La biblioteca de Camilo Marks

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La narrativa policial fue crucial para el escritor y crítico literario Camilo Marks, quien creció leyendo los títulos de la colección «El séptimo círculo», dirigida al principio por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. En este recorrido por la biblioteca de Marks, conocemos su época de ladrón de libros y su actual pragmatismo: “Muchos libros están rotos y no sirven para nada y otros, los regalé, porque no me interesa acumular polvo”.

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Desde muy temprana edad me producía un goce estético todo tipo de libros: de arte, de pintura, de historia, de literatura e incluso los tomos enciclopédicos. Este goce viene por el lado de mi madre, quien era española. Ella aprendió inglés después de los 50 años y leía a Shakespeare. Mi madre estaba suscrita a varias colecciones clásicas. Yo, heredé parte de eso. Las obras completas de Balzac, Henri Beyle más conocido como Stendhal, Dostoievski, Tolstói, Dickens, Cervantes, Lope de Vega, entre otros.

Biografía del Crimen es el último ensayo publicado por Marks (UDP, 2014)

Última publicación de Marks

Mi padre estaba suscrito a revistas, ya que en esa época no había televisión. A la casa llegaba la colección «El séptimo círculo»- en referencia a las almas que mueren por la violencia en La divina comedia– de narrativa policial. También me regalaban muchos libros de autores como Walter Scott, Emilio Salgari y Mark Twain. Toda esa literatura infantil me abrió otros mundos.

Luego, cuando tuve más consciencia, leí clásicos de Agatha Christie. En 1973 en Chile se leía mucho. Las tiradas eran de 300 mil ejemplares. Tener un libro era símbolo de estatus. Había gente que no leía, pero andaba con un libro en la mano, especialmente las mujeres. Un libro te adornaba, era un accesorio como ahora lo son las carteras, los celulares, los pañuelos o un perfume Armani. Era lo máximo. Estaba de moda el color morado y Rayuela de Cortázar. Ahora pasa todo lo contrario, si hay alguien con un libro como el que tengo ahora, la gente lo encuentra lo más latero que hay (se refiere a una biografía de Mao: La historia desconocida, escrita por Jung Chang y Jon Halliday que tiene más de mil páginas).

En 1973 en Chile tener un libro era símbolo de estatus. Había gente que no leía, pero andaba con un libro en la mano. Un libro te adornaba, era un accesorio. Ahora pasa todo lo contrario.

Cuando estaba en el colegio, mi biblioteca tenía libros robados de la librería Universitaria. La mujer de Luis Paco Rivano, Beatriz Medina, me dice hasta el día de hoy: “Te teníamos pánico”. De hecho, dos veces llamó a la asistente social de mi colegio para tratar de que me cancelaran la matrícula. Me pillaron una vez, eso sí. Buscaba autores como Borges, Cortázar, Rulfo y Fuentes. También leía mucha literatura francesa de la post-guerra como Sartre, Camus, entre otros ,y literatura inglesa como Virginia Woolf, D.H Lawrence y James Joyce.

Mi padre era contratista por lo que nos cambiábamos mucho de casa por sus negocios, pero siempre hubo una biblioteca. En una oportunidad nos mudamos a Valdivia, a un departamento donde está el Centro Español, formado por mi padre. En el tercer piso, había dos departamentos. Antes uno era parte de un juzgado y él lo transformo en 1.200 metros cuadrados para que fuera nuestro hogar. Mi pieza era el doble que el departamento que tengo ahora en Plaza Italia y teníamos una gran biblioteca. Recuerdo que cada vez que nos cambiábamos de casa mi padre contrataba maestros que hacían todo de nuevo, y entre eso me hicieron un mueble de alerce especialmente para mi, todavía tengo algunos estantes. Me hicieron una estantería donde tenía todos los libros ordenados alfabéticamente.

La relación que tengo con un texto escrito es totalmente distinta a la relación que tengo con una persona cuando comparto. Es una relación contigo mismo. Alguien dijo que la mejor forma de ponerse en el lugar de otra persona era leyendo una buena novela. Eso sucede cuando hay un texto donde me olvido de mí y de mi egocentrismo. Somos una sociedad donde está implantado el eslogan del “yo primero, yo segundo y yo tercero” como si nadie más importara.

Un buen libro te lleva a otros lugares: a Japón, a los barrios bajos de Nueva York, aunque no hayamos ido a esos lugares.

Hay tres libros que me han marcado en mi vida. Amor se escribe con hache, del español Enrique Jardiel Poncela, que era de la época franquista, verdaderamente alucinante. Otro es El bastardo recalcitrante de Tom Sharpe. Me hizo reír mucho y, por último, Los 60 relatos de Dino Buzzati. Ninguno los he podido encontrar de nuevo.

Ediciones como fortuna

En mi época de adolescente, fui muy bibliófilo y bibliómano. Era de juntar en demasía libros, como hay gente que junta monedas, ropa o estampillas y ni siquiera las mira. El padre de una amiga, que era muy bibliófilo, me regaló la primera edición de Ulises de Joyce. También tuve la primera edición de Cien años de soledad de García Márquez, recomendado por un amigo. En la portada hay un barco entrando en la selva. De hecho, la importadora Liberalia me dijo que me la compraban en 50 mil dólares por un encargo que le solicitaba una universidad norteamericana. ¡Eso pagan por la primera edición!, pero se la terminé vendiendo a un tipo que me ofreció 1000 dólares.

Tengo libros del siglo XVIII. La primera edición en español de Emilio de Rousseau y un libro llamado Las relaciones peligrosas. Otro es un libro hecho a mano por Jean Cocteau y la primera edición de El siglo de las luces y Los pasos perdidos de Alejo Carpentier. De autores chilenos, tengo la primera edición de Coronación de José Donoso. ¡Sé que vale mucho! Pero, soy sincero, las primeras ediciones y todo ese cuento, ya no me interesa.

Una biblioteca es un torbellino donde hay pasión, intelecto, odio y amor.

El quiebre se produce cuando comienzo a hacer crítica literaria en el año 88 en la revista Apsi. Comencé a leer mucho más para hacer crítica en El Mercurio y La Tercera. Tengo muchos libros no solo en las paredes, eso lo describo en mi libro La sinfonía fantástica, sino que hasta en el walking-clóset. Incluso, ahora estoy regalando muchos libros porque me estorban. Antes me parecía algo bello. Ahora viviría en un ambiente con muy pocos libros, porque juntan mugre y polvo. El papel se coloca amarillo y se rompen. Aunque tengo claro que la tecnología va a destruir al arte y a los libros. Una biblioteca es un torbellino donde hay pasión, intelecto, odio y amor.

Solo me interesa conservar libros como La Enciclopedia Británica, ahí sale la mejor biografía corta de Alberto Blest Gana en inglés con monografía, por ejemplo. También los libros en inglés como diccionarios, enciclopedias, sobre historia de la literatura o de crítica no me deshago porque escribo con eso, y los uso mucho.

Hace cinco años atrás, hice un testamento y le dejé mis libros a la biblioteca de la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales.

Autor: Luis Mario Venegas (9 Entradas)

Periodista y Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales. Esta sección es parte de su tesis “Vivir con libros: Bibliotecas personales de 13 escritores chilenos”.


 

Un comentario para “La biblioteca de Camilo Marks

  1. jorge venegas ramirez

    Los hombres construyen sus vidas con pasion sueños y pesadillas. Creo que este autor ve en los libros una parte de su vida. Emocionante de buena lectura y no solo los libros acumulan «polvo»si no tambien los pensamientos.

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