Ruta de la cueca: El paseo

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Septiembre. Una extraña sensación provoca este mes. El aire se torna primaveral; la nostalgia aparece en forma de memoria histórica; se elevan rombos de papel en el cielo; la gente celebra en torno a la comida, el vino, la chicha. Resulta paradójico. Algunos conmemoran a sus desaparecidos; otros celebran los laureles militares. La temperatura aumenta, los días son más largos y luminosos. Finalmente la alegría se toma las casas y lugares públicos en un festejo que deviene en destajo. Lo importante es celebrar, estar con los seres queridos y realizar brindis al ritmo de la cueca, un baile del que nos enorgullecemos especialmente durante este mes, pero que algunas personas lo han hecho parte de su vida.

Margot Loyola y Violeta Parra. Créditos: Valija Cultural

Margot Loyola es un claro ejemplo. Leyendo un poco sobre ella, me doy cuenta que su ciudad natal es Linares, la misma ciudad que vio nacer a mi padre y sus hermanos. La misma ciudad donde visité a mis abuelos paternos durante la infancia. Recuerdo aquellas eternas tardes de septiembre, acompañando a los adultos a Palmilla donde realizaban una celebración dieciochera. Los niños tomábamos bebidas y nos aburríamos intentando encontrar la forma de salir de ese letargo. La vida de Ana Margot –como fue bautizada– debió ser mucho más divertida. Por algo es considerada una de las investigadoras y recopiladoras más importantes del folclor chileno, junto a Violeta Parra. Margot Loyola cumpliría cien años este 15 de septiembre. Se fue hace poco, recién en el 2015, pero dejó todo un legado musical. Aunque no resulta una sorpresa si ya a los veinte años ya compartía escenarios con su hermana Estela en el ya mítico grupo Las Hermanas Loyola.

Siempre he querido bailar cueca. Cada año a fines de agosto, recuerdo que todavía no aprendo. Sé por pura observación, y por uno que otro consejo, las vueltas y pasos que hay que dar, pero ni siquiera podría estar en la categoría de cuequero principiante. Debería, tal vez, hacer el esfuerzo por escribir una cueca más que intentar bailarla. Sin duda, me quedo con las palabras de Margot quien, resumiendo su investigación a lo largo de Chile, donde visitó salones y campos, indicaba al preguntarse por la diversidad expresiva de la cueca: “toda danza tradicional (…) tiene un cuerpo y un espíritu. En el cuerpo está la forma y está el estilo; el espíritu es lo que pone cada bailarín al bailar a través de ese cuerpo y de ese estilo. Entonces nunca una cueca es igual (…). Cada vez que se interpreta una cueca, es una danza nueva”. La folclorista me da la mejor excusa. No es que no sepa danzar, estoy interpretando de una forma novedosa el baile tradicional.

Fachada del restaurante El huaso Enrique. Fuente: Livin Santiago

El huaso Enrique: Tradición cuequera en Barrio Yungay

Decidido, le pido a tres amigas que me acompañen al restaurant El huaso Enrique ubicado en pleno barrio Yungay. Con más de sesenta años de historia, debe su nombre a su fundador Enrique Araya Araya, oriundo de Pichidegua. Este lugar ha mantenido las tradiciones del campo y, por supuesto, la cueca. Nos juntamos los cuatro una tarde de viernes. La reserva era a las diez de la noche, para poder ver tranquilamente a Los Frescos, la banda de cueca invitada para ese día. Como tenemos tiempo y estamos cerca, vamos a ver una obra de teatro gestual y físico al centro cultural Matucana 100. La obra Nómadas de la compañía hispano-chilena La Llave Maestra sorprende de principio a fin. Juega con cartones, música, plástico en un espectáculo que no deja indiferente a nadie.

Pero volvamos a la ruta de la cueca. Después de disfrutar del espectáculo teatral, llegamos a El huaso Enrique. Nos esperaba una mesa y Los Frescos estaban a pocos minutos de tocar. La banda destaca por la jovialidad de sus integrantes y por mantener un repertorio tradicional con aires de frescura, por supuesto. Nos entregan la carta y pedimos para beber una de las especialidades de la casa, una jarra de vino navegado (era una noche fría).

Las personas que atienden se caracterizan por su gran amabilidad y los precios, digamos, son para todos los bolsillos. Nuestro grupo es diverso, con comensales vegetarianos/veganos y omnívoros. En el menú encontramos distintas opciones, aunque de forma clara, la balanza se inclina hacia lo carnívoro. Con Mackarena elegimos el Plato Huaso, uno de los platillos clásicos del restaurant que se caracteriza solo por tener carne. María Valeska y María Jesús optaron por la tabla vegetariana.

Es que en El huaso Enrique se vive un ambiente familiar.

Después de comer y beber un par de vasos de vino caliente, y cuando ya Los Frescos tenían a varias mesas de pie, decidimos lanzarnos a la pista y empezar los primeros pies de cueca. Error garrafal, no llevamos pañuelos. Por suerte, Valeska que ya conocía el lugar recordó a “la tía de los pañuelos”, una extravagante y simpática señora que vende por solo dos mil pesos, toda clase de pañuelos: blancos, negros, rojos, con y sin bordados. Compramos dos y nos fuimos a la pista de baile. El lugar se hizo pequeño con tanta gente animada. A pesar de todo, logré recordar las vueltas y le puse todo el espíritu, como dice Margot Loyola. Con bailarinas exigentes, no tuve tiempo para el descanso, pero logré cumplir con la tarea. De todos modos, a nadie le interesaba los pasos del otro. Es que en El huaso Enrique se vive un ambiente familiar: diversas generaciones, familias completas, parejas y amigos comparten el espacio.

Pero no todo es cueca. Como toda buena ramada, este concurrido restaurant piensa en todos los gustos y las cumbias no tardan en llegar. En ese momento la pista se llenó, pedí otra jarra de navegado y, antes de ir a lucir mi pachorra bailarina, me senté a beber un vaso y pensar por un instante en una de las frases de Margot: “la cueca es historia, es epopeya, es paisaje”. Y observando al tumulto que disfrutaba del jolgorio, me di cuenta que la cueca da mucho, pero exige poco. Ya di el paseo inicial, es el momento de aplaudir para cuando empiece a cantar el cuequero y dé la primera vuelta.

El huaso Enrique. Créditos: María Jesús Blanche

 

Autor: David Agurto (8 Entradas)

Coordinador local zona centro de Viva Leer. Licenciado en Letras, profesor de Lenguaje, magíster en Edición y futuro máster LIJ. Forma parte de los equipos de trabajo de Viva Leer y Troquel. Realiza talleres de rap, cómic y adaptación literaria.


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