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Pasaporte literario, el factor sorpresa que integra literatura, arte y manufactura

Consuelo Olguín Por Consuelo Olguín

El proyecto incluye en una caja elementos que sean confeccionados exclusivamente en el país por creadores chilenos. A nueve meses de su inicio, cuentan con suscriptores que van desde Calama a Punta Arenas y de comunas de Santiago tan diversas como Cerro Navia y La Florida.

Nunca sabes con certeza qué hay al interior de la caja. Es decir, sí sabes que te vas a encontrar con tres elementos: un libro, una lámina de arte y un objeto, pero no el título de la obra ni qué género ni el autor o autora. Tampoco la disciplina de la lámina ni la función del objeto. Ese es la idea detrás de Pasaporte literario, que el factor sorpresa seduzca a sus suscriptores. Aunque para sus creadores, la periodista Rosario Andisco y el ingeniero comercial Alfonso Palacios, el objetivo que los mueve va más allá y está asociado a descentralizar el acceso a la literatura y cultura.

Todo partió en Sevilla, España, cuando ambos estaban de viaje. Ingresaron a una librería y luego de conversar horas con la librera dieron con la fórmula. Ya sabían que existían las cajas literarias en otros países –como Estados Unidos, Canadá e incluso en Latinoamérica– así que quisieron darle su propio sello. “Nos gustó darle un giro, que no fuera solo literario, sino a que fuera artístico, abarcando más. Decidimos que tuviera un detalle extra, hecho a mano, hecho en Chile, que tuviera algo más artesanal”, señala Rosario Andisco. De ahí que los tres elementos, el libro, la lámina de arte y el objeto, sean confeccionados en el país por creadores chilenos.

Por ahora solo trabajan con editoriales chilenas independientes, quienes envían ejemplares a Pasaporte literario antes de que el título salga en librerías. Además, el libro va firmado y dedicado por el autor o autora para el lector o lectora, o bien firmado por el equipo editorial. A nueve meses de que la iniciativa se pusiera en marcha, los suscriptores se han encontrado con El sol tiene color papaya, de Daniel Campusano (La Pollera Ediciones); La Coma, de María Florencia Rua (Elefante); Punto de no retorno, de Michel Bonnefoy (LOM) y Las obras y las sobras, de Marcelo Lillo (Libros de mentira), siempre procurando alternar los géneros literarios y mantener una extensión cercana a las 100 páginas.

Rosario Andisco señala que la elección de qué libro irá en cada mes pasa por ellos. “No tenemos una formación crítica, pero sí desde el punto de vista sobre qué nos gustaría leer: libros no muy largos, no solo por costo, sino que también la idea del proyecto es que la gente lea un libro al mes por lo menos, ya sean cuentos, novelas, temáticas contingentes”.

A lo largo de este tiempo han advertido dos perfiles de suscriptores; uno, el lector empedernido, y el otro, una persona que no estaba leyendo tanto y que gracias a la caja se puso como desafío volver a hacerlo. Hoy en día, realizan envíos a personas que viven entre Calama y Punta Arenas, y en la Región Metropolitana de comunas tan diversas como Cerro Navia y La Florida.

Todas las cajas mensuales son iguales para todos los suscriptores, pero su contenido varía mes a mes. Alfonso Palacios explica que “como el contenido es sorpresa, lo tratamos de hacer lo más transversal. Uno de los grandes éxitos del proyecto para nosotros es que logramos descentralizar el acceso a la cultura, por así decirlo”, esto en relación a que –según un estudio hecho por el área de Investigación Aplicada de la Fundación Vivienda–, el 27% de la población de Santiago vive cerca de un punto de venta o de acceso a libros. Otro dato que aporta a esa impresión: Santiago centro, Providencia, Ñuñoa, Las Condes y Vitacura son las comunas que concentran la mayor presencia de librerías, mientras que desde la otra vereda, San Bernardo, Puente Alto y La Pintana son zonas que presentan menor porcentaje de bibliotecas y librerías.

Pasaporte literario es la primera caja cultural sorpresa con contenido 100% chileno. Créditos: Pasaporte literario.

Incentivar la colección

Una de las formas de diferenciarse de otras cajas literarias fue incorporando láminas de arte. No se trata de postales, dado que son impresas en calidad fine art o museo. Hechas de papel 100% algodón libre de ácido, cada obra es inédita. Es decir, fue creada especialmente para la caja por los y las artistas y se imprime un tiraje limitado, también firmado por su autor o autora. Cianotipia, acuarela, collage análogo e ilustración erótica son algunas de las disciplinas que han incorporado y que se perfilan como pequeñas colecciones de artes visuales.

Un último elemento adicional complementa la experiencia: un objeto hecho a mano por emprendedores, artesanos y diseñadores locales, que guardan una historia detrás. En las versiones anteriores, la caja cultural integró un par de velas con elixir de cuarzo hechas por Piedra Angular, una plaquette con 11 poemas inéditos de Daniela Catrileo, editado y encuadernado a mano por la editorial Pez Espiral y un morral de algodón reciclado, con diseño en lettering hecho por Chalula Tattoo.

Para los creadores del producto, es importante generar algún tipo de proximidad con los colaboradores de la caja. “No queremos que sea netamente transaccional, por eso, nos juntamos con cada participante, para las firmas, para seriar el arte, para conversar con cada uno/a, conocernos y apoyarnos”, dice Rosario. En tiempos donde abunda la reproducción masiva, Pasaporte Literario tiene un especial interés por destacar la manufactura y el arte local, ambos en permanente estado de sobrevivencia en un sistema cada vez más competitivo.

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Consuelo Olguín

Periodista UC de medios escritos. Ha trabajado en El Mercurio y en El Dínamo, transitando por las secciones de actualidad y cultura.

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