Entrevistas

Isabel Molina, editora de Grafito: «Busco textos que inviten al lector a poner algo de su parte»

Pablo Espinosa Por Pablo Espinosa

Isabel Molina es la directora de Grafito, microeditorial chilena dedicada a publicar libros ilustrados. Desde su fundación el 2013, el sello se ha caracterizado por su énfasis en temas relacionados con la memoria y el rescate de obras de ilustradores fundamentales, como Fernando Krahn y Oski. En esta conversación, Molina profundiza en parte del catálogo...

Isabel Molina es la directora de Grafito, microeditorial chilena dedicada a publicar libros ilustrados. Desde su fundación el 2013, el sello se ha caracterizado por su énfasis en temas relacionados con la memoria y el rescate de obras de ilustradores fundamentales, como Fernando Krahn y Oski. En esta conversación, Molina profundiza en parte del catálogo que ha construido y en uno de sus últimos proyectos: Brígida, revista de cómic hecho por mujeres.

Isabel Molina. Crédito foto: Zancada.

Isabel Molina lleva varios años dedicada a las artes gráficas, como editora, investigadora y curadora. Uno de sus primeros pasos en este ámbito lo dio el 2010, cuando fundó junto a tres socios, Plop! Galería, librería y galería dedicada a la historieta y a la ilustración.

Plop! es, justamente, el primer tema del que hablamos con Molina. Hoy, después de 8 años, la galería no está en un buen momento económico y pese a su contribución a la a consolidación de la ilustración chilena, es posible que deba cerrar sus puertas. Es por esto que, a principios de noviembre, los socios de Plop! lanzaron la campaña #QueSigaPlop para revertir la situación y mejorar las ventas. “Los últimos años de la galería han sido complicados —explica Molina—. La gestión administrativa y financiera se volvió muy complicada porque se juntaron cosas como la apertura de Casa PLOP! (que cerramos al año y medio) y la baja de ventas, en especial en nuestro barrio. Entonces, antes de que fuera un hecho insalvable, lanzamos la campaña, en busca de apoyo para mantenerla abierta. Y ha habido una respuesta muy amable, tanto del público como de la comunidad de la ilustración. Les agradecemos y estamos viendo todavía cómo se desarrolla todo. Esperamos pronto tener el panorama más claro sobre el futuro de Plop!”.

Mientras que el futuro de Plop! está en suspenso, Grafito —sello que Molina creó el 2013— continúa con sus publicaciones. Recientemente fue lanzado Hoy me siento, de la portuguesa Madalena Moniz, que estará disponible en la Furia del Libro, junto con el todo el catálogo de la editorial. Sobre Hoy me siento, que consiste en un abecedario ilustrado con distintas emociones, nos dice Molina: “Este título si bien aborda el tema de las emociones y/o sentimientos, lo hace desde una perspectiva muy poco normativa. No hay una voz que dirija al lector o lectora sobre lo que está bien o mal, si no que invita a reconocer algunos estados que son universales. La ilustración es bastante sutil y un poco onírica, por lo que la relación texto-imagen es bien interesante en ese sentido, ya que no es literal. El protagonista es un pequeño que hace un recorrido de las emociones articulado por el orden alfabético, pero son casi paisajes. Cada letra es un pequeño mundo para visitar varias veces”.

Ilustración interior: “Hoy me siento”, de Madalena Moniz

Nuevos puntos de vista

El foco de Grafito Ediciones está en los libros ilustrados y los que, de una u otra forma, se relacionan con la imagen, incluyendo la poesía visual. El primer libro publicado por Molina en Grafito fue El niño que quería ser gato (2013), de Carolina Castro y Frannerd. Luego, durante el mismo año, publicó un libro infantil que tomó varios meses de trabajo: Niños, obra ilustrada sobre niñas y niños ejecutados en la dictadura militar chilena, que dio notoriedad al sello.

El texto de Niños fue escrito por María José Ferrada y para las ilustraciones se contactaron con Jorge Quien. “Fue un trabajo largo —cuenta Molina sobre el proceso—. Era un libro que requería mucha delicadeza y hubo que buscar el tono adecuado. Para lograrlo, probamos distintas perspectivas y conversamos mucho sobre las imágenes. Las ilustraciones al principio tenían muchos colores y le daban otra emocionalidad. Los niños no eran tan contemplativos como los que se narraban. Esa fue la búsqueda”. Niños fue lanzado a fines en el Museo de la Memoria y recibió el Premio Academia, otorgado por la Academia Chilena de la Lengua, y el Premio Municipal de Santiago, categoría juvenil.

