“Quiero creer que los chicos aún sienten placer en leer”

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En el día de su fallecimiento, reproducimos esta entrevista, otorgada por María Elena Walsh al Diario Los Andes de Mendoza.

Ya está en las librerías Hotel Pioho’s Palace, el nuevo libro de la autora de El Reino del Revés y Cuentopos de Gulubú. Hotel Pioho’s… forma parte de la colección Alfawalsh que, desde setiembre de 2000 hasta ahora reeditó doce títulos de María Elena Walsh. Sin embargo, a modo de cábala, éste no es el libro número trece; la autora prefirió numerarlo como «doce bis». El libro doce bis cuenta la historia de Dalila, una chica del interior que, junto a su tío, viaja a Buenos Aires y se hospeda en un albergue para artistas y estudiantes. Allí los nuevos personajes se encuentran con otros consagrados, como la tortuga Manuelita, para vivir desopilantes aventuras. Se trata de una narración en la que predominan los capítulos cortos, lo que la torna dinámica y atractiva para los lectores más jóvenes. El relato sirve de vehículo para mensajes que resaltan valores como la tolerancia y la ecología. Mientras que la caracterización de los personajes busca escapar de los estereotipos. Además, hay clara reivindicación del, devaluado, hábito de lectura.

«La verdad asusta a veces. Otras veces, pincha. Y a menudo duele, pero de vez en cuando refresca.» Así hablaba María Elena Walsh, madre y cómplice de Manuelita, cuando se presentaba como una atrevida muchacha que desafiaba con su arte. Walsh era, por entonces, poeta. Era, también, una vanguardista. A los 17 años, cuando el modelo femenino se circunscribía casi exclusivamente al mundo del hogar, ganó un premio nacional de poesía con un libro de título inquietante, Otoño Imperdonable. El encanto de la poesía lo descubrió junto al prestigioso Juan Ramón Jiménez, quien la llevó hasta Nueva York con el título de discípula. Luego, los tiempos de la bohemia la encontraron junto a Leda Valladares en París. El viejo mundo recibió con entusiasmo a estas artistas trashumantes, autoexiliadas durante el predominio peronista.

Ya en nuestro país, durante los convulsionados sesenta, Walsh simbolizó el estilo de la época. Eran los tiempos del psicoanálisis, las diferencias generacionales, la divulgación de Piaget y la nueva pedagogía que fundó Eva Giberti. Y, fundamentalmente, el resurgimiento de la cultura nacional. La música de fondo de toda esta movida, la que acunó a toda una generación de nuevos padres y nuevos modelos, fue sin duda esa mezcla de ternura, humor y transgresión que representó Walsh y que le reportó el éxito y el reconocimiento que la acompañan hasta ahora. Aunque la autora de Dailan Kifki se empeñe en dejar sentado que no está entre sus intenciones hacer “contrabando ideológico” a través de sus cuentos y canciones, en un libro publicado en 1993 por Ilse Luraschi y Kay Sibbald, se analiza el tema que mejor define el estilo Walsh: el disparate. «Según la Real Academia disparatar es decir o hacer una cosa fuera de la razón o la regla. El disparate no sólo implica la ruptura de las reglas, sino que además comprueba la presencia de las mismas y nos da pistas sobre la sociedad que las establece o las respeta». El disparate, en síntesis, no comunica mentiras, sino alternativas. Y quizá aquí radique justamente el encanto y la vigencia de su obra.

En una charla telefónica con nuestro suplemento la autora se confesó a favor de la lectura electrónica, pero sobre todo a favor de la lectura a secas. También dijo que la aparición de este tipo de libros «es una forma de contrarrestar el efecto que puede tener sobre los chicos la mala programación de la televisión».

-¿En que medida han cambiado los hábitos de lectura con la aparición de las nuevas tecnologías?

-Hay una edad en la que no se cambia mucho, sobre todo en cuanto a las fantasías. De todos modos, no es mi intención actualizarme en función de los cambios que puedan demostrar los chicos. Quiero creer que los chicos y los grandes que los acompañan todavía sienten placer en leer libros y en contar cuentos. Supongo que todos estos cambios los afectan.

-¿Qué tendencias se acentuarán en el futuro?

-En cuanto a cómo serán los lectores del futuro, no tengo la menor idea, ojalá los haya. Pienso que va a pasar un buen tiempo para que la lectura se haga exclusivamente a través de medios electrónicos. No obstante, si pudiera ver el porvenir hubiera sacado la plata del banco antes del corralito.

En cuanto a la influencia de la televisión sobre los más jóvenes creo que, en términos generales, es siniestra. Empezando por el lenguaje, que es muy pobre y muy soez. Lo mismo en cuanto a los contenidos. Es una televisión escandalosa, y que no informa.

Volviendo al tema del hábito de leer, veo que hoy existen grandes diferencias sociales entre los chicos que reciben instrucción y los que no la reciben, los que comen y los que no comen. Los niños están viviendo las angustias de los grandes y es un momento ideal para no abandonar los cuentos, las fantasías y en general todo lo que se les pueda brindar a los chicos en materia de libros.

-¿Qué referencias reconoce en la literatura infantil?

-Me gustan los clásicos, los anónimos, las Mil y Una Noches, nuestras coplas, el folclore latinoamericano.

-¿Por qué cree que el gobierno no jerarquiza a la hora de elaborar los presupuestos un tema tan prioritario como la educación?

-Porque no toma en serio ninguno de los temas realmente importantes, están entretenidos en sus temas propios en mantener sus puestos y sus privilegios. Entonces la educación, la salud, los temas realmente importantes, están cada vez más desatendidos. Por eso la sociedad toda ha decidido hacerse cargo y solucionar ese vacío.

-A fines de la dictadura usted publicó un polémico artículo: «Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes», en el que reflexionaba acerca de lo que nos faltaba crecer como Nación. Hoy ¿en qué etapa ubicaría a nuestra democracia?

-En este momento estamos, según mi percepción, bajo otra forma de terrorismo de Estado, que se manifiesta a través de los abusos financieros y bancarios y de abandono total de los ciudadanos por parte del Estado.

-¿Cuáles serían las deudas pendientes?

-Tener una democracia aceptable en serio y decente, y espero que la consigamos algún día.

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