Reportajes

La biblioteca de Elicura Chihuailaf

Luis Mario Venegas Por Luis Mario Venegas

Antes que los libros comenzaran a llamarle la atención, un joven Elicura se deleitaba escuchando junto al fogón los relatos de la abuela Rosinda sobre el origen de las cosas. Esa memoria ancestral es la que sigue reivindicando en sus libros este poeta, profesor y oralitor mapuche. En este viaje presenciamos su auténtico sentir por...

Antes que los libros comenzaran a llamarle la atención, un joven Elicura se deleitaba escuchando junto al fogón los relatos de la abuela Rosinda sobre el origen de las cosas. Esa memoria ancestral es la que sigue reivindicando en sus libros este poeta, profesor y oralitor mapuche. En este viaje presenciamos su auténtico sentir por la otredad: “Me agrada el aprendizaje de escuchar, por lo tanto, veo los libros de mi biblioteca como una conversación”.

Elicura Chihuailaf. Crédito foto: Revista Paula

 

Los libros nos llegaron igual como nos llegaron las bicicletas, los tractores o cualquier otro artefacto. Accedí a ellos a través de mis padres y tíos, quienes tenían una relación directa con los libros porque eran profesores rurales. Cada vez que salían de la comunidad e iban a la ciudad compraban periódicos y libros. Cuando aprendí a leer, a temprana edad, me comenzó a interesar mucho ese mundo.

El primer libro y el más importante para nosotros los mapuche, es el de la naturaleza. En ese sentido, los libros son una parte de ese gran libro que es el universo y la naturaleza. Desde allí surgen los relatos, las adivinanzas y los consejos que hacen los Mayores. Así, todos los libros nos ayudan a interpretar los Sueños.

A medida que fui creciendo me comenzó a llamar la atención que los libros nunca hablaban de nuestro mundo

En mi casa había una biblioteca que formaron mis padres y tíos, la cual perdura en mínima parte hasta el día de hoy. En esos tiempos era muy complicado ir a la ciudad porque los caminos eran muy malos. En mi Casa Azul de dos pisos que tenemos todavía esos libros dialogan entre sí.

Pero, por otro lado, a medida que fui creciendo me comenzó a llamar la atención que los libros nunca hablaban de nuestro mundo. Además, tampoco había libros que fueran de autores mapuche, razón que me llevó a ver el libro como parte de la denominada ‘otredad’.

Me importaron los otros u otras culturas, a través de las lecturas que nos hacía mi mamá, gran lectora, y mi papá, gran oralitor, quienes nos enseñaron el tránsito entre la tradición oral y la escrita. De hecho, nosotros pasábamos la mayor parte del día, alrededor del fogón, en nuestra ruka mapuche pewenche en nuestra comunidad de Kechurewe, que ya no existe. En ese tiempo vivía -y después nos visitaba frecuentemente-  la tía Jacinta, que nos despertó el amor por el canto y la poesía”.

Leer para aliviar el dolor

Cuando me tuve que ir a estudiar a Cunco y luego a Temuco me motivaba mucho leer solo y en silencio. También, me gustaba leer en la ruka o en la Casa Azul, y escuchar cómo crujía la madera de la casa, cómo sonaban las planchas de zinc, junto a mi hermano Carlitos, que era dos años mayor que yo”.

A los 10 años comencé a refugiarme con más fuerza en los libros porque desapareció mi hermano, mi compañero de aventuras, con quien salía a cabalgar por los bosques. En  una de esas andanzas a Carlitos se le reventó un quiste hidatídico que tenía alojado en el hígado -el que no le había generado síntomas y, desde luego, no había sido diagnosticado. Pasaron varios meses de estadía en el Arriarán, un hospital de niños en Santiago, hasta que una mañana falleció en nuestra casa.

Ese hecho nefasto, ¡tremendo!, hizo que los libros se transformaran en mis compañeros más asiduos; y comencé a leer más seguido, quizás para aliviar el dolor que sentía por su tan pronto viaje. Me convertí entonces en un lector voraz”.

Padres y abuelos de Elicura Chihuailaf. Crédito foto: Revista Paula

Biblioteca como un todo

No sabría afirmar con certeza cuál ha sido el libro que me ha marcado en mi vida, porque todo se matizaba con la oralidad, pero recuerdo las ediciones de los mini libros de la editorial Quimantú, que fueron flores en mi juventud. Disfruté de las obras de Manuel Rojas, González Vera, Nicomedes Guzmán, Pedro Prado, Mariano Latorre, Edesio Alvarado, María Luisa Bombal, Eduardo Barrios y Francisco Coloane. De mi infancia recuerdo ese día hermoso en que mi padre me regaló Emilio y los detectives, de Erich Kastner. Luego, Corazón de Edmundo de Amicis y El Principito de Antoine de Saint Exupèry, por nombrar algunos.

Recuerdo las ediciones de los mini libros de la editorial Quimantú, que fueron flores en mi juventud

Me agrada el aprendizaje de escuchar, por lo tanto, veo los libros de mi biblioteca como una conversación. Como no siempre existe esa posibilidad de estar presencialmente, prefiero rememorar mi espíritu hacia libros que son interlocutores permanentes y occidentales como Gorki. La guerra de los mundos, de H. George Wells. Otro que releo  es El padre de Olegario Lazo y El vaso de leche de Manuel Rojas. Retratan valores y cosas que se han ido perdiendo en esta “modernidad”. También me conmueven mucho Las rondas de Gabriela Mistral. Es tan sencillo, prístino y profundo lo que dice ella.

Actualmente, por razones de trabajo, los libros de mi biblioteca los ordeno por temática. Trato de no sistematizar la instalación de los libros. Por ejemplo, los que tienen que ver con el mundo nativo en general, los coloco en uno o dos anaqueles dependiendo lo que abarque. En otro pongo narrativa chilena, en otro narrativa en general, en otro está la poesía.

Biblioteca del poeta

También hay anaqueles donde están los libros que me regalan y tienen un valor especial. Luego un estante empotrado en la pared seguido de dos estantes enfrentados y desordenados con películas y discos.

Están también ahí algunos de mis autores preferidos, algunos libros de autobiografías y algunos ensayos como el de mi amigo Jaime Valdivieso: Chile: un mito y su ruptura”. También, Luis Vullimay Piam con Los rayos no caen sobre la hierba; José Bengoa, Historia del pueblo mapuche y Pablo Neruda, especialmente su artículo Nosotros los indios. Así, también, algunos escritores mapuche como: Graciela Huinao, María Isabel Lara, María Teresa Panchillo, David Aniñir y César Millahueique y oralitores como: Lorenzo Aillapán, Leonel Lienlaf, Jacqueline Caniguán y Ricardo Loncón.

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Luis Mario Venegas

Periodista y Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales. Esta sección es parte de su tesis “Vivir con libros: Bibliotecas personales de 13 escritores chilenos”.

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