Marcela Carranza: La poesía y la resurrección del mundo

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La cordobesa Marcela Carranza (1968) —maestra, Licenciada en letras y Máster en libros y literatura para niños por la Universidad Autónoma de Barcelona— fue la encargada de inaugurar el primer simposio Troquel, Libros y lecturas para la infancia. El simposio se realizó los días 27 y 28 de octubre en la Feria del Libro de Santiago 2015. A continuación reproducimos íntegramente la ponencia de Carranza, llamada «La poesía y la resurrección del mundo».

carr

hay cosas
que no tienen nombre
y son más reales por eso

—María Negroni.

El título de esta ponencia suena algo grandilocuente, quizá no es el mejor título, estoy segura de que no lo es, pero sin pretender justificarlo debo decir que surgió de un párrafo en una conferencia muy hermosa de Borges: “El enigma de la poesía”, pronunciada en 1967.

Aquí va el párrafo en cuestión:

“Hablando del obispo Berkeley (…), me acuerdo de que escribió que el sabor de la manzana no está en la manzana misma –la manzana no posee sabor en sí misma- ni en la boca del que se la come. Exige un contacto entre ambas. Lo mismo pasa con un libro o una colección de libros, con una biblioteca. Pues ¿qué es un libro en sí mismo? Un libro es un objeto físico en un mundo de objetos físicos. Es un conjunto de símbolos muertos. Y entonces llega el lector adecuado, y las palabras –o, mejor, la poesía que ocultan las palabras, pues las palabras solas son meros símbolos- surgen a la vida, y asistimos a una resurrección del mundo».

En esta conferencia Borges insiste en decirnos que la poesía no está en los libros, que los libros son sólo ocasiones para la poesía. “Buscamos la poesía; buscamos la vida. Y la vida está, estoy seguro, hecha de poesía. La poesía no es algo extraño; está acechando, como veremos, a la vuelta de la esquina. Puede surgir en nosotros en cualquier momento.”

El libro en sí mismo es tan solo un objeto físico, las palabras, símbolos muertos. Es la llegada del lector adecuado, del encuentro entre ese lector y ese libro el que permite aquella alquimia donde la poesía emerge de las palabras, y entonces no sólo las palabras cobran vida, es el mundo el que resucita.

La poesía como experiencia, el suceder de la poesía.

Los libros, también señala Borges, no son objetos inmortales a venerar, sino más bien ocasiones para la belleza. Pero la belleza, la poesía está allí, más allá del libro, más allá de las palabras inclusive, dispuesta a asaltarnos en cualquier momento, acechando a la vuelta de la esquina.
Estamos rodeados de belleza, estamos rodeados de poesía. Sólo se trata de poder verla. Borges reconoce su incapacidad para definir a la poesía, pero, esto no significa, señala, que no la conozcamos. Sabemos qué es, lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras.
Muy en consonancia con Borges, el poeta argentino Roberto Juarroz dice:

“La poesía es experiencia. Creo además que es visión del mundo. La poesía siempre es decir de otra manera. Este ‘decir de otra manera’ es para mí la mayor posibilidad que tiene el hombre. ¿En qué consiste el símbolo? Simplemente, en la posibilidad de decir una cosa mediante otra. La posibilidad de que algo diga otro algo. Esa otredad que radica en las cosas, pero que está en la entraña, es la médula de la poesía”.

Debajo de mi almohada
duerme el sueño.
Cuando me acuesto,
despacito,
se acurruca como un perro entre mis ojos.

—Edith Vera.

Pero por qué decir esto acerca de la poesía, esa poesía que excede al poema, que excede al libro y a la palabra inclusive, como resurrección del mundo. “Decir de otra manera”… según Juarroz, poner de manifiesto esa otredad que radica en las cosas. Podemos nombrar al mundo de la manera habitual, a la manera de la rutina, con las palabras útiles del intercambio cotidiano. O podemos nombrar el mundo con otras palabras, las palabras de la búsqueda y el silencio, las palabras que persiguen la verdad desnuda, que miran la realidad de manera extrañada, no para confundirnos, sino para nombrar aquello que no se puede nombrar. La búsqueda del misterio, la revelación de lo desconocido.

