Francisca Yáñez: Un país sin nombre

A A

Hasta el 21 de septiembre, en el Instituto Italiano de Cultura (Triana 843, Providencia), podemos visitar la exposición Un país sin nombre, de la ilustradora Francisca Yáñez, quien a través de pequeñas figuras de papel, pasaportes y maletas imaginarias nos cuenta la historia de los niños migrantes en todo el mundo, una historia que también es la de ella. 

IMG_1198

La ilustradora Francisca Yáñez

Cuando el 18 de enero de 1974, Francisca Yáñez tomó un vuelo desde Santiago de Chile a Alemania llevó con ella una pequeña maleta de plástico que le dio su madre. Tenía dos años y medio y la llenó con las figuritas de papel que coleccionaba.

“En el aeropuerto nos escoltaron militares armados hasta el avión y la indicación era abordar rápido. Al subir la escalera, no sé si por una ráfaga de viento o por qué, la maleta se abrió y las figuritas salieron volando. Pensé que había hecho algo muy malo porque si no subíamos rápido los militares se podían enojar. Cuando me di vuelta, mis padres y mi hermano estaban bajando la escalera, recogiendo todas las figuras que podían y guardándolas otra vez en la maleta”, cuenta.

Su padre mantuvo la prohibición de entrar al país hasta 1988. Cuando recibieron la noticia habían pasado por Alemania y Costa Rica. Francisca tenía 17 años. Aún conservaba a sus pequeños y frágiles compañeros de exilio: las figuras de papel.

Más viajes, más maletas

El tiempo pasa rápido. También en la vida de Francisca que estudió Bellas Artes y se dedicó a la ilustración. Es agosto de 2016 y se prepara para inaugurar la muestra titulada Un país sin nombre, que se exhibirá hasta el 21 de septiembre en el Instituto Italiano de Cultura.

Ir a verla es entrar en ese recuerdo de infancia. Porque ahí están, pegadas en las paredes, las figuras de papel. También hay una maleta que guarda muñecas y papeles de colores. ¿Es tu maleta?, le pregunto. “Sí y también la de otros niños que pasaron por una experiencia similar a la mía”. Los conoció en Herten, Dortmund y Portomaggiore, ciudades donde realizó talleres de arte dedicados a los niños refugiados “nos imaginamos qué llevaríamos si tuviéramos que abandonar rápidamente nuestro país, dibujamos y tratamos de ponernos en el lugar de los que necesitan refugio, en especial los niños”.

pared9

Detalle de la muestra. Créditos: gentileza de Francisca Yáñez

¿Qué ponían en esas maletas imaginarias? “Un peluche, una foto de sus amigos, un queque hecho por su abuela”, cuenta Francisca. También que lo importante no es trabajar con los que migran, sino con quienes los reciben. “En el transcurso del taller se van diluyendo esas fronteras porque todos descubren que tienen historias similares y, en sus particularidades, tienen muchas cosas en común con sus compañeros. Un niño alemán con abuelos rusos se reconoce en la historia de su compañera que llegó hace poco de Kenia. Una niña italiana cuenta sobre su tío abuelo que vive en Brasil y descubre que vivió situaciones similares a las de su compañero sirio”.

Cuando le pregunto si ha trabajado en escuelas chilenas me dice que en muy pocas. “Cuando he abordado el tema aquí es un poco más complicado. Aunque hay iniciativas en escuelas y municipalidades, el currículum escolar todavía no le da el peso que corresponde a la educación en derechos humanos como concepto universal”.

Pero es optimista. Piensa que habrá un cambio, impulsado por la realidad que vivimos hoy en Chile. Y es que según el Informe Migración en Chile 2005-2014, del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, el año 2014 vivían en Chile 410.988 migrantes, cifra que equivale a un 2,3% del total de la población (sin contar a las personas que se encuentran en situación migratoria irregular). Según la Fundación para la Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia (PIDEE) un 15% de los migrantes que llegan a nuestro país son niños, niñas y adolescentes.

pasaportes1

Pasaportes. Créditos: gentileza de Francisca Yáñez

Le comento que tiene bastante trabajo por delante y me responde que sí, que lo hará con gusto aquí en Chile, en Alemania, en Italia o en cualquier otro lugar donde existan niños y niñas que lo necesiten.Y es que haber vivido la experiencia de migración le enseñó muchas cosas, “una de ellas es que la patria es un lugar que está adentro de nosotros”.

“Se pierden, pero también se ganan cosas. Los migrantes establecen relaciones afectivas muy bonitas porque forman familias elegidas. Un día pasa que con alguien nos convertimos en primos porque así lo quisimos y eso queda así para siempre”.

“Muchos de los recuerdos van quedando en mapas de países que ya no existen y creo que eso tiene mucho que ver con la forma en que ve el mundo un migrante: los mapas geográficos se dibujan de otra manera. Las distancias y dimensiones adquieren otras escalas muy personales.  Si un niño pequeño tiene a sus abuelos en México y a su tío en Dinamarca, para él es un mismo lugar: lejos. Un migrante va construyendo su geografía y no se parece necesariamente a cómo está dibujado en los mapas”.

Futuros dibujos

Francisca hace muchas cosas y mientras montaba la exposición enviaba los archivos de sus próximas publicaciones. “Le estoy dando el barniz final a un libro de poesía para niños que saldrá el próximo año, Versos como una casa. Los textos son de Mar Benegas, una gran poeta que tiene la gracia de escribir textos para lectores de todas las edades, muy evocadores. La edición está al cuidado de Arianna Squilloni, de la editorial española A Buen Paso”, me cuenta. Y este mes sale a la venta Zoológico. Poemas, dibujos, animales: una antología de poemas hecha por el poeta argentino Juan Fernando García, en la  Editorial Muchos libros felices, de Buenos Aires.

¿También los libros están saliendo de las fronteras?, le pregunto.

“Poco a poco van encontrando, su camino, su lugar en el mundo. Igual como lo hacemos las personas”, finaliza Francisca.

 

 

 

2 comentarios para “Francisca Yáñez: Un país sin nombre

  1. Qué contento estoy de que visite mi colegio, en Cúcuta, Colombia.

  2. jorge

    Lo figurativo, representativo como linea artística deja poco espacio a la creatividad de los niñ@s.
    La construcción de pensamiento propio, potenciado por el arte de la diferencia, Kandinsky, queda relegado a la copia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *