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Lisboa del desasosiego: la capital portuguesa según Fernando Pessoa (parte 1)

María Jesús Blanche Por María Jesús Blanche

En 1925, el poeta Fernando Pessoa escribió la guía “Lisboa: lo que el turista debe ver”, un texto que nos acompañó en nuestro recorrido por la capital de Portugal. [Créditos portada: María Jesús Blanche]

Nos dijeron que lleváramos abrigo, que el frío por allá nos calaría los huesos y nos obligaría a reducir nuestros paseos, amenazadas por las bajas temperaturas y los días más cortos. Con ese temor llegamos desde Sevilla hasta Lisboa, trasladándonos en un bus que nos dejaría a las 5 am en la estación de trenes de la ciudad, donde confluyen también buses y una de las líneas del metro. Allí, a la espera de que comenzara a funcionar el transporte público, revisamos la ruta para los próximos días. El plan: conocer la capital de Portugal guiadas por su escritor más célebre, Fernando Pessoa.

Nacido en 1888, en Lisboa, el mayor poeta en lengua portuguesa era un amante de su cuidad. Luego del segundo matrimonio de su madre, se trasladó junto a su familia hasta la ciudad sudafricana de Durban, donde recibió una educación británica que le permitió aprender inglés y conocer autores como William Shakespeare, Edgar Allan Poe, Percy Shelley, entre otros. Sin embargo, en 1905, a los 17 años, decide abandonar a su familia para regresar definitivamente a la capital portuguesa. Es allí, en su querida Lisboa, donde desarrollará una vasta obra literaria marcada por la creación de más de setenta heterónimos.

Escrita hacia 1925 por encargo, Lisboa: lo que el turista debe ver fue una guía para recorrer la ciudad creada por Fernando Pessoa, en un estilo simple y cercano, especialmente para quienes llegan en barco. Como no era nuestro caso, decidimos comenzar por aquellos lugares del recorrido que estaban más cerca del sitio donde estábamos alojando.

Es así como, aprovechando las pendientes que dan vida a esta ciudad, decidimos visitar el Mirador Nuestra Señora del Monte –donde, según el poeta, se encuentra una de las vistas más hermosas de Lisboa–, para luego hacer una parada en el Mirador de Gracia y posteriormente continuar el recorrido hacia el barrio del Alfama, donde se encuentra el Mirador de Santa Lucía. Conocer Lisboa a partir de sus miradores, poder observar y sorprendernos por la amplitud de la ciudad y sus colores en tonos anaranjados, fue la mejor carta de presentación de esta ciudad que tanto inspiró al autor del Libro del desasosiego.

Vista de Lisboa desde el Mirador de Gracia. Créditos: María Jesús Blanche.

“En ciertos momentos muy claros de la meditación, como aquellos en que, al principio de la tarde, vago observador por las calles, cada persona me trae una noticia, cada casa me ofrece una novedad, cada letrero contiene un aviso para mí. Mi paseo callado es una conversación continua, y todos nosotros, hombres, casas, piedras, letreros y cielo, somos una gran multitud amiga, que se codea con palabras en la gran procesión del Destino”.

Continuando nuestro recorrido por el barrio de Alfama, caminamos para conocer la Catedral de Lisboa, la iglesia más antigua de la ciudad, que data de 1147. Sobreviviente de varios terremotos, esta construcción es resultado de distintos estilos arquitectónicos, como el gótico y el barroco, con predominio del estilo románico. Ejemplo de ello es el hermoso rosetón que decora la fachada del lugar.

Como la tarde avanzaba y el cielo nos anunciaba la proximidad de la lluvia, decidimos subir a un tranvía para trasladarnos hasta la Rua Coelho da Rocha 16, donde se encontraba el principal destino de la jornada: la Casa Fernando Pessoa, lugar donde vivió el poeta durante sus últimos años de vida.

Fernando Pessoa retratado en las calles de Lisboa. Créditos: casafernandopessoa.pt

En tres pisos, esta casa museo cuenta con una biblioteca abierta, con espacios de lectura y estudio, además de una colección especializada en poesía mundial y la obra del poeta portugués. Mantiene, además, una exposición permanente que nos acercó a los juegos literarios del autor. En una de las primeras salas, por ejemplo, manuscritos y audios dan a conocer las biografías y particularidades de sus heterónimos más reconocidos –incluso con detalladas descripciones zodiacales–: Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos o Bernardo Soaes.

Junto con la exhibición de obras de arte que lo retrataron, como la famosa pintura de Almada Negreiros (1964) o los dibujos de Júlio Pomar, este centro cultural reproduce el plano del apartamento que habitó el poeta durante 15 años y donde pudimos ver algunos documentos y objetos de su pertenencia.

La exhibición dedicada a Fernando Pessoa es acotada, sin embargo, logra honrar la figura de quien fuera una persona modesta en la vida pública y que valoraba la permanencia en un solo lugar en favor del desarrollo de su amplio mundo interior: “Mío, solo siento una incapacidad enorme, un vacío inmenso, una incompetencia respecto de todo lo que la vida es. No sé los gestos para ningún acto real. Nunca aprendí a existir”.

Allí, rodeadas por objetos que construyeron su intimidad –sus pequeños y distintivos anteojos, manuscritos, fotografías de infancia y algunos muebles de su habitación–, llegamos al final del recorrido de ese día lluvioso, que terminó con las palabras de su último texto escrito en inglés, idioma que aprendió durante sus años en Durban: I know not what tomorrow will bring

No sé lo que traerá el mañana… fueron las últimas palabras escritas por Fernando Pessoa, en 1935. Créditos: María Jesús Blanche.
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María Jesús Blanche

Licenciada en Letras Hispánicas y diplomada en Edición. Actualmente se desempeña como encargada de Comunicaciones en La Fuente.

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