“El poeta y el poema se encuentran rodeados por lo desconocido. Quien se da cuenta de eso y persigue hacer de lo desconocido algo que se pone delante de la mirada, hace poesía. Y como en todas las grandes cosas de la vida, el amor, la muerte, el dolor, no hay definiciones unívocas, lo que hay es simplemente el hecho concreto y real, inexplicable, y casi imposible de darle forma». (Juarroz)

La poesía para Juarroz es esa tarea de entrar en lo indecible… Porque la poesía es justamente la vía para expresar lo inefable. (Juarroz)

La poesía pone en evidencia nuestra incapacidad para cubrir el mundo con las palabras. Es denuncia de esa incapacidad y a la vez el intento de lograrlo, y en ese intento, siempre infructuoso, radica su felicidad.

Dice María Negroni:

«Por suerte, hay una grieta entre el mundo y el lenguaje. O sea, el lenguaje no alcanza. El significante siempre es menor a lo que puede referir. Entonces, digamos, en la falla o imposibilidad de abarcar, se abre una grieta, que no se puede llenar, nunca. Por un lado, entonces, hay un fracaso en la tentativa de nombrar. Pero, por otro, se puede ver de una manera positiva, porque esa insatisfacción vuelve a relanzar el deseo, que es lo que lleva a querer decir».

Y aquí me permito detenerme: el lenguaje de la poesía, el lenguaje de la literatura, no es el lenguaje de todos los días. Ese “decir de otra manera”, que para Juarroz es la mayor posibilidad que tiene el hombre, es un uso de la palabra diferente. Rebelión de la palabra contra sí misma. Esa dura tarea de penetrar lo indecible. La metáfora, una cosa por otra, no es tan sólo un ornamento o una forma retórica, un modo bonito de decir; es una manera de adentrarnos en el mundo bajo formas menos estandarizadas, más personales, más aventureras y arriesgadas, si se quiere. Formas que en los niños resultan casi “naturales”. De allí que la poesía, la literatura en general, no es sólo una experiencia cultural, un divertimento, un placer; es, y la poesía nos permite verlo con claridad, un modo diferente de conocimiento. Lo que la poesía, y la literatura en general, se proponen es simplemente liberarse de las formas anquilosadas, de las ideas heredades, de las convenciones que entorpecen nuestra aproximación al mundo y a nosotros mismos. Todo lo opuesto a dar y recibir instrucciones para pensar y estar en el mundo.

Explicar con palabras de este mundo
Que partió de mí un barco llevándome

—Alejandra Pizarnik.

Podríamos decir que las palabras de la poesía, las palabras que inútilmente se esfuerzan en dar cuenta de la verdad desnuda, no son las “palabras de este mundo”. No son las palabras en su vida diurna, al servicio del sentido, de la comunicación. Las palabras que cubren el mundo brindándonos la ilusión de conocerlo, como si pudieran dar cuenta de él en forma fehaciente. Son otras palabras, las nocturnas podríamos decir, las que están fuera del lenguaje utilitario, del comercio comunicacional, de las formas rutinarias de nombrar lo real.

Y sobre esta diferencia entre la palabra poética o literaria, y la palabra de la comunicación me quiero detener, porque creo que puede echar luz sobre muchas prácticas de lectura con niños y jóvenes que, a veces plagadas de buenas intenciones, ignoran lo más importante de la literatura, es decir, la rebelión de la palabra poética.

La rebelión de la rosa

una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo

la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos.

—Alejandra Pizarnik.

Vivimos en un mundo cubierto por palabras. Hay quienes piensan, incluso, que esta presencia excesiva de las palabras resulta malsana. En el mundo en el que vivimos los slogans parecen reemplazar al pensamiento, a la reflexión. Hay slogans para todo, incluso para las cuestiones más serias y profundas del ser humano. La repetición y el lugar común nos sumergen por momentos en el engaño de creer que sabemos, conocemos, que estamos muy bien informados y por lo tanto tenemos control sobre la realidad. El discurso de la propaganda, de la publicidad se ha ido de cauce y parece inundarlo todo. Por momentos, tanta repetición y slogan vacía a las palabras de su sentido. Muchas palabras, demasiadas palabras, inclusive impresas, que obturan al pensamiento y no dicen nada.

