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Reseñas

«Audición», de Ryū Murakami

Joaquín Saavedra Por Joaquín Saavedra

Tanto el libro como la película son obras valiosas pues nos llevan al Japón de los noventa y nos permiten repensar las implicancias de la violencia que la cultura patriarcal juega en las relaciones humanas y los espacios de poder. Créditos: Tokyo Weekender

A dos años de su lanzamiento, y con un fuerte ascenso de la editorial Abducción, el libro Audición (オーディション, Ōdishon)  se ha posicionado como uno de los lanzamientos independientes más importantes del último tiempo. Se trata de una reimpresión del escritor Ryū Murakami conocido por su estilo cargado de violencia explícita, humor negro y una gran crítica a la vida moderna japonesa. Este texto es un claro reflejo de aquello al mostrarnos minuciosamente lo época de los noventa en Tokio, en medio de la crisis económica y la frustración del sueño capitalista implantado tras la guerra y la bomba nuclear. En este caso, la decadencia y la desgracia se extrapolan a los asuntos de género con una trama que logra exponer espacios y relaciones de poder del hombre contra la mujer.

La historia se basa en Shigeharu Aoyama, un viudo que, tras la recomendación de su hijo, ha decidido ponerse en búsqueda de una nueva pareja. En esta aventura aparece Yoshikawa, un amigo cercano al protagonista que forma parte de la industria del cine, que le propone hacer una audición falsa para que este pueda escoger entre todas las actrices a su próxima esposa. Una premisa que pareciera una simple broma, termina por convertirse en realidad, mostrándonos el utilitarismo y el machismo del mundo cinematográfico, lejano a los valores tradicionales relacionados al budismo que antiguamente se practicaba en Japón.

Aoyama es un fiel representante de este vuelco en la sociedad nipona como un hombre decepcionado y solitario que plantea su felicidad bajo la necesidad de conseguir una mujer joven y estandarizadamente bella como si esta fuese un trofeo. Así es como, pese a sus cuestionamientos y con algo de culpa, acepta el proyecto de la audición: «Sentado en un estudio, comparando a una quincena o veintena de candidatas en traje de baño, siempre se le venían a la mente palabras como “trata de esclavos” o “subasta de lotes”». En este casting notamos que el protagonista tiene una infinitud de requisitos que formulan a una idea de mujer dócil que no le cuestione su rol dominante y que lo haga sentir seguro de sí mismo tal como en algún momento describe a su exesposa.  

Siguiendo con esta línea, aparece Asami Yamasaki, una joven e introvertida exbailarina, herida y abusada en su infancia por su entorno familiar. De esta perfecta ilusión, la obra da un giro absoluto y nos mostrará la violencia extrema de los seres humanos.

A simple vista, podemos decir que Asami encarna la venganza del abuso infantil y el machismo emplazado en espacios de poder como el cine y sus audiciones. A diferencia de la película, donde Asami sí menciona el hecho de que la venganza se relaciona con la audición y la trata de mujeres como mercancías, en el libro se revela que esta no tiene otra motivación más que la imposibilidad de ser la única persona importante en la vida de Aoyama. Si el protagonista buscaba una pareja que nunca lo traicionara y le diera una tranquilidad absoluta, ha dado en el clavo en un extremo que lo llevará a acercarse a la muerte.

A fin de cuentas, la obra nos sumerge en un giro perfecto que funciona como una moraleja sobre los valores patriarcales y dominantes puestos en ejecución. Pese a que el texto no tenga un carácter feminista, en relación a la nula complejidad de los personajes femeninos que más se construyen como antítesis de estereotipos construidos por la base cultural masculina, sí se logra identificar con todas sus partes los mecanismos y estructuras de poder machistas tanto del medio cinematográfico como de las relaciones humanas de los hombres en la sociedad japonesa de los noventas.

Para los interesados, la película de Takashi Miike de 1999 profundiza más en el personaje de Asami, dándole conciencia sobre la falsa audición cometida por Aoyama y Yoshikawa, por lo que su crimen no tiene que ver solo con un asunto de celos. Además de mostrarnos una cruda y magistral representación del desquite, el filme se introduce en las alucinaciones del protagonista en medio de su tortura por lo que se generan escenas y flashbacks en los que no sabemos si son parte de la realidad o de su delirio. Tanto el libro como la película son obras valiosas al introducirnos en el Japón de los noventa y para repensar las implicancias de violencia que la cultura patriarcal predominante juega en las relaciones humanas y los espacios de poder.

En 1999, Takashi Miike llevó a la pantalla grande la novela de Murakami. Créditos: Filmaffinity.
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Joaquín Saavedra

Licenciado en Literatura por la Universidad Alberto Hurtado y Licenciado en Estética por la Universidad Católica, ha escrito reseñas y criticas literarias en medios como The Clinic y Loud. Además, es parte de Editorial Cuneta, colabora con el Cine Arte Alameda y participa de la banda musical Paracaidistas.

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