Reseñas

Libros puertas adentro: 3 recomendaciones para leer en cuarentena

Macarena Pagels Por Macarena Pagels

Tres recomendaciones que se construyen en torno a lo común, a lo íntimo y a las vidas familiares de diferentes tiempos y latitudes. Lecturas especiales para estos meses de confinamiento. [Créditos portada: Eterna Cadencia]

Los últimos meses de confinamiento que a muchos nos han remecido y han desencajado nuestro esquema de vida habitual, se han convertido en instancias de reflexión que nos hacen mirar de nuevo lo que tenemos más a mano: nuestro mundo cotidiano. Esto me hace pensar en los relatos que se construyen en torno a lo común, a lo íntimo y familiar, a los espacios interiores y los hábitos domésticos, transcritos por la pluma de diversos escritores y buenos narradores que miraron con atención su entorno y lo plasmaron con soltura y originalidad. Esto es lo que tienen en común las tres recomendaciones que comparto aquí.

La escritora Natalia Ginzburg recuerda los días de la posguerra en la ciudad de Turín y apunta sobre el estado de la escritura en ese entonces: “era necesario volver a escoger las palabras, a escrutarlas para sentir si eran falsas o auténticas, si tenían verdaderas raíces en nosotros o si tenían tan solo las efímeras raíces de la ilusión general”. La guerra, la persecución racial que vivió por su origen judío y el exilio de su ciudad de residencia es uno de los grandes capítulos que marcaron su vida y que plasmó en su libro de memorias Léxico familiar (Lumen, 2020).

Publicado originalmente en 1963, este libro de carácter autobiográfico puede leerse como una novela. Para muchos es considerado una de sus grandes obras y un vivo relato de cómo la escritora se formó como persona y gran lectora. La novela de Natalia Levi, quien tomará prestado el apellido de su marido Leone Ginzburg, reúne las memorias de su vida familiar durante su infancia y juventud. El relato avanza y nos habitúa al campo semántico de su núcleo familiar a tal punto que nos sentimos como un pariente lejano que va de visita a la casa de sus seres queridos. 

Todas las familias tienen un código propio que se mantiene y alimenta con el tiempo. Frases, expresiones, temperamentos, modos de ver la realidad. En la familia de los Levi este léxico se cruza con el nuestro, de alguna manera nos hace evocar nuestros propios recuerdos. Nos habituamos a él en la medida que nos adentramos en su mundo y conocemos a cada miembro de la familia. Sonreímos con mucha complicidad cuando el padre Beppino, de fuerte y estricto carácter, dedicado por entero a la ciencia y amante de la naturaleza, pero enemigo de la música, la poesía y los chistes impacientemente reclama: “dejad esa historia. ¡La he oído ya muchas veces!”. O soñamos junto con su madre Lidia, que siempre tiene una mirada optimista de la vida y le alegraba contar historias, porque amaba el placer de narrar. “Oh, pobre Lidia”, se compadecía de sí misma por los problemas que tenía. A este conjunto sumamos a los hermanos mayores, Paola, Alberto, Mario y Gino, y a todos los amigos y parientes que toman su lugar en cada episodio de su vida. 

Lo que se comenta en la mesa, durante la comida, las frases que coronan los rituales íntimos o las palabras que se deslizan durante los quehaceres de la vida doméstica, conforman una antología propia que Natalia Ginzburg plasma de manera lúcida, tomando distancia, pero a la vez muy cercanamente sobres sus páginas.

Podemos evocar vidas familiares de otros tiempos y latitudes. La vida puede ser monótona y marchar al ritmo que cada uno le dicta. Otra mirada de lo cotidiano se nos ofrece aterrizando al sur de Chile y sus paisajes grises y húmedos que plasma Marcelo Lillo en sus relatos, quien a sus 60 años vive en Valdivia en la localidad de Niebla. 

(Lumen, 2018)

De vez en cuando, como todo el mundo (Lumen, 2018) es una antología de cuentos del escritor chileno, quien a los 50 años de edad estrenó su primera publicación literaria: El fumador y otros relatos (2008). A más de una década, los cuentos de esta y otras obras del escritor son reunidas en este volumen.

Para muchos lectores la pluma de Lillo ha resultado ser todo un descubrimiento literario. En sus cuentos habita una atmósfera invernal cargada de bruma y paisajes lluviosos por el que transitan personajes desempleados, con problemas matrimoniales o con episodios indeseados que marcaron sus vidas. Pero, pese a este panorama nada alentador las voces que acompañan cada narración no suenan a autocompasión ni lástima por la situación que enfrentan, sino más bien espectadoras y algo resignadas a lo que se les presenta, incluso con un toque de humor negro. El dolor, la angustia o el vacío que pueden suscitar estas escenas es un cuadro que el lector tendrá que juzgar si así lo decide.

