Galería de bolsillo: arte para todos

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Hace unos meses, a propósito de una importante exposición en el Centro Cultural La Moneda, Isabel Casar buscaba en las estanterías de las librerías de Santiago libros infantiles y juveniles sobre arte, que tuviesen una mezcla entre el juego y lo artístico; libros que no se redujeran meramente a informar sobre la vida y obra de un autor en particular. Fue un sondeo intenso, pero con pocos hallazgos en vitrinas nacionales. Meses más tarde, en el comité Troquel aparecieron algunos ejemplares que dieron en el clavo de esta búsqueda inicial y que motivaron a nuestra colaboradora a destacar tres de ellos. El resultado, a continuación.

«Naturalezas muertas», «Arte a la carta» y «Monet, nómada de la luz».

El filósofo alemán Walter Benjamin decía que la obra de arte perdía su “aura” en la era de la reproductibilidad técnica (al enfrentarnos a las copias, no sentimos ese sobrecogimiento que nos produce el original), obligando al arte a tomar dos caminos: el arte por el arte (arte conceptual) y el de la organicidad del arte (materialidad). Hoy en día, en la era de lo visual y cuando la misma reproductibilidad ha avanzado desde la fotografía (de la época de Benjamin) a una cotidianidad abismante –donde la calle y redes sociales se han apropiado de obras de arte como íconos visuales, circulando obras y autores en poleras, bolsos o fotos de perfil– ha significado que desde la última mitad del siglo XX en adelante, el arte desborde sus límites sacros, expandiendo el museo a nuevas plataformas.

El mundo de los libros no se ha mantenido ajeno a este cambio social, la llegada del libro álbum es validado como una de las primeras galerías de arte para los niños, otros contribuyen a la mediación artística valiéndose de esta masificación de la obra de arte, e incluso, encontramos ciertos libros que proponen juegos más osados, haciendo de ellos verdaderas obras de arte conceptual.

Galería de bolsillo

Arte a la carta utiliza este fenómeno cultural de la repetición, apropiándose de imágenes en el limbo de la desacralización, que bajo la presión del mantel largo, caen al abismo de la risa del lector cómplice.

Tomando la idea de libro como galería de bolsillo y a la vez como acto de mediación artística, nos gustaría destacar Arte a la carta (Libros del Zorro Rojo, 2017), propuesta del ilustrador francés Benjamin Chaud, quien nos invita a un juego humorístico, sentando a la mesa a diferentes artistas consagrados, resumiendo en una viñeta relacionada con el acto de comer, una característica esencial de las obras de cada comensal. Así vemos a un Liechtenstein con alergia a la langosta, a Frida Kahlo haciendo de tripas corazón o cuando Louise Bourgeois encuentra un bicho en su sopa.

El humor imperante en Arte a la carta utiliza este fenómeno cultural de la repetición, apropiándose de imágenes en el limbo de la desacralización, que bajo la presión del mantel largo, caen al abismo de la risa del lector cómplice, quien aplica sus conocimientos previos para poder completar el chiste. La técnica del dibujo a lápiz caricaturesca −con un pantone de colores amplio, pero definido, que se  repite al pasar las páginas− distiende e invita al lector a entrar en el juego de la cita, desde un humor activo. Así, tanto los protocolos de la buena mesa como los del circuito artístico, se ven cuestionados con esta mirada más lúdica, siendo un gran elemento de mediación artística incentivando la investigación sobre los autores menos difundidos.

Detalle «Arte a la carta (Libros del Zorro Rojo, 2017).

