Grant Morrison: un guionista de cómic que rompe esquemas

A A

Amado por unos, odiado por otros, Morrison es uno de los escritores más conocidos en el actual panorama del cómic. Su obra reflexiona sobre los límites del noveno arte y reinventa a personajes que creemos conocer a la perfección, abriendo así nuevos caminos para el género.

grantmorrison_57511

En Supergods (Turner, 2012), su ensayo autobiográfico sobre el cómic, el guionista Grant Morrison (Glasgow, 1960) cuenta cómo pasó de ser un joven que soñaba con escribir a los superhéroes de su infancia en la Escocia de los años 70’, a ser la reconocida y rebelde estrella de las historietas a ambos lados del Atlántico. El éxito mediático que alcanzó con sus primeras obras –punks, anárquicas y violentas la mayoría de las veces- fue de la mano de las drogas y el alcohol. Hastiado un poco del personaje caricaturesco en el que se había convertido, Morrison emprendió una búsqueda espiritual que lo llevó –era que no- a Nepal. Y fue en Katmandú donde tuvo una revelación que redefiniría su obra: la realidad no es una sola, sino que son múltiples.

Morrison expone en Supergods que los personajes y hechos que seguimos en un cómic verdaderamente existen.

A partir de esa experiencia, expone en Supergods la idea de que los personajes y hechos que seguimos en un cómic no son fruto de la imaginación o la conveniencia comercial, sino que verdaderamente existen. El mundo de los cómics sería, entonces, un universo entre miles. Los creadores de cómics, médiums que conectan nuestra realidad con esa otra. Y las viñetas, portales por las que nos asomamos para conocer otros mundos.

La idea de Morrison no es quizás tan novedosa como él se esfuerza en hacernos creer. El cruce entre el mundo ficticio y la realidad en que nos movemos se ha dado tanto en la literatura -desde el Quijote hasta Lunar Park (Bret Easton Ellis)- como en el cine –La rosa púrpura del Cairo (Woody Allen) o ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis)-. Pero lo atractivo del planteamiento de Morrison – autor de Arkham Asylum (1989) y Los invisibles (1994-2000)- es el modo en que lo ha desarrollado en sus obras de superhéroes.

El héroe se encuentra con el lector

En 1988, Grant Morrison tomó las riendas de la serie Animal Man, de DC. Se trataba de una serie sin grandes expectativas que contaba las aventuras de un héroe menor, casado y con dos hijos que como en todo relato superheroico luchaba contra villanos; en este caso, generalmente personajes menores o extravagantes. O sea, la serie era el campo propicio para explorar los límites del género sin sufrir exigencias editoriales o comerciales.

Buddy Baker, el protagonista con habilidades animales, descubría paulatinamente que su existencia no respondía al libre albedrío que creía poseer, sino que estaba urdida por un personaje –Grant Morrison, claro- que lo necesitaba y con el que finalmente se enfrentaba en un tenso diálogo entre creación y creador. En él, Animal Man incluso tomaba conciencia de la presencia de los lectores y nos encaraba con un sorprendido y sorprendente “¡Puedo verlos!”.

comic

En busca de los héroes definitivos: Superman y Batman

Posteriormente, Morrison trabajó esta idea con los dos héroes quizás más conocidos: Superman y Batman. Pero fue más allá. Al primero lo escribió para la aclamada serie All Star Superman del año 2006. A lo largo de 12 números y acompañado por el dibujante Frank Quitely, el guionista escocés no enfrentó esta vez al personaje con su creador, sino que intentó aglutinar en una sola representación del héroe de Kansas, todas las infinitas versiones que de él hemos conocido en cómics, series de televisión y grandes producciones hollywoodenses. El trabajo del guionista consistió, entonces, en mostrar que todas esas visiones que de él existen nacen de un solo ser: un Superman que realmente vive en un mundo de ciencia-ficción y fantasía desatada y que se encuentra más allá del tiempo y del espacio. Así, la creación existe más allá de un creador determinado y se constituye como un arquetipo definitivo.

 

Algo similar hizo luego con Batman, a quien guionizó en su serie regular entre los años 2006 y 2008 en una etapa que despertó tanto amor como odio entre los fanáticos del personaje. A lo largo de sus 75 años de vida, Batman ha sido retratado como un vengador violento, un aventurero, un ciudadano intachable, un explorador científico, un detective infalible, un oscuro sicópata y un estratega paranoico. Todas estas miradas han respondido siempre a contextos sociales y culturales específicos, generando lo que hoy parecen visiones ridículas o contrapuestas. Lo que hizo Morrison fue tomar todas estas representaciones del personaje integrándolas en una compleja trama de engaños familiares, cultos misteriosos, experimentos sensoriales, presencias demoníacas y secretos revelados que llevaron a Batman hasta su desintegración sicológica, moral y física.

Sí, Grant Morrison fue quien mató a Batman. Así lo anunciaron los medios el año 2008. Pero no lo mató en realidad. Porque la idea del guionista es, justamente, que los personajes de los cómics no pueden morir. Ellos están más allá de las normas que rigen nuestra realidad. Son entidades o ideas que escapan a las circunstancias que nos limitan. Son conceptos que viven en un espacio distinto al nuestro, quizás en nuestras mentes, en nuestras fantasías. Por eso Batman no muere, sino que se pierde en el tiempo para reconstruirse a lo largo de la historia de la humanidad como hombre y como leyenda. Por eso y porque hay una gran industria tras el personaje más rentable con el que cuenta DC en la actualidad, no lo olvidemos.

Las críticas a Morrison

El trabajo de Grant Morrison ha sido tildado de innecesariamente complejo. Se ve en él a un guionista que utiliza una narrativa pretenciosa y fragmentada en busca de mantener el perfil de escritor polémico y rupturista con el que se hizo famoso. En su ensayo Supergods, algo de eso queda en el aire. Allí Morrison se describe como una especie de elegido para revelar a los lectores la verdad sobre el universo. Sin embargo, más allá del personaje que pretende construir, hay que rescatar su permanente esfuerzo por romper o al menos cuestionar las normas establecidas en un medio tan estandarizado como el de las historietas de superhéroes. Lo que hace Grant Morrison es, en definitiva, buscar nuevas formas de enfrentar un relato que, por repetición, a menudo parece estancado en fórmulas ya vistas. Y lo hace abriendo universos que a menudo creemos ya agotados.

AvatarAutor: Rodrigo Costas (21 Entradas)

Licenciado en Literatura de la Universidad Católica de Chile. Es fanático de los cómics desde niño. Además, pinta, ilustra y escribe. Ha ganado diversos concursos de cuentos. Actualmente trabaja como profesor.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *