Teillier y la lectura

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Un 24 de junio, pero de 1935, nació Jorge Teillier Sandoval, frente al desaparecido molino Grobs en la ciudad de Lautaro. En estas líneas recordamos sus poemas, sus lecturas y los lugares por los que transitó.

Jorge Teillier. Créditos: memoriachilena.cl

Atravesamos la niebla matinal que encubre la estación de trenes, para abordar la locomotora 245 y conocer el amor del poeta por los libros y la poesía. Un pequeño homenaje a su estilo: con gotas de paraíso perdido.

“Leía como si me hubiesen dado cuerda, escribe el más fiel representante de la poesía lárica así como relata Pasternak que veía leer a los moscovitas en los trenes en 1941 ajenos al cañoneo alemán venido de unos pocos kilómetros. Leía de todo, desde cuentos de hadas y “El Peneca” hasta Julio Verne, Knut Hamsun y Panait Istrati por quien aún vuelan los cardos en el Baragán”.

Cierto, leía y parlamentaba muchísimo. Memorable son sus conversaciones con tangueros, escritores, amantes de la hípica, boxeadores, ciudadanos corrientes con los que gastaba los codos en bares y restaurantes compartiendo una botella. En Santiago, fue un fiel parroquiano de extintos bares como Il Bosco o el Saint Lager, y algunos mozos antiguos todavía recuerdan su risa en la Unión Chica, de pie todavía en el barrio La Bolsa. Muchos de sus poemas nacieron de una imagen allí sucedida y otros tantos quedaron arrugados en servilletas en el fondo de sus bolsillos. Un verso suyo, tan humorístico como profético, decía “Es mejor morir de vino que de tedio”.

Habitante de un mundo poético atado al mito, y lector incombustible de poetas que ayudaban a confeccionar su propia medida de poesía: entre sus coetáneos, por citar algunos, Rolando Cárdenas y Efraín Barquero; de los foráneos, Trakl, Rilke, Yesenin. Aunque para Teillier nunca hubo distinciones entre poetas chilenos y extranjeros; para él las cosas eran claras, se era o no poeta y las nacionalidades nada más que un dato. ¿Tiene el escritor alguna misión especial? le preguntaron en una entrevista “Tiene la misión de leer lo más posible. De publicar lo menos posible”, respondió.

Esto último no fue tan cierto. Desde Para ángeles y gorriones hasta El molino y la higuera, publicó en total doce libros de poesía. Todos ellos están acompañados por antepasados míticos que siguen al poeta en su tránsito terrestre. Con ellos se atreve en la búsqueda de valores propios de la aldea y del paisaje (“Mientras dormimos junto al río/ se reúnen nuestros antepasados/ y las nubes son sus sombras”), siempre con su palabra sencilla intentando boxearle a su enemigo acérrimo, el tiempo.

La casa de sus padres, de su infancia y juventud en Lautaro, se mantiene incólume y declarada patrimonio cultural en calle Cornelio Saavedra 347. A pocas cuadras se encuentra una amplia plaza de árboles añosos que hoy lleva su nombre. Tal vez allí, bajo un ciprés, algún muchacho de pueblo lea algún poema de Teillier, mientras el paso del tren divide la tarde en dos.

Para quienes deseen leer a Teillier, les recomendamos la antología Los Dominios Perdidos (FCE), y Jorge Teillier. Poemas Ilustrados (Amanuta). Ambos están disponibles en Biblioteca Viva.

Un comentario para “Teillier y la lectura

  1. Lo.

    Acá en casa, tenemos ambos libros y son TOTALMENTE RECOMENDABLES.

    De los Dominios perdidos nos acordamos de este sobrecogedor párrafo, que lo escribimos tal como lo recordamos, y no necesariamente como es…

    …el patio de la casa está sembrado de los cerezos color de osamenta, es cierto, elegí el invierno y el marchitarse sin ruido no debe entristecer a nadie…

    Tellier es como un imán, uno se lo encuentra y siempre se queda pegado un ratito a sus letras.

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