Marcado como un ser de la noche obsesionado por la justicia desde la obra de Frank Miller, Batman ha llegado a los 75 años de vida convertido en un héroe sombrío, sicopático, incapaz de sonreír y con la tragedia cercándolo permanentemente. Sin embargo, las posibilidades de un personaje como él no se agotan en historias violentas y oscuras. Batman 66’ y Li’l Gotham son las dos series digitales de DC que en el último tiempo han demostrado que al hombre murciélago también le sientan los colores.
Hablemos de Batman. Cuando a uno le gustan los cómics, inevitablemente llega el momento en que debe abordar la célebre creación de Bob Kane (con la importantísima y no siempre reconocida colaboración de Bill Finger). Razones para hablar hoy de Batman hay varias: los 75 años que este 2014 se cumplen desde su aparición en el número 27 de la revista «Detective Comics»; la acertada/desacertada elección de Ben Affleck para interpretarlo el 2015 en el cine en su enfrentamiento/alianza con Superman; la inminente serie de televisión Gotham, en la que se relatará la traumática infancia del joven Bruce Wayne en su camino a convertirse en el hombre murciélago. Todas noticias que han escapado del restringido mundo de las historietas y se han colado en los noticieros centrales de los canales de televisión como si se tratase de la vida de una celebridad. Es por eso que hay que hablar de Batman: hoy por hoy es uno de los personajes de cómics más rentable para la industria de los superhéroes y uno de los más conocidos para las personas que no han tocado nunca un cómic. ¿Por qué tanto éxito de un héroe nacido en 1939, en plena depresión americana?
El oscuro Batman de hoy
La historia de Batman es larga y no tiene mucho sentido tratar de abarcarla aquí. Sería imposible, además. Entonces, resumámosla: niño millonario pierde a sus padres a manos de un delincuente común y jura que algo así no le ocurrirá nunca más a nadie de su ciudad. ¿Qué hace? Se entrena toda la vida, estudia mucho y sale de noche vestido de murciélago. Obvio. Para asustar a los criminales, se supone. Hay que agradecer, entonces, que no haya decidido vestirse de otro animal. Un avestruz, por ejemplo. Un ornitorrinco. Una pulga. Una vaca… Porque, reconozcámoslo, hay algo ridículo en toda la premisa, ¿no? Y si a lo largo de 75 años vamos sumándole varios adolescentes que deciden acompañarlo vestidos de colores chillones, una galería de villanos que va de lo aterrador a lo absurdo, un Batiperro y un Batiduende, distintas Batichicas, Batimujeres, Baticuevas y Baticópteros, uno no puede evitar preguntarse cómo es que sigue tan vigente y exitoso.
El Batman que hoy llena los cómics y las pantallas de cine, parece ser un reflejo de las paranoias de nuestra época.
El Batman que hoy llena los cómics de DC, las pantallas de cine y de televisión, parece ser un reflejo confiable de las paranoias de nuestra época, de la indignación ante la decadencia y corrupción que hunden nuestra sociedad, del deseo políticamente incorrecto de que alguien alguna vez se tome la justicia en las manos y aplique mano dura. Al menos ese es el Batman que se repite con más o menos variaciones desde el año 1986, cuando Frank Miller revolucionó al personaje en el cómic El regreso del señor de la noche al imaginarlo como un ultraviolento justiciero. Desde entonces y dado el éxito comercial y crítico obtenido por Miller, Batman es ceñudo, serio, desconfiado de sus amigos y frío como los sicópatas a los que se enfrenta. Un héroe trágico enfrentado a un destino adverso, un solitario hombre atormentado con un alma oscura.
Pero volvamos atrás. Son 75 años, ni más ni menos. Y en 75 años a Batman le ha pasado de todo. Muertes, resurrecciones, viajes en el tiempo, escapes imposibles, trampas increíbles, una cuestionada relación con su pupilo, muertes de sus compañeros, resurrecciones de sus compañeros, parálisis varias, descubrimiento de un hijo entrenado por asesinos, viajes espaciales y extraterrestres variopintos, traiciones a su alrededor, fantasmas y experimentos científicos, intentos de matrimonio, decepciones, secretos familiares revelados, cachetadas a Robin, reconciliaciones, más muertes, resurrecciones y reinicios. Es decir, la historia del personaje va mucho más allá de la imagen reduccionista de los puños apretados, el ceño fruncido y la capa negra al viento. En sus 75 años, Batman tiene mucho colorido que mostrar. Y DC sabe que ahí hay un filón dorado que explotar también.
