Fundadores de Espacio Rombo: “Somos una plataforma, no somos los protagonistas”

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El proyecto llega a refrescar la escena literaria local con una variada propuesta de actividades. Lejos de los encuentros marcados por la transacción de venta y compra de libros, Rombo se perfila como un lugar donde las inquietudes de los lectores marcan la pauta. Y para conocer esas inquietudes, primero hay que observar y escuchar.

Jorge Núñez, Tamy Palma y Gaspar Álvarez, fundadores de Espacio Rombo. Créditos: Gerardo Jara

Editoriales, editores, escritores y lectores. Esos son los cuatro actores esenciales de la cadena del libro que identificaron los fundadores de Espacio Rombo, integrado por la periodista Tamy Palma, el editor Jorge Núñez y el artista visual Gaspar Álvarez. La plataforma se creó hace menos de un año y busca generar encuentros en torno a la lectura. Lo primero fue hacer una feria en el verano pasado, configurando un ambiente distendido. Luego de eso vinieron las charlas sobre traducción y los Diálogos de amor, que fue un ciclo de conversaciones acerca de las nuevas narrativas de un tema que ha atravesado a la literatura desde tiempos remotos. Lo último fue una feria en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC).

La idea, dicen, es no tocar siempre la misma tecla y lograr que la gente se apropie del proyecto. Así Rombo puede ser una cosa hoy y mañana otra, pero al final del día el objetivo siempre será el mismo: reunirse y establecer vínculos entre las personas usando los libros como mediadores.

Motivados por propiciar experiencias, los fundadores ponen el foco en los lectores. “Hemos tratado de tener una visión que tiene que ver más con la gente que con el beneficio que le puede generar esto a una editorial o escritor”, señalan. Y para eso, se han dado el trabajo de observar cuáles son las inquietudes de las personas y cuál es el pulso de estos tiempos.

 

—¿Cómo y a raíz de qué surge este proyecto?
—La idea surgió a raíz de una cuestión muy puntual. El año pasado la Filsa tuvo algunos problemas con diferentes gremios y cada vez se hacía menos representativa. Ese fue un punto de observación, pero no el fundamental. A partir de eso, empezamos a hablar con diferentes editores y decíamos que había que hacer algo y nadie realmente lo hacía. Al final lo que se hizo conversamos la idea entre los tres, pensando en algo sostenible en el tiempo donde confluyan los editores, lectores y creadores. Algo que cuide la cadena del libro y que genere un sentido de comunidad. El espíritu de Rombo es saber qué es lo que está pasando en términos editoriales, pero también tratar de movernos en cuanto a lo que quiere la gente, qué es lo que quieren los lectores, qué hace que lleguen a las actividades y tengan interés por los libros. Más allá de hacer una crítica a cómo están funcionando ciertas cosas –que efectivamente podrían funcionar mejor–, hemos tratado de tener una visión que tiene que ver más con la gente que con el beneficio que le puede generar esto a una editorial o escritor.

En julio de este año se realizó la Feria Rombo en el MAC del Parque Forestal. Créditos: Miguel Ortiz A.

 

—¿Qué es lo novedoso que ofrece Rombo para el circuito literario chileno?
—Principalmente hemos tratado de distinguirnos por hacer actividades donde ser lector o no tan lector no sea lo principal, sino que el interés, el entusiasmo, las ganas de querer saber. No queremos marcar a una generación ni apropiarnos de nada, sino que la gente se apropie del proyecto, que las librerías nos ofrezcan proyectos, o que si vamos a hacer una feria, preguntarle a todas las editoriales qué es lo que tienen para proponer y así nosotros apoyarlos en la ejecución. Somo una plataforma, no somos los protagonistas. En algunas conversaciones y actividades que hemos realizado, los creadores están más relajados e instalan cosas que quizás en otro momento no podrían haberlo dicho y que tiene que ver con el sentido de la experiencia. Si te tuviese que definir Rombo, sería como esa típica casa grande de los tíos buena onda que dejan entrar a todo el mundo, que le dan comida a todo el mundo y a todos los tratan por igual. Lo hemos trabajado muy bien con la gente que hemos hecho actividades, de darles a entender que lo importante es la experiencia de la gente que va a las actividades más que ellos o nosotros seamos los protagonistas. 

—¿Cuál es la línea editorial?
—Nos interesa saber qué está pasando, la contingencia, estar olfateando lo que está pasando y no solo en los jóvenes, preguntarnos cuál es el punto común para todos, tenemos que olfatear eso y que para ninguno sea un problema el juntarse. Poder juntar a Andrea Palet y a Arelis Uribe –por ejemplo–, y que puedan entablar un diálogo. Los otros entes del libro están más interesados en juntar a los editores y autores en pos de promocionar y hacer que se vendan libros. Nosotros estamos enfocados en el contenido y en lo que está pasando ahora, tratando de sacar a los autores que están sonando y armar una discusión en torno a eso.

Las editoriales independientes hoy día son las protagonistas de las buenas publicaciones

—En el segundo semestre suelen realizarse un par de ferias de libros en Santiago. ¿Qué pueden decir de estas instancias? Existe una sensación de que no pasa mucho en ellas más que la compra y venta.
—Son necesarias para que se mueva la industria. Y en la medida en que nosotros podamos ayudar a estas ferias o podamos hacer un aporte en cada de estas instancias, lo vamos a hacer. Por eso elegimos hacer algo distinto y no es una competencia. Espacio Rombo no es un espacio solo de ferias o de charlas, es un espacio multidisciplinario, una plataforma, entendiendo también que es necesario que la industria se mueva y que si no se venden libros esta cuestión se va a la punta del cerro. Nosotros vamos, somos consumidores, pero también estamos olfateando qué es lo que me habría gustado ver ahí pero que quizás no se pueden ver en ese formato. El otro tema es que estas tres ferias –Filsa, Primavera del Libro y Furia del Libro– si bien son importantes para los editores porque nos permite tener una mayor productividad, a veces el programa tiene ciertos sesgos, porque representan a distintos gremios. Nosotros tratamos de hacer una selección de estos diferentes gremios. Esa podría ser una diferencia importante.

