Ana

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Autor: Marjorie Agosín y Francisca Yáñez Año: 2015 Editorial: Das Kapital Reseña de: Carolina Ojeda

Este libro es uno de los 59 títulos seleccionados en el segundo boletín del Comité de valoración de libros Troquel

“Desde los árboles anaranjados y amarillos se filtra la lluvia sobre la ciudad de Amsterdam.” Así empieza el libro Ana, reimaginando el diario de Ana Frank. Y este comienzo, tal como en una pieza musical, da el tono de lo que será el universo imaginado en palabras por Marjorie Agosín y en imágenes por Francisca Yáñez.

Marjorie Agosín es chilena, radicada en Estados Unidos, poeta, ensayista, profesora y novelista. Ha desarrollado su trabajo literario en torno a la justicia social, a los derechos humanos, y a una preocupación permanente por mantener la memoria histórica de aquellos hechos más traumáticos de la historia. Siendo judía, la II guerra mundial se configura como un acontecimiento profundamente doloroso y cercano para ella. Y la figura de Ana Frank toma cuerpo en su alma y en su intelecto como la representante histórico- literaria de las atrocidades sufridas por el pueblo judío.

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“El legado de Ana Frank, más que una presencia, es una memoria viva que deja huellas, que palpita, que nos hace enfrentarnos todos los días con nuestra historia.”

El texto recoge algunos de los hechos concretos que están narrados en el propio diario de Ana pero la melodía general resuena en forma de poesía. Agosín hace suya la mirada, el oído, el alma de la joven Ana, para contarnos su vida en Amsterdam, desde antes de la ocupación alemana hasta el nefasto día en que los nazis destruyen el mundo de la joven y de su familia.

La voz de Ana no le resulta ajena a la poeta. Su vida también se vio marcada por una temprana separación –obligada- de su tierra natal. A los 15 años, con la amenaza de la dictadura militar sobre sus cabezas, la familia de Agosín decidió partir a Estados Unidos. Según sus propias palabras, esta disrupción física, territorial y lingüística forjó su carácter poético. Sentirse extraña, ajena, propició esa mirada que solo los poetas ostentan: la del extrañamiento, del descubrimiento de ese lenguaje otro que le permitirá nombrar las cosas, las emociones. “Aunque escribo acerca de las experiencias traumáticas que las personas atraviesan, no creo que mi literatura tenga rabia; contiene mucha reflexión, pero no rabia. A lo mejor, es ahí donde se encuentra la paz.”*

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En el poemario Querida Ana Frank, Agosín vuelca todas sus preguntas, sus alegrías y desconsuelos en la figura de Ana, esa imagen que la acompañó desde su infancia y con la que comparte algo más que la religión y el sueño de escribir: “Este diálogo con Ana Frank, más que recordar a una figura histórica, presenta las siguientes interrogantes que tienen fuertes conexiones con las dictaduras de Latinoamérica y en especial de mi país de origen, Chile. […] ¿Cómo recordar a un pueblo sin tumba? ¿Dónde poner flores a esos rostros, a esos cuerpos adormecidos en el aire? ¿Cuál sería la ceremonia catártica para recordarlos? Mujeres, niñas, jóvenes, militantes por la libertad, arrancados de la luz del día en las dictaduras del Cono Sur. De calles, bares, aldeas y ciudades a lo largo del mapa de Chile. Cuando la junta militar chilena, en el año 1973, llegó a golpear a las puertas de nuestro barrio para arrestar a las mujeres, arrastrarlas del cabello para luego raparlas; cuando las hicieron desaparecer en la noche llena de nieblas, también pensé en Ana.” (Prólogo de Querida Ana Frank).

La ilustración del libro, a cargo de Francisca Yáñez, construye un universo paralelo, en total coherencia con el texto poético. La ilustradora comparte la experiencia del destierro y del desarraigo de la propia tierra con Frank y Agosín, pues el golpe de estado obligó a su familia a huir del país. Francisca nos otorga su mirada en sus propias palabras:

“La única sensación que para mí era desconocida era el encierro. Trataba de imaginarme cómo sería si tuviera que vivir años encerrada. A los 13 años, 3 años de encierro es una parte importante de la vida. Eso fue lo que me importó dibujar. No me importaba si tenía calcetines con puntos o la taza del té era blanca. Lo importante es que estaba encerrada. Las imágenes están todas delimitadas dando cuenta de ese encierro, excepto dos, que hablan del anhelo de libertad. En ellas los personajes están a punto de salirse de la página.”

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A pesar de lo anterior, Yáñez es generosa en detalles, en texturas y en espacios donde un papel mural, un piso de baldosas o una puntada de hilo, rebosan de sentido y completan, de manera contundente pero delicada, el texto poético.

Yáñez continúa: “Ilustrar un texto poético es ponerle una imagen a lo que está dicho entre líneas y no directamente en las palabras. La dificultad de Ana radica en que, además de ser un texto poético, se trata de un personaje histórico, reconocido por personas de distintas edades y culturas como una figura simbólica para abordar los horrores de la guerra. Ese carácter simbólico es el que finalmente sirve de eje para unir tanto el universo poético como el histórico para que permita construir una lectura en la actualidad, donde los temas que aborda el libro siguen vigentes y se vuelven aún más complejos. Cuando una niña es la que le cuenta a la humanidad la barbarie que ocurrió, ponemos otra atención porque ella también le puso atención a las cosas que estaban en el universo íntimo, habló de su mundo cercano y de cómo éste fue afectado por la guerra. Quise darle espacio a esa ternura en las imágenes porque es la ternura que necesitamos para leer lo que pasa hoy con aquellos niños que reviven la historia de Ana Frank en distintas partes del mundo.”

Reimaginar el diario de Ana Frank, con la ternura de la que habla Yáñez y con la mirada otra que imprime Agosín a las palabras de la joven es una experiencia que no debemos perdernos hoy, en este presente que, de manera incomprensible, repite los horrores del pasado.

*Entrevista de The Fourth River

Ficha biográfica

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Autor: Carolina Ojeda (13 Entradas)

Estudió literatura y pedagogía en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Máster en Libros y Literatura para niños y jóvenes en la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente se desempeña como directora del Centro Troquel. Mantiene el blog personal: pensandolalij.com