Pintora, ilustradora y escritora, la artista finlandesa Tove Jansson (1914-2001) es reconocida mundialmente por ser la creadora de los Mumin, una familia de troles escandinavos blancos, que se parecen a los hipopótamos. A lo largo de su carrera recibió importantes reconocimientos, entre ellos, el premio Hans Christian Andersen, en 1966, por su contribución a la literatura para niños. Nuestra colaboradora Soledad Rodillo se internó en su obras, y en el Mes del Libro y la Lectura, nos entrega este artículo que concentra los trazos más importantes de la vida de esta artista esencial.
Desde que mis hijos crecieron no suelo leer libros infantiles por gusto. Pero a Tove Jansson llegué por motivación propia, después de leer en una entrevista que una de mis escritoras favoritas, la escocesa Ali Smith, adoraba sus novelas: “sus ficciones para adultos escritas con claridad, franqueza previsión y negándose a comprometerse con las sombras y luces, como en sus ficciones infantiles, y sus ficciones para niños imbuidas con una filosofía adulta, experiencia, sabiduría, generosidad y perdón”. Y fue esa división intercambiable entre la literatura infantil y la adulta –de la que hablaba la Smith- la que me llevó a esta ilustradora y escritora finlandesa, y a sus libros infantiles protagonizados por troles bonachones y redondeados; y a su única novela para adultos, El libro del verano, que es de las novelas más lindas y sutiles que he leído en el último tiempo sobre el tema del duelo.
Nacida en medio de una familia de artistas Tove Jansson, cuya familia pertenecía a la minoría sueca de Finlandia, fue criada según Wikipedia en un hogar “excéntrico y ruidoso”, con un padre escultor, una madre ilustradora, una niñera que leía a Platón, un tití como mascota y dos hermanos —Per Olov y Lars—, que más tarde se dedicarían a la fotografía y la escritura, respectivamente. En ese entorno, no sorprende que ya a los 14 años Tove Jansson publicara sus primeros dibujos en distintos diarios de su país y que luego estudiara Arte en la universidad de Suecia y en escuelas de Finlandia, París y Londres.
Su gran fama llegó con los Mumin, unos personajes que creó en 1945 —durante la Segunda Guerra Mundial— tratando de hacer algo naïve e inocente porque la guerra la deprimía. El primer libro Los Mumin y la gran inundación (Småtrollen och den stora översvämningen, 1945) fue el que pasó más desapercibido, pero el segundo y el tercero, La llegada del cometa (Kometjakten, 1946) y La familia Mumin (Trollkarlens hatt, 1948), la hicieron inmortal y la convirtieron en la escritora finlandesa más leída en el extranjero.