«Una civilización de palabras es una civilización malsana. Las palabras crean la confusión. Las palabras no son la palabra. El hecho es que las palabras no dicen nada, si se me permite expresarme así… No hay palabras para las experiencias profundas. Cuanto más trato de explicarme, menos me comprendo. Naturalmente que no todo es imposible de decir con palabras: únicamente la verdad desnuda», dice Ionesco.

En su artículo “Erótica y hermenéutica” Jorge Larrosa retoma una distinción realizada por Derrida: la distinción entre Discurso y el cuerpo de las palabras.

Dice Larrosa:

El discurso, por tanto, y si hemos de mantener la oposición de Derrida, es el lugar donde no vemos ni oímos a las palabras, el lugar donde usamos las palabras sin verlas ni oírlas, sin atender a lo que tienen de visible o de audible, ignorando su forma o su musicalidad, desatendiendo al modo como están desplegadas en el espacio y el modo como vibran rimando y ritmando en el tiempo. Porque en la comunicación, en el uso normal de la lengua, ni vemos ni oímos ni saboreamos ni sentimos ni tocamos las palabras sino que sólo las usamos como un medio o como un instrumento para la expresión o para la comprensión, para la comunicación en suma de ideas, sentimientos, hechos, etc…». *

El discurso es el lugar de la no ambigüedad, donde el sentido resulta fácilmente identificable y apropiable. El lugar de la comprensión y el sentido claro. El lugar de la comunicación, de la transmisión.

La palabra poética es todo lo contrario.

«Amar el cuerpo de las palabras no es entonces ni conocerlas ni usarlas, continúa Larrosa, sino sentirlas: sentirlas en lo que tienen de perverso, en su poder para trastocar la normalidad propia de lo discursivo, y sentirlas también en lo que tienen de inaprensible, de incomprensible, de ilegible, de ininteligible.

El cuerpo de las palabras es la revelación de lo que en ellas no pertenece al discurso, la irrupción del no-lenguaje en el seno del lenguaje».***

Se nos ha enseñado, se nos sigue enseñando que el lenguaje es un instrumento de comunicación, que su único fin es la transmisión de un contenido. Su importancia entonces radica allí, en su transparencia para decir algo. Pero el lenguaje de la poesía, el lenguaje de la literatura no es eso. Si el lenguaje de la comunicación busca cercarnos con sus certezas y seguridades, el lenguaje de la literatura, el lenguaje de la poesía se aparta de la vía comunicativa y es búsqueda, pregunta, incertidumbre, lejanía de lo familiar, campo abierto hacia lo desconocido. No nos apropiamos de la realidad mediante el lenguaje poético, porque el lugar de la poesía es el de la libertad, no el de la apropiación ni el uso. Tampoco nos apropiamos de las palabras, ni las usamos. Las palabras en la poesía no son un vehículo del sentido, no desaparecen en su materialidad tras un contenido que desea ser transmitido.

Un hombre
con un caracol al hombro,
sabe que lleva
por un breve momento,
una espiral
envolviendo la lentitud.
—¡Aligeren el paso!
—chilla, desde el trigal,
la urraca.

—Edith Vera.

Es como si el mundo volviera a recuperarse como adivinanza. Otra vez todo es objeto de pregunta. Una vez más los objetos, lo cotidiano, nosotros mismos somos aquello indefinible, aquello que es objeto de indagación y búsqueda. Como el niño muy pequeño que vive en estado de adivinanza porque todo para él rezuma novedad: las cosas, las personas, su cuerpo, el lenguaje. La poesía recupera para el hombre ese estado de adivinanza perpetua, y es por eso que el mundo parece perder sus vestiduras de siempre, y desnudo se nos presenta para ser descubierto y amado en su incertidumbre e imprevisibilidad. En la actitud poética, en la experiencia de la poesía, en ese acontecer de lo poético, el poeta, y también el lector, recuperan la naturaleza enigmática del mundo. Las respuestas frecuentes, los lugares comunes, las frases hechas y los slogans con que el discurso de todos los días viene a velar la realidad, caen y dejan lugar a los silencios, las preguntas y los interrogantes abiertos a múltiples respuestas. Las palabras olvidan los sentidos unívocos y por ello adquieren espesor y se renuevan.

