Al cumplirse cinco siglos de su fallecimiento, la magnífica obra del pintor holandés Jheronimus Bosch, El Bosco, se tomó el año pasado una gran sala del Museo del Prado con la más amplia retrospectiva jamás exhibida. También en España, setenta salas de cine mostraron un documental en el que se enfrenta a distintos artistas e investigadores a El jardín de las delicias. Junto a estas acciones, los anaqueles de las librerías se llenan con textos de divulgación, que pretenden acercarnos a la imaginación de este gran artista holandés, entre ellas, dos ediciones seleccionadas el año 2016 como imprescindibles por nuestro comité Troquel.
El Museo del Prado tiene una de las colecciones más importantes de El Bosco, liderada por el tríptico llamado El jardín de las delicias: obra adorada por reyes —desde Enrique III de Nassau a Felipe II, el prudente—, se transformó en un botín en la Guerra de Flandes (1568) para llegar a reinar en las habitaciones privadas de El Escorial. Finalmente, en 1939, ingresó a la colección del Museo del Prado, gracias a la donación del Patrimonio Nacional.

Estas miles de personas se enfrentaron a toda su obra en silencio (a veces, acercándose más de lo debido), apreciaron los detalles en la creación de situaciones, las historias paralelas llenas de significados, la elaboración de personajes fantásticos: humanos y animales inverosímiles, propios de la mente afiebrada de este creador, que ha inspirado a decenas de artistas contemporáneos a él y posteriores a su vida. Obras que conjugan aspectos sagrados y paganos que nos hacen reflexionar, volver a mirar una y otra vez, en un ejercicio íntimo; y que nos conecta con nuestras propias creencias y valores.
Tardes de cine
Son las seis de la tarde y más de 700 personas hacen fila para asistir a la exhibición del documental El Bosco: El jardín de los sueños, en la sala Palafox, ubicada en pleno barrio Chamberí de Madrid. El grupo es variopinto: jóvenes, intelectuales, señoras jubiladas bien vestidas y con abanicos, caballeros con gafas y bastón, todos ellos comparten espacio y conversaciones, antes de ingresar a la sala principal. Y es que la atención de todo el mundo, en medio de la brillante primavera de la capital española, está centrada en la conmemoración de los 500 años de la muerte del pintor holandés.

“Cuando una obra maestra nos conmueve, escuchamos en nuestro interior la misma llamada de la verdad que impulsó al artista a crearla”. Con esta cita del director de cine ruso Andrei Tarkovsky comienza el documental —y a medida que este avanza— músicos, científicos, escritores, ilustradores, académicos, especialistas en arte e intelectuales de distintas partes del mundo establecen, desde su disciplina particular, un acercamiento a El jardín de las delicias. Es interesante ver cómo cada personaje se aproxima desde la mirada racional -propia de su disciplina- y la mezcla que se produce con el análisis impresionista y emocional que se tiene al ver este cuadro.
El filme, que se estrenó el 9 de junio de 2016 en más de 70 salas de cine de toda España, además de Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Polonia, Hungría y la República Checa, es un gran análisis coral en que los espectadores vamos entrando al cuadro, abriendo las puertas del retablo y conociendo más sobre El Bosco.
El Bosco en libros
Las principales organizaciones culturales del Reino de los Países Bajos, como la Fundación Mondrian o la Fundación para la Producción y la Traducción de Literatura Holandesa, entregaron financiamiento para la publicación de textos que acerquen la obra de El Bosco a un público diverso. Entre los cientos de títulos de diversa procedencia que llegaron a nuestro comité el año pasado, dos de ellos nos llamaron poderosamente la atención: El Bosco. La extraña historia de Hieronymus, el gorro, la mochila y la pelota, de Ediciones Ekaré, y la novela gráfica El Bosco, de Rey Naranjo Editores. Gracias a la calidad de ambos títulos forman parte de la categoría imprescindibles 2016 en el listado que, desde el año pasado, entrega nuestro comité Troquel a través de sus dos boletines anuales.
El indonesio Thé Tjong-King (1933) estudió arte en su país y a los 23 años se estableció en Holanda para continuar su formación profesional. Llegó a la ilustración gracias a que comenzó como dibujante, primero como voluntario y luego contratado, en el estudio de Martin Toonder, el más famoso de los historietistas holandeses. En ese país también se entrega a su fascinación por la obra de Jheronimus Bosch, cautivado por la delirante creación del maestro holandés presente en iglesias y museos.
Para Ediciones Ekaré, The-Tjong-King
Con solo girar la página, Tjong-King nos da la señal de que caemos a un precipicio junto con el niño explorador, un abismo que nos llevará a conocer y enfrentarnos con monstruos marinos, lagartos, brujas, ángeles ya sin alas; pobladores que claman piedad, en medio de un desastre de proporciones dirigido por criaturas hambrientas y despiadadas que toman para sí las posesiones de nuestro personaje: arrancan con el gorro, la mochila y la pelota, para obligarlo a conocer el infierno.
¡Qué gran invitación nos hace el ilustrador! Junto al personaje vivimos aventuras, clamamos por ayuda, somos capaces de apagar el heno encendido y de liberar a los presos por la lagarta bruja; y al mismo tiempo, conocemos un poco más las creaciones presentes en las ocho obras que inspiraron a Thé Tjong-King a concebir este libro álbum.
Por su parte, Marcel Rujters (1966) comenzó a publicar cómics a fines de los años ochenta. Ya entrado el nuevo milenio de deslumbró con la simbología del arte medieval. Un ejemplo de esta vinculación queda patente en el premio a la mejor novela gráfica editada en el año 2008, que recibió por su adaptación libre de El infierno, de Dante Alighieri.
Para darle vida a la novela El Bosco trabajó cuatro años en el intento de capturar la vida cotidiana y condensar los pasajes más importantes que forman parte de la formación del pintor holandés. Esta novela gráfica, editada en español por Rey Naranjo (2016), con la traducción de Maria Rossich y el trabajo tipográfico de Frits Jonker, es un ejemplo magnífico para conocer los elementos, las personas y los momentos que forman parte de la vida de El Bosco.

Y es que no hay mejor forma de potenciar la construcción de un lector que el hacerlo por diversas vías: cuando la música, el arte, la literatura, el cine se unen para ello el resultado no puede ser mejor. Junto con esto, no existe mejor forma de acercase a la comprensión total de un autor, que desde diversos puntos de vista. Así como los intelectuales lo hacen en el documental de López Linares, los lectores de a pie tenemos la posibilidad de entrar, a través de distintos medios y recursos, a la obra fantástica de un autor imprescindible como el Bosco.
La invitación ya está hecha.











