Columnas

¿Para qué nos sirve el género literario?

Nina Christensen Por Nina Christensen

Nina Christensen, colaboradora del Centro Chileno Nórdico de Literatura Infantil, nos cuenta sobre el cambio de mirada del género literario en los libros para niños en los países nórdicos, sobre la aparición de nuevos géneros híbridos y sobre la cualidad de la literatura de actuar como un espejo que refleja un mundo que cambia y se amplía de manera permanente.

La clasificación por género literario es importante cuando los niños se encuentran con los libros. Las bibliotecas usan el género para clasificar los libros en la sección infantil, y los niños y niñas de la escuela básica en Dinamarca aprenden a ordenar los textos en categorías de poesía, teatro, prosa y literatura científica/ no ficción. El género, desde esa óptica, es un concepto que ayuda a entender lo que caracteriza a los diferentes tipos de texto. Y quizás también es un concepto que ayuda a buscar y encontrar lo que a cada uno le interesa más: en investigaciones sobre hábitos de lectura de los niños en Dinamarca, se les ha preguntado sobre su género preferido y se ha descubierto que tanto a niños como a niñas les gusta leer libros humorísticos. 

Tradicionalmente se ha hablado de los géneros como categorías fijas con rasgos permanentes, que no cambian, como cuando hablamos de “cuentos de hadas”. En los últimos años hemos visto innumerables ejemplos de cómo cada vez más escritores e ilustradores juegan con los límites del concepto género y producen los denominados “género-híbrido”. Un libro como la novela Zam (2015), de JesperWung-Sung [en la imagen principal], cuyo protagonista es un niño que quiere ser común y corriente, pero al que le resulta bastante difícil porque es un zombie y la mayoría de la gente tiene miedo de los zombies. Este libro se puede categorizar como ciencia-ficción, relato zombie o novela de aprendizaje. Otro ejemplo son Los mil y un pequeños cuentos cuadrados de Louis Jensen (editados entre 1992 y 2016) y que pueden leerse como cuentos de hadas, poesía concreta, cuentos fantásticos y muchas otras denominaciones más. 

En la escuela básica danesa, el trabajo con los géneros a veces conduce a que los niños aprendan en base a un listado (que deben chequear), y a partir del cual identifican el género del texto. Pero gran parte de la literatura infantil contemporánea invita más bien a debatir cómo los autores e ilustradores utilizan los diferentes géneros: ¿Por qué y cómo se combinan el realismo con elementos fantásticos? O ¿cómo se combinan la comedia y la tragedia? Según este enfoque de investigación, en vez de hablar de género como una forma “rígida”, se habla de que el texto participa de determinado género. A veces llega a ser más interesante investigar y discutir la posible pertenencia a varios géneros, que establecer si el texto encaja en una categoría establecida. 

La tendencia a mezclar, investigar y jugar con diferentes géneros ha seguido una curva ascendente en la literatura infantil danesa; pero eso no significa que no se haya hecho con anterioridad. Hans Christian Andersen publicó sus primeros cuentos para niños bajo la denominación de género “cuentos de hadas para niños” (1835-1842). Pero tiempo después se utilizó la denominación “cuentos” (1850). Entre los cuentos que siguen editándose en Dinamarca bajo la denominación “cuentos de hadas”, está “La vendedora de fósforos” (1945), que bien mirado es un relato realista y trágico aunque incluya ensoñaciones. El clásico de Astrid Lindgren, Pippi Calzaslargas (1945), contiene elementos de absurdo, humor, realismo, relato fantástico y además, robinsonada.

«Pssst!», de Annette Herzog y Katrine Clante (Saposcat, 2018).

El juego de los géneros

Nuevas denominaciones de género aparecen continuamente y provocan preguntas y confusión entre  editores, mediadores e investigadores. La denominación de novela gráfica es un ejemplo de esto. En ella se mezclan el extenso desarrollo épico de la novela con el relato visual del cómic. En los últimos años se ha producido un boom de novelas gráficas para niños en Dinamarca, quizás porque las investigaciones sobre hábitos de lectura han demostrado que, especialmente los niños varones, se motivan a leer si la ilustración juega un papel importante en el relato. 

Pssst!, una sensible descripción del desarrollo de una niña preadolescente, de Annete Herzog y Katrine Clante, es también un ejemplo de esto. En este libro, que se ha editado en español en Chile (Saposcat, 2018), y en alemán, hay una mezcla de diario de vida y relato visual. Otro ejemplo de nuevas creaciones en cuanto a género, son las llamadas“pequeñas novelas ilustradas”, que es una nueva denominación para textos relativamente cortos con abundantes ilustraciones. Entre otras está Angelson H y el ultimátum (2013), de Kim FupzAakeson y Per Dybvig, publicada en Chile por LOM Ediciones, y que relata la tribulaciones de un ángel que es enviado a la tierra por un enojado dios con la misión detener toda la contaminación y destrucción  del entorno que provocan los seres humanos. 

Entonces, ¿de qué nos sirve utilizar el concepto de género si los géneros se mezclan entre ellos y se crean nuevas categorías a pesar de todo? Creo que las discusiones sobre género y sobre las formas en las que nos proponemos ordenar la literatura pueden hacernos ver más claramente que siempre tratamos de sistematizar y ordenar el mundo, pero también que la literatura, tal vez, justamente es interesante porque nos muestra que nuestro concepto del mundo está en permanente desarrollo y ampliación.

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Nina Christensen

Directora del Centro de Literatura Infantil de Copenhague y Catedrática de Literatura Infantil de la Universidad de Aarhus. Magíster en Literatura Comparada, fue consultora de lectura de una de las editoriales de literatura infantil y juvenil más grandes de Dinamarca. Su investigación de doctorado fue sobre el libro álbum danés. , y fue en ese entonces cuando se empezó a interesar más en literatura infantil.

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