Esta actitud es la del niño, como dice Gianni Rodari:

«¿Por qué a los niños les gustan tanto las adivinanzas? A primer golpe de vista, diría, que es porque representan de forma concentrada, casi emblemática, su experiencia de conquista de la realidad. Para un niño el mundo está lleno de objetos misteriosos, de acontecimientos incomprensibles, de figuras indescifrables. Su misma presencia en el mundo es un misterio que resolver, una adivinanza que descifrar, dándole vueltas, con preguntas directas o indirectas. El conocimiento llega, con frecuencia, en forma de sorpresa.

De aquí el placer de probar de forma desinteresada, por juego, o casi por entrenamiento, la emoción de la búsqueda y de la sorpresa» (GDF:48).

Hijo oscuro del padre más brillante
ave sin alas sé llegar al cielo.
Si te acercas a verme llorarás
porque al nacer empiezo a disolverme.
(El humo)

Miento y digo la verdad.
Nadie me ve cuando ve
y me ve cuando no me ve.
El que corre nunca corre
y el que habla jamás habla.

(El sueño)

—José Emilio Pacheco, “El espejo de los ecos”.

Palabras que permiten, como dice Alberto Giordano: impregnar de extrañeza y lejanía lo familiar y cercano****. Incluido el propio cuerpo.

Mi cuerpo y yo

Yo soy muy diferente de mi cuerpo.

él es largo y flaco
yo de cualquier manera.

él camina de frente
yo hacia todos lados.

él se baña con agua
yo me baño con risa

él de noche se duerme
yo me escapo a los sueños.

él se pone viejo
yo no me pongo nada

yo soy muy diferente de mi cuerpo
pero lo elijo entre todos
porque me deja ver por sus ojos

—Jorge Luján, Palabras manzana.

El lenguaje poético no busca claridad, mucho menos dejar mensajes o administrar contenidos. En su naturaleza diferente de las palabras dispuestas a resolver nuestras necesidades prácticas, el comercio de la vida cotidiana, la poesía acepta al enigma, y no sólo lo acepta, encuentra en él su casa. Así según Roberto Juarroz: “La poesía lo que hace es reforzar lo incomprensible”.

La experiencia poética como libertad de que lo imposible tenga lugar, de que lo inexplicable siga siendo inexplicable, que los vacíos no se llenen, y que en la solidez del mundo se abra una grieta que nos permita poner en duda tantas seguridades.
Todo esto está muy lejos de una posición didáctica aleccionadora, muy lejos de buenas intenciones del adulto empeñado en dejar mensajes y enseñanzas, o en un uso más básico aún: contenidos a través de un poema.

Y lo paradójico es que esto que está tan lejos de usos didácticos por parte de maestros y padres, resulta familiar al niño, especialmente al niño pequeño. A esos exploradores del mundo que jugando crean y descubren su entorno. La palabra para el niño no es sólo un vehículo de contenidos que organizan y describen racionalmente el mundo. Para los niños la palabra es parte de sus juegos.

Los niños nunca le pedirían a la poesía otra ‘utilidad’ más allá de su existencia, porque para ellos el juego es lo más interesante del mundo”, dice la educadora Ma. Emilia López.

Paseo

Cuatro patas
mesas o animales
o sillas
siempre sentadas
cuatro estaciones
cuatro puntos cardinales
cuatro ojos
para ver tan poco
ahora las sillas salen corriendo
las mesas
son anchos caballos
cuatro amigos
en su lomo vamos.

—Roberta Iannamico.

Habla Juarroz acerca de la posibilidad de que algo diga otro algo. La fuerza de la metáfora, del símbolo, de lo que está allí para hablar de otra cosa. Ese extrañamiento del objeto, de lo cotidiano, qué otra cosa es sino el juego de un niño que convierte la mesa en caballo, la caja en nave espacial o la silla en barco pirata. La silla, la caja, la mesa fueron creados con un sentido utilitario, el niño desmantela y resignifica al objeto que ahora simplemente está allí para jugar y ya no es más caja, ni mesa, ni silla, ahora es nave espacial, caballo o barco pirata.

“La sofisticación propia de la metáfora poética, dice María Emilia López, pertenece a la misma familia que la imaginación lúdica de los niños pequeños”.

