Gabriela Ibáñez, editora de Polifonía: «Un libro debe ser un objeto que los niños atesoren»

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La editorial peruana Polifonía es reciente —mayo del 2010— y su catálogo es aún pequeño. Sin embargo, ha llamado la atención de los lectores. En su país publicaron el libro de Liniers  Lo que hay antes de que haya algo y en Chile ya están disponibles títulos como En forma de palabras, de Micaela Chirif y Gabriel Alayza y El trágico e inexplicable caso de la niña con cuatro ojos, de Torreja. La editora de este sello es Gabriela Ibáñez, con quien conversamos cuando estuvo de visita en Chile presentando los títulos de la editorial.

Gabriela Ibáñez

 

—¿Cómo definirías el catálogo de Polifonía?

—La característica de nuestro catálogo es que no trabajamos bajo el concepto de “serie”, sino que el formato y el diseño de cada libro se escoge según el requerimiento de cada proyecto. Para Polifonía el punto de vista del ilustrador es sumamente importante y buscamos que funcione como contrapunto del relato para así generar un diálogo enriquecedor entre texto e imagen. Es sumamente importante que el ilustrador mantenga su estilo y fuerza al momento de ilustrar.

Desde un principio nos propusimos romper el esquema de público objetivo. Creemos que un buen libro para niños también puede ser disfrutado por adultos. Queremos hacer libros que crezcan con los niños. No es nuestro principal objetivo que nuestros álbumes eduquen o entretengan, sino más bien que nos presenten nuevas maneras de ver el mundo, despierten nuestra curiosidad y nos reconecten de alguna manera con nuestro mundo interior. Un libro que nos deja sintiendo y pensando es un libro al que volveremos una y otra vez.

—¿Cómo llegaron a su primer libro «El bosque que silba», que está basado en leyendas de la tradición oral de la selva peruana?

—Mi idea era iniciar la editorial con un homenaje a los milenarios mitos y leyendas del Perú. Pero al mismo tiempo tenía claro que quería que fuera un álbum que rompa con los estereotipos con los que se suele trabajar este tipo de libros. Abel Bentin, el ilustrador, manejaba una estética sorprendente que consideré adecuada para que creara una especie de “mitología personal”. Junto a Cristina Sono, la escritora, investigamos acerca de cada uno de los personajes y Abel les dio vida de una manera sumamente original, donde la ternura y el horror se mezclan de una forma deliciosa.

Mi idea era iniciar la editorial con un homenaje a los milenarios mitos y leyendas del Perú.

Cristina construyó el relato a partir de una experiencia familiar y de las características de ciertos personajes mitológicos de la selva peruana como el Tunche, el Chullachaqui y el Ayaymama. Pero en realidad este álbum ilustrado es un ejercicio de la imaginación y un llamado a que descubramos la tradición oral de nuestros pueblos que con su poderoso silbido nos llaman todo el tiempo para que la reinventemos y, finalmente, para que no la olvidemos. El bosque que silba es un libro que habla sobre la nostalgia de volver a casa y sobre el poder de nuestros orígenes.

—¿Es usual en Perú que esté presente la mitología indígena en los relatos para niños?

En la literatura infantil peruana las leyendas indígenas están muy presentes. Se han hecho obras muy valiosas a partir de ella.  Aunque debo confesar que me siento más atraída por aquellas obras que no fueron pensadas para un público infantil, como, por ejemplo, los cuentos de José María Arguedas, Edgardo Rivera Martínez o Antonio Gálvez Ronceros. Me gusta mucho un libro de relatos escrito e ilustrado por éste último autor que se llama Monólogo desde las tinieblas, que nos habla sobre la vida y costumbres del campesino negro de la costa peruana.

—¿Cómo es la situación de la literatura infantil y juvenil en Perú?

—Actualmente, la literatura infantil y juvenil en el Perú está viviendo una especie de “boom”, porque los libros para niños son los más vendidos en todas las ferias y la producción es cada vez mayor. Sin embargo, el desarrollo del álbum infantil ilustrado aún está lejos de consolidarse en mi país. La mayoría de los  libros infantiles que se ofrecen en nuestras librerías son importados

—¿Qué crees, entonces, que falta para que se desarrolle el libro álbum en tu país?

Creo que falta muchísimo por hacer: romper esquemas sobre lo que es la literatura infantil, arriesgarse un poco más en las ilustraciones y los textos, exigirle un poco más a los contenidos que les damos a los niños. Cuidar la calidad de las ediciones creo que es sumamente importante hoy en día. Un libro debe ser un objeto que los niños atesoren por muy sencillo que este sea.

Cuidar la calidad de las ediciones es sumamente importante. Un libro debe ser un objeto que los niños atesoren.

En términos internacionales, un problema es que no existe un diálogo e intercambio fluido entre los países latinoamericanos. Creo que esto se debe principalmente a las dificultades que existen para exportar y distribuir los libros de una manera viable. En Perú se conoce muy poco sobre lo que hacen las editoriales chilenas, argentinas o uruguayas respecto al tema del álbum ilustrado, por ejemplo. Pienso que, un primer paso, puede ser la presencia de estas iniciativas novedosas en las ferias del libro de nuestros países.

[Los libros de esta editorial se pueden conseguir en Chile a través del Fondo de Cultura Económica. Acá puedes ver parte del catálogo de Polifonía.]

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