Entrevistas

Nayareth Pino Luna: “Escribir una obra es entregar una ofrenda a la literatura”

Patricio Contreras Por Patricio Contreras

La autora de la novela “Mientras dormías, cantabas” reflexiona sobre la fiesta, la escritura y lo que implica escribir siendo profesora. [Foto: radiojgm.uchile.cl]

Esta es una conversación con una profesora-escritora. O una escritora-profesora.

El orden de esos factores da lo mismo, porque no altera el producto. 

Y el producto es una novela debut que no parece debut.

A mediados de 2021 Nayareth Pino Luna publicó Mientras dormías, cantabas (Los Libros de la Mujer Rota), la historia de dos familias que viven en la periferia de Santiago y que han sido unidas por la enfermedad y el abandono.

La novela se desarrolla durante una noche de año nuevo, en ese interregno en que lo viejo no acaba de desaparecer y lo nuevo aún no emerge en su totalidad. Y relata muchas vidas: la de Marta, que recuerda a su tía Leonor, que falleció por una cardiopatía y una escoliosis severa; la de su vecino Gabriel, mejor amigo de Leonor, que recuerda a su madre que lo abandonó. Y, por sobre todo, la de Leonor, hija de una violación, enferma, encerrada, imposibilitada de escribir.

El título de la novela resuena por lo paradójico y enigmático: una persona que duerme y canta a la vez. La frase viene de la Cumbia para adormecerte de la Sonora Palacios, que en su coro inconfundible dice así: “Mientras dormías/ cantaba/ cumbia para adormecerte”. Pero Nayareth –en el pasado y ahora– le incorporó una “s” al “cantaba” que alteró su sentido y abrió un nuevo universo.

—¿Cómo se te ocurrió ese juego de palabras?

Me obsesioné un poco con esta cumbia clásica de los años 70 y la escuchaba mil veces. El libro se apropió de la cumbia, hizo suya estas letras, las transformó en un material de escritura más. Y en el caso del título, yo cantaba mal esa cumbia. Yo cantaba “mientras dormías, cantabas” con “s”. Y a mí me resultaba súper lógico que una mujer mientras estuviera durmiendo a la vez cantara. Después me di cuenta que la letra era otra y me interesó mucho ese fenómeno que nos pasa a todos, de estar cambiándole la letra a las canciones. 

En su texto de presentación de la novela, recuerda Nayareth, la crítica y académica Lorena Amaro observó cómo esa apropiación de la letra revela una de las características del festejo. Un fragmento: “Las letras de las canciones –escribe Amaro– se acoplan al ritmo de esta noche en que todes cantan y bailan hasta la extenuación, cargando, junto con sus cuerpos fatigados, culpas, fallos, fisuras y temores”.

El título de la novela presenta esta idea paradójica de una persona –Leonor– que aparentemente no está, pero sí está. Desde el comienzo sabemos que se fue, pero avanzamos en las páginas y seguimos sintiendo y sabiendo que está ahí: en las alegrías y tristezas de su entorno.

Ed. Los Libros de la Mujer Rota, 2021. Créditos: Patricio Contreras

—Cuando te entrevistaron en La Tercera dijiste que te atraía la posibilidad de publicar algo finito, algo que estuviera cerrado. ¿Puedes profundizar en esa idea?

Algo finito… Cuando surgió la idea de esta novela yo ya tenía un libro de cuentos que no publiqué. Quería escribir una novela y escribir una novela implicaba llegar alguna vez a este producto libro, a una estructura que se cierra, a un argumento que está finito, al que ya no le puedo agregar nada más. Me interesaba mucho entrar en eso, la idea de obra, porque en mi caso –y quizás esto suene hasta cursi– entregar una obra, trabajar en una obra tanto tiempo, es ser una especie de artesano, entender la escritura como un oficio que debe ser concluido en algún minuto. Para mí escribir una obra es entregar una ofrenda a la literatura, algo que es escrito para gente que lee. Yo concibo la escritura también como una ofrenda y esa ofrenda debe estar finita, debe ser redonda, debe ser completa. Tiene que ver con esto de distanciarme también como autora; mi autoría termina cuando la obra ya está en manos de la lectora o del lector.

—Estuve leyendo una columna tuya, de julio de 2019, que se titula La escritura contra el fascismo. Y me llamó la atención una imagen que usabas: pensar la voz no como un sonido sino como una luz. ¿Qué crees que alumbras con esta novela?

Ah, chuta. Yo creo que la misma noche de año nuevo. Luz no significa necesariamente el día sino foco, poner el ojo en, apuntar, que la mirada se dirija a un lugar que está siendo enfocado. Me aventuré a entender la noche de año nuevo como fenómeno social. Es muy importante entender a las personas, entender a Chile desde la fiesta también. No soy socióloga pero lo que puedo hacer desde la literatura es eso: asociar la fiesta a lo que evoca una fiesta con el año nuevo, que es la muerte, que es el duelo, que es la incertidumbre. Quizá mi novela entra a iluminar esos rincones del año o esos rincones de la vida misma que nos hacen mucho eco en esa noche. 

—¿Qué se está construyendo ahí, en esa celebración en particular? 