La mirada poética es la mirada asombrada del niño frente al mundo. Sobre esto reflexiona María José Ferrada:

«Creo que hay cierta ternura, secretos entre uno y el mundo. La forma de las cosas me llama mucho la atención. Pienso, por ejemplo, en un vaso, cómo sostiene el agua. Es fantástico si te detienes y lo miras así, es un vaso, pero también es algo muy bonito, divertido. Los niños hacen eso cuando juegan. La cuchara es la cuchara pero también es el avión que lleva la sopa hasta la boca. Me encanta esa capacidad animista de los niños, esa relación que establecen con el mundo como de complicidad mutua. No hay mayor libertad que la de imaginarse cosas a partir de las cosas, es una libertad que se va perdiendo al crecer.» (Periódico «El Mercurio»).

El paraguas

El paraguas es una flor de tela impermeable que florece
en medio del invierno.
Comienza la lluvia:
Clap,
clap,
clap.
Y los paraguas abren sus pétalos:
Flop,
flop,
flop.
Y las personas que lo saben olvidan por un momento que
es invierno, incluso olvidan que son personas y se sienten
abejas, orugas, mariposas bajo un árbol.

Llueve.
Llueve.

Las personas salen a la calle, abren los paraguas.
Van de la escuela al parque, del parque a la panadería.
Clap, clap.
Flop, flop.
Y es un jardín que parece caminar.

—Ma. José Ferrada, El lenguaje de las cosas.

Sin ánimo de exagerar me atrevo a decir que los niños, especialmente los más pequeños, suelen entender más de poesía que muchos adultos que los acompañan. El lector de poesía no es un “reconocedor” de sentidos, es un creador, un inventor; alguien dispuesto a dejarse sorprender por lo imprevisible, por lo inesperado. Un viajero que se adentra en una aventura hacia lo desconocido.

En “El libro de las camas” qué hace Sylvia Plath sino recuperar el juego infantil transformando esos objetos para dormir: las camas, en toda clase de territorios para jugar:

La mayoría son Camas
para dormir o descansar,
pero las mejores Camas
sirven también para disfrutar.

¿Para qué solo una Camita
acogedora y abrigada
donde pasar la noche
con la luz apagada?

Mejor
una Cama para Pescar,
una Cama para Gatos,
una Cama para que Trapecistas
muestren sus garabatos.

La Cama que más conviene
(y con esto no termino)
es aquella que navega
como un raudo Submarino.

Que atraviesa el agua
verde y cristalina
ondeando plateada
como una sardina.

O una Cama con Cohetes
y mosquiteros voraces
para visitar Marte
y cazar estrellas fugaces…

—Sylvia Plath, El libro de las camas.

Lo que Sylvia Plath hace con las camas, lo que los niños hacen con el objeto, podríamos pensarlo también del lenguaje. ¿Por qué sólo pensar en un lenguaje útil que se desgasta día a día en sus fines prácticos? ¿Por qué sólo un lenguaje lavado en el hábito y la costumbre? ¿Por qué no un lenguaje para la aventura, el juego, el riesgo de la imaginación?

Un lenguaje para pensar lo imposible, “para abrir las cárceles de nuestra mente”, según lo dicho por Eduardo Stilman.

Sigo pensando en los puntos en común entre los niños y la poesía y necesito volver al cuerpo de las palabras del que habla Jorge Larrosa citando a Derridá. En el lenguaje poético las palabras recuperan su materialidad. El lenguaje deja de ser ese instrumento invisible y se convierte en un objeto entre los objetos, digno de ser mirado, manipulado, cuestionado e incluso destruido. Como se destruye al juguete para ver cómo funciona, qué tiene dentro que lo hace funcionar. ¿Cuál es su magia?

El Mono

Paseando en biciqueleta
en el mes de feberero,
un mono peretencioso
tuvo un serio toropiezo.

Andaba distaraído
con un ancho somberero,
tan garande que a sus ojos
los tapaba compeletos.

No vio un hoyo en el cespede
de más o menos diez métoros,
en el cual tarabajaban
dos docenas de obereros.

Allí el mono ciquilista
se cayó muy aderento
faracturándose un codo,
el caráneo y varios huesos.

Al oírse sus guiritos
llegó un doctor pirimero,
después vino un caradiólogo
y el hospital en peleno.

Ataron su calavícula
con un vendaje esterecho,
le aperetaron las manos
en un nudo teremendo
y lo llevaron poronto
a operarlo del ceréboro.

—Eduardo Polo, Chamario.