Batman 66’: el festivo retrato pop
La década de los 50 y de los 60 fue una época oscura para Batman. Oscura, al menos, para la visión que se impone hoy sobre el personaje, ya que si algo hubo en sus historias durante esos años fue color, brillo y luminosidad. Durante esos años, los cómics y los superhéroes fueron duramente cuestionados por su influencia en los sanos y rubicundos niños estadounidenses de la postguerra. En 1954, la publicación de Seduction of the innocent del doctor Fredric Wertham supuso para la industria el golpe más duro de su historia al responsabilizar a las historietas de la creciente liberación de la juventud. Y a Batman le llegará una acusación especialmente sórdida para ese entonces: el cuestionamiento de su relación con el joven Robin. Un niño influenciable bajo el alero de un hombre soltero, maduro y millonario. Con un flemático mayordomo atendiendo todos sus caprichos y sin ninguna presencia femenina cerca… Muchos padres corrieron espantados a quemar los cómics que inocentemente habían regalado a sus hijos.

El doctor Fredric Wertham, autor de «Seduction of the Innocent», invitado a un programa de televisión.
En 1954, la publicación Seduction of the innocent responsabilizó a las historietas de la creciente liberación de la juventud.
La respuesta de DC fue aligerar las aventuras de Batman. Comenzaron los viajes por el espacio y el tiempo, las moralejas que educaban a Robin, las historias en que el hombre murciélago era un ciudadano modelo, la llegada de varias féminas a la mansión Wayne y la formación de la que se conoció como la batifamilia. Sí, con batimascota incluida y un retrato familiar. ¿El resultado? La casi cancelación de la revista.
Pero el año 1966, Batman es rescatado del olvido en un programa televisivo familiar. Sí, la “infame” serie con Adam West como un acartonado héroe acompañado por un muy expresivo Burt Ward como Robin. El tono de la serie era una mezcla de comedia, acción y sicodelia pop en la que los villanos parecían más interesados en jugar con el solemne y siempre correcto héroe de una ciudad Gótica iluminada y feliz que en concretar sus rebuscados robos. Los encuadres de cámara en diagonal y las onomatopeyas saltando hacia el espectador a cada golpe de puño son quizás los elementos visuales más recordados, así como ciertas escenas de antología (la competencia de surf entre Batman y Joker o el héroe pidiendo un vaso de leche cuando junto a Robin se infiltran vistiendo sus coloridos uniformes en una discoteque juvenil, por ejemplo).
Ese espíritu lúdico y rebosante de autoironía es lo que desde 2013 ha rescatado Jeff Parker en su serie digital Batman 66’, de la editorial madre del personaje. Acompañado de varios dibujantes, ha creado nuevas historias en ese universo pop, nostálgico y divertido en el que muchos lectores hoy adultos crecieron. Jeff Parker es un autor estadounidense que ha trabajado para distintas editoriales, entre ellas las dos grandes: DC y Marvel. Sus historias suelen tener un cierto aire nostálgico, por lo que no es raro que se haya hecho cargo de personajes clásicos de los 40, como Flash Gordon, Mandrake o el Fantasma.
Dentro de esta misma línea se inscribe Batman 66’, serie que primero apareció en formato digital para luego ser impresa en papel. Ahí están de nuevo las historias simples y en apariencia inocentes (aunque tal como la serie televisiva, el subtexto dé para muchas lecturas); ahí están los villanos clásicos con sus crímenes inofensivos y sus trampas descomunales; ahí están de nuevo las efusivas exclamaciones de Robin golpeándose el puño al descubrir las claves ridículas de cada caso (¡santa polaridad invertida!); ahí están también los correctos ciudadanos de Gótica bebiendo martinis y danzando al ritmo del batusi, el nuevo estilo de baile que impuso la serie durante una temporada con unos sincopados pasos del tieso Adam West.
