Pequeñas instantáneas de lectura

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Crédito foto: Jon Nicholson

Hace algún tiempo atrás, digamos unos 22 años más o menos, me pasó una de las cosas más importantes de mi vida: aprendí a leer.

Típica experiencia que se transmite desde profesores, padres o adultos a los niños, y que en casi todos los casos evoca situaciones bellas o románticas de nuestra infancia. En mi caso resultó ser un trámite para cumplir un solo objetivo: terminar los cuentos que quedaban tirados sobre mi madre. ¡Qué bella es la memoria que nos permite falsear los recuerdos para transformar situaciones ridículas en una tragedia!

Aprendí a leer para terminar los cuentos que quedaban tirados sobre mi madre, que caía dormida

Todavía recuerdo mi insistencia y fascinación por las historias para niños que me contaban en esa época, y que no eran mucho más que la Caperucita Roja, el Gigante Egoísta y varios textos que lamentablemente hoy han adaptado en la literatura infantil (sin caperuzas asesinadas y gigantes come niños que no se arrepienten ni un poquito). Mi colección era particularmente bonita, ya que los cuentos tenían una tapa de cartón llena de puntitos de colores que irradiaban alegría y ansiedad, como los de la artista japonesa del momento, Yayoi Kusama.

Fuera de esos detalles, lo importante era que le insistía a mi madre para que me leyera y releyera esos libros durante todas las noches de todos los días; pero como ella llegaba tan cansada después de su pega, caía inevitablemente dormida. Esto evidentemente significaba el fin del cuento para mí, mientras que imagino que para mi madre implicaba un angustioso sueño interrumpido por pesadeces de una niña que debería haber aprendido a leer hace rato.

Sin embargo, tengo la impresión de que este primer obstáculo fue el que marcó mi obsesión con los libros, y con la acumulación excesiva de textos, cuadernos, cartas, anotaciones y listas de feria que me encontraba en la calle: no sólo quería leerlo todo, sino que además documentarlo todo, como si pudiese hacer un diario de vida del mundito en el que vivía junto a las señoras de la cuadra.

Esta obsesión por la lectura duró largos años, y hasta el día de hoy aparece. Anoto algunas notas al pie de página de una fijación que no se va del todo: yo recogiendo un diario de vida en la calle y leyéndolo camino al trabajo; yo cuando chica chocando con una infinidad de postes, personas, perros y demás artefactos que componen la ciudad de me manera elevada (y con chichones de por medio, por supuesto); yo interesándome más por un mundo inventado que por el presente, o yo llorando con la muerte de Snape (el personaje de Harry Potter) a los 25 años, mientras intentaba ocultar mis lágrimas a los ojos acusadores de los académicos y estudiantes de filosofía.

Concurso por el Día del Libro: Queremos que ustedes hagan un ejercicio similar al de esta columnista. Comenten aquí cuáles fueron los primeros libros que leyeron y qué recuerdos tienen de sus comienzos en las letras. Habrá 3 ganadores, que por sorteo se llevaran libros ilustrados al final del día.

Autor: Daniela Navarro (1 Entradas)

Licenciada en Educación y Filosofía de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación. Ha participado en proyectos de índole social y feminista. Actualmente, trabaja en el equipo de Ediciones Ekaré Sur.


7 comentarios para “Pequeñas instantáneas de lectura

  1. Juan José Yáñez

    No recuerdo los primeros libros que leí, pero si los que me dejaron marcado durante la niñez, por distintos motivos, y que aún conservo dentro de mi colección personal, por lo mismo los vuelvo a leer de tanto en tanto, primero que nada de Manuel Peña «El Collar de Perlas Negras», un hermoso relato que mezcla la fantasía y la nostalgia de gran manera, en la actualidad he podido encontrar una evolución de este tipo de relatos en la obra de Ruiz Zafón. Como muchos, mis padres me compraban Icarito y Soluciones Escolares, así que coleccione libros y fui leyendo bastante, una de mis series favoritas era «Un día en la vida de…» de las autoras Balcells y Güiraldes, me encantaba la ficción mezclada con los datos históricos.

  2. Claudio

    Recuerdo que siendo muy niño, me acercaba al escritorio de mi abuelo, para jugar con sus libros y cuadernos. Él, un estudiante «amateur», practicaba el don de la paciencia conmigo. Hasta que decidió enseñarme letra a letra, el arte de interpretar signos que es la lectura.

