distintas voces y que no haya una versión unificada de qué es lo que deberían leer los niños y niñas.

Este acordeón ilustrado permite a las y los lectores divertirse con las historias que ocurren en el mar. Créditos: Instagram Ediciones Liebre.
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Francisca Tapia

Periodista y diplomada en Literatura infantil y juvenil, de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Dibujante aficionada, fanática del té, de los viajes y de los libros por montón. Durante cinco meses recorrió diversos países de Europa y el oriente lejano, en busca de nuevas historias que contar.

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