Uncle Bill: William Burroughs en cómic

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Autor: Bernardo Fernández (Bef) Año: 2015 Editorial: Catalonia Reseña de: Pablo Espinosa

Este libro es uno de los 59 títulos seleccionados en el segundo boletín del Comité de valoración de libros Troquel.

La generación beat no deja de tener cierto magnetismo. El aullido (1956), de Allen Ginsberg; En el camino (1957), de Jack Kerouac; y El almuerzo desnudo (1959), de William Burroughs (1914-1997), son todavía lecturas iniciáticas para muchos lectores. Entre los beatnicks, Burroughs fue el más veterano –el «tío» del movimiento— y se mantiene hasta hoy como la figura más enigmática. Pudo haber sido sólo un drogadicto; si no hubiese escrito Junky (1953), su primer libro, el testimonio descarnado de su experiencia con las drogas. Pero más allá de la literatura, su vida es una leyenda que corre de boca en boca, que tiene un hecho ineludible: el disparo con el que Burroughs mató a su esposa. Ocurrió en 1951, cuando vivía en México, el lugar central de la novela gráfica Uncle Bill, del mexicano Bernardo Fernández (Bef), publicada por Catalonia.

Uncle Bill no es precisamente la biografía en cómic de William Burrougs. Es, más bien, la historia de la fascinación como lector que Bef entabló con Burroughs, desde que lo leyó por primera vez en 1991. En el cómic hay 5 intermedios llamados “Bill & me: una historia de amor”, donde Bef explica su relación con Burroughs. Primero fue leer todos sus libros (difíciles de conseguir), luego leer todo lo escrito sobre él, luego viajar a los lugares a los que él viajó. Y, claro, rastrear todas sus apariciones: en la portada del disco Sgt. Pepper de los Beatles, en un disco con Kurt Cobain (The priest they called him), en un video clip de U2 (al final de Last time on earth). La investigación inevitablemente lo llevó su propio país: México.

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Burroughs llegó de Norteamérica a México en 1949 escapando de la ley. Y como leemos en el cómic, en palabras de David Huerta: “Burroughs pasó por México como cualquier turista gringo. Sin ningún interés por la cultura mexicana”. Entramos así en cantinas mexicanas dibujadas por Bef y, como infiltrados, escuchamos las conversaciones de Burroughs. Conocemos también a oscuros personajes, como Bernabé Jurado, el abogado del escritor (alias «El abogado del diablo), que por los continuos problemas que Burroughs tuvo con la ley, tiene un rol protagónico en la historia. De forma más breve, están también presentes en el cómic otros beatnicks, como Ginsberg, Kerouac y Neil Cassady.

Bef admite su fascinación por Burroughs, pero es capaz de presentar un retrato honesto del escritor: bisexual, mal padre, pésimo narcotraficante y un asesino. Al hablar de Burroughs es imposible dejar de mencionar la muerte de su esposa, Joan Vollmer (con la que alcanzó a tener dos hijos), a la que disparó en 1951 jugando Guillermo Tell. Gracias a su abogado sólo estuvo 2 semanas en la cárcel, pero la culpa siempre lo persiguió: “Jamás me hubiera convertido en escritor de no haber sido por la muerte de Joan”, escribió en 1985. El cómic —que incluye una amplia bibliografía y pequeñas biografías de los personajes que aparecen— termina cuando Burroughs deja México para siempre, en 1952.

No hubo mucha celebración el año 2014 por los 100 años del escritor; quizás, como dice Bef, es porque Burroughs sigue siendo una figura incómoda para la cultura oficial. De todas formas, Uncle Bill sirve como homenaje y una invitación a volver a los libros de Burroughs.

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