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Gianni Rodari y el binomio fantástico

Isabel Casar Por Isabel Casar

Este 23 de octubre se cumplen 100 años del nacimiento de Gianni Rodari: político, pedagogo, periodista y escritor. En sus múltiples facetas hizo del binomio fantasía/realidad una herramienta de cambio social que no solo remeció los cimientos de la literatura infantil despojándola de su base fuertemente educativa, sino que también puso en valor a niños y niñas como sujetos creativos y pensantes, criticando el adultocentrismo reinante en la sociedad y en la perspectivas de enseñanza de las escuelas. [Imagen portada: lavanguardia.com]

Gianni Rodari nace en Omegna, un poblado al norte de Italia un 23 de octubre de 1920. Tal vez su desafortunada infancia lo llevó, muchos años más tarde, a buscar incansablemente una manera de cambiar el mundo. Creció en una Italia fascista, los primeros años de su vida fue criado por una nodriza, ya que sus padres trabajaban arduamente. A los 11 años lo ingresan al Seminario de un colegio católico en Milán y tres años después su madre lo cambia a un instituto ligado a las Humanidades. Antes de cumplir los 20 años, se pasea de taberna en taberna tocando el violín junto dos amigos, sin embargo, el sueño de ser músico es truncado por su madre horrorizada con esta vida bohemia. Con el fin de librarse del servicio militar entra al Magisterio, pero desafortunadamente para conseguir un trabajo como profesor debió afiliarse al Partido Nacional Fascista donde no duró demasiado.

Al estallar la guerra, fue destinado a un hospital en Milán donde comienza a colaborar con la resistencia lombarda. En ese período su hermano Cesare es enviado a un campo de concentración alemán (al que sobrevivió) y perdió a sus dos mejores amigos en el frente. En 1944 se afilia oficialmente al Partido Comunista Italiano, tal vez uno de los pasos más trascendentales en su carrera ya que trabajó como periodista en diarios ligados al partido escribiendo en un espacio dedicado a la infancia. Es así como llega a la literatura infantil.

Justamente, es quizás gracias a esa casualidad que Gianni Rodari logra remecer los cimientos de la literatura infantil, ya que al acercarse desde el periodismo y no desde la pedagogía, logra conectarse desde el ocio, la imaginación, el humor y el juego, liberando a la literatura infantil de los grilletes de la moralidad, muy presentes hasta entonces. Esta nueva mirada, remece también el concepto de infancia, rompiendo la jerarquía habitual entre autor y lector. En sus libros, en cambio, este último deja atrás la pasividad para tomar un rol de cocreador ‒como se da explícitamente en Cuentos para jugar (1971)‒, o bien, para mostrarnos a los adultos el sinsentido de una serie de reglas y cánones educativos adultocéntricas, desconectadas del espíritu infantil.  

Por otro lado, sus obras literarias no están ajenas a la denuncia social, tratando temas poco abordados para la infancia (temas tabúes como la política), confiando en los niños y niñas como pensadores y forjadores de una nueva sociedad. En 1970 todo esto le vale la obtención del premio Hans Christian Andersen, uno de los más prestigiosos de literatura infantil. Así también, estas ideas reformadoras lo hicieron ser excomulgado por el Vaticano ‒tras publicar su primer libro pedagógico: El manual del Pionero‒, sentenciándolo como un “exseminarista cristiano diventato diabólico”, ordenando quemar sus libros y, por supuesto, los ejemplares de dicho manual.

Reedición de Editorial Juventud (2020)

Sin embargo, años más tarde vuelve a publicar otro libro de carácter pedagógico que se transformará en una de sus obras más reconocidas: Gramática de la fantasía: introducción al arte de contar historias (1973), donde persevera en lo lúdico y en el poder de la literatura y de la fantasía en la sociedad. Basándose en ideas de John Dewey, Rodari nos dice: si queremos enseñar a pensar antes debemos enseñar a inventar.

