Reportajes

La apuesta en Chile por los libros digitales para niños

Pablo Espinosa Por Pablo Espinosa

Dos libros digitales chilenos fueron premiados el año pasado en la Feria del Libro Infantil Digital de Japón: Caperucita App, del sello Amanuta, y La verdad sobre las sirenas, de Pehuén. Ambos sellos tienen en común más que un premio. Tanto Pehuén como Amanuta han sido pioneros en materia de literatura digital en nuestro país...

Dos libros digitales chilenos fueron premiados el año pasado en la Feria del Libro Infantil Digital de Japón: Caperucita App, del sello Amanuta, y La verdad sobre las sirenas, de Pehuén. Ambos sellos tienen en común más que un premio. Tanto Pehuén como Amanuta han sido pioneros en materia de literatura digital en nuestro país y lentamente han formado un catálogo en esta línea. Conversamos con ambas editoriales para conocer su propuesta y también con la académica Maili Ow, quien analiza la literatura digital para niños, eliminando algunos prejuicios.

Libro digital «El viaje de Darwin», de la editorial Amanuta

Los sellos chilenos Amanuta y Pehuén, con más de 10 años de existencia, poseen un sólido y reconocido catálogo. Y sus editores, una experiencia innegable haciendo libros impresos. Sin embargo, desde el 2011, se han aventurado en los libros digitales para niños. Sobre esta incursión, dice Ana Pavez, editora de Amanuta: “Hoy los niños pasan muchas horas en la pantalla y si podemos entusiasmarlos a leer en formatos digitales me parece un gran logro. Si nos interesa la lectura, creo que hay que explorar todos los medios para que la gente lea”. Rocío Barros, editora de Pehuén Digital, por su parte, comenta: “Quisimos aprovechar nuestra experiencia y el catalogo infantil. Nos dimos cuenta de que no habían apps interesantes y que los contenidos eran deficientes, que en alguna medida subestimaban a los niños. Habían muchos libros digitales hechos por equipos de ingenieros; faltaban editores”.

Pehuén inició su catálogo digital el 2011 con La verdad sobre las sirenas, de Fita Frattini, y Amanuta el 2012 con Caperucita App, escrito por Gabriela Mistral e ilustrado por Paloma Valdivia. Ambos libros fueron premiados con el Digital Ehon Award en la Feria del Libro Infantil Digital de Japón. Recientemente, Amanuta publicó El viaje de Darwin, de Ana María Pavez y Olaya Sanfuentes, ilustrado por Raquel Echenique; y La pobre viejecita, de Rafael Pombo, ilustrado por Maguma. Pehuén, por su parte, lanzará durante este primer semestre Txeg Txeg y Kai Kai, de Carmen Muñoz, y Sueño Azul, de Elicura Chihuailaf; ambos ilustrados por Alberto Montt.

¿Pero cómo definir la literatura digital? Maili Ow, directora del Diplomado en literaturas emergentes para niños y jóvenes de la UC, explica: “La literatura digital es la que fue pensada desde su origen para ser leída de manera digital. Es concebida con ese lenguaje, exigiendo un rol del lector distinto. Ha sido ideada para circular en soporte digital y por lo tanto le saca partido a sus posibilidades. No sólo tiene palabras e imágenes; tiene también sonido, movimiento, tiene la posibilidad de interactuar con el lector: tocar, pasar la página, mover. Esa es la literatura digital, en la que el lector tiene un protagonismo mayor”. No hay que confundir, advierte Ow, la literatura digital con la literatura digitalizada, que se puede leer también en tabletas, celulares y computadores: “La literatura digitalizada es la literatura que fue creada en su origen para un soporte papel y que luego fue, por ejemplo, scaneada para ser leída en una tableta o celular. Desde su origen fue pensada para la linealidad del papel”.