El lenguaje es preciso y sin rodeos, diálogos que ocurren en el tiempo y espacios de lo cotidiano. No hay frases grandilocuentes ni clisés que intenten sobrecargar o transformar esta atmósfera gris en algo emotivo y conmovedor. Al mismo tiempo, no hay lugares con nombre y apellido, permiten al lector situarse desde su propia experiencia en cada uno de sus ambientes.

“El fumador” abre esta antología y nos presenta la historia de un sujeto que sale por la noche a despejarse de sus conflictos matrimoniales coincidiendo, por mera casualidad, con un escritor itinerante. A través del diálogo, sentados en la mesa de un restaurant de carretera, se desarrolla una historia que atrapa desde el primer momento con algo de intriga y sospecha hacia este personaje. En “No era mi tipo” encontraremos la cita textual que otorga el título a esta antología: “¿Eres feliz? —De vez en cuando, como todo el mundo”. “Apaga la luz” es otro de los cuentos que incluye el volumen y nos sacude de manera sorpresiva: un matrimonio pasa sus días en una cabaña, pero una repentina declaración de la mujer cae como un rayo sobre la noche.

La cotidianidad puede ser monótona, a veces. Hasta los problemas que se presentan pueden sorprendernos en una actitud de absoluta impasibilidad. Estos son los personajes que habitan los relatos de Marcelo Lillo. Pero también lo cotidiano puede ser una fuente de ficciones y fantasías que dan vida a grandes melodramas. Imaginar la posibilidad de convivir con alguien en una gran mansión sin jamás llegar a enterarte de ello es la idea que dio vida a la novela Rabia (Laurel Editores, 2018) del argentino Sergio Bizzio, una historia que nos invita a explorar los límites del encierro de un hombre que busca salir libre de un crimen que se la ha acusado.

La novela fue publicada por primera vez el año 2004, pero llegó a Chile gracias al trabajo de la editorial independiente Libros del Laurel en el año 2018. Sergio Bizzio es argentino, nació en Villa Ramallo en el 1956 y es escritor, músico, dramaturgo, productor, guionista y director de cine. 

La historia se presenta como un melodrama muy bien narrado y estructurado, como un guión de película que nos cautiva poco a poco y nos atrapa hasta que cerramos el libro en su última página. Comienza con una historia de amor en un barrio acomodado de la ciudad de Buenos Aires, pero sus protagonistas serán la clase trabajadora representada por Rosa, mucama de la mansión de una acaudalada familia, y José María, obrero en una construcción cercana. Se conocen haciendo la fila en el supermercado del barrio, donde un flechazo a primera vista se convierte en un noviazgo de días sábados y encuentros en un hotelito durante sus horas libres.

La historia de Rosa y María, como lo llaman comúnmente, transcurre en la cotidianidad del barrio donde trabajan y bajo ciertos códigos que son propios de un clasismo de barrio alto: discriminación, injusticia e incluso violencia. En la vida de ambos personajes estos son elementos comunes y especialmente en la de María, quien por alguna razón es foco de hostilidades para otros hombres y en especial para su jefe, el capataz de la obra. La odiosidad entre ambos termina con María siendo acusado de la muerte del capataz y buscando refugio en la mansión donde trabaja Rosa.

María se las arreglará para que ni Rosa ni nadie de la familia de los Blinder se dé cuenta de su presencia dentro de la casona. La situación de encierro que vive María en aquella casa es el tópico que atraviesa la novela y que pone en jaque ciertas convenciones que han sido aceptadas socialmente. En su condición de fantasma, María pone en ejercicio diversos momentos reflexivos que lo hacen divagar sobre cuestiones existenciales, como descubrir que por primera vez una vida donde no tiene que trabajar duramente y dispone de un verdadero “tiempo libre”.

Lo que comienza como el gran giro que toma la historia, pronto se vuelve más profundo y oscuro respecto de la psicología de sus protagonistas y pone a prueba la posibilidad de vivir con y a costa de otros para siempre, a cambio de anularse como un individuo que participa de la vida en sociedad.

Esta emocionante y ágil historia se vale de un escenario cotidiano para crear una obra que fantasea con los límites de lo posible. Durante mucho tiempo el trabajo del escritor argentino no se conoció en nuestro país, de hecho, como se lee en la biografía del autor impresa en solapa del libro “hemos perdido demasiado tiempo sin conocer a Bizzio”. Esto puede ser una invitación directa a sumergirnos en las páginas de esta novela.

El escritor Sergio Bizzio. Créditos: Laura Ortego, visita.com.ar
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Macarena Pagels

Licenciada en Historia y diplomada FLIJ. Es parte de La Fuente desde el año 2016, trabajando junto a encargadas de biblioteca y comunidades escolares del sur de Chile. Actualmente es Coordinadora de educación y comunidad.

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