Los Mumin: la filosofía, los afectos y la curiosidad
Estos troles blancos y redondeados, similares a un hipopótamo, que se lanzan a recorrer montañas y mares del mundo, están llenos de pensamientos generosos y sabios, aunque lo que escuchamos de ellos no siempre sea lo políticamente correcto. Mamá Mumin no tiene problema con que Papá fume. “Ha fumado toda su vida y ni tiembla, ni es calvo, ni tiene la nariz amarilla”, dice en Las memorias de Papá Mumin, para concluir: “Todo lo que es agradable de hacer sienta bien”.
Con los Mumin, Tove Jansson hizo un aporte novedoso al folclor nórdico al crear estos troles con características humanas, bondadosos y educados, amantes del sol y de la sopa de verano: tan distintos a los otros troles tontos, temibles y carnívoros de la tradición escandinava, que los niños temían y rechazaban. Los Mumin viven en familia, rodeados de amigos y en medio de ríos, bosques y montañas, un paisaje que no les da inseguridad, porque siempre confían que al final de cada aventura o calamidad algo bueno les pasará o que alguien los rescatará. Son puro afecto, y esto se puede ver en cada libro de la saga. En Las memorias de Papá Mumin (Muminpappas bravader, 1950) Papá Mumin le describe a su hijo su vida aventurera y la razón por la que decidió abandonar de pequeño el orfanato donde la cuidadora era una Hemul que “los retaba con más frecuencia de lo que los mecía en su regazo”. Y en La Familia Mumin hay otro pasaje que pone el énfasis en los afectos cuando ningún amigo reconoce a Mumin que se ha convertido en un bicho por meterse dentro del sombrero de un mago, hasta que llega Mamá Mumin y luego de observarlo un rato se da cuenta de que es él, a pesar de su exterior: “Sí, tú eres mi Mumin”, le dice, haciendo que con esas palabras el hijo recuperara su fisonomía original.
Las obras de Tove Jansson la llenaron de reconocimientos durante su vida, entre ellos, el Premio Hans Christian Andersen (1966), el Premio Literario del Estado (1963, 1971 y 1982), el Premio Cultural Finlandés (1990), el Premio Selma Lagerlöf (1992) y el Premio de la Academia Sueca (1994), que se entrega en forma esporádica y que también habían recibido la escritora Astrid Lindgren, el cineasta Ingmar Bergman y el compositor Sven-Erik. Y fue en la entrega de uno de estos premios —el Hans Christian Andersen—, donde Jansson entrega una de las claves de su obra: “En un libro infantil, siempre debe quedar algo no aclarado, algo sin ilustración. Hay que permitir y propiciar que el niño reflexione solo, que distinga por sí mismo entre lo real y lo irreal. El autor no es un guía; debe brindar un sendero, sí, pero dejar que el niño marche solo por él y que establezca las fronteras con su conocimiento propio de las cosas”. Ese “algo no aclarado” es lo que abre la curiosidad del lector (sea niño o adulto) y lo que hace que quien lea se sienta también un partícipe de la historia.
Buscar, pensar, crear
“Era un niño Mumin muy solitario, como suele ocurrir con los seres geniales. Sin duda notaba la diferencia entre los demás niños Mumin y yo. Lo más obvio era su falta de curiosidad y capacidad de asombro”, dice Papá Mumin en sus memorias. La curiosidad es un valor importante en los libros de Tove Jansson, donde los protagonistas son siempre seres ocurrentes, creativos, osados, valientes, que nunca dejan de asombrarse ante lo bello, lo desconocido y, por supuesto, ante la naturaleza.


Tuulikki Pietilä trabajó de profesora en la Academia de Bellas Artes de Helsinki durante muchos años, y más adelante se dedicó a formar artistas gráficos y a escribir libros educativos también sobre artes gráficas. Fuente: Wikipedia. Créditos: tovejansson.com
Sin más compañía que la una y la otra, la vieja abuela trata de ayudar a su nieta Sofía en este periodo de duelo, y más que las palabras son los gestos y la presencia de la naturaleza los que hacen que la niña empiece a nombrar a su madre y darse momentos para sentir rabia y pena. El libro tiene pocas ilustraciones (también de la Jansson), pocos diálogos, pero muchas imágenes imborrables, como las del “bosque mágico” donde los abetos, para evitar el viento helado, optaron por arrastrarse: un bosque que “se había ido formando con lento y penoso esfuerzo, de modo que el equilibrio entre la supervivencia y la extinción era en él tan frágil que no podía permitirse ningún cambio”. Y es que en el libro aparece constantemente la tensión entre la llegada de la catástrofe y la recuperación de la armonía, entre encontrarse con la muerte y seguir viviendo.

Tras «Sent i November», Tove Jansson dejó de escribir sobre los Mumin y se dedicó a la literatura para adultos. «El libro del verano» (1972) es su obra más conocida de ficción para adultos, y la única traducida al español. Fuente: Wikipedia. Créditos: tovejansson.com
Una escena preciosa es cuando la abuela construye un palacio sobre la arena, lleno de personajes con los que se entretenían inventando historias, hasta que una noche el mar arrastra la construcción de madera. Y como la abuela se pasa toda la noche haciendo el castillo de nuevo para que la nieta no sufra la pérdida. Al despertar, la niña, medio sospechando, se pone a mirar la obra en silencio, hasta que de repente se queda tranquila: ha escuchado dentro del castillo a la mamá hablar con la hija. Se ha salvado la construcción y el lazo afectivo que ahí existía.
Sin duda la gran obra de esta abuela artista, que vive en una cabaña al frente del mar (que recuerda a la cabaña que tenía la propia Tove Jansson en la isla, es la relación que construye con su nieta, una relación basada en la sinceridad y la libertad, que fueron las grandes armas de esta escritora de ojos achinados, que solía adornar su melena corta con una gran corona de flores.




