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Reseñas

«Autor material», de Matías Celedón

Joaquín Saavedra Por Joaquín Saavedra

A partir de numerosas grabaciones en sonido del agente de la CNI Carlos Herrera Jiménez, el más reciente libro de Matías Celedón se inscribe como un híbrido intermedial que combina elementos del surrealismo y el género de terror. [Créditos portada: Andrés Pérez]

A cincuenta años del inicio del periodo más sanguinario que ha visto pasar nuestro país, se han lanzado distintos homenajes a las víctimas, además de libros y estudios que analizan bajo distintas perspectivas dicho suceso, con el propósito de materializar la memoria y el trauma vivido. Aunque exista un consenso por parte de asociaciones internacionales y un grupo mayoritario dentro de nuestro país, aquel momento sigue siendo cuestionado.

Este año la editorial Banda Propia publicó una obra que plantea nuevas formas de mirar y construir una memoria que pareciera haber caído en una crisis de verosimilitud. Hablo de Autor material, libro y ejercicio intermedial que cruza la voz del agente de la CNI Carlos Herrera Jiménez, asesino directo de Tucapel Jiménez y Juan Alegría, con la técnica de collage para conformar un híbrido, con rasgos propios del surrealismo y el género de terror, que revela nuevas capas de análisis ante aquel fatídico periodo y los protagonistas de la tortura y la muerte.

El libro de Matías Celedón se basa en un proyecto particular que Carlos Herrera Jiménez comenzó en 1996: la grabación de títulos como la Divina comedia, de Dante, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez y El manipulador, de Frederick Forsyth, para convertirlos en audiolibros para la Biblioteca Central para Ciegos de Providencia. A partir del desarrollo de este plan, efectuado en la soledad de la cárcel de Punta Peuco, surge Autor material, un texto dividido en tres partes. La primera, titulada «Identidad operativa», es una narración ficcional del asesino donde pareciera explicar ante un tribunal los crímenes por los que lo inculpan, su inocencia, su situación actual y un hecho que será clave:

«Por lo demás, tengo un sueño recurrente. En él, la noche se apropia de mi silencio y me hace traicionar. Recibo golpe tras golpe, me meten corriente hasta que se derriten las tapaduras de mis muelas; hay noches en que orino sangre. Pienso que esto está pasando en otro lado, trato de gritar, pero estoy en medio de un sueño, no logro modular, el voltaje me desangra por dentro, han conseguido quebrarme y mi lengua desbocada alcanza a huir, como un pájaro, cantando lo que he callado hasta ahora».

Así pasamos a la segunda parte titulada «Frases grabadas», en la que Celedón recrea estas ensoñaciones sofocantes bajo la creación de un collage de frases copiadas y pegadas de los audiolibros. Este montaje podemos escucharlo a través de un código QR y el resultado es una entrañable rareza.

Banda Propia, 2023

Lo tétrico y lo galvánico de esta creación nos lleva a una pregunta medular: ¿Hay algo detrás de las grabaciones de Carlos Herrera Jiménez? El autor comenta que esperaba encontrar alguna confesión entre líneas y, aunque pareciera haber fallado en aquello, podemos extraer varias conclusiones; por ejemplo, que los libros fueron elegidos intencionalmente ya que estos tienen una relación con la historia y los posibles estados anímicos del presidario, sobre todo El manipulador, que relata la historia de un funcionario del servicio de inteligencia británico que está siendo retirado. Otro tema interesante que se puede apreciar en los audios el énfasis que Herrera le da a las frases como: «Tendrá que meterle un balazo. ¿Cuál es el problema?», y que podemos vincular con su experiencia como torturador. Lo tétrico de escuchar a un autor material de asesinato realizando el ejercicio del relato en voz alta resulta impactante. Sumado al silencio de la celda convertido en ruido blanco, el montaje ―debido a los cambios de voces― termina por ser una especie de Frankenstein construido a partir del horror de la dictadura.

La tercera parte del libro, titulada «Retrato hablado», es una reflexión política y estética sobre la memoria, el trauma y sobre este caso en particular. Además, explica cómo se fue dando la investigación y cuáles eran sus propósitos. A fin de cuentas, esta obra genera un nuevo cuerpo intermedial y narrativo que ensambla los relatos de un asesino con la técnica del montaje para configurar una pesadilla horrorosa y surrealista. De esto podemos desprender una nueva capa de interpretación, tanto para reflexionar sobre la violencia de la dictadura, la historia de este personaje y su estado actual en el encierro en Punta Peuco, como también para cuestionar los límites del arte, en tanto la figura del narrador y su performatividad según su experiencia.

Me parece que las múltiples capas de análisis de este libro no terminan aquí. Aún quedan varias dudas como: ¿De qué forma llegó este presidario a grabar audiolibros? ¿Cómo es que Carlos Herrera Jiménez permitió que se usaran estos audios para la creación de este libro? Este punto no se especifica en el texto y me parece que esta duda le da una posible vida futura a la obra.

Existe un material simbólico dejado por agentes de tortura que también es necesario revisar para saber qué pasó con esas voces y si acaso es posible que sigan presentes en la esfera pública. Mientras un grupo quiere olvidar e incluso vanagloriar la dictadura, aún hay personas buscando a sus muertos y exigiendo justicia y reparación. Autor material es, sin duda, uno de los trabajos experimentales más potentes del último tiempo y, a través de su extraña formulación, termina por generar muchas preguntas necesarias sobre la memoria y aquel terrible periodo.

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Joaquín Saavedra

Licenciado en Literatura por la Universidad Alberto Hurtado y Licenciado en Estética por la Universidad Católica, ha escrito reseñas y criticas literarias en medios como The Clinic y Loud. Además, es parte de Editorial Cuneta, colabora con el Cine Arte Alameda y participa de la banda musical Paracaidistas.

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