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Recados de Gabriela Mistral

Juan Morel Por Juan Morel

A 75 años de que Gabriela Mistral haya sido la primera mujer y la primera latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura, la recordamos con una invitación a leer su prosa, sus textos políticos, y específicamente “Menos cóndor, más huemul”, un breve recado que envió a Chile en 1925, que pareciera ser más actual que nunca en un momento en que estamos pensando cómo queremos ser como país.

Cuando Gabriela Mistral quiso formalizar sus estudios de profesora ingresando a la Escuela Normal de La Serena, el capellán de la escuela, Manuel Ignacio Munizaga, decidió rechazar a esta joven poeta y profesora por considerar sus escritos “algo socialistas y un tanto paganos”. Es irónico que una lectura tan clara y tan temprana de los textos de la Mistral haya sido precisamente la lectura que años más tarde tendería a eludirse, para enfatizar la figura de la poeta educadora que escribía poemas para niños y niñas.

Por suerte, hace ya unos años que esa imagen incompleta de la poeta ha sido complementada. Ahora, gracias a la aparición de nuevas ediciones que muestran la versatilidad y diversidad de su obra y su pensamiento, se nos ha ido revelando y acentuando la idea de una Mistral que reflexionó constantemente sobre temas políticos y paganos de Chile y América Latina.

Pero esta imagen de una Mistral activa políticamente no es algo realmente nuevo. La verdad, es que mucho antes de ser una escritora laureada, muchos antes de ser el nombre de escuelas (más de 60 a lo largo de Chile) y centros culturales, la escritora y pensadora del valle del Elqui fue una figura local que mantenía vínculos con escritores, políticos, anarquistas, y ciudadanos comunes que acudían a ella en busca de sus palabras. Y Gabriela Mistral escuchaba a todos, a las chinchillas, a las lagartijas, a los pajaritos, y a toda la variedad de árboles y piedras, además de a los chilenos que se le acercaran.

El escritor González Vera en su libro autobiográfico Cuando era muchacho nos cuenta cómo Mistral, en sus últimos años en Chile, era una figura que despertaba una especie de devoción en él y en muchos otros que la visitaban a diario. “Nos daba once, comida, té en la alta noche y, entreverados, dulces y pasteles que, seguramente, adquiría por mayor. Si veíase precisada a salir, íbamos con ella y la acompañábamos de vuelta.” Pero no era solo él y su grupo, a la poeta la visitaban de todas partes.

En la mañana acudían pastores protestantes, teósofos, militares en retiro, profesoras, algún expresidiario, vendedores, funcionarios, inventores y tipos extraños que vistos en la calle podían infundir miedo (…) Llegaban como dormidos y sentábanse. Ella sonreía. Producíase la iluminación y comenzaba a flotar en una atmósfera sedante. Gabriela Mistral inclinaba la cabeza y decía unas cuantas palabras. Su voz tiene un tono algo monótono que agrada. Es la suya una voz que gotea (…) Cada auditor siéntese ennoblecido: los sentimientos más enaltecedores se adueñan de ellos y las pequeñas congojas de la vida cotidiana se esfuman. Es un ser absolutamente medicinal. Cuando es inevitable irse, atención que todos retardan, no dejan de experimentar contrariedad. Querrían quedarse para siempre, no perder ese nirvana. Se van porque adivinan que otros sujetos con el alma en pena esperan el turno de la tarde.

Créditos: bibliotecagabrielamistral.gob.cl

También desde fuera de Chile, algunos quisieron sus consejos. En 1922, el secretario de Educación de México, José Vasconcelos, la invitó a su país para colaborar en las reformas educativas que se estaban llevando a cabo. Ante la invitación de Estado mexicano, el presidente chileno de entonces, Arturo Alessandri, dijo que “había otras chilenas más inteligentes y dignas de ser invitadas a semejante labor”, a lo que Vasconcelos respondió en un telegrama: “Más convencido que nunca de que lo mejor de Chile está en México”. En su estadía en México, Mistral publicó Lecturas para mujeres, una selección de textos de autores latinoamericanos y europeos para ser utilizado en la educación de las mujeres mexicanas.

Después de dejar Chile, la poeta comenzó una vida errante que la llevó a vivir en distintos lugares de América y Europa. Desde el extranjero, tal como hacía cuando era visitada en su casa en Santiago, siguió hablando sobre el campo, la política, la enseñanza, en textos que publicaba en diarios y revistas o en presentaciones que hacía en distintas universidades o espacios públicos. Esta escritura en prosa con un foco más político ha sido recopilada en distintas antologías: Recados contando a Chile (Editorial del Pacífico, 1957), Gabriela Mistral. Escritos Políticos (FCE, 1994), Por la humanidad futura (La Pollera, 2015), y también se encuentra disponible en un sitio antiguo, pero aún en pie: Retablo de Literatura Chilena, de la Universidad de Chile.

En su prosa, Mistral abarca temas como el feminismo, la necesidad de protección de la naturaleza, la música del pueblo mapuche, o –escribirá en “Agrarismo en Chile”, parte de Por la humanidad futura– sobre la importancia y urgencia de una reforma agraria que la autora defendió desde la década del 20 y consideraba fundamental para que pudiese haber democracia.

Hay uno de sus recados que ya ha adquirido una merecida fama dentro de la obra de la poeta y que incluso llegó a ser una referencia en los muros pintados tras el estallido social, donde se podía leer la sintética y metafórica propuesta del texto: “Menos cóndor y más huemul”. Este recado, publicado originalmente en El Mercurio en 1925, es un texto fundamental que pese a haber sido escrito hace casi un siglo, podría inspirar los nuevos procesos que nos llevan a pensar el país que queremos. Si existiera una prueba para optar a la nacionalidad chilena (cuando se cumple cierta edad o cuando se llega al país), este texto debiese ser lectura obligatoria. Es, además, una gran introducción al pensamiento y la poética tan política y pagana de Gabriela Mistral, quien aún nos sigue hablando con esa voz que gotea y que todavía despierta esa admiración a su ser “absolutamente medicinal” que nunca dejó de pensar en su patria, por muy ingrata que ésta haya sido con ella.

Créditos: lajugueramagazine.cl
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Juan Morel

Sociólogo y Licenciado en Estética. Ha participado en proyectos de mediación artística y lectora, e investigado sobre historia cultural de Chile. Tiene un gran interés por la música y la poesía. Trabaja en La Fuente desde 2015.

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