En la edición digital aparecen nuevos factores, como la interacción, los sonidos  y el movimiento de imágenes

Hacer un libro digital, por tanto, no es lo mismo que hacer un libro en papel. Cambia el rol del editor, se complejiza. “En la edición digital aparecen nuevos factores que hay que considerar —dice Ana Pavez—, como la interacción, los sonidos, la música y el movimiento de imágenes. Eso obliga a trabajar con otro tipo de profesionales, y a la vez a aprender nuevas cosas. Por ejemplo, uno debe ser capaz de elegir una voz para la locución”. Rocío Barros, agrega: “En el desarrollo de un libro digital interactivo hay alrededor de 10 personas trabajando, todos con procesos creativos importantes; entonces es importante ver que es un libro con más autores. Por eso es frecuente que se hable del nuevo libro digital de tal estudio desarrollador y no del nuevo libro de tal ilustrador o autor. Es un trabajo mucho más lento y requiere una etapa larga de pruebas y prototipos”.

Una nueva forma de arte

La interacción con los lectores está presente de distintas formas en la literatura digital para niños. No sólo tocando la pantalla para escuchar sonidos o moviendo elementos de las ilustraciones. En Three Little Pigs, de Nosy Crow, por ejemplo, el lector debe soplar en el micrófono de la tableta para ayudar al lobo a derribar las casas de los cerditos y avanzar en la historia. The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore permite tocar una canción en piano pulsando teclas en la pantalla. The Numberlys va más allá y exige a los lectores jugar y “pasar etapas” para avanzar en la narración.

¿Cuál es el límite entre un libro digital y un videojuego, entonces? ¿O la barrera entre leer y jugar? Maili Ow, responde: “Generalmente todo quiere ser puesto en casillas. Algo que no siempre es fácil. A veces uno se encuentra con narrativas digitales potentes que cruzan fronteras, en las que el lector tiene que interactuar, tiene que jugar. ¿Es un juego? Sí ¿Es una narrativa? También. ¿Es literatura? Se podría debatir, pero es difícil establecer la barrera. Nos hacemos trampa cuando tratamos de comparar libros digitales con libros impresos. Es como comparar la película y el libro. Son dos obras artísticas distintas”. En esto coincide la editora de Pehuén: “No creemos que las apps que desarrollamos sean una competencia o un remplazo al libro o al acto de lectura del libro; nosotros las planteamos como una nueva forma de conocimiento, como una nueva forma de leer, que contiene múltiples lenguajes».

No es posible comparar libros digitales con libros impresos. Es como comparar la película y el libro. Son dos obras artísticas distintas

Los múltiples lenguajes son, según Maili Ow, el gran beneficio de los libros digitales, ya que posibilitan contenidos distintos (y complementarios) a los que permiten los medios impresos: “Lo que pasa es que todavía la palabra escrita tiene mucha relevancia, lo que está muy bien, pero se ha privilegiado tanto que otros modos comunicativos, como las imágenes, el lenguaje oral, el sonido y el movimiento, han pasado a segundo plano. Debemos abrirnos a la multimodalidad. Los niños no son solo verbales. Son visuales, escuchan y también, y esto es otro tema, producen. Por eso es que creo que los libros digitales bien hechos seducen, porque dan actividad al lector”.

Los libros digitales para niños, en su gran mayoría, tienen la posibilidad de ser contados automáticamente, en distintos idiomas, por una voz previamente grabada. Esto, por supuesto, genera una distancia con el mediador de lectura en caso de que algunos niños prefieran esa lectura automática. Pero esto no significa que el mediador quede sin ninguna responsabilidad. “No cambia radicalmente el rol del mediador —dice Ow—. Su rol no es sólo estar ahí cuando se produce el acto de lectura. No es sólo ser la voz. Hay otras funciones del mediador. Por ejemplo, seleccionar el libro adecuado y proponer otros. Y, después de la lectura, conversar”.