En otra conferencia “Pensamiento y poesía” Borges reflexiona acerca de la materia prima del poeta: el lenguaje. Según Stevenson, nos dice Borges, la literatura transformaría las palabras para que sean útiles más allá de su finalidad y su uso. “Las palabras, dice Stevenson, están destinadas al común comercio de la vida cotidiana, y el poeta las convierte en algo mágico”. Pero Borges cree poder demostrar que Stevenson se equivocaba.

Para Borges las palabras no son en un principio abstractas, sino, antes bien, concretas (y para él «concreto” significa lo mismo que “poético” en este caso). Mediante ejemplos del inglés, Borges muestra cómo palabras que hoy son abstractas, en su origen tuvieron un significado material:

“Por lo tanto, al hablar de poesía, podríamos decir que la poesía no pretende cambiar por magia un puñado de monedas lógicas. Más bien devuelve el lenguaje a su fuente originaria”. “… la lengua no es, como el diccionario nos sugiere, un invento de académicos y filólogos. Antes bien, ha sido desarrollada a través del tiempo, a través de mucho tiempo, por campesinos, pescadores, cazadores y caballeros. No surge de las bibliotecas, sino de los campos, del mar, de los ríos, de la noche, del alba.

Así, en la lengua tenemos el hecho (…) de que las palabras son, originariamente, mágicas. Hubo quizá un momento en el que la palabra “luz” parecía resplandecer y la palabra “noche” era oscura.”

Las palabras

A veces las palabras se empacan.
No salen por la boca.
Gritan alborotadas
se esconden
en distintos lugares del cuerpo.
¡Zumbrrrrr!
¡Crujjjjjj!
¡Gluich!
Fiuchsssss
Cómo cuesta pescar
a estas cabras locas
rebaños de canguros
picaflores que rugen.
Lleva tiempo
tiempo de callar
hasta que regresan.

Las cabras
los canguros
los pájaros
se posan en los dedos

ronronean
se dejan ir cayendo
así
aquí
en esta página.

—Laura Devetach, Canción y pico.

Hablamos del juego, hablamos de un lenguaje que retoma su forma originaria, que se vuelve concreto, material. Hablamos de la metáfora como forma de aproximación al mundo, tan cercana al juego infantil. De la adivinanza y el asombro. Búsqueda, enigma, lugar para la aventura, viaje a lo desconocido, adivinanza. Tantas cosas parecen tener en común el lenguaje poético con la infancia.

El arte, la poesía siempre pensé es la continuación de la infancia por otros medios. (…) la escritura es eso, como volver a jugar. En realidad estás jugando con el lenguaje, dice María Negroni.

En clara oposición a esto: prácticas de lectura con los niños destinadas a la comprensión lectora, o bien a la búsqueda de mensajes o a usos varios en cuanto a transmisión de contenidos. Si no, a buscar metáforas y metonimias con el único fin de identificarlas, o marcar cantidad de sílabas por verso, o tipos de rima. Usos de las poesías para efemérides y fiestas patrias. Todas estas formas variopintas no hacen sino ignorar la poesía y están muy lejos de saber lo que es, aunque crean poder definirla. Como dice Borges, no es necesario definir la poesía cuando sabemos tan bien lo que es que no encontramos otras palabras para nombrarla. Pero si no sabemos qué es la poesía en la vida, no podremos seguramente reconocerla en el poema.

Los libros, recordemos, son tan sólo ocasiones para la poesía. Desde esta perspectiva qué lejos estamos de definiciones que empequeñecen el poema a la presencia de estrofas, versos y rimas.

El cuerpo de la palabra en el poema cobra hasta tal punto vida, más allá por supuesto de la ausencia o presencia de la rima, más allá del verso libre o la métrica, que la poesía está muy cerca de la música.

Si en la música resulta imposible separar el sonido, la forma y el contenido, pues son, en realidad lo mismo, dice Borges. Cabe sospechar que, en cierta medida, sucede lo mismo con la poesía.

El que empezó por comerse las uñas

Empezó por comerse las uñas
después se comió las manos
el codo
el hombro
la espalda
el vientre
las rodillas
los pies
Se quiso ir
y se buscaba en la silla
debajo de la mesa
en el ropero
detrás de la puerta
en la sombra de la pared
en la calle
y no estaba.

—Javier Villafañe, El gallo Pinto.

