Con la idea incansable de hacer una crónica, comencé este día bastante gris; no necesariamente por el sol, si no por el ambiente que reina siempre en abril, que no es ni otoño ni invierno. Caminando por la calle República con mis audífonos puestos me fui escuchando una banda que se llama Beirut y me acordé. Me acordé de mis vergonzosos y pavos quince años, años en que la lectura no era todavía parte de mi vida ni mi entorno contribuía a eso.
En esa época, la revolución (fuera de la de las hormonas) era el nacimiento de los proyectos culturales en La Legua. El nacimiento -por lo menos para mí- de los Scout en la Legua; de «Luchín», una organización en la que soñaba llegar a trabajar; de «El volantín de Plumas Ocultas», un proyecto educacional de integración social para niños, es decir, para los cabros que estaban tirados en la calle sin ir a clases. Y un puñado de “nosotros” llenos de esperanzas en ese mundo mejor. Toda esa pulsión revolucionaria volvió a mi vida con las trompetas de Beirut, y al escuchar la canción «A sunday Smile», no sé cómo, regresó la imagen de Galeano a mí, mi primera lectura, que llegó junto a la música de Portishead, Radiohead, Björk, Pulp, Suede. Galeano, hermoso Galeano con esa prosa poética tan re linda por la chita.

Muerta de hambre llego a mi casa, como algo, prendo el computador. Galeano ha muerto a los 74 años. Un año menos que la edad que tiene mi abuela, puedo tocar esos 74 años. Galeano ha muerto y como las trompetas de Beirut lanzo el sonido al cielo a ver si se puede escuchar sobre la serpiente en la vía láctea.