En esa celebración en particular y en esa clase en particular, que es una clase social baja, es en La Pintana, y ahí la fiesta es pública, es abierta, los vecinos entran de una casa a otra, pareciera ser que la vida privada no existe. En Chile no hay carnaval y en el año nuevo se intenta exorcizar la pobreza, el duelo, está el caso de Clara que es la mamá de Leonor –la que decide ser la mamá de Leonor– y ella baila toda la noche, y pareciera ser, a los ojos de quienes la ven, que es una mujer gorda o vieja, que está algo borracha, que solo está bailando. Pero en realidad hay algo ahí en ese baile que está tratando de redimir esta historia. Todos pierden el control en esta fiesta, en esta casa particular.

El título de la novela presenta esta idea paradójica de una persona –Leonor– que aparentemente no está, pero sí está. Desde el comienzo sabemos que se fue, pero avanzamos en las páginas y seguimos sintiendo y sabiendo que está ahí: en las alegrías y tristezas de su entorno.

Para no perder el control de su escritura, Nayareth tiene un sistema aceitado. “Voy escribiendo párrafo a párrafo. Escribo un párrafo a mano, lo transcribo, lo edito y me quedo ahí hasta que ya estoy totalmente contenta con ese párrafo. Y luego escribo otro párrafo. Avanzo a través de unidades”.

Escribir a mano le permite tachar, borronear, reescribir. Es una revisión permanente, tanto gráfica como auditiva: también lee cada párrafo en voz alta, “a ver si suena a algo que podría ser dicho”, me comentó en una conversación previa.

—¿Te absorbe mucho ese proceso? 

Sí, aunque yo lo veo más como que me comprometo con el proceso. Me entrego a ese proceso más que el proceso me absorba. Y cuando entro en él me encanta llegar a ese momento en que no puedo salir de ese lugar, que es el lugar de la escritura, que es el lugar donde estoy totalmente compenetrada en una fiesta en particular o en una tradición en particular. Yo escribo para llegar a ese lugar. El libro también se trata de una mujer que no puede escribir. Hay un lugar al que uno llega con la palabra que es escrita y para llegar a ese lugar se requiere mucho tiempo, se requiere dejar de lado muchas cosas que están a nuestro alrededor. La técnica que he elegido para enunciar mi proyecto literario es una técnica que requiere mucho esfuerzo. He estudiado la escritura escolar y es muy necesario el proceso cognitivo de tomar un lápiz y de escribir a mano un texto.

—También eres coautora de un manual sobre escritura que salió el año 2021 con LOM…

Sí, son problemas o desafíos de escritura para niños y niñas desde primero básico a octavo básico. Tuve la suerte y la oportunidad de escribir para niños cuando trabajaba en la [Universidad de] Chile. Esos libros están llenos de historias –descabelladas algunas– donde invitamos a los niños y a las niñas a leerlo, a entrar en ese relato y ese relato le da un rol al estudiante. Le dice, no sé, “Doña Banana está muy preocupada porque le robaron todos los plátanos de sus negocios y tú eres un detective” o cosas así. Son historias que le contamos a los estudiantes, los estudiantes asumen un rol y tienen que resolver ese desafío con una escritura, con una caución, con un discurso, con cualquier tipo de género. Es un libro para profesores y profesores que quieran que sus estudiantes escriban más. 

—¿Hay algún comentario que te hayan hecho sobre Mientras dormías, cantabas que haya iluminado algo que quizás tú no habías visto? 

Sí, como tres personas me dijeron que se notaba que esta novela la había escrito una profesora. Cuando me lo dijeron me resultó muy coherente y analicé todo lo que había escrito. Ser docente tiene que ver con hacerse preguntas. Y para escribir esta novela me hice mil preguntas. Y también es un homenaje. Hay un personaje secundario, una profesora, está Leonor que no puede escribir. Hay una reflexión sobre eso. Efectivamente, sí es una novela escrita por una profesora. Esto también viene a resignificar esto de ser profesor. Hasta hace muy poco el discurso público asociado a ser profesor era ser flojo, era “los profesores que no se quieren evaluar, que no quieren volver a clase”. Que alguien me diga eso hoy yo creo que apunta a resignificar la profesión docente. 

—¿Te gustaría mencionar algo que no haya surgido a partir de las preguntas que te hice? 

Yo tuve un profesor, Roberto Cabrera, que una vez me invitó a la Fundación [La Fuente] y él fue muy importante en mi formación en letras, de acercarme a la educación a través de la literatura. Muchas veces he visto hartas cuñas de escritores que dicen “te aconsejo no ser escritor”. Yo diría todo lo contrario. Si bien las condiciones materiales de las y los escritores son precarias, la escritura siempre implica un desafío al que hay que arriesgarse. Como proceso es muy complejo y van apareciendo muchas cosas y uno se da cuenta de cosas de la sociedad o de la historia que solo son posibles a través de esta palabra que es escrita. Esa es la idea: escribir para llegar a ese lugar, que es el lugar de la escritura. Y que sí o sí vale la pena intentarlo. Me parece mezquino que escritores y escritoras aconsejen no escribir o no querer ser escritor o escritora.

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Patricio Contreras

Periodista freelance, profesor universitario y creador del boletín de libros Hipergrafia.

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