“Se escribe entonces contra el oficio, contra la lengua, contra lo literario, contra la retórica, y si se escribe un poema para niños, se escribe contra lo que se espera que sea la literatura infantil», dice María Teresa Andruetto.

Si al poema para niños se le pide que se transforme en una buena ocasión para la enseñanza, la transmisión de saberes o instrucciones para pensar y actuar en el mundo. Si al poema para niños se le exige claridad, simpleza, un lenguaje comprensible y limitado a las supuestas capacidades de los niños. Si de un poema para niños se esperan clasificaciones y límites precisos, sentidos claros y fácilmente transmisibles. Entonces… un buen poema para niños, va contra todo esto. Y quizá su única utilidad resida en esa absoluta desobediencia a lo que de él se esperaba. Para un buen libro para niños no hay dogmas ni determinaciones previas a las que tener que ajustarse.

Borges dice sospechar que el significado es, en realidad, algo que se le añade al poema. “Sé a ciencia cierta que sentimos la belleza de un poema antes incluso de empezar a pensar en el significado.”

Esto se hace patente en la experiencia con la poesía en niños muy pequeños. Niños que aún no dominan el lenguaje pero palmean, sonríen, se balancean, ríen y gorgojean cuando se les recita o lee un poema. Ese bebé, ese niño que aún no habla, me atrevo a decir, comprende mejor la naturaleza de la poesía que aquel adulto que insiste en transmitir un único mensaje, o algún contenido específico y unívoco en la poesía que ha dado a leer a sus alumnos.

“Quizá la verdadera emoción que yo extraía de los versos de Keats radicaba en aquel lejano instante de mi niñez en Buenos Aires cuando por primera vez oí a mi padre leerlos en voz alta. Y cuando la poesía, el lenguaje, no era sólo un medio para la comunicación sino que también podía ser una pasión y un placer: cuando tuve esa revelación, no creo que comprendiera las palabras, pero sentí que algo me sucedía. Y no sólo afectaba a mi inteligencia sino a todo mi ser, a mi carne y a mi sangre.” (Borges “el enigma de la poesía).

El lenguaje de la poesía, de la literatura en general, está fuera de control. Es el lenguaje de la incertidumbre, de la multiplicidad, del exceso y la libertad. La búsqueda de nuevas posibilidades para el mundo, el espacio para la ensoñación, la exploración y el juego. A menudo la pedagogía ha intentado reducir esa incertidumbre, someter esa multiplicidad, y transformar la experiencia de la lectura en un medio para un fin previsto (Larrosa).

Pero la literatura, y la poesía en particular no sólo resulta peligrosa para una escuela que somete todo al control de los sentidos y la utilidad práctica inmediata. También lo es para la sociedad en general. El peligro de la literatura, de la palabra poética no está en sus temas, como muchas veces se piensa. La rebelión de la poesía está en su terrible objetivo: el de desmantelar las formas dadas de percibir la realidad, el de desnudar al lenguaje de su supuesta capacidad de decirlo todo y mostrarnos indefensos ante el misterio, mostrarnos nuestro fracaso para decir, y hacer de ese fracaso una forma de felicidad.

Cito a María Negroni:

“La literatura no es utilitaria, tiene que ver con otra cosa, con una especie de búsqueda que se hace a través del lenguaje. El lenguaje es un medio y lo que hace, es una cosa mucho más sutil. La escritura desmonta las maneras convencionales de mirar la realidad, la desmonta, la desarma. Entonces, echa por tierra cualquier posibilidad de pensamiento autoritario, sin fisuras. Y, cuando digo autoritario, no me refiero solamente al discurso político, sino a cualquier discurso porque todo es político, todo, el discurso íntimo también lo es, por supuesto.. El discurso que dice “esto es así”, asertivo, es autoritario. Venga de donde venga.”