    Mis comienzos fueron los mismos textos religiosos que estudiaba mi abuelo, no comprendía gran cosa, pero juntaba las letras y conocía nuevas palabras. Luego fueron las revistas ilustradas de las caricaturas del » Pato Lucas», «Porky», » Elmer gruñón», el conejo «Bugs Bunny» entre otro, que mi mamá me compraba en los Kioscos del barrio. Cuando ingrese a primero básico, ya sabía leer.

    Luego, comenzaron las lecturas más estimulantes que despertaron en mí el placer y la curiosidad, por indagar en las tramas de las novelas de aventura. Fue ahí, donde descubrí la felicidad que conlleva la lectura. Y los tres libros imprescindibles de aquella época fueron: «El capitán de 15 años» de Julio Verme; «Los crímenes de la rue morgue» de Edgar Allan Poe; «El extraño caso del Doctor Jekill y Mr. Hyde» de Robert Louis Stevenson. Fui feliz cuando niño, y soy feliz ahora recordando. Gracias abuelito.

  3. Daniela

    Comencé a leer el colegio y el libro que siempre recuerdo es Harry Potter, el collar de perlas negras y el principito. En esta época la verdad no me llamaba la atención la lectura, solo leía por obligación. Pero luego, tomé un libro que mi prima le había prestado a mi hermana y que nunca leyó, este era Hush Hush. Lo leí y me encantó!!. Desde ese momento que no puedo dejar de leer, estoy constantemente leyendo y siempre pienso » Debí haber comenzado antes», pero nunca me imaginé que podría llegar a gustarme tanto, hoy leer es una de las cosas que más me gusta hacer. Leo a pesar de que tenga muchas pruebas y trabajos en la universidad y siempre que comienzo uno, no lo puedo dejar hasta que lo termino <3

  4. Constanza

    Siempre recuerdo que desde pequeña anhelaba ser como mi tía «Moniquita». No solo porque ella me leía libros de forma maravillosa (con una entonación y pronunciación fascinante). Yo quería ser como ella, porque me trasportaba un mundo desconocido. Lo que muchos adultos hoy recuerdan como el radio-teatro. Bueno en verdad era un pseudo-radio teatro, porque en verdad lo hacíamos era que ella narraba y nosotros, los pequeños, nos entreteníamos haciendo sonidos y ruidos tipo efecto especial. Recuerdo que cuando aprendí a leer por fin podría ser la narradora! Nunca me voy a olvidar de risitos de oro, los tres chanchitos y el gigante egoista y las millones de veces que escuchamos esos audios =D
    Que recuerdos mas lindos

  5. de niño tengo recuerdos más bien vagos: las fábulas de Esopo, cuentos de Quiroga y otros. Pero lo que me marcó fue al entrar a la universidad y toparme con las historias de Asimov, recuerdo muy específicamente como Fundación me impactó por su construcción de mundos y como enlaza la historia humana con la política y a raíz de eso su puede proyectar una sociedad, una verdadera obra maestra

  6. Isabel Espinoza

    Primero Felicitar a Daniela por su relato que es muy similar a lo sucedido en mi caso, pero con mi hermano que me leia cuentos, como no recordar un libro que me regalo se llama el «Principito»es un libro que marca epocas, ya que lo leí cuando tenia 12 y lo vuelvo a leer cada cierto tiempo y da interpretaciones que son distintas de acuerdo a la edad. Desde ese momento leo todo lo que cae a mis manos sin discriminación, claro que me gusta mucho los libros de Hernan Rivera de Letelier.
    Saludos!!!

  7. rosa

    De los primeros libros, ya hace mucho, no era difícil encontrar un libro en casa mis padres y hermanos mayores fueron y son ávidos lectores. Por lo tanto tantas veces me aburrí en alguna tarde de domingo, no pude con ellos y fue por eso que me convertí en uno de ellos… uno de los primeros libros fue «el fantasma del patio» lo leí y lo volví a leer tantas veces que casi lo sabia de memoria reí a carcajadas con ese libro, luego de esa experiencia no he parado y he pasado por muchos temas. Pero ese libro no me abandona, en alguna ocasión se lo leí a mi hija y a mi sobrina.
    Gracias por llevarme a mi infancia y a recordar esas tardes de domingo en un patio humilde donde en bancas de palo veía a mis hermanos y padres cada uno en una aventura y luego comentando cada uno su experiencia.

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