Niños es un libro que presenta una postura sobre la niñez, sobre lo que significa la infancia. Prefiere tocar temas complejos, como la muerte y la dictadura, en lugar de evitarlos.
—Desde un principio me interesaron textos no edulcorados, que le hablaran a los niños desde otros puntos de vista. Textos en los que el lector estuviera invitado a poner algo de su parte. Sé que suena cliché y que es difícil de hacer porque uno se puede quedar a medio camino y que el libro en realidad no se entienda, pero me parece que hay que mostrar otros tipos de libros. Hay muchas editoriales trabajando ciertos conceptos de libros para niñas y niños y creo que el aporte que yo podría hacer es presentar textos menos habituales, proponer otras perspectivas sobre la infancia, sobre cuáles son los límites del libro infantil y del libro ilustrado. Es una conversación interesante, que puede ser generada desde una editorial.

Ilustración interior: “Niños”, de María José Ferrada y Jorge Quien

Desde un principio me interesaron textos no edulcorados, que le hablaran a los niños desde otros puntos de vista.

La dictadura militar se repite en el catálogo de Grafito. ¡Ese maldito Allende! es una novela gráfica sobre Salvador Allende y Augusto Pinochet, de Olivier Bras y Jorge González, publicada originalmente por la editorial francesa Futuropolis el 2014 y presentada por Grafito el 2015.

“Aunque ya había salido en Chile el cómic Los años de Allende (Hueders), de los chilenos Carlos Reyes y Rodrigo Elgueta, nos pareció interesante incorporar este libro a nuestro catálogo porque es un relato muy diferente. ¡Ese Maldito Allende! aborda elementos de la historia que son poco conocidos, como cuando las vidas de Pinochet y Allende se cruzaron. Y estaba la perspectiva de cómo se ve desde afuera esta historia y desde una familia antiallendista”, comenta Molina. Sobre su edición, añade: “No cambiamos muchas cosas. El libro lo tradujimos al chileno, para que encajara en nuestra forma de hablar, y variamos el título y la portada”.

Relecturas

Otra arista de Grafito, también relacionada con la memoria, es el rescate editorial. El 2016 publicaron Látigo de cien colas, un libro ilustrado por el chileno Fernando Krahn (1935-2010), con textos del poeta Joan Brossa, que solo contaba con una edición española de 1988. Lo que se ve en los dibujos del Látigo de Krahn —humorista gráfico, que publicó en las revistas y periódicos más importantes de Estados Unidos y Europa— es lo más bestial de la humanidad.

—¿Por qué te pareció Látigo de cien colas un libro que era necesario reeditar?
—Este libro, hecho en los años 80, fue una forma para Krahn de abordar lo que estaba pasando en Chile, una forma de manifestar una postura política. Pero el libro va más allá. No se trata solo de la dictadura chilena, puede ser de muchas  situaciones en las que el poder arrasa con los ciudadanos. El Látigo es una radiografía despiadada del poder. Por eso se mantiene vigente.

—¿Qué cambios hicieron en esta nueva edición, con respecto a la original de 1988?
—Preferimos sacar los textos de Brossa, porque nos parecieron un poco redundantes. Quisimos centrarnos más en Krahn. Sus dibujos son muy elocuentes y tienen mucha fuerza. Agregamos, además, un texto del investigador Claudio Aguilera y otro del poeta Armando Uribe. Es emocionante tomar un libro y darle una relectura actual, asumiendo los riesgos que uno asume tomando esas decisiones. Para mí es como subirle el volumen a una canción que estaba sonando bajito, que se podría escuchar mucho mejor. La reedición consiste en eso, me parece.

Ilustración interior: “Látigo de cien colas”, de Fernando Krahn

El argentino Oski (1914-1979) es también un dibujante que Molina ha recuperado. El libro Vera historia del deporte había sido publicado en Chile en 1973 por Ediciones Universitarias de Valparaíso y cuenta desde este año con una edición en Grafito. “Como Krahn, Oski es otro ilustrador que admiraba muchísimo. Era muy culto, investigaba mucho para sus libros. Su humor tiene varias lecturas. Es un humor travieso. Gracioso, pero cruel”, comenta Molina.

—En el caso de los dos libros que han rescatado del poeta visual chileno Guillermo Deisler (1940-1995), xeno/fremd y stamps books, ¿por qué decidieron publicarlo en ediciones artesanales, cosidas a mano?