La Gramática de la fantasía muchas veces es reducido a una sola compilación de ejercicios y juegos literarios, en vez de un legado político y revolucionario, donde plasma su visión de mundo, confiando en el poder del arte y de la literatura como herramientas de liberación. En la introducción de ese mismo libro señala su fascinación por el surrealismo:

Un día, en los Fragmentos de Novalis (1772-1801) encontré la frase que dice: “Si tuviésemos una fantástica como hay una lógica, se habría descubierto el arte de inventar…”. Pocos meses después, cuando descubrí a los surrealistas franceses, creí haber hallado en su forma de trabajar la fantástica que buscaba Novalis.

Esta proximidad con el surrealismo la podemos ver plasmada en su obra, existiendo múltiples cruces entre la corriente francesa y Rodari. Por un lado, ambos veían el uso de la imaginación y fantasía como un modo de “abolir el reino de la lógica”, para revelarse contra los valores socialmente establecidos. En palabras de Bretón, el surrealismo buscaba “liberar al hombre del sometimiento a la imperiosa necesidad práctica”, mientras Rodari –tomando como bandera de lucha a la infancia–, veía en la fantasía un poder no solo liberador, sino también una forma de cambiar la realidad.

Ilustrado por Javier Zabala, este libro fue reeditado por Kalandraka en 2020.

También existen similitudes en la metodología usada tanto por los surrealistas como por Rodari. Partamos del ladrillo basal: el binomio realidad/fantasía. Ambos buscan mediante el tomar un elemento de la realidad y transformarlo mediante el uso de la fantasía, creando una “realidad superior” capaz de evocar y sugerir la esencia profunda de lo humano. Esto en la corriente francesa se da, por ejemplo, en la técnica de la escritura automática, resultado del principio del extrañamiento, con el cual podemos tomar distancia de la realidad pura y dejar andar nuestra imaginación. Así, Rodari crea varios capítulos basado en este principio como un trampolín para la estimulación de la creatividad infantil, como lo es la hipótesis fantástica donde se lanza una pregunta ¿Qué ocurriría sí…?, o su protagonismo en la creación de adivinanzas. 

En el fondo, este vértice de unión con el surrealismo se basa principalmente el entendimiento de la fantasía como un espejo transformador de la realidad algo que justamente Gianni Rodari lo comprendió y se lo ofreció a los niños y a las escuelas:

Las fábulas (escuchadas o inventadas) no son todo” lo que sirve al niño (…) La imaginación del niño estimulada para inventar palabras aplicará sus instrumentos sobre todos los aspectos de su experiencia que desafíen su creatividad. Las fábulas sirven a las matemáticas como las matemáticas sirven a las fábulas.

Es inevitable que al hablar de Gianni Rodari se nos venga a la cabeza, casi irrevocablemente, la palabra fantasía. Tomándola como su bandera de lucha, hizo de esta su arma y su acción, estudiándola y experimentando con ella tanto en sus cuentos como en su labor pedagógica, dotándola de un afán libertario (para los niños y para la literatura), valorándola como un primer peldaño del razonamiento y pensamiento humano.

Quizás este escalón llamado Rodari –quien se atrevió a abolir lo establecido, se permitió el goce puro de la literatura, puso ojo en la infancia y confió en ella uniéndose con otros defensores de la imaginación y la fantasía (como Bruno Munari)–, nos permiten hoy en día tener una literatura infantil que pueda orgullosamente desfilar desde la vereda del arte, permitiéndole a los niños y niñas ser lectores activos de temas tan profundos como la vida misma.

¡Gracias Gianni Rodari!

Gianni Rodari. Créditos: larazon.es
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Isabel Casar

Licenciada en Artes Visuales, trabaja en La Fuente desde el año 2006, haciéndose cargo de bibliomóviles y bibliotecas. Le apasiona la literatura infantil y tiene una notable atracción por los libros álbum. Vive en la región del Biobío, en medio de la naturaleza, rodeada de libros.

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