—A propósito de los 10 años de la Furia del Libro, ¿cómo observan el presente de la escena editorial independiente?

—La Furia del Libro es una referente ya no solo nacional, sino que internacional. En la FED en Argentina mucha gente decía la Furia esto, la Furia lo otro. Eso significa que ya está dentro del mapa y me parece que gracias a la Furia ha habido una especie de profesionalización en diferentes aspectos. Las editoriales independientes tenían una visión mucho más outsider –y me parece que fue un ejercicio legítimo–, pero a medida que fue pasando el tiempo se fueron parando de igual a igual, cuidando la curatoría de las editoriales. Creemos que las editoriales independientes hoy día son las protagonistas de las buenas publicaciones que se están haciendo.

 

—Entre las actividades que han hecho se registra la feria en el MAC y también el circuito de conversaciones de escritoras y escritoras sobre el amor.  ¿Por qué ese tema y qué pudieron extraer de esa actividad?
—Diálogos de amor partió por muchas conversaciones entre los tres. Nos empezamos a mandar ciertos artículos sobre qué es lo que se está hablando, sobre cómo se trata el amor hoy día en la escritura en general, en ficción y no ficción. En particular, salió un artículo en el New York Times, en la sección Modern Love, que decía que la forma de narrar sobre el amor está mutando y dijimos que sería interesante tocar este tema, sobre todo porque el amor históricamente ha atravesado la literatura, desde las tragedias más antiguas que se narraban desde el boca a boca hasta historias de hoy. El otro día Romina Reyes decía en CNN que las historias de heterosexualidad ya son aburridas, y creo que eso es importante recogerlo, porque así como la sociedad está avanzando en este tema del poliamor, las relaciones abiertas, el amor trans, el amor gay, es importante ver cómo se está plasmando en las escrituras, porque las escrituras plasman una época, van marcando el paso de la historia.

Lo otro que habíamos pensando era qué tema podía hacer confluir a diferentes creadores, y ahí llegamos al amor, pensando en cómo se aborda desde la escritura, desde el periodismo o desde el activismo. Con Pablo Simonetti, Milena Vodanovic, Constanza Michelson, Aldea Pardo o Alexa Soto, cada charla fue muy distinta de la otra. Hablamos del amor en todos sus ámbitos, desde el amor propio hasta el que dedicas a otra persona.

—Entonces la idea es no quedarse en la repetición.
Sí, no tocar la misma tecla siempre porque nos aburrimos nosotros y porque se aburre la gente.

Si dependiera de los recursos, Rombo no existiría

—¿Cuáles son sus estrategias para contribuir al fomento lector?
—Es fundamental siempre estar en contacto con los diferentes agentes, porque así podemos hacer un buen trabajo que se destaque en relación a otros y no ser un ente que repite, sino uno que sume. Además tenemos la fortuna de estar siendo bien acogidos por gente generosa que nos va diciendo qué paso podríamos marcar. Nadie nos impone nada, pero acogemos ideas. Somos una plataforma que desde el principio le ha dado a estos entes la posibilidad de que propongan cosas y nosotros hemos sido capaces de hacerlas. La gente en la que confiamos ya confía en nosotros. Ese respeto mutuo ha permitido que las cosas funcionen bien.

—¿Han pensado en entrar al mundo educativo de alguna forma?
—Sí, lo hemos pensando. Siempre decimos que tratamos de no vender pomadas, sino que anunciarlas cuando ya estén listas. Pero sí, tenemos ganas de meternos en colegios y movernos a regiones, pero es algo que todavía tenemos que pensarlo bien y madurar. Es algo que vamos a hacer sí o sí porque creemos que el fomento lector debe funcionar desde las primeras edades.

—La narrativa asociada al mundo cultural dice que las cosas en Chile se hacen a contrapelo. ¿Qué es lo difícil o lo adverso que se debe sortear para hacer las cosas?
—Principalmente el financiamiento, porque para producir cosas y experiencias hay un gasto de capital, capital humano y de dinero. Uno puede estar postulando a fondos, pero en este país no puedes tener una idea y ejecutarla inmediatamente, por muy buena que sea. Además, debiese ser mucho más fácil el tema burocrático en el mundo cultural. No puede ser que haya que hacer tanto papeleo por una cuestión tan sencilla, ahí es donde se pierde tiempo valioso en el que podrías trabajar un buen programa. Somos muy autogestionados, y por eso tratamos de ser kamikazes y ver qué nos va a funcionar de aquí al corto plazo y organizarlo. Nos matamos haciendo las cosas y nos salen bien, pese a que en la industria hay un problema de lucas y gestión que trasciende lo que nosotros podemos hacer. Si dependiera de los recursos, Rombo no existiría.  

La primera Feria Rombo en Taller León. Créditos: @Librosybibliot1

 

Autor: Consuelo Olguín (24 Entradas)

Periodista UC de medios escritos. Ha trabajado en El Mercurio y en El Dínamo, transitando por las secciones de actualidad y cultura. Cursó el diplomado en Periodismo en Cultura, Crítica y Edición de Libros, de la Universidad de Chile. Luego participó en el taller de narrativa contemporánea que dicta la editorial Los Libros de la Mujer Rota.


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