El futuro

Un grave obstáculo para hacer un libro digital es su costo. Se ahorra en distribución, impresión y bodegaje, pero se deben sumar a los sueldos del autor, ilustrador y editor, los del compositor, animador, programador y locutor. “Para hacer buenas aplicaciones se requiere tiempo y recursos. Hemos postulado a concursos para obtener fondos para  realizar estas aplicaciones”, dice Ana Pavez. Caperucita App, por ejemplo, el año 2013 recibió $9.700.887 del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes para su realización. Y aunque Amanuta ya tiene 3 títulos digitales disponibles, todavía creen que es temprano para hablar de resultados concretos: “Estamos recién empezando y por supuesto es muy difícil entrar en el mercado digital con aplicaciones interactivas de libros. Hemos tenido compra de bibliotecas extranjeras. Esperamos que eso también ocurra en Chile”.

Pehuén, por su parte, ha buscado insertarse con su catálogo digital en las aulas de clases, para así tener un mercado más claro. “Dentro del sistema escolar una app es consideraba educativa si cumple con el curriculum propuesto por el MINEDUC. A pesar de que nosotros como editorial tenemos otra visión sobre el tema, algunas de nuestras apps las desarrollamos con actividades y con un apoyo docente donde proponemos qué asignaturas y qué objetivos de aprendizaje se pueden trabajar con ellas”, dice Rocío Barros. Es el caso, por ejemplo, de Kallfv Pewma Mew. Sueño Azul, de Elicura Chihuailaf. Pero Barros aclara que hay otra parte de su catálogo digital que es sólo literario, que “es solo de entretención y no está cruzado con los objetivos de aprendizaje y curriculum y nos permite ir más allá en interacciones o animación sin miedo a desconcentrar al alumno”.

Leo libros en formato digital y también leo a mi hijo libros en papel. El iPad no reemplaza el vínculo de la lectura tranquila y afectuosa de cada noche

Cada día el panorama digital infantil cambia. Aparecen estudios independientes con propuestas, como El Pudú Studios de la chilena Isabel Zambelli, o trasnacionales, entre ellas Disney y Nickelodeon. Y también se expanden los límites para experimentar. Gracias a la llamada realidad aumentada, un libro como el ya mencionado The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore, pero en versión papel,se vuelve interactivo y digital al verlo con un dispositivo electrónico y la aplicación IMAG•N•O•TRON. La realidad se vuelve porosa.

Pero por novedoso que sean los libros digitales, quienes apuestan por ellos coinciden en que no reemplazarán al libro en papel. Paloma Valdivia, ilustradora y autora de libros en papel y en digital para niños, considera: “Mi hijo tiene 5 años y me parece que permitirle el acceso a la tecnología es un aporte a su formación. Prefiero familiarizarlo con ella a prohibírsela. El libro en papel lo seguimos utilizando. Son diferentes modos de aproximarse a la lectura, a la entretención y a la cultura. Personalmente, leo libros en formato digital y también leo a mi hijo libros en papel. El iPad no reemplaza el vínculo de la lectura tranquila y afectuosa de cada noche”.

Más información

Revisa aquí el catálogo digital de Amanuta.

Sigue aquí a Pehuén Digital o revisa su catálogo educativo.

El viernes 22 de abril comienza la primera versión del Diplomado en Literaturas emergentes para niños y jóvenes, de la UC, dirigido por Maili Ow.

La prestigiosa Feria del Libro Infantil de Bolonia creó el año 2012 el premio «Bologna Ragazzi Digital Award» para premiar la literatura infantil digital. En la última versión de esta feria, que se realizó este mes, los libros ganadores fueron Wuwu & Co, en la categoría ficción, y Math doodles attributes, en la categoría no ficción. 

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Pablo Espinosa

Licenciado en Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado, Magíster en Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile y egresado del Magíster en Literatura de la Universidad de Chile. Es uno de los fundadores del proyecto Ojo en Tinta: podcast, revista digital y programa de TV. En la actualidad, trabaja como investigador en la Biblioteca Nacional de Chile.

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