La biblioteca de Carla Cordua

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Carla Cordua tiene una casa, junto a su esposo, Roberto Torretti, de cerca de 400 mts². Un espacio donde gran parte de los muebles son libreros, que guardan los más de 5.000 títulos que posee esta pareja de filósofos. Aquí conviven los escritores Kafka, Tolstoi y Borges, con los pensadores Foucault, Kant y Hegel.

Roberto Torretti y Carla Cordua

Crédito foto: Diario La Tercera

Mis padres leían mucho y siempre hubo en la casa una biblioteca. Así que el tener una no es invento mío, sino que más bien continúe una costumbre que estaba incorporada en el ambiente donde me crié. Tener libros era como tener sillas, mesas o camas. Había libros por todas partes.

Aprendí a leer sola. A los 4 años preguntaba por el nombre de las letras y me gustaba descifrar lo que se decía en los diarios. Por otro lado, mis padres siempre estaban dispuestos a comprarme libros. Estaba suscrita a El Peneca. Un favor muy grande, ya que me gustaba leer.

En mi casa había libros que mis padres decían que no leyéramos. Esos libros leía de noche a escondidas.

En mi casa había algunos libros que mis padres decían que no leyéramos. Esos libros me daban más ganas de leerlos e incluso los leía de noche a escondidas. Eran libros traducidos al español de autores norteamericanos que hablaban de la conquista del Oeste.

En el colegio nos hacían leer libros con mucho contenido moral, como le gusta recomendar a los profesores. Por ejemplo, Corazón de Edmundo de Amicis.

En la universidad fue donde sentí la necesidad de disponer de libros de consulta. Sentí la presión de ampliar el número de libros que tenía, sobre todo de incluir diccionarios, enciclopedias y libros que no son para leerlos de tapa a tapa, sino que son libros que se consultan cuando uno necesita un dato o que contienen información ordenada, ya sea de forma alfabética o histórica. También bibliografías, que son listas de libros sobre un tema en específico. Por ejemplo, libros sobre estética o libros sobre introducción a la filosofía. Eso es básico para cualquier estudio.

Asimismo, adquirí algunos autores que hoy no los lee nadie. Por ejemplo, leí en español todo Dostoievski y todo Tolstói. También, cuando aprendí alemán, leí muchos rusos traducidos en ese idioma. Son muy distintas y mejores las traducciones de rusos en alemán que en español. Leí diarios de vida, cartas y cosas con respecto a la vida de ciertos autores. Leí mucha literatura francesa, inglesa e italiana. Me gustan mucho los autores realistas italianos de finales del siglo XIX.

No soy bibliófila. No tengo una relación supersticiosa con los libros. Ni siquiera con los que he escrito.

Actualmente leo novelas sobre la persecución de los judíos por parte de Franco, Mussolini y Hitler. Tengo mucho interés por saber el tipo de vida que llevaban las personas debido a las persecuciones políticas que les hacían y saber cómo lograron exiliarse en América Latina y del Norte.

No soy bibliófila. No tengo una relación supersticiosa con los libros. Ni siquiera con los que he escrito. Con tal de que no se desprendan las hojas, todo bien. Lo que me importa es que tengan buen empaste. Me da lo mismo la curiosidad histórica o buscar una edición que sea de tal siglo.

Esclavos de la biblioteca

La relación que tengo con mi biblioteca es directa, porque preparo clases a partir de cierta recolección que hago de datos. Muchas veces ocupo los libros para confirmar fechas o lugares de publicación de ciertos libros sobre las que no estoy segura de acordarme del todo. Uno tiene que asesorarse bien de los datos que uno expone o escribe, porque no hay memoria segura de sí misma. La memoria es terriblemente insegura. Aunque crea tener buena memoria, me equivoco todo el tiempo.

La biblioteca es la casa de uno. Por otra parte, los libros son los miembros de la familia con los que más trato. Incluso, mucho más que mis padres o hermanos. Mi marido a veces dice: “Nosotros muchas veces somos los esclavos de esta biblioteca y de estos libros”. Primero, porque los libros se extravían, ya que alguien los metió u ordeno mal y los puso donde no deberían haber estado; y segundo, porque los libros se ensucian y hay que limpiarlos una vez al año por lo menos. Los libros se desbaratan, se rompen por fuera y por dentro. Hay que pegar lo que se desbarata. Entonces esa dependencia, lo convierte a uno en un esclavo de ella.

Psrte de la biblioteca personal de Carla Cordua

Parte de la biblioteca personal de Carla Cordua. Crédito Foto: Luis Mario Venegas.

Uno tiene cierta simpatía y afecto por ciertos autores. Con los libros de autores que me interesan, por lo que han dicho y hecho, tengo una especie de relación sentimental. Ahí me interesa tener completa su bibliografía. He conseguido diarios de vidas de ciertos filósofos que no tienen que ver con su trabajo, pero si con relación a cómo fue su vida. Ir más allá de su obra me es indispensable.

En esta casa tenemos dos bibliotecas que se mezclaron. Está la mía y la de mi marido. Acá están los libros que estoy ocupando ahora por mi cuenta. Están las obras de algunos autores. Tengo todo lo de Borges, una colección de poesía chilena editada por la UDP, las obras completas de Miró, un par de obras de Foucault y las obras completas de Kafka.

Los libros son los miembros de la familia con los que más trato. Incluso, mucho más que mis padres o hermanos.

También colecciono fotografías. Ahí está una de Kafka y de Foucault. Tengo una especie de relación personal y de simpatía con ellos, más allá de leer su obra en sí.

Entre mis autores filosóficos que he leído en traducciones están Aristóteles y Platón, porque solo tengo nociones del griego. También, cuando aprendí latín, leí bastante a Santo Tomás de Aquino, que tiene una filosofía sistemática. Asimismo, leí mucho a Descartes, Voltaire, Rousseau y filósofos franceses y alemanes del siglo XVIII. Estudié mucho a Kant, a Hegel y a Heidegger.

Creo que sin dudas, mi biblioteca se la dejaría a alguna universidad. Tengo que hacer un testamento como lo hizo mi amigo, quien falleció hace un par de años atrás, el escritor Alfonso Calderón. Porque no hay una persona privada que se pueda hacer cargo de esta biblioteca.

Sobre Carla Cordua

Nació en Santiago en 1925. Filósofa, ensayista y miembro de la Academia Chilena de la Lengua. En 2011, junto a su marido, el filósofo Roberto Torretti, recibió el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales. Algunas de sus obras son: Luces oblicuas (1997), Cabos sueltos (2003), Incursiones (2007), Once ensayos filosóficos (2010), Descifrando la ocasión (2010) y Pasar la raya (2012).

AvatarAutor: Luis Mario Venegas (9 Entradas)

Periodista y Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales. Esta sección es parte de su tesis “Vivir con libros: Bibliotecas personales de 13 escritores chilenos”.


Un comentario para “La biblioteca de Carla Cordua

  1. Avatarjorge enrique varnegas ramirez

    Siempre es un deleite leer este espacio. El fomento de la lectura con el libro de Papel no es poca cosa en estos tiempos. Construir una bilioteca es parte de la vida misma. Por algo en epocas de autoritarismo, en la historia de la humanidad, los espacios de libros o bibliotecas fueron saqueados y quemados. Arriba con la difusion de la mejor y placentera literatura.

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