—Lo que queríamos en ambos libros —trabajados con la investigadora Marcela Labraña— era rescatar la relación que Deisler tenía con su obra, su relación con la materialidad. Por eso nos pareció importante sacar los libros en ese formato facsimilar, lo más parecido posible a como él los había hecho.

Deisler solía trabajar con materiales de desecho. Laura Coll, su viuda, contaba que le solía llevar lo que le sobraba del hospital por su trabajo de enfermera, y con eso Deisler trabajaba. Stamp book, por ejemplo, fue hecho por Deisler a partir de sellos que rescató de la basura, que encontró en distintos puntos de la ciudad de Berlín cuando cayó el muro (Deisler estuvo exiliado en Alemania desde 1973).

Son libros raros los de Deisler, pero muy consistentes. En esos dos libros que publicamos se alcanza a percibir un poco. Son una invitación a acercarse a su obra y una invitación a  descubrir las posibilidades de los libros. Afortunadamente, últimamente la obra de Deisler está siendo un poco más reconocida por las nuevas generaciones. Su obra le habla a ilustradores, artistas y diseñadores. Él hizo converger estas disciplinas en sus libros, que son delicados, parecen humildes, pero dicen un montón.

Hecho por mujeres

Como investigadora, Molina ha rescatado la obra de ilustradores, pero su énfasis al parecer ha estado en las ilustradoras. Es autora del libro Elena Poirier, ilustradora (Museo Histórico Nacional) y fue una de las curadoras de la exposición “Marta Carrasco, el arte de ilustrar”, que estuvo este año en el Centro Cultural Las Condes y en sedes de Biblioteca Viva. Ha colaborado así a difundir la historia de la ilustración nacional.

—¿En qué crees que ha contribuido el rescate y valoración de nuestra identidad grafica?

—En el caso de las ilustradoras, muchas de las que fueron a ver la exposición de Marta Carrasco se sintieron conectadas con una tradición. Sintieron que esas imágenes las ayudaron a construir lo que son como autoras, porque reconocían las lustraciones de sus lecturas infantiles. Son las imágenes con las que crecimos —al menos los que lo hicimos en los 80— y para todos los ilustradores son imágenes que quedan, que se guardan y emergen en algún momento. Muchas ilustradoras sintieron que Carrasco las había formado, sin saberlo

Para dar lugar a las nuevas voces femeninas del cómic, Isabel Molina fundó en abril de este año la revista Brígida (disponible en Plop Galería!), junto con las ilustradoras Pati Aguilera, Sol Díaz y Maliki, las dos últimas además del podcast La Polola. La revista se propuso lanzar cuatro números anuales, uno para cada estación. La última revista del 2018 fue hace poco publicada y cuenta con colaboraciones de Lina Meruane, escritora; Vero Rodríguez, ilustradora; y Powerpaola, dibujante ecuatoriana, entre otras.

—¿Por qué era necesario este espacio para la creación femenina?
— Responde a un contexto. Nos parecía importante fortalecer la voz de las mujeres. Este es un momento especial, que requiere este tipo de proyectos, que den espacios en los que nuestras voces sean escuchadas. Queríamos hacer una revista centrada solo en mujeres, aburridas de ser las invitadas en el típico “especial de mujeres”. Quisimos emparejar la cuestión, porque el lugar de las mujeres en la historieta siempre ha sido secundario. Pero aunque la línea editorial de Brígida es hecha desde mujeres y por mujeres, esperamos que les hable a todos. No somos sectarias. Nos interesa el diálogo.

Brígida responde a un contexto. Nos parecía importante fortalecer la voz de las mujeres.

—¿Cómo ha sido recibida la revista?
—Tenía recelo por cómo sostenerla. La tradición de las revistas está congelada en Chile. No sabíamos qué onda el público. Porque una revista requiere público. Entonces, para que se pudiera comprar, hicimos la revista barata. Es súper sencilla, no tiene lujos. Y es un proyecto autogestionado, en el que trabajamos todas gratis. Sacamos 200 ejemplares del primer número y para nuestra sorpresa se agotó en un día y tuvimos que reimprimir. Lo mismo pasó con el segundo número. Esta vez vamos por 1.000. Por ahora solo buscamos mantenernos en imprenta y lo hemos logrado.

Interior “Stamp Book”, de Guillermo Deisler

 

Compartir en: Facebook Twitter
Pablo Espinosa

Licenciado en Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado, Magíster en Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile y egresado del Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Es uno de los fundadores del proyecto Ojo en Tinta: podcast, revista digital y programa de TV. En la actualidad, trabaja como investigador en la Biblioteca Nacional de Chile.

También te podría interesar