Visualmente, Batman 66’ es un festín de colores. El dibujo es simple y recuerda permanentemente el pop art de Andy Warhol con colores intensos y planos, alejados de todas las posibilidades tecnológicas que hoy se ofrece a los ilustradores. La idea parece ser, justamente, el rescate de un tipo de dibujo y coloración de épocas pasadas. Épocas más coloridas y festivas. Cuando Batman lo pasaba bien asumiendo un poco lo ridículo que en realidad puede ser.
Un Batman amable: Li’l Gotham
Pero Batman puede ser hoy colorido sin necesidad de una mirada retro o una perspectiva sarcástica sobre el personaje. También lanzada primero digitalmente en 2012, la serie de doce números Li’l Gotham ofrece un bonito retrato en tonos pastel del mundo de ciudad Gótica, centrándose en uno de los personajes más nuevos en el universo de Batman: su malhumorado hijo Damian Wayne, el más reciente y más joven Robin. Y el más violento también, aunque apenas tenga 10 años.
La serie de doce números Li’l Gotham ofrece un bonito retrato en tonos pastel del mundo de ciudad Gótica.
Los artistas Dustin Nguyen y Derek Fridolfs, que se hicieron cargo de las doce entregas, se enfocaron en este niño entrenado por asesinos internacionales para convertirse en la perfecta máquina de matar. Convertido ya en Robin y bajo la protección de un paternal Batman, Damian intenta comprender las motivaciones de su padre y resistirse a las sangrientas lecciones recibidas desde su nacimiento. Así, la imagen de Batman aparece aquí iluminada por el contraste que se genera con un personaje potencialmente más oscuro que él mismo, pero que por tratarse de un infante ofrece una mirada ingenua y deslenguada de la realidad. En torno a esta curiosa relación padre-hijo, Nguyen y Fridolfs reconstruyen la denostada batifamilia de los 50 y 60, incorporando a los distintos personajes del mundo actual de Batman en relatos que giran cada número alrededor de una festividad específica: Halloween, Día de Acción de Gracias, Navidad, San Valentín, etc. Las historias, así, sirven para mostrar el crecimiento personal de un niño incapaz de empatizar con otros y la progresiva valoración que hace de los lazos familiares y afectivos. El humor que atraviesa toda la historia es cálido y bienintencionado, alejado de la ironía de Jeff Parker en Batman 66’ y más cercano al público infantil al que aparentemente va dirigida.
Quizás el aspecto más llamativo de Li’l Gotham, aparte de la mirada más amable sobre Batman, sea el tratamiento visual que le da Dustin Nguyen. Empleando un dibujo más bien infantilizado y acuarelas para colorearlo, ciudad Gótica aparece aquí como un lugar alegre, pero no estridente. No hay aquí una nostalgia colorinche sesentera, sino que hay una representación ensoñadora de un mundo infantil y crepuscular a la vez. De acuerdo a la época de cada festividad retratada, los colores sirven para dar un tono determinado a la historia, predominando suaves colores pasteles que van de la mano con la perspectiva desde la que Damian Wayne observa su entorno.
Li’l Gotham, en definitiva, es un acercamiento a Batman respetuoso del personaje y de su historia, pero a la vez cálido y alejado de los desmembramientos y tragedias que llenan las otras muchas series sobre el personaje que hoy publica DC.
Las muchas caras de Batman
Tras 75 años de vida, Batman goza hoy de muy buena salud. Los anuncios de nuevas apariciones cinematográficas o televisivas son buena prueba de ello. Sin embargo, la longevidad del personaje también permite distintos acercamientos a él. Reducirlo al amargado justiciero que se impuso por allá por los ya lejanos años 80 y 90 puede acabar convirtiéndolo en un mal chiste repetido, por lo que opciones como las de Jeff Parker o Dustin Nguyen y Derek Fridolfs permiten refrescar una imagen que, por icónica, puede acabar convertida en una estatua inmóvil. Después de todo, es solo un hombre vestido de murciélago.