La literatura no es utilitaria. Pensar que a través de los cuentos o de los poemas se pueden enseñar cosas útiles a los niños es desconocer la naturaleza del lenguaje literario, del lenguaje poético. En la literatura hay viaje, hay búsqueda, no hay puertos a los que llegar para establecerse definitivamente. El continuo desarmar de la literatura es, como decía Juarroz, una visión del mundo, un posicionamiento frente a lo real, un modo de mirar que no se contenta con las respuestas dadas y en ocasiones impuestas, sino que pone su energía en la búsqueda y el descubrimiento, sabiendo de antemano acerca de la dificultad y el fracaso de esa búsqueda. A menudo en la literatura para niños y jóvenes, se le exige a la palabra de la poesía, de la literatura (las uso como sinónimos aquí) la transmisión de verdades, de certezas. Libros para hablar de temas importantes como los derechos de la mujer, los derechos del niño, la paz mundial, la ecología y cosas así. Pero aquí las buenas intenciones violentan al lenguaje de la poesía y violentan la libertad del niño para indagar y buscar por sí mismo sus respuestas, o lo que es mejor aún, sus preguntas. Este es, aunque no lo parezca, un gesto autoritario. Todo depende quizá de cómo nos relacionamos con las palabras, y de cómo nos relacionamos con los niños y jóvenes a través de las palabras.

Nana marinera
Si te duermes, mi niño,
te haré una cuna,
con olas pequeñitas
y con espumas:
porque te quiero
y eres, de mi barquilla,
mi marinero.
Que navegamos
yo con rumbo más corto,
tú más lejano.
Y a igual marea
Que así, el amor juntito
Nos balancea.

Nana tradicional de España.

Esta nana destinada a dormir a un bebé creada por alguien que desconocemos, posiblemente de origen humilde, en tierras remotas me conmueve profundamente. Bella metáfora de la vida, y de la compañía del niño y el adulto. “Que navegamos yo con rumbo más corto, tú más lejano”, dice con sencillez y profundidad. “Y el amor juntito nos balancea”. A los niños la poesía no les cuesta, ellos viven en poesía. Quizá seamos los adultos los que tengamos que estar atentos y aprender de ellos, en este viaje compartido, renovar la mirada y permitirnos continuar la infancia a través de la palabra poética.

Notas

*Larrosa, Jorge. “Erótica y hermenéutica” en Agamenón y su porquero. Colombia, Asolectura, 2008. Pág. 55. El subrayado es nuestro.

** Larrosa, Jorge. Ob. Cit. Pág. 56

*** Larrosa, Jorge. Ob. Cit. Pág. 57.

**** Giordano, Alberto. “Lo viejo y lo nuevo” en ob. Cit. Pág. 53.

***** Larrosa, Jorge. “Literatura, experiencia y formación (Entrevista por Alfredo J. da Veiga Neto)” en ob. Cit. Pág. 47.

Bibliografía

Andruetto, María Teresa. “Algunas aproximaciones a la poesía y los niños” en La lectura, otra revolución. México, FCE, 2015. Colección Espacios para la lectura.

Borges, Jorge Luis. “El enigma de la poesía” “Pensamiento y poesía” en Arte poética. Seis conferencias. Barcelona, Crítica, 2010.

Juarroz, Roberto. “Un rigor para la intensidad” La poesía de Roberto Juarroz. Por Luis Bravo. “Espéculo Nº 11”

Larrosa, Jorge. “Erótica y hermenéutica” en Agamenón y su porquero. Bogotá, Asolectura, 2008. Colección Primero el lector.

Larrosa, Jorge. “Literatura, experiencia y formación (Entrevista por Alfredo J. da Veiga Neto)” en La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación. México, FCE, 2003. Colección Espacios para la Lectura.

Negroni, María. “Conversación con María Negroni. La niña. Parte I y II” en “El Anartista. Cultura contra el bien general” Entrevista realizada por: Víctor Dupont, Federico Barea, Gabriela Stoppelman, Lourdes Landeira.
http://www.elanartista.com.ar/2015/04/16/la-nina-maria-conversacion-con-maria-negroni/

Rodari, Gianni. Gramática de la fantasía. Introducción al arte de inventar historias. Bs. As., Colihue, 2000.

Ferrada, María José. Entrevista en “El Mercurio”.

5 comentarios para “Marcela Carranza: La poesía y la resurrección del mundo

  1. Patricia Maya

    Agradecida por compartir tan maravillosa conferencia.

  2. Mirta Olivares

    Fue un placer leer esta ponencia…un acercamiento a la poesía, a la reflexión y un estímulo a continuar….

  3. Ramiro

    Excelente. Mencantó.

  4. Guillermo

    Muy bueno!! Felicitaciones!!

  5. Norma Estela Zwiener.

    Excelente !!!!Felicitaciones.

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