Entrevistas

La importancia de mirar, entrevista a Emilio Urberuaga

María José Ferrada Por María José Ferrada

Emilio Urberuaga es el ilustrador del personaje infantil español Manolito Gafotas. Ha ilustrado textos también de Julio Cortázar y le encantaría ilustrar libros de Oscar Wilde. María José Ferrada conversa con él sobre lo que ha cambiado (y lo que ha permanecido) en su oficio.  Su recomendación para un ilustrador que comienza: «Que observe, que...

Emilio Urberuaga es el ilustrador del personaje infantil español Manolito Gafotas. Ha ilustrado textos también de Julio Cortázar y le encantaría ilustrar libros de Oscar Wilde. María José Ferrada conversa con él sobre lo que ha cambiado (y lo que ha permanecido) en su oficio.  Su recomendación para un ilustrador que comienza: «Que observe, que cuando esté sentado en el bar con los amigos deje dos minutos, 120 segundos para mirar el movimiento de un pájarillo que está por ahí cerca».

El personaje Manolito Gafotas fue creado por Elvira Lindo. Emilio Urberuaga ha ilustrado, desde 1994, los ocho libros de esta saga.

Emilio Urberuaga (Madrid 1954), Premio Nacional 2011, comenzó su trayectoria como ilustrador en el año 1982. De su mesa de trabajo han salido imágenes tan entrañables como las que acompañan la edición ilustrada del Discurso del Oso (El Zorro Rojo), escrito por Julio Cortázar, Las Cuatro Estaciones (Kalandraka) y ¿Qué hace un cocodrilo por la noche? (Kókinos) entre muchos otros. Para los niños es españoles es ante todo, el ilustrador de Manolito Gafotas, un personaje muy conocido y querido por ellos, algo así como el equivalente a nuestro Papelucho, pero conun par de lentes a los que debe su nombre.

Emilio Urberuaga

Emilio es un gran conversador y escucharlo es un agrado. Conoce como pocos el oficio y ha visto los cambios que éste ha experimentado durante los últimos treinta años. Sobre esos cambios y las cosas que según su visión, permanecen en el tiempo, hablamos en esta entrevista.

—Llevas mucho tiempo en el oficio ¿crees que ha cambiado mucho?

—No, creo que no ha cambiado tanto. Hay excepciones, claro y creo que hoy la mente puede estar un poco más abierta para recibir determinado tipo de imágenes que hace 20 años no habrían sido bien recibidas o no habrían sido entendidas. Pero por otro lado, te das cuenta que los maestros sigue vigentes, ejemplos puedo darte muchos: Kveta Pacovska, Quentin Blake, Eric Carle, Maurice Sendak, David McKee. Y pasa que los ilustradores nuevos por lo general tienen padres gráficos, donde reconoces la huella de los grandes maestros.

—¿Qué pasa con la llegada de lo digital?

—Creo que ha sido una revolución para bien y para mal. He visto como ha mejorado el tema en los últimos años, hemos pasado de los colores montados de los primeros años, a paletas espléndidas como las de Gabriel Pacheco, un trabajo de una elaboración brutal.

—¿Cómo ves la relación texto ilustración?

—Para mí la fidelidad al texto es fundamental. He escuchado a ilustradores decir textualmente que el texto les importa tres pepinos porque ellos lo que harán seráilustrarlo. Para mí no funciona así, hay alguien que tuvo una idea, la ha puesto en en palabras y tú compromiso no sólo con el autor, sino también con el editor, es trabajar con un gran respeto por esa idea inicial y hacerlo lo mejor posible, claro.

—¿Existen textos que no se pueden ilustrar? ¿qué pasa con la poesía?

—Yo creo que todo se puede ilustrar. De hecho mi sueño sería que me contraten para ilustrar diariamente el Diario Oficial. Lo que sucede con la poesía es que probablemente el resultado será más conceptual y puede ser que materializar esa imagen que se forma en tu cabeza cuando lees, por ejemplo, Poeta en Nueva York (de Federico García Lorca) puede ser dificilísimo. Por que son imágenes que te golpean y plasmarlas…

—¿Cuál es la diferencia a la hora de trabajar con un libro álbum versus un libro ilustrado?

—Creo que básicamente se trata de una diferencia de ritmo. En un libro ilustrado intentarás hacer un corpus que sea lo más homogéneo en el sentido positivo de la palabra, pero no es lo mismo que un álbum, donde tienes que mantener una intensidad narrativa a nivel de imagen que es diferente.

—¿Qué le recomendarías a un ilustrador que comienza?

—Que observe, que mire, que cuando esté sentado en el bar con los amigos deje dos minutos, 120 segundos para mirar el movimiento de un pájarillo que está por ahí cerca: qué hace, hacia dónde va. A veces te encuentras con esos benditos personajes que se te cruzan por la calle de la ciudad, que parece que fueran extras de una película, esa gloriosa señora con el gorro rosa, con el bastón y ese pelo…además lleva un cigarrillo ¿te das cuenta de la maravilla que es eso? Hay que fijarse mucho, es que no hay más consejo que ese.

—Alguna vez dijiste que para ilustrar no es necesario saber dibujar

—Y lo creo. Tienes como ejemplo Un Libro, de Hervé Tullet, o Pequeño Azul, Pequeño Amarillo de Leo Lionni, una historia ilustrada que a mí me parece soberbia. Vuelvo a lo anterior lo importante es mirar. Si dibujas una silla, dibuja una silla que conozcas, intenta aproximarte a la realidad para luego, obviamente, desvirtuarla.

Yo no soy de dar consejos, dios me libre, pero si alguien está comenzando le diría también que si algo le sale bien a la primera lo rompa, esa renuncia ha sido uno de mis principales aprendizajes. Porque si no eres capaz de volver a eso con la misma intensidad, con la misma soltura, si no puedes mantener ese ritmo, mejor será que hagas un libro modesto pero que todo responda a una lógica a y a un mismo ritmo.

—Por último ¿hay algún libro que te gustaría ilustrar?

—Me habría gustado ilustrar La Rebelión en la Granga, pero ya lo hizo Ralph Steadman y lo hizo tan pero tan bien. Los clásicos en general me gustaría ilustrarlos: Italo Calvino, Oscar Wilde.

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María José Ferrada

María José Ferrada es periodista y escritora de libros infantiles. Su trabajo ha sido publicado en Chile, Brasil, Argentina y España, y ha sido premiado tanto en nuestro país como en el extranjero.

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