Norma editorial publicó una serie de novelas gráficas inspirada en biografías de artistas. Entre ellas sobre Capa, Magritte, Monet y el gran artista desconocido Vidal Balaguer. En Monet, nómada de la luz (Norma, 2017), sus autores Salva Rubio (guión) y Efa (dibujo y color) logran narrar cinematográficamente aspectos históricos de la vida del pintor francés Claude Monet y del movimiento impresionista; a medida que el lector va leyendo puede ir entendiendo el contexto artístico y experimentando visualmente la deconstrucción de la luz a través de la pincelada. Este libro hace un gran aporte a la difusión y mediación de la historia del arte, proponiendo nuevas formas de comunicar un contenido académico desde un registro visual y narrativo. Monet, nómada de la luz profundiza en los sentimientos del artista en épocas clave de su vida, los que se plasman en su obra a través de sutiles cambios de estilo. El viaje parte con la operación de cataratas que debió hacerse durante sus últimos años (época de los nenúfares, donde su pincelada se torna tan borrosa como lo que veían sus ojos). Se asoma así, la figura del artista como rockstar, asumiendo la vida como elemento constituyente de su obra.

Un pintor inventado

En la misma colección de Norma encontramos Naturalezas muertas (Norma, 2017) de Zidrou (guión) y Oriol Hernández (dibujo y color), dupla que profundiza sobre el concepto de autor y la validación del artista y su obra. Esta novela gráfica narra la historia de Vidal Balaguer i Carbonell, uno de los grandes genios del modernismo catalán, quien nunca fue reconocido y desapareció antes de haber cumplido los 30 años −sus amigos creen que se suicidó y la policía que arrancó a otro país− abrumado por deudas y por ser el principal acusado de la desaparición de su modelo, musa y amante, Mar Monzó.

Detalle «Naturalezas muertas» (Norma, 2017).

Más allá de vincularnos, gracias a una excelente narrativa, con los pintores de este movimiento artístico y con la esfera cultural de “la luz y el color” catalanes, afines al bohemio café Els Quatre Gats, Naturalezas muertas reivindica al cómic como obra de arte, sacándola de la periferia literaria. Oriol Hernández, desde un acto lúdico y artístico, cuestiona la validación de la autoría como concepto y de la obra de arte en sí.

A través de este libro, Hernández pinta y expone a nombre de Vidal Balaguer, un artista inventado, que solo existe gracias a sus autores y a su muy bien creado universo ficcional; Vidal Balaguer vive como un fantasma 117 años después de su ficticia desaparición, engañando incluso a críticos especializados, gracias a un entramado muy bien armado: publicado su biografía en una colección dedicada a artistas consagrados, montando una exposición en la sala de arte Gosthland de Barcelona, dedicándole una página web, entre otras acciones.

Quizás el aura de la obra de arte −soy una convencida de que existe− se relaciona con la genialidad del artista y la sutileza de la obra

Al más puro estilo del poeta chileno Juan Luis Martínez, Oriol Fernández no solo hace desaparecer cosas y personas en una narrativa que colinda con el realismo fantástico, si no que fuera del libro crea toda una ficción, desdoblándose en una autoría ajena, inventando y haciendo a existir a un personaje que, nos hace creer, la crítica de su época no alcanzó a valorar.

En este juego de engaños, el guiño a la pérdida del aura de Walter Benjamin se da en la conexión que establece el artista con un lector activo, que va descubriendo los cuestionamientos sobre el mismo arte; sobre su concepción y validación en el circuito. Nuevamente, el lector se vuelve un cómplice, quien a partir de sospechas que se filtran en el libro (las patillas “dosmileras” de Balaguer, la pose fotográfica contemporánea, o los zapatos con suela plástica) logran un sobrecogimiento intelectual al descubrir el engaño y derrumbarse la construcción de este nuevo ídolo.

Quizás el aura de la obra de arte −soy una convencida de que existe− se relaciona con la genialidad del artista y la sutileza de la obra. Al asumir como parte constituyente del cómic su reproductibilidad, la sutileza se da en la grieta que separa lo ficcional de lo real. Es este espacio donde se filtra la contemplación de lo humano, de la trascendencia, y en este caso, muy agudamente el rol del autor.

Detalle «Monet, nómada de la luz» (Norma, 2017).

 

Autor: Isabel Casar (2 Entradas)

Licenciada en Artes Visuales, trabaja en La Fuente desde el año 2006, haciéndose cargo de bibliomóviles y bibliotecas. Le apasiona la literatura infantil y tiene una notable atracción por los libros álbum. Vive en la región del Biobío, en medio de la naturaleza, rodeada de libros.


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